Así como César es mi proveedor de películas, lo mismo puedo decir de mi amigo y hermano Abelardo, librero del campo ferial de libros Amazonas, cuyo stand es uno de los mejores surtidos de dicho lugar.
Hace una semana estuve un toque donde Abelardo. Conversamos, como siempre, de muchas cosas, y minutos antes de quitarme me regaló ESTOS 13 (Mosca Azul, 1973), la histórica antología de los setenta, de José Miguel Oviedo.
Al igual que muchos, he leído varias veces este libro, pero, en mi caso, siempre con un ejemplar prestado o fotocopiado. Así es que ahora con uno propio, bastante usado por cierto, lo volví a leer y lo disfruté como la primera vez.
E13 tiene tres grandes secciones. En la primera nos topamos con el polémico prólogo de Oviedo. En la segunda con una selección de poemas de los trece vates convocados (Manuel Morales, Antonio Cilloniz, Jorge Najar, José Watanabe. Óscar Málaga, Elqui Burgos, Juan Ramírez Ruiz, Abelardo Sánchez León, Feliciano Mejia, Tulio Mora, José Rosas Ribeyro, José Cerna y Enrique Verástegui). Y en la tercera “material periodístico (reportajes, críticas, comentarios, etc.), teórico (manifiestos y polémicas) y textos inéditos (declaraciones personales…).”
Como dicen los verdaderos entendidos, las antologías, aparte de las selecciónes que deben tener la menor cantidad de errores (omisiones), se leen y discuten por sus prólogos. Es muy importante hacer hincapié en este punto porque, así guste o no lo que en ellos se escriban, los prólogos denotan el grado de compromiso del antólogo de turno; es por ello que las antologías que no arriesgan nada y que brindan frescos meramente descriptivos (casi siempre de una página, a lo mucho de página y media) merecen lo que obtienen: el ninguneo.
En este sentido Oviedo se lanza con un estudio acucioso y poco concesivo. Nos brinda, más allá de las virtudes poéticas de los seleccionados, un testimonio de época signada por turbulentos discursos ideológicos y un afán iconoclasta, contestatario, de los poetas que empezaban a aparecer (en especial los del grupo Hora Zero; Estación Reunida también, “poetas de San Marcos que publicaron poco antes (1967 -1968) la revista “Estación Reunida” –a partir de la cual “se inventó un grupo literario que nunca existió,” dice con conocimiento de causa José Rosas Ribeyro, director de la publicación”) en los setenta.
Gran parte del prólogo está dedicado a Hora Zero, en especial a sus líderes naturales Juan Ramírez Ruiz y Jorge Pimentel. Como se sabe, ambos poetas son los firmantes del manifiesto Palabras Urgentes, que remeció el ambiente literario de entonces, con el que desde el saque mandaban a la mierda a los poetas de generaciones anteriores, salvándose de la hoguera de "improperios" el gran César Vallejo.
Veamos lo que se dice de Martín Adán en PU:
Martín Adán, su tenaz hermetismo y su vuelta a las formas clásicas no tiene ninguna justificación histórica, ni tampoco se ajusta a estos tiempos ni a esta realidad la manera como trata los elementos con que aborda su poesía.
Mirko Lauer y Antonio Cisneros tampoco se salvaron de la hoguera:
Lauer y Cisneros perdidos en el círculo de la problemática burguesa, oscilando dentro de un intelectualismo helado y estéril. Y otros “jóvenes” dentro de pueriles rezagos románticos o los propósitos de atrapar la realidad a partir de una experiencia personal, dejando de lado la experiencia de clase que hoy pospone a ese remanido movimiento de hace muchos años.
Como puede colegirse, Pimentel y Ramírez Ruiz no tenían pelos en la lengua. Pero como bien decía Roberto Bolaño: si dices lo que quieres, debes escuchar lo que no quieres. Es por ello que la dupla P – RR también tuvo respuestas, como esta de Cisneros:
Compañeros: Veo que el primero número de Hora Zero lo han empezado con el pie derecho –que la próxima lo escriban con la mano. Así mismo no puedo dejar de felicitarlos por una serie de descubrimientos, sobre el Perú (“país latinoamericano, subdesarrollado”), el mundo (“la sucia y poderosa mano del imperialismo norteamericano”)… Perlas que forman, desde ya, el Pequeño Larouse de Gran Lugar Común…
Oviedo nos explica la intención de la poesía de HZ: acercar la poesía al pueblo, volverla masiva, llevarla a la calle. El crítico no se muestra del todo de acuerdo con esta tendencia, sin embargo, aquel parecer personal no le impide reconocer que esas “expresiones” sí debían tomarse en cuenta, ya que eran las que conformaban el tono de combate, lucha y entrega que se respiraba por doquier a inicios de los setenta.
De los horazerianos (Pimentel, RR, Mejía, Nájar, Morales, Cerna), Oviedo trata bien a Verástegui, cosa que es entendible porque para ese entonces el poeta ya gozaba de la celebridad de EN LOS EXTRAMUROS DEL MUNDO.
Las páginas dedicadas a Estación Reunida (Mora, Burgos, Rosas Ribeyro, Málaga) son pocas. La estrella del prólogo es HZ. Aunque cabe indicar que los poetas de ER tenían más conciencia política, revolucionaria, en ese aspecto estaban muy lejos del espíritu chongueril de HZ.
Aunque breve, pero certero, el crítico rescata a los insulares de la selección: Watanabe, Sánchez León y Cilloniz, los que andaban más preocupados en buscar una voz propia a una colectiva (HZ). Aunque eso sí, y tal y como ocurre ahora, todos los poetas se conocían, frecuentaban los mismos bares, tenían inquietudes parecidas. Por ello, no es de extrañar que también se incluya a Watanabe en ER.
Por momentos parece que el prólogo fue escrito bajo el asesoramiento de un duendecillo cachoso. La ironía de Oviedo es descomunal. Los horazerianos son sus principales blancos, como puede leerse en la página 20, en la que se pasa revista a la lista de quejas de los capitaneados por Pimentel y Ramírez Ruiz, como la cantaleta de la poca presencia en medios que siguen “al servicio de la generación anterior y de los viejos,” cuando lo cierto era que gozaban de páginas enteras en revistas como Caretas y Oiga.
Que el antólogo nos explique:
A esta flagrante contradicción se suman otras: Hora Zero liquida y remata la poesía peruana entre otras cosas porque “estaba circunscrita a ámbitos cerrados, olía a Biblioteca Nacional”, lo que no les impedirá organizar cinco recitales en ese mismísimo lugar en 1971; condena a “los jóvenes que llenan los cafés de Lima o inflan la burocracia”, pero ellos han llenado los primeros y han llegado a inflar a la segunda; exaltan a Lukács pero no conocen a Thomas Mann; Casi todos han publicado libremente textos en el Suplemento Dominical de “El Comercio” sin hacer mayores salvedades por esa aparente concesión. No, evidentemente los grupos poéticos no alcanzaron una definición transparente o a vertebrar un pensamiento más o menos claro sobre la función de la poesía y el sentido de ese ejercicio en un país como el Perú. Se han desgarrado las vestiduras, pero olvidaron por qué lo hacían.
Duro, ¿no?
Empero, hay un fragmento que, al menos a mí, me da la seguridad de la honestidad con la que fue llevado este trabajo.
Aquí va:
De lo que sí no queda duda es de que los mismos jóvenes que no sirvieron como conductores o teóricos –hablo de los que se comprometieron a serlo, han revelado ser buenos y hasta excelentes poetas, lo que al fin de cuentas, es lo más importante y lo que basta para apreciarlos.
Cierto. Estoy totalmente de acuerdo. La poesía, cuando es buena, siempre estará por encima de los sentimientos menores, ajustes de cuentas, despechos sentimentales y las asquerosas diferencias ideológicas.
A lo largo de los años siempre he escuchado –vaya novedad, en los bares pululados de poetas sin lecturas básicas- que Oviedo no incluyó a Pimentel en ET debido a irreconciliables diferencias personales. Eso ocurre cuando se repite como papagayo lo que otros dicen, cuando se da más bola a versiones con sabor a ron (sin rodajitas de limón) que a los verdaderos motivos de la no presencia del autor del librazo AVE SOUL, los cuales están en el mismo prólogo.
No es que el crítico haya “choteado” al poeta. Pimentel se excluyó. Oviedo, aparte de agradecerle, reconoce que sin su ayuda, sencillamente E13 no existiría.
Dejo la selección de poemas para el final.
En la sección Documentos encontramos un riquísimo muestrario de lo que fue ese peculiar backstage poetil. Tenemos el extenso cuestionario del antólogo y las respuestas de Sánchez León y Mejía; las declaraciones de Rosas Ribeyro, Verástegui, Cerna y Cilloniz; el intercambio de cartas entre Cisneros y Pimentel, por motivo de un duelo poético que terminó llevándose a cabo en el auditorio de la Biblioteca Nacional; el manifiesto Palabras Urgentes, la respuesta de Cisneros (un fragmento de ella líneas arriba). Sin embargo, resalto la delicia del artículo “De “v” a v” “, del recordado José B. Adolph, publicado en La nueva crónica el 15 de abril de 1972, en el que disecciona algunas declaraciones de Verástegui, de las que se vale para detallarnos en qué consiste la verdadera rebelión en poesía. “Al poeta –si es buen poeta- se le pueden perdonar los absurdos teóricos, pero no al teórico. Que prefiera a Eielson es su pleno derecho, pero siempre y cuando conozca lo que rechaza, y no sólo lo que prefiere. La honestidad es uno de los pilares de la sabiduría.” ¿Qué tuvo que decir Verástegui para que Adolph escriba ese artículo? Fácil: el niño genio había denostado de Vallejo sin haberlo leído. “Yo no lo he leído, porque en mi pueblo no habían libros de él. Cuando alcancé a los libros, ya no me interesaba.”
Todos los poetas de ET, como es obvio, han envejecido. Lo más importante es que el tiempo no le ha pasado la factura a su poesía, en ella sigue vigente la frescura y la irreverencia, y el privilegio del instinto ante todo.
Por ello, de la sección Poemas, quedé nuevamente embelesado con Sánchez León (gran poeta subvalorado, creo), Morales, Ramírez Ruiz, Mora, Watanabe y Verástegui. Como tengo la política de no escribir sobre lo que no me entusiasma, no ofreceré detalles de lo que de esta sección no me gustó. Aunque con algunos de los “no mencionados” me quedó la sensación de que el mayor mérito poético, involuntario la verdad, radica en el hecho de haberse dado a conocer en un contexto tremendamente especial.
ESTOS 13 no es una antología que pretendió ser definitiva. Y pienso que hubo factores que confluyeron en pos de su perdurabilidad, los cuales solo acaecen en privilegiados momentos históricos en los que felizmente no hay lugar para el cálculo, la racionalidad, pero sí mucho espacio y aura para las utopías, así parezcan descabelladas, y el placer de vivir, vivir a plenitud.
Una reedición de E13 no es una mala idea. ¿Quién se hace cargo del reto?
Imagen, ejemplar de ESTOS 13