miércoles, junio 18, 2008

Releyendo: MARIPOSAS Y MURCIÉLAGOS


Lo que más estoy leyendo en estas últimas semanas son, digámoslo de alguna forma, libros de “no ficción” (ojo a las comillas al referirme a ese término). Vuelvo a las páginas ya recorridas de LA CANCIÓN DEL VERDUGO de Norman Mailer, la clásica A SANGRE FRÍA de Capote, la corrosiva MIEDO Y ASCO EN LAS VEGAS de Hunter S. Thompson, la correcta LA TUMBA DEL LEÓN de John Lee Anderson. Y entre los libros de “no ficción” con sabor local, pues a LA SANGRE DERRAMADA del gran Jorge Salazar y EL REVÉS DE MORIR de Guillermo Thorndike. (Hay más títulos imprescindibles pero estos son los que el tiempo me permitió revisitar.)

Este interés no es súbito, tiene su causa, como todo en la vida. La relectura de estos títulos partió ni bien acabé la lectura de un libro de crónicas editado hace poco en el medio local, con el que puse, por el momento, punto final a los libros de “no ficción” que han venido publicándose en seguidilla desde el año (ante) pasado. Ahora, si me preguntan cuál recomendaría, pues a la fija DÍA DE VISITA de Marco Aviles.

Uno de los libros que releí con sumo placer, y que adrede no menciono en el primer párrafo, es MARIPOSAS Y MURCIÉLAGOS (UPC, 1999) de Julio Villanueva Chang. La primera sensación que se tiene ni bien se empieza a recorrer estas páginas de crónicas y perfiles es la de toparnos con un escritor de raza. Así de simple: nada de peripecias verbales ni afán protagónico del escritor. Ahora, no pocas veces, en conversas con amigos, conocidos y preguntones, he discutido productivamente si debemos calificar a los libros de “no ficción” como literatura. Sé que es una cuestión de nunca acabar ya que algunos dicen que sí, la mayoría que no y a otros, a los menos como yo, les da igual. Una de las mejores defensas y descripciones que conozco sobre los libros de “no ficción” se la leí al cronista chileno Juan Pablo Meneses cuando lo entrevisté, hace ya varios siglos, para Siglo XXI. Aquí va:

“Cuando hablo con amigos escritores sobre géneros literarios siempre encuentro opiniones muy divididas, en algunos casos con mucha intolerancia, en relación a si se debe considerar a la crónica como género literario. ¿Cómo la consideras tú?

Es posible que tus amigos intolerantes nunca hayan publicado nada, o si lo han hecho, no estén completamente conformes con el resultado. En general, la gente que mira esto de afuera, suele idealizar. Vivir encasillando es la manera más ingenua de idealizar. Si estás frente a un texto que te conmueve, te sensibiliza, te revela, te desnuda y te descubre un mundo, es ridículo ponerse a pensar si eso es un género literario o no. Da lo mismo. Es como si mientras tienes buen sexo, estás pensando si esa chica tiene el pasaporte al día o es una inmigrante ilegal. Para esos trámites legales está la policía. Lo mismo con la crónica, las novelas, los cuentos, los poemas: si está buena y te hace sentir, ¿a quién le importa su situación legal?”

(Aquellos tiempos, qué ingenuo era para hacer preguntas.)

Es cierto, si un texto me gusta, pues me dejo llevar. Y como lo grafica Meneses: si estás teniendo buen sexo, no vale desperdiciar esos instantes eternos de bendecido y profano placer sudoroso preocupándome en huevadas.

Pues con esa despreocupación legal por los textos es que volví a disfrutar de las cuatro secciones de MARIPOSAS Y PERFILES: Fugitivos y Fantasmas, Insomnes y Soñadores, Travesías y Refugios y mi favorita Olvidados y Ofendidos.

Perfiles alucinantes y conmovedores: como al recordado Christian Vallejo; al empeñoso Rodolfo Muñoz del Río, el ¿sufrido? desnudista de generaciones de alumnos de La Escuela Nacional de Bellas Artes; la cínica travesía por el dinero del ex pescador y ahora millonario Abel Neyra; la locura romántica de Ricardo Espinosa Reyes al recorrer a pie, en noventa días, de punta a punta la costa peruana; y la alegría de los vecinos de la residencial San Felipe con las turgentes carnes de Fiorella Faré en la pancarta de lencería femenina de lo que fue el local de Maidenform en la octava cuadra de Pershing, culpable directa de más de un choque de autos y frenadas violentas.

El azar, la curiosidad y encuentro de escritores, cineastas y personas que sin proponérselo se hicieron conocidas: como en “García Márquez va al desntista”; “Al vuelo con Herzog”, en donde el cineasta alemán se interna en los archivos del Comercio para nutrir su documental sobre Juliane Koepcke; “La isla del escribidor”, donde Mario Vargas Llosa interroga al escritor cubano Ronaldo Menéndez con preguntas tipo “¿cómo viven los escritores cubanos, qué hacen, cómo sobreviven?”, “¿la literatura de afuera llega por lo menos a las bibliotecas?” e intercambia opiniones bastante prejuiciadas como “Dime una cosa, la crisis económica tiene que haber afectado las publicaciones, sobre todo por la falta de papel”; “Destinos cruzados”, en el que se da cuenta del encuentro entre Edmundo Paz Soldán y el anciano crucigramista Mario Lara, quien fue para el escritor boliviano la inspiración que lo llevó a perfilar a Benjamín Laredo, el protagonista de su cuentazo "Dochera"; y “Mariposas y murciélagos”, un acercamiento a la alemana experta en mariposas y murciélagos Julianne Koepcke, conocida mundialmente por ser la única sobreviviente de un accidente aéreo de la compañía Lansa en la selva peruana, ocurrido el 24 de diciembre de 1971, cuando ella tenía diecisiete años.

La realidad misma como crisol inagotable de historias siempre y cuando se sepa mirar y escuchar: 1) los mochileros de todo el mundo que encuentran en las ventiladas y baratas habitaciones del Hotel España, a solo una cuadra del Palacio de Gobierno, en medio de la jungla que es el centro de Lima, el lugar idóneo en el que, echados en camas de también barato (pero limpio) colchón, deciden a qué parte de sudamericana irán a la mañana siguiente. 2) El texto que le permitió al cronista ganar el Premio de la Sociedad Interamericana de Prensa en 1995, dando curso a un fin de semana madrugador por los recovecos del centro de Lima, en el que putas, locos, borrachos y pirañas reciben la luz del nuevo día con un humeante y caliente caldo de gallina. 3) La historia que reclama ser novela, la del taxista Jesús Moreano, quien regresando cansado a su casa en Comas, una mujer le pide el favor de llevar a su anciana madre a su pueblo natal en Corongo, Ancash, y así pueda pasar en su tierra sus últimas horas de vida; Moreano duda, pero decide cumplir el deseo de la moribunda viejita, a pesar de que en el trayecto pueden llegar a sufrir un ataque de Sendero Luminoso o ser detenidos por los militares. Y 4) el peregrinaje del escritor piurano Houdini Guerrero, a quien en la noche previa de un 31 de marzo le piden un lote de sus libros para ser comprados inmediatamente por una distribuidora limeña, cosa que lo lleva a empaquetar cuanto antes esos ejemplares ya que tiene que entregarlos el 1 de abril. Guerrero planifica su viaje, la vieja línea Tepsa lo llevará en un viaje de casi 24 horas a la capital, pero oh fenómeno de la naturaleza, El Niño bloquea las carreteras, lo que lo lleva a una suerte de peripecias inimaginables, como el hecho de hacer más de un trasbordo a causa del desborde los ríos, teniendo que pasar por la experiencia de meterse, junto con sus libros, en un bodegón de bus.

Los personajes que de alguna u otra manera están en el más puro de los olvidos: como el anciano peluquero de “El viejo manos de tijera”, vestido con pantalón oscuro y guayabera blanca, con adminículos inimaginables en las peluquerías de hoy; las andanzas de medianoche de José Luis Mendizábal Zayas en “Diógenes en el Jirón de La Unión”, que tal cual Diógenes el Cínico reúne a más de un caminante perdido para hablarle en tono apocalíptico del fin de los tiempos; o el policía que seguramente está presente en la memoria de los ancianos de ahora, el inolvidable policía de tránsito Reynaldo Nonone en “El pitazo final”, negro de más de metro noventa, conocido por su elegancia y garbo para hacer respetar lo que hoy no: las leyes de tránsito. Para él todos eran iguales bajo ley, sino que lo diga el entonces presidente Odría a quien paró por pasarse una luz roja. Era tan conocido Nonone, que se dio el lujo de estar en el cortometraje gringo “Muerte repentina”, en el que actuó de sí mismo, o el haber sido convocado como miembro de seguridad de la película, también gringa, “Búsqueda en la selva”, filmada en plena jungla peruana, donde tuvo la oportunidad de conocer a su protagonista, el actorazo John Wayne.

Todas estas crónicas y perfiles fueron publicadas en el diario El Comercio entre 1994 y 1999. Solo he consignado lo que me ha gustado más, que en horribles (y a veces necesarios) términos porcentuales sería el 88.96 %. MARIPOSAS Y MURCIÉLAGOS es una clara muestra de que el único juez que puede validar textos injuriados bajo la premura del tiempo es, precisamente, el tiempo. Ahora, al terminar de releerlo, no me pregunté si esto es o no es literatura. Fue tanta la sensación de bienestar que tuve, que decidí adelantar mi costumbre quincenal y así poder fumarme un ustedes ya saben qué.

Imagen, Julio Villanueva Chang.

2 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Villanueva Chang escribe muy bien. Las etiquetas negras de ahora no se comparan a cuando chang era el director.

5:14 p.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Esas crónicas fueron bien escritas y tiempo despu{es, salvo el perfil de Juan Diego y por allí el alcalde ciego, no he visto algo integral en Villanueva. No ha hecho aún la gran obra periodistica de su vida, la de su madurez y ya va por los 45 años.¿ Se mediocrizo?

12:45 p.m.  

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