miércoles, mayo 13, 2009

Novela imprescindible: INCENDIOS

El justo reconocimiento mundial del escritor norteamericano Richard Ford (Jackson, Mississippi, 1944) se debe, en gran medida, a la descomunal prensa que ha tenido su trilogía novelística protagonizada por su personaje fetiche Frank Bascombe (EL PERIODISTA DEPORTIVO, EL DÍA DE LA INDEPENDENCIA y ACCIÓN DE GRACIAS). Estamos ante uno de los casos, contadísimos, en donde el éxito comercial calza con la calidad literaria. Si en algo los editores y agentes de Ford pueden jactarse, es que no son vendedores de sebo de culebra.
Sin embargo, es su trilogía la que involuntariamente le ha puesto óbices a la difusión de sus títulos fuera de esta. Por ejemplo: ROCK SPRINGS (Anagrama, 1990) es una deliciosa publicación que fácil debe estar entre lo mejor del género breve de la segunda mitad del siglo pasado. Minimalismo en estado puro, con harto nervio y sangre, en donde el autor no duda en soltar sus demonios y traumas. A lo mejor suene a toda una exageración, pero RS es muy superior a la obra en conjunto de la argollita (de la que Ford también era miembro) conformada por Raymond Carver y el gran Tobias Wolff; y no suficiente con eso, pues aplasta, y sin piedad, los cuentos de Richard Yates y John Cheever.
Algunos de los relatos de RS, como "Novios" e "Imperio", exploran el tema de la infidelidad en las parejas. La búsqueda del consuelo y cariño del otro (otra) provienen de un pensado y duro proceso en el que no se tiene otra opción que aceptar la realidad en pos de la reivindicación, es por eso que los personajes encuentran sin buscar la aventura pautada por una necesidad de existencia que los salve de la muerte en vida.
En este sentido, la novela INCENDIOS (Anagrama, 1991) vendría ser el spin off del tópico de la infidelidad leído en RS… Y Ford no se guarda nada en ella.
Estamos en 1960. Una pundonorosa familia, compuesta por Jerry (el padre), Jean (la madre) y Joe (el hijo adolescente), abandona su tranquila Lewison a razón de que el jefe de hogar quiere hacer dinero aprovechando el boom del petróleo en Great Falls, Montana. Sin embargo, las cosas empiezan a salir mal: Jerry no consigue la riqueza que anhela, lo que le obliga a buscar trabajo en lo que siempre se ha desempeñado: como instructor de golf en clubes privados. Jerry es un tipo apuesto, inteligente, su contextura es atlética; sin embargo, es víctima de la apatía generada por la rutina de su empleo, la cual se asienta mucho más cuando es despedido a causa de las lluvias de cenizas de los incontrolables incendios en los bosques de Great Falls.

Por otro lado, Jean es una mujer que a sus treinta y siete años mantiene el esplendor de sus años juveniles: bellísima, inteligente y con una curvilínea silueta… Ella y Jerry se quieren mucho, pero el paro laboral saca a flote los hasta ese momento latentes problemas de la pareja… Cansado de no hacer nada, Jerry decide enrolarse en las brigadas que intentarán apagar los incendios de los bosques, cosa que lo llevará a alejarse de casa… Tres días de ausencia en los que Jerry se desentiende de todo… Tres días de ausencia en los que la vida de Joe es marcada… Tres días de ausencia en los que Jean se enamora de Warren Miller, un viejo empresario exitoso, con problemas para caminar, tremendamente feo, pero con la misma necesidad de afecto y cariño que Jean.
Esta es una novela sobre los deseos y la insatisfacción, y es contada por quien fue un testigo privilegiado: por Joe, quien muchos años después rememora los días en los que vio a su madre besar y hacer el amor con un hombre que no era su padre. Experiencia que lo llevó a conocer los sentimientos de los adultos a patada limpia. Sin embargo, es mediante la escritura (“exorcismo”) sobre la infidelidad de su madre que Joe aprende a no caer en el criterio ramplón de juzgar por juzgar, sino que llega a entender, o en su defecto aceptar, la incoherencia de las emociones, no solo de ella, sino la de todos los seres humanos.
La prosa de Ford se muestra como la verdadera protagonista, mas no por su elasticidad, sino por la funcionalidad que privilegia las descripciones de los escenarios de Great Falls, las actitudes de Jean, Warren y Jerry, y el recorrido que en solitario realiza Joe por una ciudad que no conoce y de la que desea huir. Podría asociarse el estilo del autor con el de Ernest Hemingway, pero basta una mirada un poco más acuciosa como para declararlo heredero de Anton Chejov. Ford sí se mete en las sensaciones de sus personajes, los muestra tal cuales, con sus alegrías, frustraciones y perplejidades, son presas de la violencia interna de los sentimientos encontrados, de la que no logran librarse del todo, ni siquiera en una de las escenas cumbre: cuando Jerry prende fuego a la casa de Warren, impulsado no por el hecho de que este haya estado teniendo una aventura con su esposa...
Para los que seguimos a Ford, son varias las preguntas que brotan ni bien se termina de leer INCENDIOS, pero solo consigno tres: ¿Por qué cambió de estilo (no hay enlace narrativo alguno entre la trilogía Bascombe y sus otros títulos)? ¿Acaso tuvo miedo de destronar para siempre a su mejor amigo Raymond Carver, el referente máximo del minimalismo? ¿Creyó que parte de sus demonios ya estaban controlados con libros de cuentos como ROCK SPRINGS y novelas como INCENDIOS?... Obviamente son tres preguntas que se refocilan en la mera impresión (en especial la segunda, digna de especulación de cantina), pero no por ello menos válidas, y con mayor razón cuando el Ford ajeno a la trilogía Bascombe es, sin lugar a dudas, el mejor.
De los muchos libros que devora este blogger, INCENDIOS, pese a haber sido publicado hace más de quince años, es lo más estimulante que ha caído en sus manos en lo que va del 2009.
Imágenes: INCENDIOS; Richard Ford

1 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Hola Gabriel
Me hice fanática de Ford por la trilogía de Frank Bacombe. Habrá que leer esta novela para ver si es mejor.
Besos
Carolina

8:03 AM  

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