miércoles, junio 30, 2010

Les Freaks


En la última edición de Radar Libros encuentro Les Freaks, reseña de Rodrigo Fresán sobre la novela EL TUTÚ, de Princesa Safo. Se trata de una de esas rarezas que sobreviven a los justos caprichos del tiempo. La verdad, lo acepto, no sabía nada de ella hasta la presenta reseña. Bien sabemos que Fresán hace alarde de un sugerente poder que nos lleva a devorar cuanto antes libros que aún no hemos leído, eso ocurre, imagino, cuando se escribe sobre los libros que realmente nos gustan. Vale antonar, a modo personal, que el segundo párrafo del texto es quizá lo más corrosivo y efectivo que haya leído sobre publicación alguna. Espero pues que nuestros maravillosos y geniales distribuidores no demoren en traerla a librerías limeñas.


Se rescató en España El tutú, una de las novelas más raras del siglo XIX: un tour de force por la extrañeza y el calculado delirio que anticipa la vanguardia de Jarry, Apollinaire, Buñuel y Dalí.
Puede leerse El tutú –y a su misterioso autor escondiéndose bajo el alias de Princesa Safo– como a un Marcel Proust que ha hundido su magdalena en un tazón rebosante de LSD mientras lo filman los Hermanos Coen de El gran Lebowski. Algo así.
Definida por Juan Goytisolo como “obra maestra de humor corrosivo y de inventiva feroz”, por Julián Ríos como “aerolito literario”, y entendida por sus adoradores como “la novela más misteriosa del siglo XIX”, El tutú es una de esas contadas rarezas que, a poco de empezar a bailar, consiguen imponer en el lector una realidad alternativa que, enseguida, contagia con la irracional lógica de su delirio.
Editada por primera vez en 1891 por el editor belga afincado en París y “especializado en literatura oscura” León Genonceaux –son varios los estudiosos que aseguran que la Princesa Safo fue él mismo, mientras que otros apuntan a nombres secundarios de la revista Fin de Siècle como los de René Emery, Henri d’Argis o Laurent Tailhade–, El tutú puede ser apreciado hoy como uno de esos artefactos involuntariamente de avanzada y cuya revulsión vanguardista surge más del exabrupto apasionado que de una fría planificación. Prueba de ello es una prosa –bien conservada por su traductor en la exquisita edición de Blackie Books– que cruje y desconcierta y maravilla con frases como “Hacía girar en sus órbitas unos ojos de devorador de casas”.
Aun así –mejor así, pienso–, aquí ya se detectan tics y guiños y hasta taras que años después marcarían los modales del Ubú de Alfred Jarry, del Croniamantal de Guillaume Apollinaire o de esa navaja cortando el ojo de Buñuel & Dalí hasta llegar a los espumosos días de Boris Vian.
Todo esto rotando en puntas de pie alrededor de la figura del edípico y “modelo perfecto de hombre mundano” Mauri de Noirof quien nos invita –y nos arrastra– a una parada de monstruos sin frenos. Una comedia de malas costumbres y manual de etiqueta tachada donde hay lugar para diálogos con Dios, puestas en escena de óperas demenciales, matrimonios con obesas alcohólicas, orgías papales, embarazos de mujeres bicéfalas, máquinas para amamantar culebras, bloques de mármol que crecen y engordan, ensoñaciones con trenes de alta velocidad y cierta obsesión con el acto y el arte de cagar.
Se sale de El tutú como de una fiebre que enseguida se extraña. Y, de inmediato, queriendo regresar a ella –buscando leer alguna otra infección que nos devuelva a sus escalofríos y sudores– comprendemos que no hay boleto de vuelta.
Sólo queda, entonces, releerla. Y seguir temblando. O bailando aquello de “Le freak, c’est chic”.

Página 2: 27 de junio




La edición del 27 de junio del programa de televisión Página 2 trae varias cosas de sumo interés. Resalto dos secciones que me parecen sumamente recomendables, como el reportaje a las nuevas voces latinoamericanas, en el que podemos ver a Samanta Schweblin, Juan Gabriel Vásquez y Pola Oloixarac; y la entrevista central al gran contador de historias John Irving, a razón de su nueva novela río LA ÚLTIMA NOCHE EN TWISTED RIVER.

lunes, junio 28, 2010

Artículo de Carlos Calderón Fajardo: El largo viaje de un elefante

En la última edición de Caretas se publicó el artículo de Carlos Calderón Fajardo: El largo viaje de un elefante. Pues bien, este texto que repasa la poética de José Saramago acaba de ser posteado en su columna Bloc de Notas en Letra Capital, el cual reproduzco a continuación.
La imagen del post -publicada en su momento en La Revista del diario El País-refleja pues la actitud que Saramago siempre ha tenido hacia el reconocimiento y la fama, que muy bien se lo mereció en vida.


Obra y vida en Saramago equivalen al viaje de un fascinante paquidermo. En el último de sus libros El viaje del elefante (2009) narra las tribulaciones de un viejo elefante en exhibición que se desplaza de Lisboa a Viena. Leerlo nos produce la sensación que Saramago nos cuenta metafóricamente su autobiografía, una novela sobre una Europa en crisis de civilización y escrita por un europeo perturbador. Se sintió íbero más que portugués, diría de la Iberia progresista y de izquierda.
Escribió 30 libros. Lo más importante de su obra creada luego de los 60 años por un escribiente que decidió no rendirse, con una creatividad que la edad no menguó. El largo viaje empieza con la extraordinaria novela histórica Memorial del convento (1982). En El evangelio según Jesucristo (1992) El novelista nos pinta un Cristo en su virginidad, a María Magdalena utilizada por Dios para extender su dominio sobre el mundo. Saramago es un elefante ateo, irreverente. Esta novela polémica lo saca de Portugal. Afinca en Lanzarote, Canarias. Anti-religiosa es Cain (2909), humorística versión del asesinato de Abel. Este mamut irreverente señala que la Biblia es un “manual de malas costumbres”. Crítico de la dictadura de Salazar en Portugal, del presidente italiano Berlusconi, y de la política israelí en territorios palestinos ocupados. Anciano Quijote rojo, parecía decirnos que la vida sin rebeldía es un desierto. Su novela Ensayo sobre la ceguera. (1995) de 500 páginas, es relato frenético, apocalíptico surrealista. Alguien se queda ciego ante un semáforo en rojo. En una epidemia de “ceguera blanca”, todos los habitantes de una ciudad enceguecen. Saramago, es de los narradores hispanos el más próximo a la filosofía. En su novela La Caverna (1988) recrea magistralmente el mito de la caverna de Platón.; los diálogos son excelentes y Cipriano un personaje inolvidable. ¿Qué recomienda leer Saramago? El año de la muerte de Ricardo Reis. “Es de mis libros el que más me gusta, libro sobre la soledad en un tiempo triste”.
El viaje del elefante escrita a los 85 años es una novela río sin puntuación. Saramago, iconoclasta lusitano, escritor incomprendido por muchos, caminó pleno de humor, parodia, rebelión y sabiduría hasta llegar al cementerio de los elefantes donde la pluma reposa y calla, por fin en paz. Dios lo juzgará. Nosotros perdonamos al escritor. Fue probablemente al más humano de los mastodontes.

Cuento de Roberto Fontanarrosa: "Memorias de un wing derecho"


“Memorias de un wing derecho”, conocido cuento del recordado escritor argentino Roberto Fontanarrosa. El relato lo encontré en la web literaria 60 Watts y va para mis no pocos amigos que desean que la selección Argentina campeone en Sudáfrica. Felizmente, la selección de Maradona no está entre mis favoritas, aunque debo reconocer que le ganó con jerarquía y prestancia a la desmoralizada selección mexicana, que como todo el mundo vio, hizo que los albicelestes se mordieran las uñas, exhibiendo la naturaleza del trabajado planteamiento táctico “anda y juega como sabes”, hasta, claro, el gol en posición adelantada del aguerrido Carlitos Tévez. No importa, los horrores arbitrales también forman parte del fútbol.


Y aquí estoy. Como siempre. Bien tirado contra la raya. Abriendo la cancha. Y eso no me lo enseñó nadie. Son cosas que uno ya sabe solo. Y meter centros o ponerle al arco como venga. Para eso son wines. No me vengan con eso de wing “ventilador” o wing “mentiroso” o las pelotas. Arriba y contra la raya.
Abriendo la cancha para que no se amontonen los forwards en el medio. Nada de andar bajando a ayudar al marcador de punta ni nada de eso. Si el marcador de punta no puede con el wing de él… ¿para qué mierda juega de marcador de punta? Lo que pasa es que ahora cualquier mocoso le sale con esas teorías nuevas y nuevas formas de juego o te viene con la “holandesa” o la brasileña y otras estupideces.
¡Por favor! El fútbol es uno solo y a mí no me saca de la formación clásica: el arquero bien parado en la raya y atento. Por ahí escucho decir que Gatti juega por toda el área o sale hasta el medio de la cancha… Y bueno, así le va. Yo al arquero lo quiero paradito en su arco y nada más. Para eso es arquero. Después una línea de tres. Después otra de cinco. Y arriba que nos dejen a nosotros tres. Más de veinte años hace que jugamos así y nos hemos podrido de hacer goles. De a siete hacemos. Yo ya debo llevar como 6.800. Yo solo… ¡Después me dicen de Pelé! O arman tanto despelote porque Maradona hizo cien. Cien yo hago en una temporada. Y en verano, cuando los pibes se quedan en el club como hasta las dos de la matina, me atrevo a hacer cuarenta, cincuenta goles por semana. Cuarenta, cincuenta. Yo solo… Maradona… ¡Por favor! Y eso para no hablar del centrofoward nuestro. Debe llevar más de 12.000 goles. Por debajo de las patas… Y…¡el tipo está ahí! donde deben estar los centrofoward. En la boca del arco. En el área chica. Pelota que recibe, ¡Pum! adentro. A cobrar. Y ojo, que el nueve de los de Boca no es maño tampoco. Es el mismo estilo que el nuestro. Siempre ahí: en la troya. Adonde están los japoneses. ¡Nos ha amargado más de un partido, eh! Yo no he visto los goles que nos ha hecho pero escucho los gritos y el ruido de la pelota adentro del arco.
Le da con un fierro el guacho. Pero, claro, tiene dos wines que son dos salames. Por ahí si jugara al lado mío él también habría hecho como 12.000 goles. ¡Si le habré servido goles al nueve! ¡Si le habré servido goles! Me acuerdo el día del debut. Le estoy hablando de hace 25 años, 25 años, un cuarto de siglo. Sacaron la lona que cubría la cancha y le juro que nos encegueció la luz. Un solazo bárbaro. Yo casi no podía ver por el resplandor en las camisetas, especialmente en las nuestras. Claro, por el blanco. Las bandas rojas parecían fuego. No como ahora, que está saltando todo el esmalte y se ve el plomo. O el piso, del verde ya no queda casi nada. ¡Cómo está ésta cancha! ¡Qué lástima! Qué poco cuidada está. Pero bueno, ese día fue algo inolvidable. Era domingo al mediodía y se ve que los muchachos estaban alborotados porque esa tarde jugaban River y Boca en el Monumental y ellos se habían reunido en el club para irse todos juntos en el camión para el partido. ¡Huy, lo que era ese día! Y claro, llegaron ahí y se encontraron con que la Comisión Directiva había comprado el taca-taca.
Yo había escuchado desde abajo de la lona que pensaban inaugurarlo esa noche cuando los socios se juntaban en la sede social a comentar los partidos o tomarse un fernet antes de cenar. Pero… ¡qué!… apenas los muchachos vieron el taca-taca al lado de la cancha de básquet ni siquiera se molestaron en meterlo adentro.
¡Además, esto es pesado, eh! No sé cuántos kilos debe pesar esto, pero es pesado. Puro fierro, de las cosas que se hacían antes. Bueno, ahí nomás lo destaparon y se armó el partido. Yo calculo, calculo, que había de haber entre 20 y 25 años personal viendo el partido. ¡No menos, eh! No menos. Una multitud. Y había apuestas y todo. Le digo que calculo que había esa gente porque yo ni miré para arriba, le juro, no me atrevía a levantar la vista del cagazo que tenía. Le juro. Uno escuchaba bramar esa tribuna y temblaba.
¡Qué cosa inolvidable! Nosotros, los tres de adelante, tuvimos suerte porque el tipo que nos manejaba se ve que sabía. Yo apenas sentí que se movía, dije: “Hoy vamos a andar bien”. porque también es importante el tipo que a uno le toque para manejarlo. Usted podrá tener condiciones, es más, podrá ser un fenómeno, pero si el que está afuera es un queso, va muerto. Y yo le digo, ahora, con experiencia, yo apenas noto cómo el tipo me mueve ya me doy cuenta si conoce o no. Es una cuestión de experiencia, nada más. No es que uno sea sabio. Escúcheme, usted ve un tipo cómo se para en la cancha y ya sabe cómo juega al fútbol. No tiene necesidad ni de verlo correr. ¡Por favor! Pero ese día se ve que el tipo conocía. No era ni improvisado ni uno que agarra la manija porque está aburrido y para matar el tiempo se juega un taca-taca. De esos que usted trata de ayudarlos, de darles una mano pero al final el que queda como un patadura es usted. Cuando el culpable es el que tiene la manija. Y usted los escucha gritar: “¡Qué tronco es el siete ese! ¡Qué animal el wing!”. Hay que aguantar cada cosa. ¡Por favor! Pero ese día no. Ese día tuve suerte, lo que es importante en un debut. Y más en un River-Boca. Usted sabe bien cómo son estos partidos. Un clásico es un clásico, digan lo que digan ahora yo ya tengo como 30.000 clásicos jugados y así y todo, le digo, todavía cuando escucho el pique de la primera pelota en la mitad de la cancha me pongo nervioso. Parece mentira. Es que son partidos muy parejos. Somos equipos que nos conocemos mucho. Pero aquél día tuvimos suerte, por lo menos los de adelante. De la mitad de la cancha para adelante la rompimos, la hacíamos de trapo. “Tachola”, me acuerdo que se llamaba el que tenía la manija. Me acuerdo porque le gritaban permanentemente y además porque durante cuatro años vuelta a vuelta venía al club y jugaba. ¡Cómo sabía ese tipo! Lo arruinó la bebida. Cuando llegaba en pedo yo me daba cuenta porque nos hacía hacer molinetes y cada cagada que ni le cuento. Un día me hizo hacer un molinete y yo cacé un chute que la pelota saltó del taca-taca e hizo sonar un vaso. Me quería hacer pagar a mí el desgraciado. Pero cuando estaba sobrio era un león. Y ese día la gasté. En la defensa no andábamos tan bien porque el que manajaba a los tres era un salame. Un paspado. Pero con los de adelante bastaba.
No hay mejor defensa que un buen ataque, mi amigo, eso lo sabe cualquiera. ¡Por favor! Ahora se meten todos abajo. Están locos. Tres pepas hice ese día. Y las otras tres se las serví al nueve, al morochón. Y no tenía bigotes. Lo que pasa es que algún mocoso se los pintó con birome para que se pareciera a Luque. Un gol, me acuerdo, un gol, la bola rebotó en el córner y se me vino. Ibamos perdiendo uno a cero, porque ¡ojo! habíamos arrancado perdiendo, y la hinchada bramaba. La puse debajo de la suela y casi la astillo. La empecé a pisar y me la traje despacito para el medio. El nueve se fue para la izquierda y el once también, para abrirme un buco. Yo la masé y un par de veces amagué el puntazo, pero el fullback me tapaba el tiro y no veía ángulo para el taponazo. Le cuento que yo no le hago asco a patear y cuando veo luz le sacudo. A mí no me vengan con boludeces. Pero el rubio que me marcaba me tapaba bien. Entonces yo agarro y la engancho de nuevo para afuera, para mi lado, como para meterle un derechazo cruzado, al segundo palo, a la ratonera. ¡Si habré hecho goles así! Y cuando el rubio me sigue para taparme y el arquero cubre el primer palo, de revés nomás, cortita, la toco para el medio. Y el nueve, sin pararla ché, le puso semejante quema que abolló la chapa del fondo del arco. ¡Qué golazo! ¡Lo que fue eso! Yo lo había escuchado al negro, lo había escuchado. Cuando yo me abrí para la derecha y ví que la defensa se venía conmigo. Y lo escuché al Negro, lo había escuchado. Cuando yo me abrí para la derecha ví que la defensa se venía conmigo. Y lo escuché al Negro que me grita: “¡Ah!”. Y se la toqué. Lo mató al Negro. Lo mató. La hacemos siempre a ésa. Diga que ya nos conocen. ¡Qué partido fue ése! Y para esta noche tenemos uno lindo. Si es que vienen los muchachos. Porque los escuché decir que iban a las maquinitas. Siempre hablan de las maquinitas. Vaya a saber qué es eso. Acá una vez al club trajeron una. Yo siempre escuchaba unos ruidos raros, unas cosas como “pluic” “plinc” , “clun” y unas sacudidas. Unas luces. Pero después no lo sentí más. Dicen que se le jodió algo adentro a la máquina, algún fusible y nunca hay guita para comprarlo. Son máquinas delicadas. De ésas que hacen los yanquis. Por eso los muchachos siempre vuelven. Porque el fútbol es el fútbol. Esa es la única verdad. ¡Qué me vienen con esas cosas! Son modas que se ponen de moda y después pasan. El fútbol es el fútbol, viejo. El fútbol. La única verdad.
¡Por favor!

Mark Strand - "The Couple"

viernes, junio 25, 2010

7 de julio: Enrique Vila-Matas en Lima

Tomado de aquí

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7 de julio, Lima (PERÚ)
Auditorio Centro Cultural de España de Lima, 7:30 pm
En el marco de Semana de Autor
Conversando con Enrique Vila-Matas
"El escritor y blogger Gabriel Ruiz Ortega dialogará con Enrique Vila-Matas sobre su esperada nueva novela Dublinesca".

El largo viaje de un Elefante

En la última edición de Caretas encuentro un recomendable artículo de Carlos Calderón Fajardo, El largo viaje de los elefantes, en el que aborda los principales libros del escritor José Saramago (1922 - 2010). Para leerlo, clic en la imagen.

Cuento de Rubem Fonsea: "Abril, en Río, en 1970"


No, no es que Rubem Fonseca me haya enviado un cuento para publicarlo en lfdls. Resulta que con el cuento futbolero “Abril, en Río, en 1970” tuve que calmar la desazón de un buen amigo que apostó 500 dólares por Italia, ya que juraba hasta la saciedad que los muchachos de Lippi volverían a repetir lo conseguido en Alemania 2006. Pecó de iluso mi amigo, ¿cómo confiar en una selección que jugó a nada, al hueveo histórico, en sus tres partidos iniciales, ni siquiera le sirvió la evidente ayuda de la FIFA al colocarlos (¿podemos ser tan ingenuos de creer en la limpieza de los sorteos, en especial en este mundial que es más económico que deportivo?) en un grupo facilón que les asegurara el pase a octavos? No tengo, por cierto, nada contra la selección italiana, tanto así que desde su primer partido en el mundial anterior, vaticiné en una que campeonaría. Y así fue.
Consignar este cuento –que muchos seguramente ya conocemos- del maestro Fonseca (y potencial lector del blog), me sirve también de buen pretexto para volver a promocionar la excelente web chilena 60 Watts, en donde lo encontré.


Todo empezó cuando el tipo que se sentó cerca de mí en el pasto dijo, mirá lo que es la escupida de Gerson. En el momento no le di importancia, me había costado un huevo llegar hasta allá, pero mi cabeza estaba en el partido del domingo y yo no relacionaba las cosas unas con otras. Al partido del domingo iba a ir Jair da Rosa Pinto, técnico del Madureira, que ya fue crack de la selección, y una cosa aquí dentro me decía, Zé, va a ser la oportunidad de tu vida. Yo le dije a mi chica, que era dactilógrafa de la empresa, no sigo de cadete ni un mes más, también le dije que Jair da Rosa Pinto me iba a ver el domingo, pero las mujeres son bichos raros, ni me dio bola. Soltame, dejame que te cuente.
Me levanté de la cama, le expliqué, pucha, si juego bien y Jair da Rosa Pinto me lleva al Madureira, estoy hecho, nadie me para, pero él la me tiró de nuevo a la cama y fue aquella locura, mi chica es un fuego. El tipo se llamaba Braguinha. Mirá la escupida de Gerson, dijo, en el segundo tiempo del entrenamiento. Braguinha había llegado en el entretiempo, todo el mundo lo conocía; decían, ¿eh Braguinha, qué te parece? y él respondía, ¡vamos a reventar a los gringos!. Yo meneaba la cabeza y le sonreía asintiendo. Estaba queriendo hacerme amigo, yo era un colado y no quería que me echaran, mirándome nomás los tipos se daban cuenta de que mi lugar era otro, ni como reportero podía pasar.
Me quedé observando a Gerson. El jugador de fútbol vive escupiendo. Pasó cerca, dio uno de esos tiros de treinta metros y escupió. ¿Viste? Limpio, transparente, cristalino. ¿Sabes lo que es eso?, preguntó Braguinha. Me quedé en la duda, ¿estaría cargando a Gerson? Por ahí está lleno de flacos que no se lo bancan, ¿qué iba a decir? Me quedé callado, asentí con la cabeza y el mismo Braguinha respondió, preparación física, pibe, preparación física, para escupir así el tipo tiene que estar diez puntos. Vamos a reventar a los gringos.
Braguinha me contó que ellos entrenaban todos los días y que no veían a mujeres, ni siquiera a las propias; nada de ir a lo de Rose, Jairzinho no pone ni el pie en la Mangueira, Paulo César ni pasa por la puerta del Lebató, los tipos están haciendo las cosas en serio. Mujer, ni siquiera la madre. Yo ya había oído hablar de esa historia de que las mujeres acaban con un tipo y nunca la creí, pero aquel día, no sé por qué, empecé a pensar que la cosa era así y le pregunté a Braguinha, ¿usted es médico? y él respondió, no, no soy médico pero estoy en la cosa, ya vi arruinarse la carrera de pibes de 18 años por culpa de una mujer. Pucha, 18 años es mi edad. Ves la escupida de Tostao, está medio jodido, ese problema en el ojo, estuvo parado seis meses, mira nomás la escupida de él. Tostao pasó cerca y escupió una bolita de goma blanca. Parece merengue, dijo Braguinha, él está en un treinta por ciento, pero cuando esté a punto va a escupir un chorrito de agua filtrada igual al zurdito de oro. Era así como lo llamaban a Gerson. Cuando el entrenamiento terminó los cogotudos rodearon a los jugadores. Era un lugar bacán, para jugar polo, ese juego que el tipo monta en un caballo y se la pasa dando tacazos a una pelotita. Tenía un césped que nunca terminaba y unas mujeres diferentes de la Nely, mi chica. No digo que Nely sea para tirar a la basura, pero aquellas mujeres eran diferentes, creo que eran las ropas, la manera de hablar, de caminar, hasta me olvidé de los jugadores, nunca había visto mujeres iguales. Creo que ellas no andaban por las calles de la ciudad, andaban a caballo ahí, escondidas, sólo los bacanes las veían. Eso sí que era vida, me quedé mirando la piscina, el césped, los mozos llevando bebidas y bocaditos de acá para allá, todo tranquilo, todo limpito, todo lindo. No eran las ropas, era el cabello, el olor, esa era la diferencia entre Nely y las chicas que andaban a caballo, pensé mientras iba por la ruta haciendo ejercicio, corriendo hasta la parada del colectivo de Rocinha; era el cabello y el olor, y las ropas, la pucha, quería tener una mujer así, pero para que un tipo pudiera tener una mujer de aquellas, tenía que ser como mínimo de la selección. Yo tenía que comerme la pelota el domingo, del Madureira a la selección, pelota para Zezinho, y ¡goool! La multitud gritaba dentro de mi cabeza.
Nely vivía en un departamento de dos ambientes en la playa de Botafogo, con una compañera que sabía de nuestro asunto, una chica medio jorobada que se llamaba Margarida, muy buenita; cuando yo iba a dormir con la Nely, ella se iba a dormir al living, se acostaba en el sofá y fingía no oír los gemidos que provenían del dormitorio. Ya no te gusto más, dijo Nely, hago unos fideos, comés y ahora querés tomártelas diciendo que te vas a casa a dormir. ¿Qué historia es esa? ¿Crees que soy boba? No le quería decir que estaba pensando en la escupida de Gerson, pensando en el partido del domingo, y le dije que no me estoy sintiendo bien, creo que estoy enfermo, ni sé si voy a poder jugar mañana.
¿No te estás sintiendo bien, gritó Nely, y te comiste dos kilos de fideos? ¿Vos pensás que soy idiota? Creo que fueron los fideos, me llenaron demasiado. ¿Te llenaron demasiado? Tonto, ¿entonces por qué estás comiendo ese pan?, preguntó Nely. Yo ni me había dado cuenta que estaba comiendo pan, estaba realmente con la cabeza en otro lugar. Nely la miró a Margarida que había cenado con nosotros, y le preguntó, ¿Margarida, vos pensás que alguien puede creer en lo que está diciendo? No sé, dijo Margarida, saliendo apurada de la mesa. Vos te vas a encontrar con otra mujer, dijo Nely. Su cara huesuda, sus labios gruesos me fueron dando ganas, me quedé en esa disyuntiva, hasta di un paso para acercarme a ella, pero pensé en la escupida de Gerson, el chorro transparente entre los dientes, y dije, me gustás, querida, pero a ver si me entendés, hoy no, a ver si me entendés, hoy no, mañana en la noche, te juro por mi madre que no voy a encontrarme con ninguna mujer. ¡Si no tenés madre!, gritó Nely, haciendo pedazos un plato en el piso.
Era verdad, yo no tenía madre, no conocí a mi madre, pero sólo juraba por la madre y Nely lo sabía. Era una costumbre.
Te voy a decir la verdad, no estoy enfermo, pero mañana Jair da Rosa Pinto, del Madureira, va ver el partido, si juego bien, me lleva para hacer una prueba, tengo que estar en forma, a ver si entendés, dije.
¡Mentiroso, te vas a encontrar con otra mujer!
No, te lo juro por mí… palabra de honor, un tipo me dijo ayer, un tipo que está en la cosa, que el atleta no puede andar con mujeres la víspera del partido. Tuve ganas de decir más, con una igual a vos entonces ni que hablar, vos me dejas de cama, toda la noche, sin parar, pero tuve miedo de que rompiese otro plato en mi cabeza. Fui yendo en dirección a la puerta, Nely me abrazó, me desprendí del abrazo, no puedo, hoy no puedo, mañana a la noche vengo.
Si te vas, no hace falta que vuelvas nunca más, exclamó Nely enfurecida. Cuando me vio abrir la puerta de calle gritó, ¡anda, mentiroso, flojo, debilucho, ignorante, don nadie!
Me fui, disgustado. Llegué a la pensión, me acosté, me quedé un montón de tiempo enrollado con la discusión que había tenido con ella. No me molestaba que me llamasen mentiroso, ni flojo, las pelotas, después de todo lo que hice con ella era gracioso que me llamase flojo, dudo que consiguiese otro con más disposición que yo, pero que me dijera ignorante, don nadie, eso dolió. Sólo porque fuera dactilógrafa y tuviera el secundario no tenía derecho a decir eso de mí, y o era huérfano, mi mamá murió cuando yo nací, mi papá era pobre, se murió poco tiempo después, dejándome en la mala, sólo podía terminar como cadete, ignorante, don nadie. ¿Qué quería que fuese? Mi tristeza sólo se fue cuando me acordé que Clodoaldo también era huérfano y debe haber pasado por las mismas cosas que pasé yo.
Me quedé un montón de tiempo despierto, sin poder imaginarme cosas lindas, pensando en la oportunidad, pero sin lograr imaginarme la cosa pasando, las jugadas sensacionales, la gente gritando el gol. Si me llamaran, yo entrenaba en cualquier equipo, de Río, Belo Horizonte, aceptaba el interior de Sao Paulo, Bahía, cualquier lugar; quería una oportunidad. La única vez que entrené en un equipo profesional fue en Sao Cristovâo, en un día de lluvia, la cancha estaba hecha un barrial. ¿Dónde se vio un volante defensivo que rindiera en el barro? Jugué diez minutos, diez minutos, había un montón de flacos esperando su turno en la cola, nada más que para el medio campo, todos con la misma angustia que yo. Después del entrenamiento le pregunté al hombre si quería que volviese y él dijo con toda calma, no gracias, sin importarle mi sufrimiento, cagándose en mí.
Me pasé la mañana del domingo en la cama. Almorcé a las 11, bife, arroz, ensalada de lechuga y tomate, igual que la selección en día de partido. Sólo faltaban los champignones. Puse el uniforme en un bolso de plástico, botines, pantalón blanco, camisa azul, medias blancas, tomé el colectivo, salté en la Estación Central, tomé el tren.
Don Tiâo, nuestro técnico, ya estaba en la cancha. También había un montón de personas esperando que empezara el partido. Fui al vestuario a cambiarme de ropa. Don Tiâo nos reunió para decirnos como quería que jugase el equipo. Pregunté, ¿ya llegó Jair da Rosa Pinto, del Madureira? Don Tiâo respondió, ¿el Yaya de la Barra Mansa? no sé, no lo vi. Mira, cuando vos vayas, Tiago se queda, Gabiru viene a buscar el juego, ayudar en el medio campo. Otra cosa, cuidado con el artillero de ellos, un tal Jeová. Si es necesario, denle duro. Cuando salimos del vestuario la cancha estaba toda cercada de gente, de pie, porque tribuna no había. Traté de ver a Jair da Rosa Pinto, no pude, debía estar por ahí, observándome. Sentí un frío en el estómago. Empecé a saltar, calentando el cuerpo, sintiendo el cuerpo, sintiendo los músculos debajo de la piel, salté, el frío en el estómago se fue, que cosa linda sentir los músculos debajo de la piel. Ellos ganaron el sorteo, eligieron el campo. Pirulito puso en juego la pelota, tocándola para atrás para mí, la enganché de curva para Gabiru en la punta, pero la pelota fue al pie del adversario. Corrí para ver si recuperaba la jugada. Mientras hacían rodeos sobre mí pensaba, mierda, empecé mal, ahora estoy como un bobo en la cancha, ni sé lo que estoy haciendo.
El primer tiempo fue de amargar. Empecé a darle duro a Jeová. Después de que pasó dos veces por mí decidí apelar, iba derecho a su pie de apoyo. Me estaba poniendo nervioso, le grité a Tiâo, a ver si retrocedes también, mierda. El tipo sólo quería quedarse en el medio campo, jugando de armador, mientras que nosotros nos jodiamos allá atrás. Un minuto antes del entretiempo le di otro palo a Jeová. El se levantó, me miró y dijo, ¿qué pasa, loco? Los dos escupimos al mismo tiempo, mi escupida salió finita, pero la de él, hijo de puta, salió todavía más fina. Yo escupí carraspeando y soplando la saliva con fuerza para afuera, mientras que él, pibe canchero, ni siquiera abrió la boca, con un ruidito de pedo la saliva brotó de sus labios cerrados.
En el vestuario Don Tiâo me dijo, Zé tenés que esforzarte más en los pases. Yo dije, yo me encargo. De repente di un suspiro, estaba sintiendo una cosa rara. Dije desanimado, ¿no sería bueno que nos cambiemos de vez en cuando con Tiago? Don Tiâo se rascó la cabeza, no sé, me parece mejor que sigas plantado en la entrada del área, la táctica que funciona no se cambia.
Puse una toalla sobre el banco y me acosté. No quise pensar en nada, no tenía ganas de imaginar las cosas buenas que todavía iban a pasar, un día. Me quedé callado. Sólo abrí la boca para preguntar, ¿alguien vio a Jair da Rosa Pinto por ahí? Nadie lo había visto. El sol seguía fuerte en el segundo tiempo. De salida, el puntero izquierdo de ellos fue hasta la línea de fondo, levantó al centro, Jeová saltó más que todo el mundo, dio un cabezazo tan fuerte que nuestro arquero ni siquiera vio por donde dónde entró la pelota. Jeová salió dando puñetazos en el aire, de la forma que inventó Pelé. Vamos a dar vuelta el resultado, muchachos, dije a mis compañeros, poniéndome la pelota debajo del brazo y corriendo para el medio campo, para dar la salida, igual que Didí en el final del mundial del sesenta y dos. No lo dimos vuelta. Fueron ellos los que hicieron otros goles, hicieron dos tiros de taquito, dominaron durante todo el segundo tiempo. De tanto correr quedé hecho pomada, la boca seca, no me atrevía a escupir para ver la bola de merengue.
Cuando terminó el partido, todavía en la cancha, Don Tiâo me dijo, la cabeza alta, Zé, le pasa a todo el mundo, hay días en que todo sale mal, es así, qué se le va a hacer. Yo estaba tan empelotado que sólo en ese momento me di cuenta que mi juego había sido una mierda, no había hecho otra cosa que correr dentro de la cancha como un imbécil. Vi, de espaldas, a Jeová conversando con un tipo. No podía ver quién era. Pensé, capaz que es Jair da Rosa Pinto, invitándolo para entrenar en el Madureira. Me sentí tan infeliz que no me atreví a mirar, a saber si era o no era. Corrí al vestuario.
Fui el último en salir. Empezaba a oscurecer. En la sombra de la tarde la cancha parecía todavía más fea. Yo estaba solo, todos se habían ido. Empecé a caminar, pasé por una montaña de basura, tuve ganas de tirar ahí mi uniforme. Pero no lo tiré. Apreté el bolso contra el pecho, sentí los tapones de los botines y me fui caminando así, lentamente, sin querer volver, sin saber adónde ir.

jueves, junio 24, 2010

Situaciones Incómodas: Luis Hernán Castañeda

En Facebook encuentro un enlace de Luis Hernán Castañeda a una entrevista que le realiza el también escritor Salvador Luis para su sección Situaciones Incómodas, en la revista Koult.
Me gusta la entrevista, no es para nada ceremonial, hasta podría decir que es una entrevista chonguera, pero con estilo y erudición, tanto en las preguntas como en las respuestas.
Castañeda estará presentando próximamente su nueva novela EL FUTURO DE MI CUERPO, esta vez con Estruendomudo, sello con el que publicó su libro debut CASA DE ISLANDIA, que para mí es la mejor primera novela de autor peruano en décadas, de cuando en cuando vuelvo a sus páginas y la impresión sigue siendo la misma: que Castañeda es un autor de inmenso talento y de gran formación literaria, es decir, un escritor de verdad.


Luis Hernán Castañeda (Perú, 1982) es un escritor prudente y de prosa refinada. Su primer libro, Casa de Islandia (2004), lo ubicó en el panorama limeño como uno de los nuevos narradores a tener en cuenta; un año después apareció la novela Hotel Europa, y en 2007, el libro de cuentos Fotografías de sala. Ha incursionado también en la literatura para jóvenes con la novela corta El chamán y la sacerdotisa y sus relatos han merecido espacio en antologías como Selección peruana, Disidentes y La mala nota. Actualmente es doctorando en literatura en la Universidad de Colorado, institución donde también imparte una que otra clase. Su próxima novela, El futuro de mi cuerpo, la primera entrega de una trilogía sobre peruanos en Estados Unidos y sobre escritores en Estados Unidos, está a punto de publicarse en su país. Castañeda es un narrador que muchos estiman. Y hoy, aunque sus familiares le hayan sugerido desatascar las cañerías del baño en vez de responder a este interrogatorio, Luis Hernán, incondicional como siempre, ha preferido ponerse en una situación incómoda.
Dime una cosa, ¿estás de acuerdo con aquellos esteticistas que dicen que no tienes ni un solo pelo?
Por desgracia, hay un pelín de verdad en esas declaraciones sobre mi calvicie. Hace varios años que mi cabeza es tierra de nadie. Como todos los hombres de mi familia, padezco una irremediable tonsura natural. Desde niño supe que la migración sería el destino de mi cabellera, que solía ser frondosa. Cuando miro una foto vieja pienso, inevitablemente, en una pradera de afganos. Sí hay ventajas: jamás me descubrirán una cana, por ausencia de infraestructura; resplandeceré en las fotos nocturnas; el bronceado integral será mi realidad cotidiana; nunca me pareceré a Steven Tyler. Quizá mis servicios serán apreciados en alguna campaña contra la deforestación. Tal vez me haga millonario inventando la cráneo-mancia, si es que no existe todavía. ¿Sabes cuánto dinero gasta un ser humano promedio en visitas a la peluquería a lo largo de su existencia? Invertiré esa fortuna en mi biblioteca. Hablo y hablo, pero no me hagas caso: daría lo que fuera por una última noche con mi melena perdida.
Pasando de lleno a lo literario, recuerdo que en uno de tus libros, la novela Hotel Europa, publicada en 2005, algunas mujeres ejercen la prostitución obligadas por un grupo paramilitar que se hace llamar “Los Románticos”. ¿Te consideras un tipo igual de “romántico” con las mujeres?
Soy un caballero. Lamentablemente, mi vida sentimental se parece demasiado a la historia de mi calvicie. No entraré en detalles, pero estoy convencido de que la literatura es nociva para el amor. Uno termina confundiéndolos, lo cual es un placer. Adoro actuar por periodos cortos; cada relación amorosa es la oportunidad de encarnar un personaje distinto, pero al final siempre sucede lo que pasa con los disfraces: hay que quitárselos, reemplazarlos para seguir el viaje de un cuento al siguiente. Dicho sea de paso, prefiero los cuentos a las novelas. Entre Chéjov y Tolstoi, me quedo con Augusto Monterroso. Las compañeras de viaje siempre me han gustado más que las novias, quizá porque yo mismo soy mejor compañero de viaje que novio. Ahora que mencionas mi novela Hotel Europa, pienso que es involuntariamente autobiográfica: mi historia romántica es un prostíbulo, y yo atiendo en todas las habitaciones al mismo tiempo. Hay laberintos, como mi hotel, para perderse la noche entera y fugarse al alba con otra historia que contar. En otras palabras, un noviazgo estable sería para mí como la calvicie irremediable de los afectos y la imaginación.
Es curioso que hables acerca de la imaginación. Hace que me pregunte cuántas veces, camino a la presentación de uno de tus libros, has cruzado los dedos para que una lectora te pida que le firmes algún artículo íntimo de lencería…
Los cruzo hasta dormido. Y los mantengo tan cruzados que esa manía me dificulta la escritura. En realidad, más de una vez he sentido la tentación de renovar el anticuado ejercicio del autógrafo. ¿Los escritores no sentimos vergüenza? En este asunto nuestra falta de creatividad es penosa: ¿cómo es posible que estos mismos seres que viven del delirio acepten cumplir, una y otra vez, el mecánico ritual de firmar libros? Si me lo permitieran algunas lectoras, les tatuaría dedicatorias personalizadas y recónditas. El reto sería imaginar, cada vez, una “página” distinta, aunque fuesen ilegibles para sus mismas dueñas. Valdría la pena el esfuerzo: la belleza de una lectora inteligente y sensible, que además tiene el buen gusto de ser mi lectora, es un espectáculo más conmovedor que el último atardecer de un planeta agonizante. También, más triste que el suicidio del último pelo.
Si traje a colación el tema de la ropa interior fue porque justamente nos llegó un email desde Bulgaria con una pregunta al respecto. A muchas búlgaras les interesa saber si guardas en tu armario calzoncillos con motivos atigrados.
No, pero sí debería renovar la sección clásica de mi guardarropa. Como sabes, la vida de un escritor no es fácil. En Boulder, Colorado, la pequeña y apacible ciudad universitaria donde vivo, a veces debo complementar mis flacos ingresos mediante la práctica semiprofesional del strip-tease. Soy dueño de un tubo portátil que instalo a domicilio y, por supuesto, en mis shows los calzoncillos multicolores van sucediéndose unos a otros, incluso en una misma sesión. Por supuesto, no estoy solo en esta empresa, pues sería aburridísimo: cuento con un equipo de compañeros con quienes acostumbro ensayar la invención de coreografías. Si no revelo sus nombres es porque, aunque parezca increíble, estoy hablando en serio.
No lo dudo. Si supieras lo que yo vendo por una lata de aceitunas rellenas… Pero esa es arena de otro costal y ya nos toca despedirnos. Los lectores de esta columna, sin embargo, no me perdonarían si no concluyésemos la charla con otra interrogante de índole capilar. ¿Has pensado alguna vez en invertir en una peluca?
Jamás. Sería como traicionarme a mí mismo. En mi caso, la calvicie es una pasión y una vocación. He organizado mi universo en torno a ella. Para empezar, mi jugador de fútbol favorito es Zidane, pero no por la razón obvia. Cada noche releo los poemas de E. E. Cummings. Estoy acostumbrado, cuando empieza el invierno, a rezar para que no nieve mucho. No negaré que a veces suplico que caiga pelo en vez de nieve, y que alguna de esas semillas extraviadas, esos tiernos asteroides capilares, instale su hogar en mi desierto y se multiplique. Pero estos anhelos desleales son infrecuentes. Me hace feliz la posibilidad de posar en las fotos como Michel Foucault, uno de los mejores calvos de la historia, con la plena conciencia de que nos parecemos, al menos, en un aspecto. Nunca compraré una peluca, quizá porque no sé dónde las venden. Sin embargo, me he prometido algo: tras la fuga del último pelo, dejaré la literatura y transitaré el mundo recogiendo mis cabellos perdidos.

Taller de poesía: Lecciones para volar


TALLER DE CREACIÓN LITERARIA - Lecciones para volar
JULIO 2010
Costo: S/.120
Horario: Viernes y Sábado de 3 a 6 PM.
Este 16 de julio empezamos con las lecciones para volar. El taller está orientado básicamente a la producción de textos literarios, sea en prosa o en verso, además de impartir nociones básicas sobre literatura y creación. Trabajar de forma personalizada con el alumno, procurando una visión y edición objetiva e útil de sus textos. Entregar referencias útiles, lecturas, separatas, etc. que sirvan de soporte y consulta.
Para mayor información pueden escribirnos a: letramala@gmail.com y a karinanobaila@gmail.com
Dictan:
Sandra Enciso
(Lima, 1982)
Poeta, editora de la reciente publicación "Mala letra" y promotora cultural. Ha organizado recitales en diversos centros culturales y ferias de la capital. Ha incursionado en la poesía audiovisual y en la intervención urbana. Textos suyos han sido publicados en distintos fanzines y soportes virtuales. Integrante del colectivo literario "Jaula ceniza".
Karina Valcárcel
(Lima, 1985)
Estudiante de ciencias de la comunicación. Fue editora de la publicación impresa de arte y literatura “Heridita” hasta su último número en el 2008. Ha publicado los libros“Poemas Cotidianos” (Casatomada, 2008) , "Una mancha en el colchón" (Lustra 2010) y en la plaqueta colectiva "Cuatro"(Paracaídas, 2009).
Estuvo a cargo del taller de creación literaria en Centro Cultural Alberto Quintanilla en el 2008 y del taller de creación literaria "Lecciones para volar" en la PUCP en el 2010. Ha organizado recitales, festivales, ferias en Lima y actualmente se dedica a promover distintos eventos de índole cultural.

miércoles, junio 23, 2010

Poesía en subida

En la segunda mitad del 2005, en un mes que en estos momentos no recuerdo, se realizó el evento Memorias in Santas. En ese año me empapé de harta poesía, bueno, siempre he leído mucha poesía, pero en ese año lo hice como nunca antes, asistía hasta por gusto a cuanto recital había, lo que me permitió saber quién es quién, y también me di cuenta de que el ambiente poético, por su atmósfera plástica, puede llegar a ser tremendamente perjudicial, es por ello que trato de estar lo más lejos posible de los poetas, me basta solo con leerlos.
Pues bien, en los días que duró Memorias in Santas, pude conocer y escuchar al poeta chileno Germán Carrasco (en la imagen). Tengo la certeza de que para todos los que asistimos al evento, aún retumba en nuestra memoria la participación de Carrasco. Aparte de su gran talento natural para la poesía, quedé gratamente impresionado de su cultura libresca y literaria. No así con sus estrafalarias ideas políticas.
Si en caso me preguntaran -juguemos un toque a las posibilidades antojadizas- por los tres mejores poetas latinoamericanos nacidos a partir de 1970, Carrasco estaría de hecho en ese trío, los otros dos serían peruanos, a los que no mencionaré para no herir a nadie, ya que esa no es la intención del post, sino la de dar cuenta de un poeta que se ha sabido ganar un lugar de privilegio con poemarios de alta calidad, como CLAVADOS y MULTICANCHA, que recomiendo a los que aún no han tenido la suerte de leerlo.
A continuación, pegó la reseña Poesía en subida de Pedro Gandolfo sobre RUDA, la última entrega de Carrasco. Vía El Mercurio.


Germán Carrasco (Santiago, 1971) no sólo confirma con Ruda virtudes de su poesía que ya habían sobresalido en poemarios como La insidia del sol sobre las cosas (1998), Calas (2001), Clavados (2003) o Multicancha (2005), sino que las despliega con mayor espontaneidad, seguridad y madurez.
Retoma aquí sus temas recurrentes, ante todo su propio poetizar, la manera en que su oficio y su vida se enredan y traman a cada paso. Nunca en los poemas de este libro la poesía deja de infiltrarse en la ilación de sus versos, y parece que siempre estuviere hablando de ella, aunque sean otras, en una primera mirada, las inquietudes e intenciones que lo mueven.
Uno de los puntos altos de este libro es el modo en que logra una distancia (no exenta de calidez) respecto del mundo en que interviene con sus palabras. Así, a través de la dosificación de los hablantes (no emplea siempre la usual primera persona), logra atemperar la subjetividad empalagosa sin caer tampoco en un impostado "objetivismo": "Una subjetividad/ que no moleste,/ una subjetividad/ sin alharaca,/ una subjetividad/ como sacrificio", señala. En otro poema notable ("Dr. Paterson"), en la misma dirección, añade: "soñé: estaba enfermo y el Dr. me operaba/ me hablaba en español/ y mientras esperaba que hiciera efecto la dulce anestesia,/ el doctor decía:/ todo anda bien,/reduce los excesos, no intentes descifrar/ esos alambicados poemas objetivistas/ mira que ni ellos mismos/ la tenían clara;/ conque el objeto del poema viva,/ basta y sobra;/ escribe lo tuyo, corta los versos/ donde te parezca/ (gesto con bisturí),/ donde te dicten/ el aire y los chincoles./ Todo anda bien: descansa,/ madruga, descansa,/ aprende a andar, ama, calla;/ a todo: sí. / Me operaba de todo, me sanaba".
El poema transcrito pone de manifiesto los rasgos formales más sobresalientes de Carrasco: sentido del ritmo, lenguaje llano (que adopta giros del habla coloquial -por ejemplo, "mira que ni ellos mismos/ la tenían clara"-, pero que no la imita ramplonamente), uso muy ajustado del encabalgamiento y de efectos sonoros, méritos que se repiten, por ejemplo, en el magnífico poema "Eventos".
El ritmo de Carrasco está ligado no sólo a cortes, acentos o sílabas, sino que a ciertas imágenes que son punto de partida y centro de su creación poética, imágenes que se deslizan a lo largo de los poemas y que incluso vienen de sus otras obras: cala, clavados, "azaleas blancas: poemas fallidos que alguien arrugó"; briznas o filamentos de pasto; "Somos nubes en pantalones, Juan Comprofierro", ruda, "las letras:/ ninjas que saltan armados en la niebla de la página", entre otras. En el hermoso e inteligente poema "Azaleas" (en el que otra vez, vuelve sobre su oficio poético) indica: "No atragantarse/ de mundo,/ no tramar/ a matacaballos:/ no habrá acuerdo/ casi en nada/ entonces partamos/ por un aspecto/ discreto/ una sola imagen:/ desde ahí./ Detener la cámara/ antes de empezar./ Lento./ El que quiera titanes/puede irse a casa;/ ni impostura de barítono/ ni apariencia sonora/ a la hora esa:/ sólo una partitura/ (y punto)".
Esas imágenes actúan como centro de una secuencia de operaciones estéticas ("la partitura") en que Carrasco hilvana de modo novedoso una gran riqueza de elementos verbales, visuales y críticos, elementos que recoge con perspicacia de su entorno y reagrupa de acuerdo a su lógica interna. No siendo una poesía en absoluto hermética, el orden que propone es fragmentario y discontinuo: "Porque cuando hay un poema/ dentro del cuerpo del que/ ha de escribirlo/ la glotis se tiende a cerrar/ para que el poema no salga" (...) "La glotis se tiende a cerrar/ porque el poema siempre es de amor/ todo poema es de amor/ y en estado amoroso las palabras apenas salen". El vínculo entre el erotismo (otro de los temas recurrentes de Carrasco) y la poesía es central: "La glotis se tiende a cerrar/ porque las palabras que escuchan/ son -ta claro- hermosas/ pero las que no se escuchan/ lo son aún más". El coloquial "ta claro" en medio de la estrofa, en vez del "está claro", le añade ligereza, ritmo y perplejidad al poema. Este orden a saltos, cortado, proviene también de que una parte importante de su poesía emana de la calle: el poeta es un caminante que va posando sus ojos y oídos aquí y allá mientras circula por la ciudad.
No faltan poemas en que prevalece un tono de crítica y sarcasmo, abarcando también el ámbito de la poesía. Por contraste, Carrasco parece establecer una complicidad, que es producto de una ironía "filuda como bayoneta", con la ruda, esa "planta sobria, esta hierba castrense", y se propone "dosificar la energía para no tener acceso o grumos/ de autoprotección y violencia que sólo dejan espacios/ en los que quedamos -excepto la ruda- desprotegidos/ expuestos al tiro al blanco como el albatros".
Sin duda, poesía de gran calidad.

martes, junio 22, 2010

Freddy Rincón - Crecen las emociones en Sudáfrica

Si algo bueno, en lo personal, me está dejando Sudáfrica 2010, es que al menos por casi un mes tendré mis horas de sueño como una persona normal. Me despierto a las 5 y 30 y me acomodo en el sillón a las 6, bebo un litro de agua y listo para ver los partidos del mundial.
Como casi siempre leo el diario colombiano El espectador, que dicho sea tiene columnista de primera fila y prosa afilada, me di con la, digamos, “risueña” sorpresa de toparme con la columna Desde el rincón, a cargo del histórico delantero colocho Freddy Rincón (en la imagen). En esta columna el ex jugador pasa revista a lo más saltante de la gesta deportiva que, pese a que no me está gustando como esperaba, me tiene a fin de cuentas muy atento a la misma. Leamos entonces Crecen las emociones en Sudáfrica.


Argentina está de vuelta, con un fútbol práctico y con mucha velocidad. Está prácticamente clasificada.
Messi le está dando finalmente a su selección lo que todos le conocemos, con sus gambetas y su gran visión de juego. Está demostrado que Maradona tiene el grupo en sus manos y que, cuando se pensó que Corea iba a complicarlo, aparecieron nuevamente los llamados al protagonismo, como Tévez, con esa gran entrega y velocidad que anima a cualquier compañero que esté a su lado. Higuaín está mostrando por qué fue llamado y por qué es titular en el Real Madrid. Agüero mostró mucha energía y firmeza para recuperar la pelota y volver para ayudar a sus compañeros.
Los alemanes, que triunfaron en su primer partido y en el segundo perdieron uno que se daba como ganado, pero en el fútbol no hay nada escrito. Con un jugador expulsado y con oportunidad de empatar, no lo logró: Alemania perdió y ahora debe ganar para buscar su clasificación.
México se está convirtiendo en protagonista, con un fútbol objetivo, de gran colaboración de sus jugadores y con gran liderazgo de Rafael Márquez.
Estados Unidos es una selección que sirve como ejemplo para Colombia, a pesar de tener la certeza de que nuestro jugadores tienen más calidad. Ellos conocen sus limitaciones y luchan el tiempo entero y, a pesar de no haber ganado, están vivos, con el objetivo muy claro y con la mentalidad de luchar hasta el final. Si se quedan por fuera, será a un precio bien alto y con mucho sudor, cosa que nosotros estamos perdiendo. Ojalá que con la llegada del Bolillo se recupere eso.
Uruguay tiene hoy en día tres cosas importantes: voluntad, ganas y fútbol, con un Forlán que, indudablemente, es uno de los grandes delanteros que hay en el mundo, con una movilidad constante en el ataque y una gran versatilidad que los llevan a tener la oportunidad de clasificación bien cerca.
Yo, realmente, por haber jugado tres copas del mundo, creo que el Mundial está comenzando. Las grandes emociones están llegando de una forma inesperada, con un montón de sorpresas, con la caída de grandes favoritos. En el fútbol no hay lógicas y eso lo sabemos todos. Una vez más, lo estamos viendo y es real.

DUBLINESCA: Entrevista a Enrique Vila-Matas - Facebook


Revisando Leyendo a Enrique Vila-Matas, cuenta de Facebook dedicada a la obra del célebre narrador, administrada por Alejandra Moglia, Elisa Rodríguez Court y Juan Salas, encuentro una entrevista que EVM concediera, hace ya varias semanas, a sus lectores a razón de DUBLINESCA.
Como ya lo dije en este blog, DUBLINESCA es una gran novela, satisface en todo sentido. He tenido, literalmente (gracias a la confluencia del azar), la suerte de devorarla, y espero que no demore más la llegada de los ejemplares de la misma a las librerías de Lima la gris, los muchos lectores que el autor tiene en la ciudad merecen leerla cuanto antes.


1.- Quedé embelesada con la figura del caballo blanco en ese puente de O´Connell convertido imaginariamente por Riba en línea tenue que separa la era Gutenberg de la digital. ¿Puede ampliar algo más sobre ese caballo (blanco como la nieve que ca…minó y sobre la que murió Walser y blanco como el traje que vestía E. Dickinson siempre que escribía poesía y blanco como la página vacía…) en la imaginación de usted, el autor de “Dublinesca”?
R: Es el caballo blanco que huyó en México cuando mataron a quien lo montaba, Emiliano Zapata. Quiero decir con esto que es una leyenda que aparece en muchas culturas. El caballo blanco es nombrado por Joyce en Los muertos, el cuento final de Dublineses. En mi segundo viaje a Dublín fui por mi cuenta, solo, a primera hora de la mañana, al puente O´Connell a ver si por casualidad veía el caballo. Era una empresa sin duda difícil, pero nunca se sabe. Pensé que si lo veía, nadie la daría demasiada importancia, pero sin embargo sería algo muy importante para mí. No lo vi. Pero había una paloma blanca posada sobre la cabeza de O´Connell, el hombre irlandés de la estatua que da nombre a ese puente.
2.- ¿Departir con los Auster es sólo prurito o alarde de su personaje?
R: Riba es un editor que publicó un libro de Paul Auster y por tanto entra dentro de la lógica que conozca a los Auster y que vaya a cenar a su casa, y hasta que bostece allí o que le dé por comer poco.
3.- Usted ha criticado la novela meta-ficcional a pesar de que se le identifica con ella. ¿Podría señalarnos su posición actual al respecto? Dublinesca es una novela más ambiciosa que el Dietario Voluble. Pero la segunda es más cálida y sustanciosa. Pero en todo caso, en ambas, “cada momento es un lugar donde nunca hemos estado”.
R: No he criticado lo metaficcional, he dicho solamente que quienes me clasifican a la ligera como metaliterario delatan no haberse molestado en leerme, ya que hablo de todo en mis libros, no solo de libros, hablo de la vida en todos ellos, y últimamente más que nunca. En otro orden de cosas, decirle que Dublinesca pertenece inequívocamente al género novelesco. Y Dietario voluble, en cambio, pertenece al género diarístico, aunque incorpora a un personaje de ficción que es el diarista. En Dublinesca me serví, en ocasiones, de una metodología de diarista (extraída de mi experiencia en Dietario voluble), de seguimiento muy de cerca de la vida cotidiana de una persona. A mí Dublinesca me parece más cálida que Dietario voluble, pero eso, claro, es algo siempre muy subjetivo. Igual ocurre con lo de “sustanciosa”, que no lo voy a discutir porque eso depende únicamente de lo que encuentra en uno y otro libro cada lector y yo soy el menos adecuado para ponerme a buscar algo “sustancioso” en lo que ofrezco, ya que todo cuanto entrego al lector antes necesariamente ha tenido que ser sustancia para mí.
4.- Su utilización del recurso llamado “mise en abyme” es llamativo y en cada novela va encontrándole más vueltas de tuerca. ¿Es una forma de huir, de esconderse, o de buscar/formar lectores más entrenados?
R: “Cada obra, nos dice Vila-Matas, debe ser un renovado salto al vacío” (Roberto Bolaño en Entre paréntesis, pág. 157).
Trato de divertirme saltando al vacío cuando escribo y quizás por eso, y también por otros motivos que aquí me callo y que podrían parecer más hondos y más respetables (siendo en realidad igual de hondos que la diversión pura y simple) llevo mis libros a un callejón sin salida. Desde Bartleby y compañía, siempre me preguntan: “¿Y ahora qué? ¿Cómo lo vas a hacer para continuar?”. Lo paso muy bien cuando tratan de hacerme ver que he llevado todo a un límite. Yo diría que escribo libros para colocarme deliberadamente en situaciones que comprometan la continuidad de mi escritura y me dejen, una y otra vez, ante el dilema de ver si soy capaz o no de escapar de lo que ha terminado por llevarme a lugares aparentemente sin salida.
Una vez, me entrevistaron para la televisión venezolana, una entrevista de una hora. Hacia el final, yo todo el rato estaba pensando que la pregunta que me hacían era la última y quizás por eso me esforzaba y daba una respuesta brillante y trascendente para el cierre. Así me pasé más de quince minutos, creyendo todo el rato que estaba ante la última pregunta y elevando sin darme cuenta, cada vez más, el nivel de profundidad y de veracidad de aquel eterno momento final. Me pasé todo ese cuarto de hora creyendo que estaba ante la última cuestión y contestando pues a varias últimas cuestiones como si en esas cuestiones me fuera la vida. La tensión favorecía mis respuestas… Bueno, debo decir que escribo mis novelas así normalmente, como en aquel cuarto de hora final en Venezuela, y que eso es lo que me lleva seguramente a callejones sin salida. Mis novelas siempre terminan con una página en la que parece que haya contestado a la última pregunta. Porque una última pregunta en una larga entrevista siempre lleva a una sincera declaración de principios, quiero decir que es como un epitafio sobre nuestra tumba, un epitafio en el que uno queda retratado. Yo escribo novelas como si fueran epitafios.
5.- Hay un personaje que me resulta bastante enigmático y que aparece bastante en Dublinesca. Se trata de Vilém Vok. ¿Podría contarnos un poco sobre él?
R: Es un autor checo con el que mantuve correspondencia en una época. Creo que pronto van a traducirlo al español. Yo lo he leído sobre todo en revistas francesas (La Femelle du Requin, Inculte, La matricule des Anges). Alguien que me parece bastante perspicaz, en un blog, ha sugerido que Vok es el narrador de Dublinesca.
6.- En su obra existe una expresa necesidad, entre otras, de tocar temas que abarquen los márgenes y el mundo del escritor, el poeta, el campo cultural. “Dublinesca” pertenece a esta naturaleza. Siento que en la actualidad esta es una de las líneas temáticas de la novela, casi insoslayable. Quizás me equivoque. La pregunta sería: ¿no se ha caído en un abuso, en una especie de ejercicio narcisista por parte del escritor?, ¿hasta qué punto es válido ser reiterativamente metaliterario?, ¿convertir a la literatura en un ejercicio por y sobre la literatura no es reducirla a una actividad que deslinda, por su propia naturaleza, aspectos, naturalmente bellos e interesantes, de nuestra propia realidad ficcional? No condeno el uso de tales temas sino el abuso. ¿No se ha llegado a ese abuso?
R: En su magnífico blog, el historiador y ensayista cubano Rafael Rojas disertaba no hace mucho en torno a esa obstinada pulsión literaria de mis obras. Y Gerardo Muñoz, desde Cuba, le decía, con buen tino, que quizá esa ansiedad por la literatura es similar a la de Agamben: “Veo ciertos parecidos que serian muy interesantes de estudiar. El debate del archivo: archivar la filosofía, archivar la literatura. Es como si solo quedara eso…”
No puedo negar que la literatura esté en el centro de lo que escribo y que esa melancolía de los archivos también esté en el centro. Ahora bien, hay quien me califica de metaliterario y ahí, detrás de esa apresurada calificación, siempre suele haber alguien que habla de oídas, sin haberme leído. Es como pensar que Pérez Reverte escribe sólo de espadachines; quien dice esto y simplifica tanto es que no lo ha leído y simplemente le tiene manía a Pérez Reverte… Yo he tenido la suerte de haber sido leído por un tan gran lector como Bolaño y él supo apreciar lo que yo siempre he sabido: que cuando hablo de literatura, estoy hablando de todo lo demás, de la vida y de la muerte y de todo lo que gira alrededor de ellas, y en este sentido Dublinesca es un libro especialmente centrado en los seres humanos, un libro sobre la vida y la muerte, sobre el amor y la pasión, sobre la felicidad y la desgracia. Es más, creo que es el más cálido de mis libros. Decía Bolaño a propósito de Bartleby y compañía que yo hablaba ya no sólo de los escritores que en un determinado momento de sus vidas (un momento de lucidez o de desesperación o de locura) dejaron de escribir sino de los escritores como el mismo Vila-Matas nunca van a dejar de escribir, y a partir de allí hablan de la muerte, de los gestos inútiles ante la muerte pero que nos salvan (o pueden salvarnos) y no sólo habla de escritores, sino que en realidad habla de lectores, de seres humanos de toda laya, de gente que vive y que un día deja de vivir, de aventureros y agónicos, de gente que lee y que un día deja de leer…”
7.- ¿Por qué tuvo que dejar Anagrama? Era el autor ideal para la editorial ideal.
R: En realidad, el autor ideal para la colección de “narrativas hispánicas” de Anagrama es alguien que escribe bien y no tiene muchos lectores. Un escritor principiante, por ejemplo. Claro está que hay autores en la editorial que, después de varios libros, siguen escribiendo bien y no tienen muchos lectores. Estos también son ideales porque no crean complicaciones. Ahora bien, si alguien allí empieza a crecer (a crecer como autor, o bien a aumentar el número de lectores, y ya no digamos si crece en las dos direcciones a la vez), ve enseguida cambios de humores y cómo la cosa se complica.
8.-Escribir. Publicar. Desconocerse. Una vez más el tema de la identidad en Dublinesca. Un editor. La biografía de Riba es su catálogo, fuera de ahí, no existe. Por otro lado, los “malditos autores” y su yo desnaturalizado, plural, el yo literario, el que se desprende del autor, del otro que se atrevió a escribir lo que escribiría si escribiese. En suma, el yo de perfil heterónimo y nómada. ¿Qué hay entonces del mal del autor? ¿Qué es un autor, aparte de ser un fantasma de sí mismo dotado de una carne débil, egocéntrica? ¿Te has encontrado a ti mismo indescifrable o desconocido en esta Dublinesca? ¿Has podido regresar a casa sin contratiempos, en este año excesivamente redondo?
R: Toda la novela está recorrida por el mismo misterio que ha recorrido “mi espina dorsal” (que decía Nabokov) mientras la escribía, mientras indagaba acerca del misterio del desconocido de la gabardina, el misterio de ese tipo al que llaman Mackintosh. Iba escribiendo tratando de averiguar quién era la sombra que me acompañaba. El lector lee desde el mismo lugar en el que yo, escribiendo, voy avanzando en mi indagación. Estoy seguro de que más de un lector ha tenido la impresión de que era él quien estaba escribiendo Dublinesca o como mínimo se hallaba sentado en el lugar del autor.
9.-Me sorprende que casi nadie le pregunte por la intromisión del narrador en Dublinesca. Supongo que no le preguntan porque deben pensar que forma parte del juego literario que es Dublinesca y en parte porque imaginan que la respuesta será aún más desconcertante que esas interrupciones del narrador. Yo creo que, al contrario de lo que opinaba Nabokov sobre la presencia de Joyce en Ulises, que concluye que Bloom ve a Joyce el 16 de julio, lo que ocurre en Dublinesca es que el autor ve a su personaje (y no al contrario).
R: También me sorprende lo poco que se ha comentado que el narrador intervenga en dos únicas ocasiones en la novela. A veces hay el temor a equivocarse y decir que aparece en dos cuando puede acabar resultando que aparece en tres y quedar uno un poco mal. Por si acaso, los reseñistas o entrevistadores se curan en salud. En cuanto a lo de que el autor ve a su personaje, lo de que yo veo a Riba, está bien visto, aunque el visto bueno completo a esa teoría no se lo daré porque reduciría las posibilidades amplias de interpretación que Dublinesca ofrece en sus páginas finales. Hablando de sorpresas, a mí lo que más me ha sorprendido es que, tras cien entrevistas de prensa (en Francia, España, Argentina, México), han sido muy pocos los que me han hablado de la parte beckettiana –el tercer y último capítulo- del libro. Es como si algunos no se hubieran presentado a las entrevistas con el libro enteramente leído y creyeran que todo gira en torno a Joyce, cuando Joyce está presente sobre todo en el segundo capítulo. La parte tercera y última, la beckettiana, además, es lo mejor del libro.
10.- Teniendo en cuenta mi pequeño desconocimiento acerca de Dublinesca, una pregunta como pintor y amante de la transvanguardia y el informalismo, que además también odio, ¿qué hay encima del metalenguaje? ¿Está Dios?
R: Adquiera conocimiento sobre Dublinesca y no lo dude: obtendrá la respuesta a su pregunta, porque hallará a Dios.
11.- ¿Cree usted que Riba logra, después de todo, “ausentarse” gracias a la ironía que a mi parecer empapa su trayectoria vital en la novela? Yo así lo pienso.
R: Creo quien se ausenta a veces es su genio particular, su Genius. Claro que cuando la sombra genial reaparece en Glasnevin, uno comprende que leer la novela bien valía una misa, una misa en Dublín, que no en París, la verdadera gran ausente del libro.
12.- ¿Cuál cree que ha sido el gran motivo cultural por el cual la “palabra saturada” de Joyce se transformó en la “palabra enmudecida” de Beckett a lo largo del Siglo XX?
R: Sólo sé que de la epifanía fuimos a la afonía. Y aquí juzgo pertinente recordarle aquel momento de París no se acaba nunca en el que cuento que un día vi a Beckett en el Jardín de Luxemburgo. No tenía previsto que pudiera encontrármelo algún día. Sabía que no era un clásico muerto, sino alguien que vivía en París, pero siempre le había imaginado como una oscura presencia que sobrevolaba la ciudad, nunca como alguien al que uno se encuentra leyendo desesperado un periódico en un viejo parque frío y solitario. Le estuve espiando y vi que de vez en cuando pasaba página, y lo hacía con una especie de enojo tan grande y una energía tan intensa que si el Jardín de Luxemburgo entero hubiera temblado no nos habría extrañado nada. A llegar a la última página, se quedó entre absorto y ausente. Daba más miedo que antes. El amigo que me acompañaba en aquel espionaje me dijo: “Es el único que ha tenido el valor de mostrar que nuestra desesperación es tan grande que ni palabras tenemos para expresarla”. Entiendo, siempre que recuerdo esas palabras de mi amigo, que Beckett aún llevó más lejos el callejón de salida de Joyce, de quien fue, por cierto, secretario. “Ni palabras para expresarla”. Es una verdad a medias. Gracias a decir que no hay palabras, uno se anima a encontrarlas. Mi obra literaria se ha movido siempre en diferentes callejones sin salida, encontrando, de todos modos, salida en cada uno de ellos, pero yendo a parar a callejones nuevos en los que prevalece aquella frase de Kafka que figura en mi imaginario escudo de armas: “Y no hay salida”
13.- ¿Es consciente de que es un incitador al consumo masivo de Biodramina por crear en el lector una sensación de vértigo mareante al mostrarle parte de la Biblioteca de Babel y dejarlo abandonado en una de sus galerías buscando libros eternamente?
R: No, no soy consciente porque no es mi intención crear vértigos. En cuanto a la Biodramina, hacía tiempo que no oía hablar de ella. Recuerdo haber tenido experiencias muy buenas con ella. En un barco de Almería a Melilla todo el mundo vomitaba menos yo. Marzo de 1971.
14.- Sin que haya una simetría exacta o paralelo completo, ¿no le debe mucho Samuel Riba, protagonista de Dublinesca a Federico Mayol, protagonista de El viaje vertical? ¿La oración de los escritores de Samuel Johnson en Dublinesca es real o apócrifa? ¿Si es real, dónde se puede leer? ¿Hay un referente en la vida real del personaje que es un escritor colombiano en Dublinesca o es mera invención?
R: Para Riba me inspiré en una persona de la vida real que es distinta de Mayol. Algo retocada, la Oración de los Escritores la saqué, en efecto, de Samuel Johnson; la encontré en la página 211de The Paris Review Entrevistas (edición de Ignacio Echevarría, editorial El Aleph), en una entrevista a Kurt Vonnegut. Ese libro precisamente me lo recomendó un escritor argentino que vive en Barcelona y en el que está inspirado-en parte, sólo en parte- el personaje de Ricardo, el colombiano.
15.- Existe alguna analogía entre Dennis Clegg y Samuel Riba?
R: Comencé la novela pensando que Samuel Riba se parecería a Denis Clegg, aunque más viejo, claro. En los orígenes de Dublinesca estaba Clegg. Después llegó Riba.
16.- ¿Y después de parida Dublinesca, por dónde van sus futuros retoños? ¿Qué nos puede adelantar de sus inquietudes y planes literarios?
R: Estoy trabajando en un nuevo libro sin que quiera adelantar nada, pues sería absurdo describirle ahora un parto en ciernes, como si yo me creyera que voy a ser mamá. Eso sí que sería una parida, una parida luminosa.
17.- Si la era Gutenberg finalizara mañana y el papel desapareciera. ¿Publicaría novelas digitales? ¿Esa modificación perjudica al escritor o sólo al lector?
R: Sin papel me costaría escribir, ya que trabajo en el ordenador y corrijo con lápiz walseriano sobre el papel.
18.- ¿Podría usted desarrollar los cinco puntos de la teoría literaria propuesta por Riba? (pág. 15). Además de Le Rivage des Syrtes, ¿qué otros libros cree usted que cumplen con los requisitos de la teoría de Riba?
R: El propio Dublinesca. En cuanto a la teoría de los cinco puntos la desarrollé en Perder teorías, un libro que publicaré en septiembre, en la colección Únicos, de Seix Barral. Para quien tenga prisa por leerlo, se halla ya publicado en Francia, en bolsillo: Perdre des theories (editorial Christian Bourgois)
19.- Siempre me ha llamado la atención el hecho de que mantengas una ética literaria y estética que defiende la independencia entre arte y la difusión de valores morales o ideológicos (o la denuncia social). Esta novela mantiene todos los ingredientes del mundo literario al que nos tienes acostumbrados en los últimos años pero incorpora en la historia un debate (la transición Gutenberg-Google) que lleva años provocando ríos de tinta y en el que normalmente se pide posicionamiento (pregunta 19, por ejemplo) a los autores. ¿Se trata de una ampliación del espectro de las paranoias recurrentes de los escritores o es este el principio de un cambio en tu propia teoría literaria? ¿Has decidido que el escenario de tus novelas no es solo ya la “realidad” literaria sino, por poco que sea, la realidad común a todos tus lectores?
R: Vuelvo a lo dicho anteriormente. Cuando hablo de literatura, estoy hablando de todo lo demás, de la vida y de la muerte y de todo lo que gira alrededor de ellas, pero reconozco que Dublinesca es un libro especialmente centrado en los seres humanos, un libro sobre la vida y la muerte, sobre el amor y la pasión, sobre la felicidad y la desgracia, quizás más humanizado que los anteriores, quizás he ampliado horizontes más que nunca; si ha sido así, es decir, si he ampliado la vista o el panorama, eso puede haberse debido a una dinámica inherente a mi propia obra y a los movimientos de renovación constantes a los que suele estar sometida.
20.- ¿Quién es el que busca? ¿Riba? ¿Mayol? ¿Vila Matas? ¿Qué es lo que está buscando Vila Matas?
R: Nunca busco nada, salvo cuando busco los más oscuros paisajes de la gramática shandy.
21.- Uno de los postulados formulados en la Teoría de la Novela -que según ha contado en Buenos Aires desarrollará en su nuevo libro- es conectarla con la alta poesía. ¿Cómo se establece esta conexión, cómo lo ha hecho en Dublinesca? Por otra parte, cuando el lector lee la novela, ¿está consciente de la presencia de la alta poesía en lo narrativo?
R: Dublinesca no sería nada si no existiera la poesía, pero no puedo obligar a nadie a que encuentre la poesía entre sus páginas, porque la poesía se detecta o no, no hay vuelta de hoja. Yo la sé ver en el libro, quizás porque me hallo en un sitio con un buen panorama sobre las ventanas altas de Grand Central Station de Nueva York. O quizás porque me hallo en un lugar con mucha luz, el lugar desde el que precisamente contesto esto y desde donde ahora mismo estoy apreciando con inquietud que la lluvia azota sin piedad un tren de 21 pasajeros, cada uno con su pregunta. Un tren muy cercano, abandonado de súbito.
Participaron en esta entrevista: Juan Salas Villanueva, Alejandra Moglia, Susana Borobio, Angeles Prieto Barba, Magdalena Herrera de Boersner, Leandro Montaña, El Papasquiaro, Norkin Gilbert, Carlos Alberto Navarrete Ortiz, Javier Avilés, Nacho Tusquets, Nicolás Valdés Mavrakis, Pepa Botella Pérez, Juan Pablo Plata, Ana Esquivel, Adolfo López Chocarro, Santiago Morales, Karlatone Olvera, Kristina Pla, Ma. Estela Calápiz y Elisa Rodríguez Court.

lunes, junio 21, 2010

Rodrigo Fresán - Cuatro maneras de llorar en el cine

Cuatro maneras de llorar en el cine: Lawrence de Arabia, Casablanca, Qué bello es vivir y 2001: Una odisea del espacio from Casa de América on Vimeo.


Para los lectores de Rodrigo Fresán (para los poseros que nunca lo han leído, también), una conferencia suya que no tiene pierde: Cuatro maneras de llorar en el cine. Debido a la duración del video, recomiendo que lo descarguen.