martes, marzo 31, 2009

AC/DC - "Moneytalks"

lunes, marzo 30, 2009

Leopoldo María Panero

***
Probablemente la tierra se hundiría si yo hiciera esa pregunta. Resulta agradable, como oír un disco de THE PINK FLOYD, otros prefieren Berg, otros se van de putas, la casa de los 10.000 placeres. Sería capaz de destruir cualquier mente humana, robot, Batman:
¿Por qué no bailar, ahora, el Danubio Azul? No es ésa, claro, la pregunta, pero mientras tanto, mientras me atrevo y no me atrevo, mientras todo sigue girando pero sin caballitos y las luces rojas cierran el camino y los peregrinos mueren de sed antes de llegar a Roma, mientras tanto.
¿Por qué no bailar, ahora, el Danubio Azul?
***
Se trataba del flautista de Hamelin. Se había llevado todos los niños con su flauta. Hubiera querido que me enseñara a cantar y a bailar, el Sermón de la Montaña, y los Diez Mandamientos. Pero la ciudad estaba llena de ratas, claro, mientras tanto, y ahora, claro, sin niños. Cuántos partieron en su busca. Visionarios, fanáticos, soñadores. Nosotros, mientras tanto esperábamos, limpiábamos los ceniceros, arreglábamos un poco la casa. Unos se quejaban de la gota, otros de la guerra. Otros la deseaban ardientemente, héroes, ya se sabe, con el corazón muerto, una noche de verano.
(De: POESÍA COMPLETA (1970 - 2000). Así se fundó Carnaby Street, "El hombre de Marrakesh". Visor Libros, 2006)

martes, marzo 24, 2009

Viernes 27: FEBRERO LUJURIA en Cajamarca

Este viernes 27, en la ciudad de Cajamarca, se presentará la novela FEBRERO LUJURIA (Matalamanga, 2007), de Christian Reynoso (Puno, 1978).
Los encargados que darán cuenta de la novela serán Bethoven Medina y Miguel Garnett.
Este blogger tuvo la oportunidad de presentarla, en setiembre del 2007, en la ciudad de Trujillo, o siendo más específico, en el Centro Cultural de la Municipalidad de Huanchaco. De FEBRERO LUJURIA puedo decir muchas cosas positivas, pero solo me abocaré a dejar por sentado lo siguiente: es una extraordinaria novela que merece mayor atención. En sus 409 páginas queda demostrado el respiro de un novelista de raza, muy conciente de sus recursos narrativos.
Si gustan, pueden leer esta entrevista que le hice a Christian, cosa que tienen mayores luces sobre la novela.
Imagen, Afiche promocional

sábado, marzo 21, 2009

La genialidad de Peter Gabriel

Fue en la mañana del segundo domingo de enero del presente año, llegaba caminando a mi casa, sazonado en tabaco, rock y alcohol, cuando reparé en la portada de la sección Luces del diario El Comercio, colgada de uno de los bordes de madera del quiosco ubicado a tres cuadras de mi casa: “Un monstruo llega a Lima”. El músico británico Peter Gabriel se presentaría en Lima el viernes 20 de marzo.

Si este reseñista, blogger, escritor y editor sabe “algo” de música, pues se lo debe en gran medida a todo lo que ha aprendido de Peter Gabriel. (Con él he llegado a valorar y apreciar proyectos musicales que yacen en discursos pensados y coherentes.) Confieso que en principio no me fue fácil, de jóvenes solemos ser sensoriales, hormonales e instintivos, y estas características las proyectamos en todos nuestros gustos, en especial en los musicales.

Me acerqué al trabajo de Peter Gabriel, a los dieciocho años, por medio del SELLING ENGLAND BY THE POUND (1973), el mítico álbum del grupo Genesis, del cual Gabriel fue frontman hasta 1975. Valió la pena darle más de una oportunidad: los temas, que en su mayoría no bajaban de los diez minutos, eran todo un desafío para alguien que crecía en la era de las velocidades mediáticas. Como nunca antes hice mía la sentencia de José Lezama Lima (a quien aún no leía): “solo lo difícil es estimulante.” De a pocos, entonces, grabé en mi disco duro (la tramposa memoria) todo lo recibido en esas sesiones en los que dejaba a un lado los sarpullidos del mal punk y pésimo pop que tanto daño me estaban causando (la edad de las poses, pues). Para cuando asimilé la propuesta de Genesis, no demoré en sentir la desazón que me había perdido de una gran fiesta, que solo tenía que conformarme con los alcances y limitaciones de mi imaginación traidora, recreando lo que hubiera experimentado viendo las interminables performances de Gabriel con Genesis.

Comencé a seguirle la pista, a lo largo de los años, al líder natural de la banda, desde su debut solista PETER GABRIEL I hasta el UP. No pocas veces pensé que estaba poniéndome al día luego de haber perdido parte de mi vida musical escuchando grupos y cantantes que, aparte de carecer de discursos sólidos y muy adornados con toquecitos de involuntaria incoherencia, hacían gala del talento tonal y atonal, tan píricos como una eyaculación precoz. Por ello, durante estos meses de verano (de enero a marzo) en Lima, lo único que hice fue esperar el arribo de Peter Gabriel y cumplir el sueño personal de ver en vivo a quien indudablemente me lo dio todo.

Los conciertos de Peter Gabriel en Latinoamérica (Venezuela, Argentina, Chile, México y Perú) son parte del Small Place Tour. No tengo muchas luces de cómo es la recepción de su música en los países beneficiados por el tour, sin embargo, en el caso peruano, tengo una teoría, un poco jalada de los cabellos, cierto, pero no del todo irreal: la música de Peter Gabriel muy pocas veces se pasa por las radios, es un tanto difícil encontrar sus discos, ni siquiera uno puede escuchar sus “grandes éxitos” en discotecas o pubs (ni hablar de los karaokes (a los que felizmente no voy)). Es por ello que el concierto del último viernes fue ante todo una gran reunión para elegidos. Y no fue para menos: el mismo estuvo a la altura de las expectativas, y pese a que el costo de las entradas estaban por los cielos (las más caras de la seguidilla de los grandes espectáculos musicales que vienen realizándose por estos lares), la explanada del estadio Monumental mostró por lo menos a doce mil espectadores que quedamos hipnotizados desde el saque: primero con los teloneros, el cuarteto apadrinado por Gabriel, los también británicos The Black Swan Effect, que a más de uno hizo recordar al Radiohead de THE BENDS; y lo esperado: la presencia de Gabriel con “Zaar”, tema ideal que delineó el desarrollo del espectáculo signado por los orgasmos musicales que duraron casi dos horas.

El artista estuvo acompañado por un grupo de músicos de primer nivel, entre los que destacaron su hija Melanie Gabriel, el guitarrista David Roth y Tony Levin, el legendario bajista de King Crimson. Las tres pantallas gigantes y los efectos de las luces no desentonaron, no se sintió la pésima costumbre de la falta de sincronización, tan caros en otros conciertos, aunque eso sí: no pocos tuvimos la sensación de que el sonido pudo estar mejor de lo que estuvo. Y claro, los álgidos instantes eternos marcados por las joyas conformadas por “Secret World”, “San Jacinto”, Solsbury Hill”, “Steam”, “Blood of Eden”, “No Self Control”, “Sledgehammer”, “In Your Eyes”, “Biko”, “On the Air” y “Red Rain”. No se extrañaron para nada las no menos joyas “Come Talk to Me”, “Kiss that Frog” y “Digging in the Dirt”.

Al menos “una línea” se merece la hija del artista, Melanie, quien prácticamente se robó para siempre un tema de su progenitor, el “Mother of Violence” suena muchísimo mejor en ella.

Peter Gabriel ya no es el showman que solía dejar la piel en los conciertos, los años no pasan en vano, pero eso no importa, es lo de menos, lo que realmente está por encima es su capacidad para seguir creando y transmitir la esencia de una propuesta musical tan vigente como genial, la que no ha dejado de descansar en la insaciable curiosidad que le permite estar abierto a todo tipo de manifestaciones tonales, atonales, no necesariamente en la onda del pop, sino que su inquietud va mucho más allá. No por nada es uno de los pocos artistas integrales y honestos que quedan hoy en día.
(Publicado en Siglo XXI)
Imagen, Peter Gabriel

jueves, marzo 19, 2009

Fiorella Faré

Hace algunos días me puse a chequear el Statcounter del blog. La verdad que no lo hacía desde el año pasado. Estaba sazonándome con toda la discografía de Peter Gabriel, como para estar en onda para el concierto del viernes, cuando reparé en un detalle no esperado: en cuatro días LFDLS tuvo tres mil visitas específicas. Me explico: este blog, como todos, tiene una media de visitas diarias, entre ellas están las "específicas" que no siguen el blog con regularidad, las que por medio de googleadas de tópicos sueltos caen por aquí. Un nombre aparecía con recurrencia en las visitas "específicas": Fiorella Faré, la legendaria chica Maidenform, la ex esposa del agente Fifa Carlos Delgado, la que involuntariamente ha puesto, hoy en día, al descubierto (y con pruebas) los tejes y manejes del fútbol peruano en cuanto a las regalías de los pases de jugadores.

Como blogger responsable que soy, me pregunté en qué momento de mi vida virtual escribí en este blog sobre Fiorella Faré, en qué instante fui presa de los aires canábicos de la frivolidad. Viajé por mi memoria tramposa y llegué a la seguridad de que jamás lo había hecho… Sin embargo, luego de un minuto de confrontación, recordé que sí.

A veces se me da por comentar los libros a los que vuelvo, libros que no me canso de frecuentar o que, en su defecto, sin ser la gran cosa y más allá de mis gustos personales, me siguen pareciendo valiosos. A todos ellos los agrupo en los posts Releyendo.

En el Releyendo de MARIPOSAS Y MURCIÉLAGOS (1999), de Julio Villanueva Chang, menciono de refilón a la ex modelo. En esta estupenda publicación, el fundador de Etiqueta Negra recopiló las crónicas y perfiles que escribió en los noventa para el diario El Comercio.

Como no puedo ser ajeno a la coyuntura actual, solo me abocaré a dar cuenta del perfil “La última tapada. Historia de un cartel con ángel”, de 1998.

Que Villanueva Chang dé el play de honor:

“Los enfermos de nostalgia que este invierno transitan por la octava cuadra de la avenida Pershing dicen que la han cubierto con un manto porque la pobre se estaba muriendo de frío. Que tuvieron que bajar el telón para los incautos conductores de vehículos porque había sido la inocente causante de los más inolvidables accidentes de tránsito, y la involuntaria provocadora de los más dulces atropellos. Pero ellos dicen que no hay derecho a que les roben de la vista a esa femme fatale encerrada en un cartel, a la única mujer que les había hecho perder el juicio sobre la trivialidad de las prendas íntimas, a la modelo que han convertido en la última tapada limeña. Y ella, la señora Fiorella Faré, inofensiva ex reina de belleza, prefiere no decir nada porque tampoco quiere perder el juicio en el Vigésimo Juzgado Civil de Lima.”

Fiorella Faré había sido contratada por las empresas El Modelador y Maidenform Internacional para que su dibujada figura sea parte de catálogos y afiches para damas, pero estas empresas no tuvieron mejor idea que usar su imagen en un gran panel de la avenida Pershing, cosa que asó a Faré, porque, según ella, aquello no era parte del acuerdo. Luego de un año de intercambios notariales, la modelo les entabló una demanda, en la que, entre algunas cosas, pedía “una indemnización de medio millón de dólares por daños y perjuicios…”

Para ese entonces, la hoy conocida demandante cargaba con la fama de haber sido coronada Miss Verano Viña del Mar y segunda Miss Perú; y como si nada participaba en pasarelas junto a estrellas de la talla de Claudia Schiffer.
Para muchos vecinos de la Residencial San Felipe, verla en lencería todos los días era más que un estímulo para empezar el día y terminar la noche. Los taxistas, por ejemplo, cuando negociaban carreras hacia Magdalena del Mar, no caían en lugares comunes tipo Javier Prado con Salaverry o la sexta cuadra de Pershing… No, la referencia inmediata era donde la chica Maidenform.
De alguna u otra manera, con la imagen del panel ganaban todos, hasta el señor que vendía periódicos en el kiosko ubicado frente al panel, puesto que no pocos hormonales nacionales y extranjeros peregrinaban para contemplarla por horas, quienes, de paso, le compraban periódicos y gaseosas al suertudo kioskero… Y claro, los accidentes de tránsito tenían como indirecta culpable a Faré, que me distraje al cruzar la pista, decía el atropellado, que un resplandor blanco me cegó, decía el chofer del micro… Ante estas tragedias, Faré ofrecía sesudas autocríticas: “No me siento muy bien sabiendo que pueden tener accidentes de tránsito por mi culpa.”

Hasta que un día, debido a una orden cautelar del juez, el gigantesco panel apareció cubierto por un manto negro. Faré luchaba por su dignidad (“no me gusta que Lima entera me vea en ropa interior”) y por la indemnización…
En honor a la mujer que por meses fue la razón de ser de los transeúntes de Magdalena del Mar y alrededores, no pocos pidieron que se cambie el nombre de la avenida Pershing y sea conocida “para siempre como la nostálgica avenida de la última tapada.”

(Las cursivas son mías.)

Imagen (tomada de aquí), Fiorella Faré.

martes, marzo 17, 2009

"Un día distinto", cuento de Marco García Falcón publicado en Caretas

A través del Facebook me entero de la publicación, en la revista Caretas, del cuento “Un día distinto”, de Marco García Falcón (Lima, 1970).

Marco es autor del libro de cuentos PARÍS PERSONAL y de la novela EL CIELO DE CAPRI (Revuelta Editores, 2007). Sobre ECDC, si gustan, pueden leer los comentarios de José Guich, Javier Ágreda, Alonso Cueto y Armando Chang (clic en los nombres).

Estoy convencido de que Marco es una de las primeras voces referentes de la nueva (y muy buena) narrativa peruana. Antología narrativa que no cuente con él, sencillamente se cae, se resiente, no sirve... Sus relatos han aparecido en las antologías DISIDENTES. MUESTRA DE LA NUEVA NARRATIVA PERUANA, 17 FANTÁSTICOS CUENTOS PERUANOS, EL FUTURO NO ES NUESTRO y CONTAR ES UN PLACER.

Como se sabe, en este blog no suelo pegar textos ajenos, pero tratándose del cuento de un escritor de primer nivel, a quien admiro como tal y aprecio muchísimo como ser humano, pues me es de gran gusto hacer una excepción.

(Por cierto, Marco estará este miércoles 18 en el Centro Cultural de España, a las 8 p.m., presentando el segundo libro de Antonio Moretti, CONCIERTO PARA LUCIÉRNAGAS.)

El cuento:

Un día distinto

– ¿La señora Bronstein? –llamó la enfermera.
– Soy yo –dijo una mujer de edad poniéndose de pie y caminando hacia el consultorio con una elegancia y una altivez poco usuales para sus años.
– Pase, por favor –le sonrió la enfermera–. El doctor la está esperando.
La señora Bronstein entró al consultorio y el doctor Gutiérrez se paró un instante de su escritorio para darle la mano.
– Qué gusto verla –le dijo–. Tome asiento, por favor.
La señora Bronstein se acomodó en la silla, un poco sorprendida con la intensidad con que el médico, un hombre casi tan viejo como ella, la observaba.
– ¿Cómo se encuentra? –preguntó al fin el doctor.
– Con achaques. Pero digamos que, en general, bien.
– ¿Sabe? –dijo el médico en un tono como de confesión–. No quiero importunarla ni ser malinterpretado por esto, pero desde la primera vez que la vi quise comentarle algo. Le encuentro un aire a una persona muy famosa…
– ¿Famosa…? –repitió inquisitivamente la señora Bronstein, interesándose por lo que el doctor decía.
– Sí –continuó él–. Usted tiene unas facciones y unos ojos muy parecidos a los de una mujer que hace muchos años fue muy conocida: la Miss Mundo del 57. ¿No se lo han dicho antes? Era una finlandesa que, si la memoria no me falla, se llamaba María Lindahl. Yo me acuerdo de ella porque justo ganó en el mismo año en que Gladys Zender obtuvo el Miss Universo…
– Se llamaba Marita… –precisó la señora Bronstein–. Marita Lindahl…
– Es cierto –se entusiasmó el médico, contento de que su paciente le siguiera el hilo de la conversación–. Me imagino que es algo que siempre le han dicho…
– No siempre –se sonrió ella levemente–. Y menos ahora que estoy vieja. Pero ya que lo menciona, le diré que yo soy Marita Lindahl…
El doctor Gutiérrez se quedó asombrado, sin saber qué decir. En su momento había admirado, como muchos otros jóvenes de su generación, la singular belleza de aquella mujer. Atesoraba, incluso, algunos recortes periodísticos en los que ella aparecía retratada.
– Llevo el apellido de mi esposo, de mi segundo esposo –prosiguió la señora Bronstein–. Es lo usual aquí, ¿no? Lo que sí no he dejado de usar es mi nombre Marita…
– Así que tenemos a una de las primeras Miss Mundo en esta clínica –proclamó el médico tratando de recuperarse de la sorpresa–. ¿Está de visita por el Perú? Habla muy bien el castellano. Casi no se le nota el acento…
– Vivo aquí desde hace quince años. Mi esposo era judío pero nació acá. Nos conocimos en Helsinski; él tenía unos negocios por allá. Hemos vivido en muchos países, pero al final nos vinimos para acá…
– No estaba al tanto –se excusó con cierto pesar el doctor Gutiérrez–. En realidad, nunca he sabido que le hayan hecho una entrevista o algo así y usted debería ser tratada como toda una celebridad…
–Una celebridad de hace cincuenta años –ironizó ella–. Pero no. Nadie sabe de eso. Yo aquí soy la señora Bronstein…
– Pero en todo este tiempo me imagino que alguien más la habrá reconocido…
– Un par de veces, hace varios años. Pero lo negué. Además yo casi nunca salgo a la calle. No me gusta la vida social…
– O quizá lo que no le gusta es Lima…
– No mucho, la verdad, aunque el Perú sí. He ido a algunos pueblos muy bonitos, pero en general no soy una persona que se apasione por las cosas. Los finlandeses somos así, melancólicos por naturaleza. Dicen que somos la nación con la mayor tasa de suicidios… Además, me he ido quedando sola…
– ¿Falleció su esposo…?
– Hace diez años... Fue algo duro. Pero lo más terrible fue haber perdido antes a mi único hijo. Murió muy joven, haciendo alpinismo…
– Entiendo, ningún padre está preparado para eso –reflexionó con voz comprensiva el médico–. Pero, dígame, ¿en qué ocupa ahora usted su tiempo?
– Leo. Leo mucho. Me gustan las novelas. Antes iba a las librerías a comprarlas, pero ahora las pido por internet. Es más fácil…
– Es más fácil, sí, pero de vez en cuando es bueno hacer algo de ejercicio…
– Sí, sí; lo sé. Yo hago yoga. Me relaja mucho. Una instructora muy buena viene a mi casa una vez por semana…
– Pero no todo tiene que hacerlo en casa. No tiene por qué quedarse encerrada…
– Encerrada… –repitió pensativa la señora Bronstein–. Quizás ése sea un buen calificativo para mí… ¿Sabe? Desde que gané el concurso me he sentido como encerrada; como si, aunque nadie me viera, tuviera que comportarme como una reina. Mi primer matrimonio fracasó por eso: me tenían como un adorno, casi como un trofeo… Luego vino mi segundo esposo, que fue como un respiro hasta que murió mi hijo. Sí, a veces es como si estuviera encerrada, encarcelada en el pasado. Supongo que la muerte será una suerte de liberación...
– Créame que eso es algo que sentimos todas las personas mayores –trató de alentarla el doctor Gutiérrez–. Lo que tenemos que hacer es saber disfrutar del presente, darnos cuenta de lo nuevo…
– Bueno… ese dolor en la espalda por el que vine era algo nuevo, doctor… –aprovechó la señora Bronstein para retomar el motivo de la consulta–. ¿Cómo salieron mis exámenes?
El médico buscó los resultados en su escritorio y por primera vez los revisó. No había tenido tiempo de hacerlo antes. Después de algunos minutos, habló.
– Está usted… –calibró la palabra un momento y luego continuó–… bien. Pero si vuelve el dolor, tome las pastillas que le receté. Lo que sí me parece indispensable es que usted salga. Hay que salir, aunque sea para mirar la luz del día…
– ¿Y tengo que hacerme algún otro chequeo?
– Por ahora no, aunque puede volver o llamarme cuando lo necesite…
La señora Bronstein no dijo nada más y se limitó a incorporarse.
El doctor Gutiérrez la acompañó hasta la puerta y se despidieron muy cordialmente.
Una vez en su escritorio, el médico volvió a revisar los exámenes.
Al poco rato los introdujo en un fólder y escribió con mucho cuidado un par de palabras en la carátula.

La señora Bronstein caminó sola hasta la salida de la clínica.
En la puerta había un lujoso auto esperándola.
– ¿Nos vamos? –preguntó el chofer.
– Anda tú nomás, Santos –contestó ella–. Yo me voy a pie.
– ¿A pie? –se inquietó el chofer–. Pero puede ser peligroso…
– Por qué va a ser peligroso. Estamos a seis cuadras de la casa.
– Si gusta, usted puede ir caminando y yo la sigo…
– No –le replicó ella con algo más de energía–. No me voy a mover de aquí hasta que te vayas.
– Como usted diga, señora… –refunfuñó el chofer y encendió el motor.
Cuando vio el auto lejos, la señora Bronstein enrumbó hacia un parque cercano.
El parque, apenas poblado por algunos transeúntes, estaba reverdecido y reverberaba con el sol.
La señora Bronstein dio algunas vueltas y finalmente se sentó en una de las bancas.
Entonces respiró hondo, con todas sus fuerzas, hasta repletar de aire sus pulmones.
Y fue como si un pequeño resplandor se abriera paso en medio de una maciza oscuridad.

Imagen, Marco García Falcón

jueves, marzo 12, 2009

Blanca Varela (1926 - 2009)

Como en un cuadro estrecho sin extremos
pasa él cabizbajo
algo inclinado sobre su sombra
se va se escapa con la luz
que voltea cualquier esquina

ella frente al espejo
parece joven y retoca sus labios y mejillas
como si fueran ajenas
mientras su imagen desde otro mundo
sencillamente le sonríe

en el recuerdo la juventud es un misterio
un objeto tan ajeno como la muerte
o el propio nacimiento
aunque también al otro lado existan flores
toda clase de flores
las oscuras carnívoras y las tenues
las ansiosas y las suaves
las que transcurren y pasan por la tela
cada vez más estrecha
nubes de una estación que termina
restos de soles fugitivos
plegados en un cielo demasiado lejano

y luego en blanco y negro hay música
y voces que se apagan

(De: CONCIERTO ANIMAL, “Como en un cuadro”. Ediciones Peisa – Pre – Textos, Poesía, 1999.)

Pulp - "Bad Cover Version"

Juan Francisco Ugarte sobre LA LÍNEA EN MEDIO DEL CIELO

En Proyecto Patrimonio (o Letras.s5), la excelente página web chilena, acaba de publicarse la reseña de Juan Francisco Ugarte sobre la novela LA LÍNEA EN MEDIO DEL CIELO, de Francisco Ángeles.

Por buen tiempo Ugarte fue uno de los reseñistas del mejor portal literario de Perú, Porta 9.

Esta reseña es quizá una de las más equilibradas e iluminadoras que se han escrito sobre la novela de Ángeles.

El primer párrafo:

La confusión como sentido

Una historia que no es por definición una historia. Un personaje que se presenta como el cruce de varios personajes, de varias identidades que la lectura parece ofrecer pero que en el fondo sólo ofrece una certeza: la ambigüedad. De esta manera, con este extraño y complejo libro, Francisco Ángeles (Lima, 1977) no sólo entrega una novela bien lograda sino que lo hace en un momento en el cual las novelas logradas resultan insólitas en nuestra literatura actual
.

Continuar leyendo aquí.

martes, marzo 10, 2009

Saludable incoherencia. Sobre LA HEGEMONÍA DE LO CONVERSACIONAL, de José Carlos Yrigoyen

La colección Piedra / Sangre puede ser considerada como el proyecto editorial del 2009. No es cosa de todos los días toparse de golpe con quince poemarios, todos de autores menores de treinta y tres años. Más allá si estemos o no de acuerdo con los nombres que la conforman, no hay que dejar de reconocer que una locura como esta, aparte de reconciliarnos con la vida, es una clara muestra de que cuando hay verdadera voluntad, todo es posible. Palmas para Lustra Editores y en especial para el Centro Cultural de España.

En este post no “hablaré” de la colección, sino del libro de ensayo que viene junto con esta, de LA HEGEMONÍA DE LO CONVERSACIONAL (Algunos apuntes sobre poesía peruana última, 1988 – 2008), a cargo de José Carlos Yrigoyen (Lima, 1976).

LHDLC es un libro breve, casi sesenta páginas, que ofrece muchísimas más luces que todo de lo que se ha venido escribiendo sobre la poesía peruana en estos últimos años. En sus páginas no encontraremos un ánimo conciliador, menos la pútrida costumbre del “Nunca quedas mal con nadie”, mucho menos la coraza descriptiva que ha sido usada hasta más no poder por ciertos padrinos poéticos tan especialistas en escribir, por ejemplo (entre varios), prólogos carentes de honestidad apreciativa y capacidad de riesgo.

Yrigoyen inicia su ensayo ubicándonos en 1988 y 1989, años en los que la poesía peruana y el país alcanzaron “el punto más inquietante de su crisis”. La poesía conversacional había llegado a su tope, el gran Roger Santiváñez publicaba su imperecedero EL CHICO QUE SE DECLARABA CON LA MIRADA. No es de extrañar, entonces, que los poetas de esa década hayan empezado a buscar otras fuentes en pos de la asimilación, como si la herencia de lo conversacional del sesenta y setenta ya no sirviera de mucho. No es gratuito que el ensayista mencione a Santiváñez puesto que el fundador de Kloaka era el que mejor representaba el devenir de la poesía peruana. Era un referente no solo para su generación, sino también para los poetas de la siguiente década. Es en este contexto de perplejidad en el que muchos vates se lanzan a la experimentación formal, en busca de nuevos aires.

En 1991 Santíváñez publica SYMBOL, dos años después otro miembro de Kloaka, Domingo de Ramos, lanza PASTOR DE PERROS. Este último poemario es calificado en el libro como “uno de los libros más originales, complejos y logrados de las últimas décadas, el que rescata con mayor brillantez las formas de expresión marginales propias de la Lima post-70”. Ambos poemarios fueron ninguneados, no por criterios poéticos, sino por deleznables prejuicios, creyendo que la posería (en ese lado los Kloaka Boys eran campeones) también se plasmaba en la poesía, lo que es un disparate sin perdón. A continuación se menciona la arremetida de Camilo Torres (inmortalizado en una novelita publicada a fines del 2007) contra Rodrigo Quijano a razón de que este último había catalogado a Santiváñez y De Ramos como lo que siempre serán: extraordinarios poetas. Torres, en un artículo publicado en El Dominical, sentencia que ni Santiváñez ni De Ramos “eran dignos de ser calificados como poetas.” Es así que tenemos un panorama fresco de esos años de rupturas con la poesía conversacional heredada del sesenta y setenta.

Y entramos a la poesía escrita de los noventa. No es raro calificar a ese decenio como uno de los más flojitos en la historia de la poesía peruana, al punto que todavía no existe una antología representativa. Sin embargo, se rescatan dos intentos interesantes: el primero es el segundo tomo de la antología POESÍA PERUANA SIGLO XX, de Ricardo González Vigil, que en la sección dedicada a los poetas de los noventa “acierta en buena cantidad de los elegidos” (Carlos Oliva, Miguel Ildefonso, Roxana Crisólogo, Lorenzo Helguero, Lizardo Cruzado, Javier Gálvez, Xavier Echarri, Montserrat Álvarez y Selenco Vega, insertados en lo conversacional, como también los no-conversacionales Rafael Espinoza y Alberto Valdivia). De dicha sección, Yrigoyen expresa su reparo por “dos o tres autores cuya importancia se encuentra más bien en la promoción cultural”.

El segundo intento es una antología como tal, publicada en el 2005. LOS RELOJES SE HAN ROTO, por cuenta de Enrique Bernales y Jorge Villacorta. De los once elegidos, siete provenían de la selección de RGV, e incluyen a Victoria Guerrero, Josemári Recalde, Christian Zegarra y Martín Rodríguez-Gaona. Todos son “parte de la línea conversacional imperante.” Los antologadores fueron parte de Inmanencia, fundado en los claustros de la PUCP. El fin de la poesía conversacional era la recurrente consigna de este grupo noventero. Pues bien, los años terminaron situando las cosas en su exacta dimensión, en claro ejemplo de que tanto narradores y poetas no deben ser perfilados por lo que declaran, sino por lo que escriben; y en el caso de los inmanentes, prueba de ello es que sus mejores trabajos han recibido la influencia de la poesía que tanto se encargaron de denostar.

(De 1990 a 1996 se vivió lo peor de lo peor de la entonces nueva poesía peruana. A ver, una pregunta de cultura general para ser respondida en el Queirolo o Don Lucho: ¿en qué año se fundó Neón?)

Fue una década pésima, cierto. Pero hubo individualidades, a las consignadas líneas arriba, se suman los nombres de Rubén Quiroz, Gonzalo Portals Zubiate y Víctor Coral.

Yrigoyen endilga una crítica argumentada al ensayo de Luis Fernando Chueca, Consagración de lo diverso. Una lectura de la poesía peruana de los noventa, publicado hace algunos años en Lienzo. Estas páginas son, creo, un ejemplo de que sí se puede refutar sin caer en bajezas o sentimientos menores. En no pocas líneas el importante crítico recibe merecidas zamaqueadas. Tengamos presente que Chueca tiene armas de sobra para entregarnos todo lo que se espera de él, un poco de rigor y frialdad de su parte nos haría muchísimo bien.

Y llegamos al tercer capítulo, en el que se disecciona a la poesía post-2000. Para empezar, tenemos dos advertencias: uno, que es obvia la falta de distancia, la que limita dar una visión definitiva de lo que está ocurriendo en la nueva poesía peruana, sin embargo, ello no impide que se puedan ofrecer senderos que a futuro contribuyan a trabajos más completos sobre el tema; dos, que el capitulo tiene como base la colección Piedra / Sangre (a la que el autor expresa sus reparos en cuanto a la nómina (lo mismo que yo) ), sin dejar de consignar “algunos nombres que me parecen tan importantes como el muchos previamente seleccionados.”

Se destacan los grupos formados en las universidades San Marcos, Villarreal, Católica y la Universidad de Lima. A diferencias de años anteriores, los nuevos vates han tenido suficiente capacidad de diálogo para saber organizarse. En esta línea, el trajinado poeta Maurizio Medo, cuyo ensayo ¿Nueva poesía peruana?: atisbando el siglo XXI es citado en el presente libro, califica a estos grupos como “seudocolectivos (cuya) existencia resulta lo más similar a las “juntas” o “panderos” reunidos con el sueño del libro propio.”

De todos los grupos, merecen párrafos el formado en la Universidad de Lima, con Bruno Pólack, Luis Cruz, Diego Molina y Sergio Camacho. De los cuatro, Pólack saca no pocos metros de ventaja y proyección. El otro, Sociedad Elefante, de San Marcos, integrado por Diego Alonso Sánchez, José Agustín Haya de la Torre, Moisés Sánchez Franco, Luis Valladares, Romy Sordómez Patiño y Miguel Sanz Chung. SE fue una agrupación entusiasta, entre otras actividades, dirigieron un programa radial los domingos en 1160; sin embargo, ciñéndonos a los logros poéticos, solo Sordómez y Sanz Chung quedarán en la memoria de los lectores.

Obviamente hay más grupos que son consignados, pero se resaltan más las individualidades (Diego Lazarte y Miguel Ángel Malpartida) que las propuestas colectivas.

De la universidad Católica se imponen, sin haber pertenecido a agrupación alguna, los que a mí entender son los poetas pilares de esta generación: Jerónimo Pimentel, Manuel Fernández y Andrea Cabel.

Luego se aborda con justa generosidad a Paul Guillén. También a Víctor Ruiz, Alessandra Tenorio, Pedro Favarón y al resto de los incluidos en P / S. Se rescatan, del parcial olvido, a Elisa Fuenzalida, Elio Vélez y Jorge Augusto Trujillo, cuyo poemario LA IRONÍA DE LA RAMA NEGRA (2005) genera esta impresión: “es un libro de un hermetismo extremo, sin posibilidades de entrada ni salida, que más que un reto para el lector es casi una invitación para no atreverse a entrar en sus páginas.”

Si hay una sombra mayor que cubre a la gran mayoría de los nuevos poetas peruanos, esta es la de Rodolfo Hinostroza. Hinostroza es una influencia a celebrar, es abrigar un coloquialismo trabajado, culto y abierto a la experimentación.

LA HEGEMONÍA DE LO CONVERSACIONAL es un libro incoherente en el contexto que es publicado. Esta publicación es el aval moral de la colección, la cual iba a despintarse si era acompañada por un ensayo castrado, carente de opinión, descriptivo hasta llorar, lleno de elogios píricos. La única manera de mejorar y adquirir conciencia es a través de miradas informadas que sepan confrontar. LHDLC no está condenado a pasar desapercibido; por el contrario, la polémica seguramente llegará; lo que no tiene nada de malo, puesto que, diga lo que se diga, todas las polémicas siempre serán edificantes.

Hubiera sido ideal que el ensayo sea un poco más largo, ya que por momentos se siente la ausencia de voces relativamente importantes. Por otra parte, creo que el editor debió hacerle un seguimiento al diagramador, es el único motivo razonable para entender la irresponsabilidad visual en el texto; hay contadísimos errores que lindan lo grosero.

José Carlos Yrigoyen, aparte de ser, junto al chileno Germán Carrasco, el mejor poeta latinoamericano menor de cuarenta años, nos brinda con esta publicación genuinas muestras de sus dotes para el ensayo, el pensamiento y la crítica.

Imagen, LA HEGEMONÍA DE LO CONVERSACIONAL

viernes, marzo 06, 2009

Raúl Gómez Jattin

El colombiano Raúl Gómez Jattin fue un poeta genial. Lamentablemente, su obra no es muy conocida fuera de su país.

En su vida pueden reconocerse senderos afines con los andares de Martín Adán, Leopoldo María Panero, Luis Hernández y Juan Ojeda.

GJ nació en 1945, en Cereté, un pueblito de Córdoba. De niño y adolescente hizo gala natural de inteligencia superior y talento. Sin embargo, guardaba dentro de sí un mundo interior atormentado, el cual se desborda cuando de joven decide irse a estudiar a Bogotá.

Es en esta ciudad en donde empieza a tejer involuntariamente su leyenda en vida. Medía casi dos metros de altura, era fornido y atractivo. Era visto como un rarísimo genio marginal, seducía a cuanto hombre le daba la gana, se drogaba a más no poder, era el alma de los recitales de poesía (todos quedaban hechizados cuando leía) y festivales de teatro.

Como era preso de un espíritu ávido de oscuridad y perdición, no tardó en patentizar su locura: vivía en las calles: dormía en callejones y parques; era descuidado: no se bañaba; y cuando no tenía dinero, pues se prostituía…

Publicó su primer libro, POEMAS (1980), relativamente tarde, a los treinta y cinco años. Y como puede colegirse, no tuvo que lidiar con el ninguneo del público lector, puesto que hasta ese entonces era un conocidísimo poeta sin obra. Esta publicación ratificó lo que por años se decía de GJ: que era un poeta extraordinario.

Sin embargo, es precisamente su vida disoluta lo que muchas veces impidió que su poesía sea apreciada.

Por ejemplo: Cierta tarde se apareció casi desnudo, con una camisa sucia que cargaba el sudor de dos meses, y con una botella de ron en la mano derecha, en la puerta de la Biblioteca Municipal de Bogotá. Estaba riéndose y recitando de memoria sus poemas. Este hecho no llamó la atención de los círculos poéticos, puesto que ese tipo de manifestaciones alucinadas eran muy frecuentes en GJ. Pero sí causó estupor en la “comunidad oficial” de la poesía colocha, la que no demoró en hacer causa común en pos de la salud emotiva y física del poeta, a quien mandaron a Cuba a recuperarse… En La Habana le curaron las infecciones que padecía, le sometieron a curas de sueño, se le alimentó bien y, entre otras cosas, se le colocó una nueva dentadura. Estuvo varios meses en la isla, disfrutando de las lluvias con calor. Ni bien regresó a Colombia, lo primero que hizo fue vender su dentadura revolucionaria. Volvió a lo de siempre: parques, callejones, drogas, hombres, alcohol…

Al igual que Martín Adán y el inacabable Leopoldo María Panero, GJ también pasó largas temporadas en manicomios.

En Cartagena, en 1997, murió arrollado por un bus. Las circunstancias aún no están del todo claras, lo que acrecienta las dudas sobre si fue accidente o suicidio.

Sus libros circulaban en ediciones reducidas. Sin embargo, el tiempo ha permitido que parte de su obra se publique por editoriales (Norma y Pre-Textos) que garantizan lo que debe importar por sobre todas las cosas: que su poesía no se pierda.

Raúl Gómez Jattin no solo es, para este blogger, el mayor poeta colombiano del siglo XX, también es una de las voces más consistentes en la historia del imaginario lírico latinoamericano.

Para bendición de los amantes de la verdadera poesía, sobre todo en estos tiempos de tanta piromanía "versística" que desconoce la tradición, la de este perdurable vate puede encontrarse en la red.

Imagen, Raúl Gómez Jattin

miércoles, marzo 04, 2009

Entrevista: Junot Díaz

“El conocimiento oral sobre el trujillato es un género en República Dominicana, hice un gran uso de esta historia interna para mi novela”

Luego de su auspicioso debut con Los Boys (1996), Junot Díaz (República Dominicana, 1968) esperó poco más de diez años para entregarnos La maravillosa vida breve de Óscar Wao, novela que ha obtenido el Pulitzer 2008 y el National Books Critics Circle Award 2007, considerada también como la mejor de 2007 por la revistas Time y New York Magazine.

Óscar es un adolescente de origen dominicano que vive en Paterson (New Jersey), cuyos sueños son: convertirse en el Tolkien tropical y encontrar el amor de su vida. Sin embargo, Óscar y su familia sufren de la maldición ancestral del fukú, la que los aqueja por generaciones, desde la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo, en República Dominicana. El oscuro periodo de un país y una trágica historia familiar son los ejes de esta entrega, en donde brota el humor y la ironía, que desde ya está entre las mejores novelas de la década.

Sobre La maravillosa vida breve de Óscar Wao, conversé con el autor.

Gabriel Ruiz Ortega

Imagino que no es fácil sobrellevar el “fukú” de la fama…

A veces, amigo mío, solo tienes suerte. Esa es la razón por la que trato de disfrutarlo ya que pasamos mucho tiempo de nuestras vidas sin ninguna clase de suerte.

La novela nos relata la maldición ancestral del fukú.

Yo me abocaría a la idea de un proceso histórico, el fukú, que nos marca a todos en el Nuevo Mundo (y quizá todavía más allá).

Tal y como lo vemos hoy en día.

El pecado original de nuestra creación continúa retumbando en el presente.

¿Por ejemplo?

La esclavitud y el exterminio son los filosos bordes del capitalismo. Nuestro pasado nunca ha desaparecido: solo ha cambiado de lugar y tiempo.

¿Cómo diste con el apodo Óscar Wao, el verdadero nombre de Óscar de León, el protagonista?

El apodo de Óscar viene antes que cualquier cosa en la novela. De hecho, yo le debo la novela entera a una persona que conocí en México, a quien escuchaba pronunciar el nombre de Óscar Wilde como Óscar Wao. No lo desaproveché. Demasiado bueno para ser verdad.

En todas las páginas se respira un exorcismo festivo.

Esa es realmente la única manera de superar las brutales vicisitudes de la vida, por medio del humor y la voluntad por vivir y siendo parte de la celebración de muchas de nuestras supervivencias. Como sobreviviente de varias catástrofes, creo profundamente en esta idea.

Muchos dicen que Yunior, el narrador de la novela, tiene mucho de ti.

En gran medida sí. Yunior es lo más cercano que he llegado a lo autobiográfico.

En un párrafo, Yunior dice lo siguiente: “nada une más a una pareja como una catástrofe.”


Casi siento que la frase habla por sí misma.

Entonces, ¿el amor es lo que nos libera del fukú?

Nunca ha sido fácil estar enamorado. El amor es nuestro llamado, pero el corazón roto es siempre nuestro destino.

No así para los que han sufrido vejámenes.

Sin embargo, para la gente que históricamente fue comprada, violada, criada y negada en sus auténticas relaciones emocionales es especialmente traumático. Eso en parte es de lo que trata el fukú. La historia lo hizo palpable. Y cruel.

Yunior, por momentos, es invadido por avalanchas de datos sobre el trujillato.

Lo cual es medular para entender la inseguridad de Yunior en muchas cosas. Por momentos parece que Yunior dijera “Yo no sé más de lo que se dice. Esto es lo que sucedió.”

Es que esa dictadura no dejó ninguna clase de registro documental.

El conocimiento oral sobre el trujillato es un género en República Dominicana, hice un gran uso de esta historia interna para mi novela. Realicé muchas, muchísimas entrevistas.

Es patente la complicidad entre Óscar y Yunior.

Esta es una novela sobre los silencios. Si es sobre cualquier cosa, es sobre eso: Yunior se afianza como escritor debido a todo lo que aprendió de Óscar. Es el lector quien tiene que armar las piezas.

No es gratuita la voracidad de Óscar como lector.

Imaginé la novela como un tributo a todos los tipos de lectura. El gran talento de Óscar es su amor por la lectura y su amor por los géneros populares, pero la novela te pide que ames esos géneros, aún más que Óscar.

Como la scifi y la fantasía.

La scifi y la fantasía por sí mismas son maravillosos lentes por los que podemos ver la historia del Nuevo Mundo. Nada más cercano que el capturar la insania de nuestra experiencia.

¿Estás escribiendo algo nuevo?

Lamentablemente no estoy escribiendo nada en estos momentos. Muchos viajes y demasiadas lecturas. Algún día debo volver a trabajar pero quién sabe cuándo.
Publicado en la edición de marzo de Literaturas.com