viernes, diciembre 31, 2010

A la caza de Jorge Baron Biza

Cuando me obsesiono, no me detengo por nada hasta conseguir aquello que aviva mi curiosidad. Mucho menos cuando esta obsesión llega como un fuerte e intempestivo martillazo en la cabeza.
A lo mejor se deba a las últimas horas de reflexión del 2010, uno realiza su balance de los meses vividos, casi todos rubricados por la intensidad y la generosidad del azar. Y claro, como soy de los que no pueden vivir fuera del mundo de la literatura, fue natural que empezara a recordar los títulos que, por distintas razones, no he leído.
Es así que mientras terminaba una botella de vino el lunes, recordé un comentario –leído en no sé dónde y seguramente hacía ya varios siglos- bastante elogioso de la novela EL DESIERTO Y SU SEMILLA (1998), del narrador argentino Jorge Baron Biza (1942 - 2001).
Estaba seguro de que la había apuntado en algún papelito. E hice algunas llamadas a las librerías preguntando por la publicación, pero nada, no la tenían.
Entonces, me puse a averiguar en la red.
Como me lo esperaba, la novela tenía toda la pinta de ser una coraza, un disfraz de lo que el autor en vida tuvo que enfrentar. Como si la escritura de la novela, que le trajo el reconocimiento inmediato, hubiera sido un testamento y de paso el exorcismo de los innumerables demonios que acarrearon tanto a su familia como a él. Jorge Baron Biza se suicidó en el 2001, arrojándose del décimosegundo piso de un edificio de la ciudad de Córdoba.
Para tratar de entender un poco a este autor, y por ende su novela, debemos avanzar hacia atrás. La figura de su padre es capital. Raúl Baron Biza. Multimillonario, polémico activista político del radical Hipólito Yrigoyen, viajero incansable y escritor de novelas pornográficas. Llevaba una vida signada por los excesos y la extravagancia. Jamás dejó de estar en el ojo de la tormenta. Por ejemplo, su primera esposa, Myriam Stefford, murió en un extraño accidente aéreo en 1931, y hasta hoy en día se rumorea de una posible responsabilidad suya. Este, para despistar a la policía que lo tenía en la mira, mandó construir un obelisco de más de ochenta metros de altura en memoria de ella, conocida también como pionera de la aviación en Latinoamérica.
Pero lo que a todas luces grafica a este sujeto, fue lo que hizo con su segunda mujer, la bellísima Rosa Clotilde Sabattini –referencia incuestionable de la pedagogía argentina-, con la que tuvo tres hijos, el buen Jorge entre ellos… Pues bien, el enlace duró quince años, la pareja se separa en 1950, debido a maltratos, mentiras e infidelidades del sibarita. Cada quien hizo su vida. Pero la presión familiar le exigía a Rosa una separación definitiva, es decir, firmar los papeles de divorcio. Raúl decide, al fin, firmarlos en agosto de 1964. Para ello, invita a Rosa, acompañada de su hijo Jorge, y sus abogados, a su lujoso departamento. La reunión se desarrolló, en teoría, de la manera más natural, no por ello dejaba de percibirse una atmósfera caliente y cargada. Había mucho ánimo contenido, Rosa no veía el momento de ver la firma de Raúl en los benditos papeles.
A eso de las ocho de la noche, Raúl, haciendo honor a su leyenda de hombre de mundo, se pone de pie y comienza a servir whiski.
Pero tenía guardada una sorpresa: le arroja un vaso de ácido a Rosa.
Conmoción.
Los abogados y Jorge la conducen al hospital. Los médicos no pueden hacer mucho por ella: ha quedado desfigurada de por vida, el ácido también le afectó los senos y los brazos. Por su parte, Raúl huye, deambula por las calles casi toda la noche, repasa su vida y regresa a su casa, y decide hacer lo que debió hace ya varias décadas: se recuesta en la cama.
La policía lo encuentró muerto, se había suicidado metiéndose un tiro en la sien.
La novela EL DESIERTO Y SU SEMILLA empieza en el momento en que la mujer es llevada al hospital. El hijo se convierte en testigo de la transformación en calavera del rostro de su madre. A partir de entonces, él se encarga de los cuidados de su progenitora. La empresa por reconstruirla –que duraría años- los lleva a Francia e Italia, pero los galenos que la tratan muy poco pueden hacer. El trauma remueve a su familia. En la ficción como en la vida real, la mujer sigue los pasos del miserable Raúl, pero sin un tiro en la sien, sino lanzándose de la ventana del departamento en donde se originó su desgracia. Tiempo después, la posta suicida la tomaría la hija.
Como puede colegirse, la novela, poco o nada tiene de ficción, aunque así lo sea. Es de esos libros escritos sin clave, abiertos a una sola interpretación: la de la salvación por medio de una escritura que cure el alma, entregándolo todo.
Definitivamente, es la novela que sí o sí leeré en las próximas semanas. Y espero poder dar más luces de ella.

jueves, diciembre 30, 2010

Una encuesta cobarde

En Facebook encuentro el texto Una encuestra cobarde, de Tulio Mora y Jorge Pimentel.
En él se nos ofrecen algunas luces sobre la elaboración de una antología de poesía peruana contemporánea, que será publicada este año por La Universidad de Lima.
Debo decir que no estoy para nada de acuerdo con los epítetos del texto, sin embargo, más de un punto del mismo es atendible.

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Nada más cobarde que trasladar una responsabilidad a terceros para obtener resultados convenidos. Este sería en esencia el mensaje que nos deja una denominada “antología consultada” sobre la poesía peruana entre 1968 y 2008, realizada por la ahora conocida Banda de los Cuatro: Carlos López Degregori, Luis Fernando Chueca, José Güich y Alejandro Susti, miembros de un pomposo Instituto de Investigación Científica de la Universidad de Lima y que ha arrojado resultados previsiblemente anticientíficos e interesados. Para ello, por supuesto, han recurrido al marketing con el propósito de difundirlo en los medios anunciándonos que los 45 poetas más mencionados serán incluidos en una antología que aparecerá en 2011.
Para contextualizar brevemente este nuevo despropósito de la literatura canónica, añadiremos que la banda en cuestión envió desde mayo de 2010 cartas a 137 personas, entre auténticos (y supuestos) estudiosos, poetas, profesores, recencionistas en los medios, la mayoría de ellos, naturalmente, amigos personales de los antologadores. En la carta solicitaban que el invitado eligiese 20 nombres que juzgaran imprescindibles en la poesía de los últimos 40 años y si fuera el caso que resaltasen los cinco títulos más memorables de ese mismo periodo.
Debemos agregar que entre los invitados nos encontrábamos los firmantes de esta carta, negándonos a responder a la invitación por las inconsistencias y premeditaciones de su propuesta, así como por los antecedentes de los antologadores, dos de ellos autores de un ensayo manifiestamente adverso a HZ. Y cada quien por su lado advirtió a López Degregori que se cuidara de incluirnos en la futura antología, aun cuando fuéramos mencionados en la desacreditada encuesta, a riesgo de ser denunciado judicialmente.
Pues bien, ya tenemos los resultados a partir de los cuales vamos a demostrar, puntualmente, que la premeditación, la desesperación de venderse, bajo el principio del viejo e infame pacto bajo la mesa, según el cual “tú votas por mí y yo voto por ti”, no es un prejuicio nuestro, sino la confirmación de una de las peores tradiciones de la poesía canónica peruana.
1) El Instituto de Investigación Científica tiene que explicar por qué los convenidos antologadores no cumplen con los requisitos propuestos en la carta de invitación, uno de los cuales era dar a conocer los 20 nombres más mencionados, de los que solo son publicados 10 (más uno sin numeración). La explicación confusa (o sea nada científica) es que la reducción está relacionada con el número de menciones, insinuando que sería poco elegante incluir a los restantes (nueve) por las pocas menciones que recibieron. ¿Qué clase de estadística es esta? Es como si Apoyo o Datum, a proposito de la actual campaña electoral, escondieran la votación de algunos candidatos porque alcanzan discretos porcentajes.
2) El otro requisito, mencionar los cinco libros “decisivos”, delata con harta visibilidad el objetivo que escondía la famosa “antología consultada”: promocionar a Carlos López Degregori, ya que, sorprendentemente, los cinco títulos terminan siendo siete, con dos puestos más que incluyen empates, en uno de los cuales, el 6º lugar, aparece nada menos que el cabecilla de la Banda de los Cuatro. Peor aún: con inexplicable excusa la banda se permite ocultar otros títulos que obtuvieron alguna votación argumentando que se trata de “una gran dispersión”.
3) ¿Qué clase de rigor científico puede explicar el hecho de que los nombres más votados (el querido José Watanabe obtiene, por ejemplo, 101 votos) alcancen cifras ridículas y abismalmente dispares cuando se les solicita a los encuestados citar los títulos de sus libros más memorables? Para seguir con el mismo Watanabe, que encabeza la lista de los más votados, solo alcanza 17 votos por “El huso de la palabra” (13.82% del total) y 10 por “Cosas del cuerpo” (8.13%), mientras que “En los extramuros del mundo”, de Enrique Verástegui, el más votado en este rubro, obtiene apenas 23 votos (18.69%). Por cierto, el porcentaje del sexto autor de un título mencionado, Carlos López Degregori, que no debería estar incluido según sus propias reglas (el requisito era que fueran solo cinco títulos, recordemos), y que empata con tres poetas más con 7 votos (los tres son de HZ), alcanza 5.10%.
Por supuesto, los porcentajes variarían si nos sujetáramos a la advertencia de los antologadores de que se trata de una votación en un universo de solo 53 consultados. Pero ¿no es desastrosamente revelador que más de la mitad (56.92%) no haya querido opinar al respecto? Esto supone que no estaban muy convencidos de la calidad de las obras o simplemente no las recordaban, vale decir, que la mayoría no relaciona autores con obra. ¿Qué clase de críticos, profesores, poetas o mil oficios son estos que conocen nombres pero no libros? La clase de amigos que tiene la Banda de los Cuatro. Y entonces la consulta descubre toda su fragilidad e incapacidad disfrazada de “investigación científica”.
4) Es lamentable que esta nueva desvergüenza literaria mantenga en pie las peores taras del centralismo literario. Los autores se enconden en una improbada explicación de que seleccionaron una lista de cerca de “cuatrocientos nombres que se situaran en el marco cronológico de nuestra consulta”, pero resulta que los consultados, también previsiblemente, votaron por los poetas más mencionados en los medios, es decir por los que nacieron o han producido su obra en Lima. Este gesto pinta de cuerpo entero el criterio canónico recurrentemente discriminador desde Riva Agüero hasta la última antología de José Miguel Oviedo (España, 2009) y reafirma que quienes controlan el poder cultural en el Perú siguen siendo los herederos de los letratenientes que fundaron la tradición poética escrita en nuestro país, como sostenía Martin Lienhard. Nombres tan valiosos como José Luis Ayala, Omar Aramayo, Baltazar Azpur (poeta apurimeño quechuaescribiente ya fallecido, y como él tampoco están presentes autores en esa lengua), Samuel Cardich, Marcial Molina, Ricardo Oré, Jorge Nájar, Angel Garrido, Bernardo Alvarez, pero limeñas y limeños como Rosina Valcárcel, Enriqueta Belevan, Dalmacia-Ruiz Rosas, José Rosas Ribeyro, Enrique Sánchez Hernani y Jerónimo Pimentel son puestos al margen cediendo puesto, con grosera patería, a poetas de absoluta falta de calidad y hasta de continuidad (suman decenas).
5) Tampoco parece riguroso, sino una tumultuosa subjetividad, el hecho de que los consultados fueran elegidos a conveniencia de la Banda de los Cuatro. Es curioso que, por ejemplo, ni Rodolfo Hinostroza ni Enrique Verástegui, solo por citar dos casos, aparezcan entre los invitados y sí narradores o investigadores de otras materias académicas, como ocurre con un estudioso de música criolla de la universidad Católica. Es cuando la suspicacia toma la solidez de un hipopótamo: los que enviaron cartas de invitación, como Carlos López Degregori, para la consulta sabían que, por cortesía, inevitablemente aparecerian en la encuesta, ocomo ocurre precisamente con él que aparece en el 4º lugar entre los 10 más votados. Más aún: toda la banda se cuidó de seleccionar a una gran mayoria de personas de su entorno para lograr los resultados que esperaban.
6) En la medida que esta es una carta abierta firmada por dos escritores de HZ que rechazaron participar de una farsa que refleja una falta de compromiso académico, poético y ético, amparándose en la cobarde coartada del tumulto para no decir nada, volvemos a recordarle al cabecilla de la Banda de los Cuatro, Carlos López Degregori, que se inhiba de incluir nuestros nombres en la antología que pretende publicar. Porque seguimos sosteniendo que no es representativa de la poesía peruana de los últimos 40 años y no refleja los cambios sustanciales que han reconfigurado el Perú, como la concreción de su reconocimento en la multiculturalidad -soldando así, poco a poco, los trágicos desgarramientos del pasado y que culminarán cuando haya equidad y justicia-, la exigencia de los olvidados a ser legitimados a traves de una estética híbrida, de fusión (a la que, por cierto, dio inicio Hora Zero en los años 70) y la producción de nuevas fuentes literarias ex-céntricas, periféricas, multiformes, archipiélagas, indiferentes del canonismo castrador y virreinal que berracamente aún cree que el Perú es Lima.
Lima, 29 de diciembre de 2010
Tulio Mora
Jorge Pimentel

miércoles, diciembre 29, 2010

martes, diciembre 28, 2010

Tom Dicillo: "Jim Morrison no era un dios ni un demonio"

Si tienes la oportunidad de ver WHEN YOU´RE STRANGE, no lo dudes. Se trata de un muy buen documental sobre The Doors.
Conozcamos pues al hacedor de esta maravilla, a Tom Dicillo. La entrevista -por cuenta de Manuel Cuellar- apareció hace algunas semanas en El País.

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El director de cine Tom DiCillo estrena en España When you're strange, la primera película documental sobre una de las bandas de rock más "oscuras y peligrosas": The Doors. Este trabajo recoge material rodado entre 1966 y 1971 sobre el grupo formado en Los Ángeles (California) y en él DiCillo trata de presentar el lado más desconocido de cuatro muchachos que prendieron parte de la llama de las protestas estudiantiles en Estados Unidos a finales de los sesenta. Pero en especial, el director pone su objetivo en uno de los mitos del siglo XX, Jim Morrison.
When you're strange, que se estrena el próximo día 10, contiene exclusivamente material original, en su mayoría inédito y rodado en buena parte por el propio Morrison durante la existencia del grupo. Morrison estudió cine en UCLA antes de dedicarse por completo a su faceta de poeta y estrella del rock. La película está realizada con un montaje lineal y no tiene entrevistas actuales y está narrada por Johnny Depp. Excesos, drogas, alcohol, soledad, creación y autodestrucción son los ingredientes de esta cinta que ya pasó en 2009 por el Festival Internacional de Cine de San Sebastián.
Dicillo ha querido responder a las preguntas enviadas por EL PAÍS, pero ha evitado comentar precisamente aquellos aspectos más problemáticos de su cinta: las sustancias nocivas y cualquier implicación política de la historia de The Doors. Sin embargo, sus reflexiones arrojan luz sobre uno de los grupos más controvertidos y geniales de la historia de la música reciente.
Pregunta: En su película se mantiene la teoría respecto a Morrison de que para quemarse, alguien primero tiene que arder. ¿Cree que la combinación drogas y alcohol son imprescindibles para convertirse en una estrella?
Respuesta: Creo que Morrison era un ser humano inmensamente complejo. Su vida estaba conducida por fuerzas muy fuertes que eran, a la vez, creativas y desctructivas. Pero no era un dios. No era un demonio. Era símplemente un ser humano, con todo el humor, la vitalidad, la curiosidad y el sentido de la aventura que pueda tener cualquier hombre o mujer real.
P. Pero ¿era más un poeta o uno más de los jóvenes que murieron en la cúspide?
R. Sé que es un hecho que Jim (Morrison) luchó profundamente contra su decisión de ser un artista. Él quería, sobre todas las cosas, que se le viera como un artista serio. Una parte de él miraba siempre al mundo de la música, a ser una estrella de rock, como si fuera una especie de enorme circo. Y ese era su conflicto interno. Cada vez que desparecía para estar solo, para tratar de escribir, nunca podía olvidar la intensa llamada que sentía sabiendo que miles y miles de personas gritaban su nombre.
P. ¿Le ayudó a The Doors el ecosistema de revueltas estudiantiles o fue al revés?
R. Sólo puedo decir que ese periodo fue increíble en la historia de Estados Unidos. Los estudiantes universitarios hicieron su propio noticiario nocturno para protestar por la guerra de Vietman. Fue un momento de gran apertura. Se estaban cambiando todas las viejas ideas. Había un sentimiento de que la gente joven realmente podía cambiar el mundo. Pero, al mismo tiempo, era una época de gran agitación en Estados Unidos. John F. Kennedy y su hermano Robert fueron asesinados, así como uno de los grandes defensores de la igualdad en el mundo, Martin Luther King. La guerra de Vietnam estaba causando una gran destrucción y disturbios civiles en el país.
P. Pero fue primero la música o primero la revuelta
R. Gran parte del país amenazaba esa idea de cambio. Pero, en un determinado momento cuajó un sentimiento de esperanza; el sentido de que nuevas ideas podían florecer. En el mundo musical de esa época también existía ese sentido de rebelión, de cambio, de necesidad de cambiar por completo las reglas establecidas.
P. Y The Doors, ¿qué papel jugó en todo aquello?
R. No toda la música de aquel periodo estaba preparada para el exámen. Sólo unas pocas bandas y músicos de entonces podrían escucharse ahora sin el sentimiento de que se está escuchando música pasada de moda. Sin ninguna duda The Doors están en ese selecto grupo, junto a Jimi Hendrix, Janis Joplin y Crosby, Stills, Nash and Young. La razón estriba, bajo mi punto de vista, en que The Doors nunca trataron de escribir música sólo para su tiempo. Escribieron la música que ellos querían escuchar. Es por esto que su música tiene el poder y la frescura de algo que podría haber sido escrito hoy mismo.
P. Y hoy, ¿quién podría jugar ese papel?
R. Me gusta mucha música contemporánea. Pero no es algo en lo que esté realmente interesado. Sí me gustaría realizar una película sobre el movimiento punk en Nueva York en 1972.
P. ¿Por qué decidió rodar una película sobre The Doors?
R. No decidí rodar una película sobre The Doors. Un grupo de productores me llamó y me preguntó si estaba interesado en dirigir un documental que estaban preparando sobre la banda. Dije que sí inmediatamente. La razón era que siempre tuve muy claro que la historia de The Doors es una de las más poderosas de la historia cultural americana. Su historia tiene el poder y la tragedia de la mitología griega. Una vez que vi todo el material de The Doors en sus archivos me inspiró mucho la honestidad de la banda. Esto me hizo dar el primer paso y tratar de contar la historia de la forma más honesta posible. Ha habido muchos mitos y leyendas y supersticiones durante muchos años y sinceramente, mucha mierda también. He querido quitar el polvo de toda esa porquería y contar la historia de la forma más pura posible, de un forma tan intensa como el resto de mis películas.

"Mario era el pájaro-mitra"


El domingo antepasado, el 19, apareció una entrevista a Abelardo Oquendo (en la imagen) en Diario 16. La entrevista fue realizada por Michael A. Zárate. En ella el crítico nos habla de su amistad de juventud con nuestro Nobel de Literatura. O sea, no leerán un texto lambiscón.

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Quisiera comenzar por una historia que contó el propio Mario Vargas Llosa, quien dijo que lo conoció a usted a través de Lucho Loayza.
Yo tengo un recuerdo distinto. La primera vez que vi a Mario Vargas fue en una reunión de Letras Peruanas, que fue, en su momento, la revista literaria más importante. Era 1956 y había una discusión muy intensa sobre una obra de teatro de Sebastián Salazar Bondy, llamada ‘No hay isla feliz’. En ese momento entró Carlos Araníbar, el historiador, con un joven que era Mario Vargas Llosa.
¿Y qué ocurrió?
Se sentaron y Carlos dijo que había venido con un escritor joven, que todavía no había publicado nada, pero que iba a leernos un cuento. Mario se paró y leyó un cuento del cual casi no guardo memoria. Solo me acuerdo que el personaje central era una mujer de vestido rojo. Terminó de leerlo y se produjo un silencio breve pero ominoso. Y, de pronto, se reinició la discusión sobre Salazar Bondy. Nadie se ocupó de ese jovencito. Fue terrible.
Hubo indiferencia.
La indiferencia total. Todo el mundo lo ignoró. Él ha contado que después rompió ese cuento. Pero un día encontré a Mario en la Plaza San Martín, donde el expreso Lima-Miraflores tenía su paradero inicial, e iniciamos una conversación sumamente interesante porque descubrimos que teníamos devociones semejantes por algunos autores. Fue tan apasionante que nos pasamos de nuestros paraderos.
Lo que Vargas Llosa dice es que él andaba buscando trabajo y Lucho Loayza le comentó que usted laboraba en el suplemento dominical de El Comercio.
Yo no recuerdo si Lucho me lo pidió o si yo le ofrecí trabajo a Mario, quien necesitaba cachuelos. Yo tenía a mi cargo la parte literaria del suplemento dominical, de modo que se me ocurrió crear una columna sobre narradores peruanos. A Mario le gustó la idea y la primera columna estuvo dedicada a José María Arguedas.
Fíjese que Carlos Eduardo Zavaleta señala que Arguedas le envió a usted una carta para pedirle que no publicara esa entrevista, pues no deseaba herir con sus declaraciones a su hermanastro.
Realmente no me acuerdo (ríe). Pero después de ese encuentro con Mario en la Plaza San Martín, y de que él iniciara también una amistad con Lucho Loayza, formamos entre los tres un pequeño grupo en el que hablábamos mucho de literatura. Y había grandes discusiones porque tanto Loayza como yo éramos un poco indiferentes a la política. Mario, en cambio, tenía una verdadera pasión por la política.
¿Es ahí donde nace el apodo del ‘Sartrecillo valiente’?
Claro, por su devoción a Sartre. Los intelectuales franceses son, en realidad, los que influyen enormemente en la actuación de Mario a lo largo de su vida. Él es un intelectual público, comprometido y quiere participar en la vida política. Él cree que esa es una obligación del intelectual.
¿A quién se le ocurrió llamarlo ‘Sartrecillo valiente’?
A Loayza. Le venía como anillo al dedo a Mario. Y nos referíamos muchas veces a él con ese apodo, pero nunca lo decíamos en público, solo en privado. Eso quedó entre los tres, además de Sebastián Salazar Bondy y José Miguel Oviedo.
Vargas Llosa escribió la siguiente dedicatoria en Conversación en La Catedral : “A Luis Loayza, el borgiano de Petit Thouars, y a Abelardo Oquendo, el Delfín”. ¿Por qué lo llamó a usted el Delfín?
La verdad es que nunca me llamaron El Delfín, pero parece que Loayza y Mario se referían a mí con ese apodo. Nunca le he preguntado de dónde salió (ríe). Hay cosas de las que no se hablan. Por ejemplo, nosotros éramos los más íntimos amigos de Mario, pero nunca nos mostró el cuento “Los Jefes”, con el que ganó un concurso y se fue a París.
¿Usted se enteró una vez publicado el cuento?
Sí. Era bastante reservado. Incluso, cuando él se va a Madrid, sabíamos que estaba escribiendo una novela sobre el Leoncio Prado, pero no teníamos idea de la condición experimental que iba a mostrar La Ciudad y Los Perros.
Por esa época, Vargas Llosa le envió a usted varias cartas desde Europa en las que se cuestionaba su talento como escritor.
Sí. Él no solo quería ser un escritor, sino un gran escritor. No solo quería escribir un libro importante, sino muchos libros importantes. Él repetía esta frase de Balzac: “Que el peso de mis libros baste para aplastar a un hombre”. También le encantaban el empeño y la tenacidad de Flaubert. Loayza tuvo una frase muy precisa: “Mario es un Balzac que quiere ser Flaubert”.
Hay una anécdota en la que ustedes quisieron celebrar la elección de Raúl Porras
Barrenechea como presidente del Senado en 1957 y terminaron en el Cinco y Medio.
Sí, eso lo contó Pedro Escribano, pero la reunión no fue celebratoria. En una de las tertulias se mencionó a El Parral, que quedaba en el Rímac y donde había una amplia pista de baile. Porras era presidente del Senado y quiso conocerlo. Así que lo invitamos para un jueves.
¿Quiénes acompañaron a Porras?
Éramos Loayza, Mario Vargas con Julia Urquidi, yo con mi esposa que estaba embarazada,
y una prima de Julia –cuyo sobrenombre era ‘ La Cachito ’– con su esposo. Y ella también estaba embarazada. Porras llegó con el carro del Senado y enfilamos a El Parral. No encontramos mesa porque, de puros tontos, no habíamos hecho reservaciones. Eran diez y pico de la noche, y Porras nos invitó a un lugar nuevo, ese restaurante de pollos llamado…
¿ La Granja Azul ?
La Granja Azul. Estaba muy de moda. Enfilamos a Santa Clara y el dueño nos dijo que ya se había apagado el fogón. Estaba dispuesto a prenderlo, pero demoraba tres cuartos de hora. Preferimos regresar. En el camino, Porras dijo que había un restaurante de pollos en la Carretera Central. Y el
Cinco y Medio –esta casa de citas– tenía como fachada un lugar donde se vendían pollos a la brasa.
¿Y qué pasó?
Fuimos al Cinco y Medio, y hubiera sido un escándalo espantoso (ríe), pues estaban el carro del Senado, el presidente del Senado e historiador Raúl Porras, unos muchachitos y dos mujeres embarazadas. Imagínate si hubiese habido ahí un fotógrafo avispado.
Cualquiera pensaría que estaban en una orgía.
Y además depravada. Nos sentamos a comer los pollos, pero las mujeres no sabían de qué lugar se trataba. En fin, no pasó nada (ríe).
¿Cómo era Julia Urquidi?
Una mujer encantadora, guapa, inteligente, trabajadora. Estaba profundamente enamorada de Mario. Fue una gran ayuda para él en toda su primera etapa. Primero encontraron un departamentito en La Quinta de los Duendes en Porta, luego Julia tuvo que irse a Chile y ya después Mario logró alquilar un departamento en Las Acacias (Miraflores), donde su vecino era el poeta Raúl Deustua. Allí nos reuníamos mucho y nos dedicábamos a conversar o a jugar.
¿A qué jugaban?
Juegos imaginativos. El juego de la risa, por ejemplo.
¿Cómo era ese juego?
Por sorteo, uno de los presentes tenía que hacer reír a los demás, y el primero que se reía lo reemplazaba. Y era terrible porque uno hacía el ridículo. Nadie estaba dispuesto a reírse porque nadie estaba dispuesto a hacer payasadas para que los otros se rían. Y en una ocasión le tocó a Mario hacernos reír, y se fue al dormitorio.
¿Para qué?
Se fue a ponerse una especie de turbante, con una pluma y un chal. Y salió en cuclillas, aleteando con el chal de Julia y dijo: “¡Soy el pájaro-mitra, soy el pájaromitra!”. Salió dando brincos, aleteando y todos nos reímos al mismo tiempo (ríe). Otro juego que nos gustaba era el de los insultos.
¿Cómo era ese?
Consiste en que, otra vez por sorteo, uno de los presentes se encierra en una habitación. Y los otros, en un papel, escriben un insulto para esa persona. Luego se le llama al agraviado y se le dicen todos los insultos. Y si adivina quién le dijo tal insulto, ese lo reemplaza. Y había gente que se ofendía.
¿Quién se ofendió?
Recuerdo mucho que la esposa de Raúl Deustua era muy sensible y se resintió. Es un juego riesgoso. Ella se molestó y se fue de la casa de Mario a su departamento contiguo. Teníamos también un juego que se llamaba El Hombre de Palo.
¿Cómo era ese?
Consistía en construir un cuento al revés. “El Hombre de Palo” es la última frase de una historia. Uno de los presentes dice: “El hombre de palo”, y el siguiente tiene que agregarle algo, pero al revés. Por ejemplo: “Mataron al hombre de palo”.
Y el siguiente dice: “Por las traiciones que había cometido mataron al hombre de palo”. Era un juego de imaginación y de memoria. Si te equivocabas dejabas una prenda.
Luego venían los castigos y uno debía hacer lo que le decíamos (ríe).
Eran buenos tiempos, ¿no?
Eran muy buenos tiempos. Fue una etapa de mi vida realmente preciosa. Duró pocos años, pues Loayza y Mario se fueron a Europa. Yo me quedé porque mi mujer salió embarazada. Y la idea fantasiosa de Mario era establecernos en el bosque de Brocelandia, un bosque que se menciona en las novelas de caballería, para dedicarnos solo a la escritura (ríe).
¿Se animaría a volver a jugar con Vargas Llosa?
Me gustaría volver a jugar el Juego de la Risa. A ver si él hace algo tan divertido como el ‘pájaro-mitra’ (ríe).

lunes, diciembre 27, 2010

Rompecabezas sin solución

Reponiéndome de la navidad, vivida como si fuera una fiesta de año nuevo, ingreso a las versiones on line de los diarios peruanos. En Luces del diario El Comercio, encuentro una elogiosa reseña de Ricardo González Vigil al último poemario de Jerónimo Pimentel, LA MUERTE DE UN BURGUÉS.
Esta publicación se encuentra en las principales librerías.

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Uno de los mejores poemarios del año es “La muerte de un burgués”, tercer libro de una de las voces más dotadas de la poesía del nuevo milenio: Jerónimo Pimentel (Lima, 1978). A diferencia de sus volúmenes anteriores (“Marineros y boxeadores”, 2003, y “Frágiles trofeos”, 2007) no posee un tejido vertebrado. Lo puntualiza el propio Jerónimo: “Este es un libro que no tiene una unidad formal. En él encuentras poemas conversacionales, hay arrebatos líricos, una plegaria, prosa poética… Yo creo que este es un libro de exploración formal. No he querido atarme a un concepto” (en “Somos”, 13-11-2010).
Pero esa condición invertebrada se torna altamente significativa, logrando en otro plano (el simbólico, que no el de la “unidad formal”) conferir un efecto totalizante a “La muerte de un burgués”. Recordemos la noción del “poema acéntrico” que postula Oquendo de Amat en “5 metros de poemas”. En el caso de Pimentel, tenemos la imagen del rompecabezas: “Tenía las piezas a mano pero el cuadro incompleto. […] La estructura poseía verdad, por cierto: nada encajaba. […] Los versos serían fichas para elaborar […]. No hay ambigüedad en el rompecabezas, / es sólo que no tiene solución” (p. 81).
En el poema “La palabra del Gólem” (recordemos que el Gólem es un hombre artificial que adquiere vida cuando se le introduce un mensaje mágico en su boca; en el poema “James Whale”, asoma otro hombre artificial, a la manera de Frankenstein), la escritura-rompecabezas se vincula con la vanguardia artística y la revolución ideológica: “La decimocuarta vanguardia / (o lo que es igual, la inminente llegada al poder / del socialismo”. Dicha fe vanguardista y revolucionaria, antiburguesa, reconoce como padre a Francois Villon, paradigma del juglar errabundo, fuera de la ley, poeta de lenguaje irreverente: “...en Villon hallé a mi padre, / amando cada robo, leyendo en voz alta la oración, / y empecé a creer en su potencia expresiva, / en la virginidad de sus palabras cruzadas, / en las posibilidades poéticas de una gramática / que cobija el terror en sus compulsiones” (p. 24).
Hay un formidable diálogo con la poesía vanguardista peruana: además del citado Oquendo de Amat, el Martín Adán que deambula, escéptico y cínico, en “Poemas Underwood” (de “La casa de cartón”). Mayor todavía con el neovanguardismo del Eielson de los años 50 en adelante (sobre todo, el callejero que dinamita todo, en “Habitación en Roma”); y, por cierto, con la fiebre vanguardista-revolucionaria del movimiento Hora Zero (del cual resulta referente central su padre, Jorge Pimentel), reelaborando el dar “Un par de vueltas por la realidad”, para decirlo con palabras de Juan Ramírez Ruiz: “Built to spill (Psicosis mística) / Trayecto abierto”, “Toda cura para todo mal”, “El poeta y el OVNI”, “Orión” y “Clean & Sober (de República de Panamá a José de la Torre Ugarte / Trayecto cerrado”. La idea dominante de una persona que está en verdad muerta al vivir alienada dentro de la maquinaria burguesa, se nutre de Villon y los vanguardistas y neovanguardistas mencionados; piénsese en “Muerte natural” y “Tromba de agosto” de Jorge Pimentel. Lo asiste, como al Vallejo de “Poemas humanos” o al Jorge Pimentel de “Ave Soul”, el designio de “poetizar la voz del hombre trabajador. Aquel que se encuentra tan mal como el resto; no tiene Dios, se resigna en el amor o simplemente no le interesa, pero que tiene que cumplir la mecánica que la vida le ha impuesto para subsistir”. (“Somos”, 13-11-2010). La escritura-rompecabezas concuerda con su condición de “Hombre Hueco” (expresión de T.S. Eliot), con su existencia carente de sentido.

El tiempo tras la muralla

Acabo de sumergirme en las páginas de PAISAJE HABITADO, de Óscar Pita Grandi. Lo que puedo decir, hasta el momento, es que se trata de una novela sumamente ambiciosa. Veremos, pues, por dónde me lleva la lectura.
Mientras tanto, les dejo esta entrevista -publicada en El Peruano- de Miguel Ángel Vallejo a OPG.

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Ambientada en la imaginaria Ausonia, colonia amurallada de inmigrantes italianos en las afueras de Lima, discurre la historia de Paisaje habitado, primera novela del ingeniero Óscar Pita (1970). Dentro de ella, el tiempo se hace relativo en los recuerdos del “Dottore”, poblador antiguo que recuerda historias turbias de su niñez. –¿Qué caracteriza a la comunidad de Ausonia?
–Es una especie de isla flotante, en el tema del autoencierro. Sus habitantes se están protegiendo a sí mismos. La muralla tiene una connotación por los orígenes de la cultura, muy violenta y le permite a esa comunidad obtener un pensamiento común que une a todos.
–Son muchos detalles típicamente italianos...
–La construcción de Ausonia como hábitat, con el detalle de sus calles y decorado, responde a mi pasión por la arquitectura. Y más todavía por las ruinas que todavía sobreviven al tiempo, adaptándose con naturalidad. Ausonia, la urbanización amurallada, anacrónica y a su vez contemporánea, no obstante su esplendor, es a fin de cuentas una ruina. Bella, pero ruinosa al fin y al cabo.
Tiempos de incomunicación
–¿Cómo se comunican esos personajes encerrados, sobre todo "Dottore"?
–El problema de la identidad es un inconveniente personal mío, a la vez uno de los contratiempos de hoy: la incomunicación, el aislamiento. El estar reunidos en conjunto no nos hace pertenecer a un lado, siempre buscamos una comunidad con gustos similares.
–Pero sus personajes interactúan hablando de cine y referentes cultos...
–Lo culto de la novela son partes de la incomunicación. El "Dottore" parece que solo puede comunicarse con su esposa a través de las películas. La ficción es el puente por donde cruza la comprensión y la pareja. Parte de mis gustos, suelo beber mucho en literatura y cine. El cine es un pasadizo donde se va a otra realidad, más dramática que un libro.
–¿Cómo maneja sus recuerdos "Dottore"? ¿Vive en el pasado?
–Quizá lo más racional de la novela sea el tiempo, porque es lo que he querido juntar en un solo presente, pasado y futuro, con sus recuerdos. Como su propia cámara del pasado y a la vez lanza una visión del futuro.
Nuevo proyecto
Pita trabaja actualmente en otra novela, La segunda vida de las cosas. Esta tratará sobre una comunidad de niños que nacieron el día en que un terremoto destruyó media ciudad y que ya de adultos descubren que están marcados por ese destino.
A imagen del autor
El escritor afirma que busca sus raíces en esta novela. Asimismo, confiesa que la imaginación de los habitantes de Ausonia provienen de su placer por reflexionar a solas, siendo hijo único. “En el encierro de la muralla, los personajes pueden pensar en el pasado".

viernes, diciembre 24, 2010

miércoles, diciembre 22, 2010

Taller de guión cinematográfico - Rossana Díaz Costa - Del 19 de enero al 23 de febrero

Clic en la imagen.

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ROSSANA DÍAZ COSTA
Estudió Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú. En España, hizo los cursos de Doctorado en Literatura Hispánica, estudió Realización de Audiovisuales y se especializó en Guión en la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de Madrid (ECAM). Actualmente, trabaja en su proyecto de largometraje Viaje a Tombuctú, como guionista, directora y productora (www.tombuktufilms.com). Viaje a Tombuctú ganó el premio Conacine en el 2010. También trabaja como docente universitaria en la Universidad Católica, la UPC, la Universidad Ruiz de Montoya y el Centro Cultural de la Universidad Católica. Es productora y profesora del proyecto Ver o no Ver. Ha ganado varios premios literarios en el Perú y en España y sus cuentos han sido publicados en diversas antologías. En el 2009, la editorial Estruendomudo reeditó su libro de cuentos Los Olvidados (no los de Buñuel, los míos), con el que quedó finalista en el Premio Nacional PUCP de Narrativa en el 2005 y que fue publicado por primera vez en el 2006.

Cosmogonía, plaqueta-objeto de Rocío Fuentes

Semanas atrás me reuní con mi muy buena amiga y poeta de sangre Rocío Fuentes. Ya sea por motivos que prefiero no investigar, muchísimos lectores de poesía –no necesariamente peruanos- y habitúes de recitales la googlean de manera vesánica.
Bien por ella y, obviamente, bien por este blog.
Desde algún tiempo la Caracola me venía comentando de su nuevo proyecto poético, entre las cosas que me decía, enfatizaba en el hecho de hacer algo distinto, en proyectar la esencia de la poesía más allá de la letra impresa, llevando al lector hacia un compromiso real con el hechizo de las palabras. Y me pasó la muestra de su ahora búsqueda poética: la plaqueta-objeto Cosmogonía (Mano Falsa, 2010).
Miré la publicación.
- ¿Puedes decirme qué es? –pregunté mientras soltaba volutas de Pall Mall rojo.
- Cuando llegues a tu casa lo lees con calma.
A continuación le expliqué el por qué de mi pregunta. Lo que tenía en las manos no era nada parecido a una plaqueta convencional, hechas la mayoría de las veces con una entendible y lícita intención promocional, y de las que, salvo en contadas ocasiones, encontramos chispazos de calidad lírica.
Cosmogonía es recomendable poesía en estado puro, no solo los versos sueltos en los espacios de las dos páginas desplegables derrochan el espíritu lúdico y ánimo onírico que caracterizaron su primer poemario CUERPO DE PÉTALO (2005), sino que motivan al lector –gracias a unos stickers- a crear sus propios poemas; y también a materializarlos en el espacio –puedes usar tus manos o sino una tijera afilada.
Definitivamente, esta plaqueta-objeto es más que un buen anuncio de lo que en los próximos meses será el segundo poemario de Rocío Fuentes.

Curso de verano: Apreciación del Cine - ABC CINEMA III - Del 10 de enero al 28 de febrero

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El fin de la inocencia: una mirada al cine del siglo XXI
Del 10 de enero al 28 de febrero
Lunes, de 10 a.m. a 1:30 p.m.

INTRODUCCIÓN:
ABC Cinema III es nuestro tercer seminario de apreciación de cine. En esta ocasión, queremos dar a conocer a directores contemporáneos, hijos de la posmodernidad, que aunque todavía no cuentan con una filmografía muy nutrida, han demostrado un gran talento al momento de contar sus historias en el cine. Son autores que sorprenden por la claridad y coherencia de su discurso, así como por las cualidades artísticas que tienen sus films. Estos directores tienen un valor dual, intrínseco a ambos estados de la vida: la frescura de la juventud y el reposo de la madurez. Son autores que nos permiten releer la historia del cine y que, así mismo, nos muestran a través de sus obras un rasgo fundamental del nuevo siglo: la pérdida de la inocencia.
La visión de estos directores para entender el nuevo siglo parte de las nuevas realidades que se están dando en nuestras sociedades: la confirmación de la caída del sueño americano, la importancia de la inmigración en los países desarrollados, la exposición frontal de los turbios mecanismos de la política en la era de la globalización, el mestizaje como consecuencia de la fusión de culturas en las grandes ciudades, la relectura de la historia del siglo XX, el estado de las nuevas generaciones, la soledad de las personas en la era de las comunicaciones y la necesidad de preservar la memoria histórica de los países.
OBJETIVOS:
El objetivo principal es mostrar una excelente selección de películas de la etapa contemporánea del cine para, a partir de ellas, hacer un seminario de apreciación y análisis cinematográfico.
Queremos formar al espectador, enseñarle a ver películas desde otra perspectiva, partiendo de diferentes horizontes culturales, queremos hacerlo un espectador activo y consciente de los procesos cinematográficos y, así mismo, de la historia del cine, sus corrientes, su importancia en la historia del arte y su valor como medio para entender mejor nuestros tiempos.
Para mayor información acerca de nuestras actividades consultar nuestro sitio web:
www.veronovercine.com
METODOLOGÍA
Cada clase tendrá un soporte visual de material seleccionado específicamente para comprender de forma más didáctica la película que nos toca estudiar, además de material de lectura adecuado.
Las sesiones se realizarán siguiendo estas directrices: apreciación y lenguaje cinematográfico, historia del cine, contexto histórico, marco temático, influencias y la importancia de los autores seleccionados en el cine contemporáneo.

CONTENIDO:
De la caída del sueño americano
1. PUNCH-DRUNK LOVE (USA, 2002)
Un film de Paul Thomas Anderson
De la vida en los extramuros
2. FISH TANK (Reino Unido, 2009)
Un film de Andrea Arnold
De la solidaridad entre los pueblos
3. AL OTRO LADO (Alemania, 2007)
Un film de Fatih Akin
De la trastienda de los imperios
4. IL DIVO (Italia, 2008)
Un film de Paolo Sorrentino
De los nuevos europeos
5. L’ESQUIVE (Francia, 2003)
Un film de Abdellatif Kechiche
Del crimen y el castigo
6. THE BANISHMENT (Rusia, 2007)
Un film de Andrei Zvyagintsev
De la soledad de los niños
7. NADIE SABE (Japón, 2004)
Un film de Hirokazu Kore-eda
De los hijos de la guerra
8. PARAÍSO (Perú, 2009)
Un film de Héctor Gálvez

EXPOSITORES:
ROSSANA DÍAZ COSTA
Estudió Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú. En España, hizo los cursos de Doctorado en Literatura Hispánica, estudió Realización de Audiovisuales y se especializó en Guión en la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de Madrid (ECAM). Actualmente, trabaja en su proyecto de largometraje Viaje a Tombuctú, como guionista, directora y productora (www.tombuktufilms.com). Viaje a Tombuctú ganó el premio Conacine en el 2010. También trabaja como docente universitaria en la Universidad Católica, la UPC, la Universidad Ruiz de Montoya y el Centro Cultural de la Universidad Católica. Es productora y profesora del proyecto Ver o no Ver. Ha ganado varios premios literarios en el Perú y en España y sus cuentos han sido publicados en diversas antologías. En el 2009, la editorial Estruendomudo reeditó su libro de cuentos Los Olvidados (no los de Buñuel, los míos), con el que quedó finalista en el Premio Nacional PUCP de Narrativa en el 2005 y que fue publicado por primera vez en el 2006.
ENRIQUE VIVAR
Estudió comunicación audiovisual en el Instituto de Comunicaciones John Logie Baird. Desde hace seis años trabaja en la producción, supervisión de dirección de arte y realización de videoclips junto al director Percy Céspedez para la empresa Elemental Visual & Media, los cuales han tenido una alta rotación internacional, llegando a conseguir importantes premios y nominaciones en los MTV Latinoamérica Music Awards y el Grammy Latino. Paralelamente, y desde hace 5 años, lleva adelante el proyecto Ver o no Ver, con el que ha desarrollado talleres de apreciación y muestras de cine en distintos centros de estudio, tales como la Universidad Católica, la UPC y el Centro Cultural de Universidad Católica. En el 2009, fue seleccionado para participar con una beca de la Red Europea de Cine Joven en un taller de crítica de cine dedicado a cubrir el Festival Internacional de Cine de Cannes. Para ello, viajó a cubrir el festival como corresponsal para la revista francesa Nisimasa.
COSTO:
S/. 180.00 0.00 Incluye certificado de participación para quienes asistan, como mínimo, al 80% del total de las sesiones.

martes, diciembre 21, 2010

Libreros con vocación

Hoy martes en el diario El País, se publica Libreros con vocación, de Enrique Vila-Matas.
No me queda la más mínima duda de que el artículo tocará las fibras de los no pocos lectores que tenemos la costumbre de pasar horas de horas en la librería El Virrey.
Como sabemos, El Virrey y su anexo la Librería Anticuaria Sur tendrán que abandonar, después de más de 30 años, la calle Dasso. Dejarán San Isidro para irse a Miraflores.
En lo personal, guardo el mejor de los recuerdos de la librería. No solo compré muchos libros, también conocí gente de valía humana e intelectual.

En Barcelona, una optimista librería de barrio, la Bernat, en la calle Buenos Aires, ha duplicado su espacio a costa del local vecino, un sex shop que se ha hundido. Parece una noticia espectacular, pero solo lo parece, porque detrás de ella está únicamente la soledad de una librería independiente en su lucha dura del día a día, en su combate por la supervivencia, por una manera de ser, por una manera de relacionarse con la literatura. La Bernat de la calle Buenos Aires es un activo paradigma de tantas librerías de este país que, con sus historias de ánimo y coraje, desafían la lógica de los negocios y la rutina de la incultura. Me gustaría que estas líneas fueran un homenaje a nuestras librerías independientes, de cuyas angustias y alegrías me siento aún más cerca cuando entro en el blog El Llibreter (llibreter.blogspot.com), que describe atmósferas de un mundo que camina bajo la pólvora, el mundo de los libreros de vocación. Precisamente, hace unos días, el anónimo redactor de El Llibreter viajó a Nueva York y, una vez más, tras darse una vuelta por los lugares de costumbre, tuvo que levantar acta del cierre de otra librería, Central Booking en esta ocasión.
En Lima es noticia siniestra de estos últimos días que la especulación inmobiliaria va a cerrar El Virrey, legendaria librería. Hace tres años, sin haberla visitado nunca, escribí un texto de añoranza por lo no vivido, hablé de mi melancolía por no haber pisado esa librería peruana, lugar al que una fuerza enigmática me arrastraba. Pero este verano, por fin, la conocí. Fui una noche con Enrique Prochazka y Gabriel Ruiz Ortega y descubrí que, como en un juego de cajas chinas, en el interior de El Virrey había otra librería, llamada Sur, una librería de viejo, y en ella encontré una primera edición de la siempre para mí entrañable Antología negra, de Blaise Cendrars, "traducida del francés por Manuel Azaña" (Cenit, 1930)
Al poco de haber vuelto a Barcelona con el antiguo ejemplar, me encontré con la sorpresa de que acababa de salir en Madrid, manteniendo la traducción de Azaña, una documentadísima edición crítica de Jesús Cañete de Antología negra (Árdora). Hablo de sorpresa porque hasta pisar El Virrey nunca antes había visto la Antología en ninguna otra edición que no fuera la original francesa, y ahora de golpe tenía ante mí dos ediciones españolas del libro, la más vieja y la más nueva. La más nueva llegaba con aportaciones de Tomás Segovia, el apoyo entusiasta de Emilio Sola, y con una conferencia, Sobre la literatura de los negros, que Cendrars dio en 1925 en la Residencia de Estudiantes, con notable éxito entre los jóvenes artistas madrileños que vieron en él a un tipo "rápido, desenfadado, entusiasta y seco, rítmico y entrecortado, o roto como música de jazz band".
Desde este verano, Antología negra me evoca a El Virrey y desde hace unos días también su tragedia, comentada por Ariel Segal en La República: "La librería fundada por la pareja Sanseviero en 1973, y ampliada por sus hijos con anexos que incluyen la librería anticuaria Sur -con anaqueles repletos de obras antiguas, grabados, mapas y manuscritos-, es una institución que, por definición, debería ser preservada en el lugar en el que fue instituida".
Para Segal, El Virrey debería pasar a ser "patrimonio cultural de la nación peruana" y esta sería una forma de salvar un lugar que supo entroncar con la tradición de las antiguas librerías de la vieja Lima. Pero nada indica que la sensata idea de Segal vaya a prosperar. El drama de El Virrey es, a este otro lado del Atlántico, el de tantas de nuestras librerías de la vieja escuela, que día a día se van convirtiendo en símbolos de una lucha por la supervivencia de ciertas formas y estilos. El combate es duro en medio de un panorama severo, pero es una lucha que, como el rayo, nunca cesa.

Un burgués burlado

Ayer lunes apareció en el diario La República la reseña de Javier Ágreda sobre LA MUERTE DE UN BURGUÉS de Jerónimo Pimentel.

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Dos sólidos poemarios conceptuales –Marineros y boxeadores (2003) y Frágiles trofeos (2007)– convirtieron al escritor y periodista Jerónimo Pimentel (Lima, 1978) en una las voces importantes de la llamada generación poética post 2000. Dejando las rigideces temáticas y formales, Pimentel nos entrega ahora La muerte de un burgués (AUB, 2010), un conjunto de 25 poemas muy diversos, que van desde los recuerdos de infancia hasta las reflexiones metafísicas.
Lo que da unidad a estos textos es que giran en torno a la formación y las creencias de un limeño de clase media; no los migrantes emergentes sino la antigua burguesía, hoy en decadencia (de ahí el título del libro). Los recuerdos del colegio Sagrados Corazones, o de las miraflorinas calles “Ocharán / Ferré / Iglesias” están en la memoria de un hombre hoy “sin trabajo / sin futuro / sin sueños / sin perspectivas” y que siente “Nostalgia de lo absoluto”: “No sé si creo en Dios. / Creo en la fuerza atómica, / que nos une y da forma…”.
Pimentel ha declarado recientemente: “No sé si la unidad de valoración en poesía es el verso o el poema… pero lo que sí sé es que no es el poemario”. Por ello, y a diferencia de sus anteriores libros, La muerte de un burgués está más enfocado en la calidad de los propios textos que en la estructura del conjunto. El resultado es un buen poemario, más personal y autobiográfico, que muestra otros aspectos de la producción literaria de Pimentel.

lunes, diciembre 20, 2010

Simpatía por el demonio

Recorriendo archivos de reseñas, encuentro una de Rodrigo Fresán sobre la novela CUERNOS, de Joe Hill. Hill, para los que aún no lo saben, es hijo del excelente escritor Stephen King.
Publicado el domingo 12 en Radar Libros.

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La segunda novela de Joe Hill comienza con un inequívoco perfume a primitivismo norteamericano (el de Washington Irving, Nathaniel Hawthorne, Ambrose Bierce y Mark Twain), pronto recuerda a las sintéticas pero contundentes micro-tramas de la serie televisiva The Twilight Zone (las firmadas por Rod Serling, Richard Matheson, Charles Beaumont & Co. donde el humor negro no estaba reñido con el escalofrío) y concluye, inevitablemente, en los territorios de aquel que más y mejor ha aprendido de ambos antecedentes: el rey Stephen King quien, además, es el padre biológico y artístico del príncipe heredero y autor de Cuernos quien, bajo ese alias, no demoró en ser identificado como Joseph Hillstrom King, hijo del padre de Carrie, nacido en 1972.
Pero –más allá de linaje y genética– lo importante aquí es que Cuernos es muy superior a la sobrevalorada El traje del muerto, ofrece la fluidez y la sensibilidad de los mejores relatos de Fantasmas y hacen de Hill un nombre a respetar y agradecer en un género que, de un tiempo a esta parte, parece más dedicado a vampiros que van al colegio y a hombres lobos más preocupados por sus pectorales que por sus garras y colmillos.
Y lo más atractivo de Cuernos acaso pase por el humor negro iluminando a su inverosímil pero al mismo tiempo enseguida irresistible argumento: el joven de veintiséis años Ignatius “Ig” Perrish, hijo díscolo de una adinerada familia de Nueva Inglaterra, se despierta una mañana con resaca y un par de cuernos en su cabeza (primitivismo americano); descubre que, además, se ha convertido en una suerte de cloaca psicológica a la que todos se ven obligados a confesarle sus más oscuros secretos y deseos (The Twilight Zone) y, con un mínimo empujoncito de Ig, a realizarlos; e Ig se lanza sin demora a investigar la verdad tras la violación y asesinato de su adorada novia Merrin un año atrás. Hecho del que todos lo acusan aunque que no haya pruebas que le señalen (Stephen King). Pero, ahora, nadie puede mentirle a Ig. Y con la verdad llega, siempre, el espanto. En resumen, Hill escribe muy bien y con mucha naturalidad sobre la siempre ambigua naturaleza del mal.
Y –de acuerdo, marca de fábrica– Cuernos se habría beneficiado de contar con unas cuantas páginas menos (por fortuna, Papá King ya se quitó las ganas con la más pesada que colosal La cúpula retornando al cuarteto de oscurísimas nouvelles con su flamante y muy elogiable Full Dark, No Stars) y de un final menos pirotécnico y más sutil, cercano a los perfectamente construidos varios tramos de romanticismo epifánico que, a lo largo del libro, a modo de flashbacks, conmueven al lector cada vez que Ig y Merril trepan a su casa en el árbol de ensueño. Después de todo, detrás de toda historia fantástica se esconde, apenas, un relato moral donde se miden la luz y la oscuridad. Y, entre una y otra, el amor siempre metiendo la cola.
Cuernos –que también hace guiños a E. T. A. Hoffmann, Franz Kafka y al imaginario espectral centroeuropeo– tiene un valor añadido: nos enseña a querer a un pobre diablo aprendiendo a ser un buen demonio mientras, a su alrededor, los nunca libres pecadores no dejan de arrojarle piedras.

sábado, diciembre 18, 2010

Entrevista: Jerónimo Pimentel


“La literatura es un camino de disconformidad”

Sin duda alguna, Jerónimo Pimentel es el poeta peruano más destacado que ha aparecido en este decenio. El saludo de la crítica y el genuino favor de los lectores así lo indican. Es autor de los poemarios Marineros y Boxeadores (2003) y Frágiles Trofeos (2007). En esta entrevista conversé con Pimentel sobre su última publicación, La muerte de un Burgués (AUB, 2010).
- Terminé de leer La muerte de un Burgués y tuve la sensación de ubicarte en un registro narrativo.
- Sí, en realidad este poemario aborda diversas formas, como la plegaria, el poema conversacional, el poema en prosa, etc. Varias de éstas, como dices, tienen un aliento que es narrativo aunque no necesariamente diegético: no me interesa tanto el desarrollo de eventos como dar un sentido o sensación de movimiento. La forma de los hombres que vendrán, de Matías P. Delgado, sí es prosa, y también hay coqueteos con lo prosaico en algunos poemas de Frágiles Trofeos. Probablemente se deba a que en tanto consumo bastante ficción no lo siento un género ajeno. De hecho, como parte de mi proceso de escritor tuve un momento de duda que me llevó a escoger, en la universidad, el taller de narrativa sobre el de poesía, que en teoría era mi opción natural. Me interesa mucho la dramaturgia también, pues tuve la suerte de llevar el curso que dicta Alfonso Santisteban, y quizás esa es la razón de que mis anteriores poemarios posean estructuras tan marcadas. Pero uno va y viene de acuerdo a la necesidad expresiva del momento, y creo que en ese ir y venir el género se pierde. Siento, de un tiempo a esta parte, que escribo libros sin género. Ahora, como sabes, Gabriel, estoy escribiendo una novela, y de alguna forma siento que estoy volviendo a esa pulsión inicial. Aunque solo podemos llamarle novela si entendemos el término de una manera bien abierta. De todas formas, el cambio me parece sano también: como ha dicho Manuel Vincent hace poco, hay una frescura en ser siempre amateur.
- ¿Te refieres a la novela que tienes sobre Herman Melville?
- Sí, no sé bien qué es y le llamo novela a falta de un mejor nombre. No voy a cometer el error de hablar sobre un proyecto que no está terminado, pero me está permitiendo trabajar la prosa, expiar algunos demonios y saldar algunas cuentas literarias. Por supuesto, el proyecto me sobrepasa: el poeta está demasiado pendiente del lenguaje como para fluir. Hay un doble trabajo entonces: evitar la novela de lenguaje o la típica “novela de poeta” para lograr un artefacto que sea fiel al espíritu con el que nació.
- La pregunta cae sola: ¿La muerte de un Burgués vendría a ser el principio de un hiato poético?
- No, mi creatividad pasa necesariamente por la poesía, que consiste en mirar de otra forma a través de la palabra. Lo que pasa es que uno debe respetar la naturaleza de su necesidad expresiva y yo estoy acostumbrado a manejar varios registros, quizá como una consecuencia de mi paso profesional por el periodismo y la publicidad. Además, yo tengo una inclinación a buscar libros sin género, o explorar géneros obsoletos, o tratar de borrar las fronteras que separan la ficción de la no ficción, la novela del ensayo, la prosa de la poesía. No entiendo la literatura como una serie de estancos definidos y parametrados, sino como un territorio libre por recorrer.
- Algo que considero capital en tu propuesta poética es el hecho de no repetirte. En esta publicación percibo a un sujeto poético estable, pero aún presa de sus crisis internas.
- Mis tres poemarios están hermanados de muchas maneras, la principal, creo, es la búsqueda hacia delante, que trato de simbolizar gráficamente con una flecha; la duda que se establece entre movimiento y estabilidad; la imposibilidad de encontrar una voz única y cómoda, lo que a la vez ha derivado en una voz esquizoide o dislocada o en la aparición de heterónimos para justificar la diversidad de registros; la afirmación del proyecto siguiente a través de la negación del anterior. Me cuesta encontrar una voz coherente que sea capaz de expresar todo lo que quiero decir. Y por eso la voz se fragmenta y se decanta. La Muerte de un Burgués sí es el desarrollo de una sola voz, pero su crisis, como dices, está en la forma expresiva: lo que a ratos es prosa gótica al siguiente es una apropiación de Vallejo. Lo que empieza como un homenaje a Böll muta en una ambición teológica.
- ¿Desconfías del artista que se repite?
- Cada autor tiene su manera de encarar la creación. No desconfío del artista que se repite, pues es natural aprovechar un tono cuando se consigue, pero tampoco me parece de especial interés, pues puede llevar a una tara conocida: el artista que se copia a sí mismo. A mí me interesa más el artista que duda de sí mismo, el que desconfía de la perfección, el que no se halla ni en las formas convencionales ni en lo último que acaba de hacer. Un camino de disconformidad, con un poco de aventura; en vez del camino seguro, pulcro, repetitivo y aburrido de la literatura segura.
- El fracaso sigue siendo uno de tus tópicos recurrentes. Especulo a razón de los primeros versos del poema “Cuando cae la tarde y fumo”: Cuando cae la tarde y fumo/ otro Jerónimo entra a escena/ con su debilidad por la sentencia/ y el calor emocional y esa dudosa capacidad/ de hacer del fracaso un arma antigua.
- Como decía Alejandro Gándara no es lo mismo fracaso que derrota. Es la lección del hard-boiled norteamericano y la experiencia literaria del existencialismo francés. La ética personal y sus pequeños triunfos terminan prevaleciendo sobre el dictamen social que divide el mundo entre ganadores y perdedores. Podemos fracasar, pero eso no implica que hayamos caído o que otros sean mejores. Toda mi generación ha presenciado cómo esa figura se ha tornado de alguna forma heroica en virtud de los méritos de Roberto Bolaño, quien dedica buena parte de su corpus a estos antihéroes (“perros románticos”). Ahora, la escritura literaria es sobre todo eso: un largo perder. No podemos materializar lo que quisiéramos, pero lo intentamos. Como decía Beckett: “Da igual, prueba otra vez, fracasa otra vez, pero fracasa mejor”. Creo que de eso se trata la literatura. Y aquí se aplica el aforismo futbolístico: el que gana, celebra; el que pierde, aprende.
- Uno de los poemas que me gustan mucho es “Orion”. Tiene todo el voltaje lírico de una canción de rock.
- Es una variación de “Rimbaud en Polvos Azules”, un poema de mi padre. La idea era replicar la experiencia de la aparición en la ciudad, solo que cambiando el personaje y el paisaje, para estar a tono con los 40 años de diferencia. Yo he escuchado metal toda mi vida por lo que el homenaje a Cliff Burton, el bajista de Metallica, se caía de maduro. “Orion” es una canción poderosa y hermosa, y ese es el techo que uno trata de rozar.
- Acabas de mencionar a tu padre, Jorge Pimentel, poeta capital de los setenta, década muy generosa en grandes poemarios. Creo que no estaría mal decir que los setenta fueron los años maravillosos de la poesía peruana.
- Yo creo que en los 70 se cierra una etapa poderosa de creación poética en el Perú, pues si trazas una línea de González Prada hasta ahí tienes un proceso glorioso. Creo que Verástegui era quien llamaba a esto “el siglo de oro de la poesía peruana”. Hay algo de verdad en eso. Sin ir muy lejos, del 50 al 70 tienes una cantidad de poetas y poéticas que son realmente envidiables. Y la generación de mi padre está, en efecto, muy nutrida de talento: Verástegui, Ramírez Ruiz, Mora, Watanabe, Morales, etc. Ocurre también que la poesía peruana era un campo de batalla donde se debatía y definía lo nacional, lo que le otorgaba un protagonismo social extra literario reflejado eventualmente en los mass media. La poesía era el arte al que miraban las demás artes, lo que se puede ver en la formación heterogénea de agrupaciones como Hora Zero o Kloaka, que incorporaban pintores.
- En lo formal, La muerte de un Burgués exhibe un gran equilibrio entre la intensidad de los tópicos y sus cauces.
- Mi sensación es que Frágiles Trofeos es formalmente más acabado, más contenido, más hermético, mientras que La Muerte de un Burgués es más proleta, más repentista, más artesanal. Hay una idea de que lo lírico se haga lírico cuando deba, no como una necesidad impuesta. En este caso me parece ese un camino más fiable que el de la atadura conceptual, el monolito formal, la ambición de que la idea abstracta supere a la ejecución particular, que señalo como uno de los grandes defectos de la poesía peruana actual. Hay embusteros que hacen carreras enteras así, con grandes ideas que el verso revela mediocres. La otra gran trampa, claro, es el hermetismo: hacer creer que un poema es más valioso en tanto es más ininteligible; o que más experimental es quien menos logra hacerse entender. Hay, por supuesto, un tercer bluff, aunque más sofisticado: aquel que hace de la poesía un mero ejercicio intelectual. Mezcla estas tres tendencias y tendrás a varios farsantes que han encontrado vocación en el aspaviento y la masturbación pública. Por supuesto, no estoy en contra de la experimentación, ni de la innovación formal. Sin ellos no hay avance. Pero aquí se comprueba la Ley de Sturgeon: “el 90% de la ciencia ficción es basura, pero el 90% de todo es basura”.
-Hace unos días, mientras hablábamos a razón de este libro, me dijiste que tu intención era que este sea uno de poemas. Hace un momento hiciste referencia a la “atadura conceptual”.
- Sí, ese es el problema, cuando los libros solo se “sostienen” por su concepto, cuando la explicación que el poeta da de su poemario en una entrevista es más interesante que el libro mismo, cuando la contraportada anuncia a la nueva Tierra Baldía y dentro no es posible salvar un solo verso. Creo, como te lo he comentado, que este es un fenómeno que se acusa sobre todo en las artes plásticas, donde el curador es el artista, y el artesano, un trabajador de encargo, una labor tercerizada. En poesía es fácil reconocer esta ambición, pues esos libros carecen de poemas. Yo no sé sí la unidad de valoración en poesía es el verso o el poema, no lo tengo claro, pero lo que sí sé es que no es el poemario. Cuando hay mucha pretensión y poco trabajo el resultado es negativo. Pero como te decía anteriormente, es una buena mascarada para vender gato por liebre, con el demérito de que acarrea una consecuencia posterior: el alejamiento del lector para con la poesía.
- Ya que estamos ante un libro de poemas que no dependen del concepto global, me gustaría saber si alguno te generó un proceso peculiar de escritura.
- No es que no tenga concepto, lo que trato es que el concepto no se vuelva un corsé. Darle un mismo acabado formal hubiera significado traicionar la experiencia, que es más bien desordenada, híbrida, caótica. Sobre el proceso de escritura, funciono más o menos de la misma forma: anoto una idea, un verso, una imagen o trato de registrar un sentido de ritmo, y veo si puedo desarrollarlo poéticamente. “Nostalgia de lo Absoluto”, el primer poema, es un buen ejemplo de ello. Tenía dos textos en la cabeza: uno de la serie El Cuidador de Rebaños, de Pessoa en plan Caeiro; y el clásico “Me basta así”, de Ángel González. Tenía la necesidad de encontrar complejidad a través de un lenguaje simple, como en ambos casos. Y luego caí en cuenta de que Hawking, en su Breve Historia del Tiempo, consigue explicar misterios físicos con la misma claridad que los poetas logran en lo metafísico (en el principio de que cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia). Y luego todas esas ideas, todas esas miradas límpidas del mundo, se confabularon en un tono, y el tono devino en verso, y el verso en poema. El subtitular debió ser: Ángel González versiona a Pessoa luego de leer a Hawking. Pero sonaba muy pretencioso y opté por evitarlo. Hay otros poemas que, en cambio, nacen de anécdotas, pues yo deseaba otorgar un cariz vivencial al conjunto. “El Poeta y el OVNI” es la relación exacta de dos hechos ocurridos en un mismo día: un encuentro cercano del primer tipo y una reunión con Óscar Limache y David Novoa. Dicho sea de paso, todo lo que se cuenta en el poema es cierto.
- Sabemos bien que mucho se habla de la “poesía de la experiencia”. En lo personal, no sé muy bien qué es lo que quiere decir, sin embargo...
- No reconozco el término “poesía de la experiencia” porque no conozco poesía que no lo sea. Es un pleonasmo.
- A lo mejor tendría que conocerse como “poesía confesional”.
- Si Lowell y Plath son confesionales, pues me gusta la poesía confesional. No tengo prejuicios contra las formas poéticas: la poesía que está bien hecha es fácilmente reconocible. Eso es todo lo que sé. Y si es mala, no importa en realidad si es barroca, conversacional o confesional. Simplemente es mala.
- Los poemas de tu libro obedecen a una durísima confrontación interna.
- Yo he tratado de poetizar la vida del hombre trabajador moderno, que no sé si sea materia poética per se, en todo caso, convengamos que todo lo es, que no hay tema malo. Teniendo a este sujeto, he querido utilizar la palabra para adentrarme en su conflicto espiritual, en la relación que puede establecer un hombre con un catolicismo pos curas pedófilos; explorar su mundo interno, si lo tiene, y entender cómo ha mellado en él la adultez; analizar su educación sentimental, si la tiene, para entender cómo se expresan sus afectos y qué importancia tienen ellos en su vida; analizar en su visión política, que estoy seguro que no la tiene, para encontrar qué vestigios han quedado de sus ideales pasados. Eso es lo que me interesa, escudriñar los restos que van dejando en la vida los sueños y promesas, el otro maletín que uno carga al momento de pararte e ir a trabajar.
- ¿Cuán autobiográfico es?
- ¿Si es autobiográfico? No más que mis libros anteriores. No sé, tampoco, qué importancia tiene eso de cara al disfrute poético. A la gente no le interesa la categoría, a la gente le interesa el poema. Como diría Nacho Vegas, la verdad está en la canción.
- Te has valido también de varias tradiciones, digamos, foráneas.
- Bueno, yo soy sobre todo un lector de poesía, por lo que me cuesta encontrar lo nacional en la tradición íntima que uno va creando, el acervo que uno tiene como fondo antes de sentarse a escribir. Hace poco, en una discusión con amigos, se me ocurrió deslizar que la poesía chilena y la peruana pueden formar una sola tradición frente a la cual uno, el lector, se sienta llamado indistintamente.
- A ver…
- Te explico: personalmente, para mí Enrique Lihn es más importante que José María Eguren; Diego Maquieira llena ese camino de baches que es la así llamada generación peruana del 80; y Pablo de Rokha está al lado de Oquendo de Amat entre mis vanguardistas preferidos. Pero bueno, esa es la biblioteca que se va haciendo uno, y no es mi intención hacer de esto un programa o una política de integración, aunque no sea una mala idea. Pero a ellos hay que añadir mucho.
- ¿Y otros referentes en el poemario?
- Desde el título, La muerte de un Burgués, hay una visión de mundo en decadencia que no hubiera sido posible sin Joseph Roth, Sandor Márai, Irène Némirovsky, Stefan Zweig y otros. Hay muchos referentes poéticos evidentes: Vallejo, Pessoa, Ángel González, Ashbery seguro; y también algo de física divulgativa: Hawking, Dawkins, Kuhn, Kaku, etc. El escritor es una esponja y yo soy un lector omnívoro.
- Para no pocos, La muerte de un Burgués te posiciona como el poeta más destacado de la poesía peruana última.
- No, no existe nada como “el poeta peruano más destacado”. Ocurre que hay una tendencia anglosajona a hacer de todo un ránking o una encuesta, y el mal ejemplo y la ociosidad hacen que, pronto, Alfredo Torres de Apoyo o Fernando Tuesta de la PUCP vayan a crear el próximo canon poético peruano, ya que sus técnicas cuantitativas son bastante más serias que las que pretenden elegir al libro del año –una aberración en una escena donde los tirajes no alcanzan los 500 ejemplares-, el poemario de Facebook o el verso de Twitter. No, la poesía no trata de eso, de tener 5 votos para 10 libros. La democracia, en ese sentido, no sirve de nada. Si esas encuestas fueran de medios masivos y no de cenáculos ganaría Gianmarco o Tongo. La experiencia literaria no es un espectáculo ranqueable ni cuantificable. Me da pena que gente seria siga ese camino, por decir algo suave, distractor.
- Tu obra ha sido reconocida por la crítica y los lectores. Ahora, eres –y te consideras también- un poeta insular.
- Todo poeta, en el fondo, es insular.
- Tus apariciones públicas –presentaciones, recitales, festivales de poesía- son contadísimas. Por otra parte, ¿cómo te ubicas en el panorama actual de la poesía peruana? Creo que podría decirse que eres un poeta noventero tardío.
- Mucha gente cree que soy mayor de lo que soy. Parte de ese problema fue mi labor periodística, que me hizo hacer notas a mis coetáneos asumiendo una distancia generacional que no necesariamente tenía. Noventero tardío no soy. Todos ellos, hasta los de menor edad como José Carlos Yrigoyen, me llevan algunos años y libros. Ahora, no sé, en el fondo, qué tan importante sea situar temporalmente al poeta. Yo me siento un poco al medio entre mis contemporáneos y los precedentes, un lugar intermedio también, ahora que lo dices. Será que esa dificultad por establecer una voz me impide también la localización en el tiempo. Pero no es voluntario: me gustaría participar en más recitales, que es algo que me encanta hacer. El poema cobra potencia cuando se vuelve arte escénica. Y en el Perú hemos tenido grandes ejemplos de ello, como César Calvo. Hay que insistir con los recitales.
- De los poetas que han publicado en estos últimos años, ¿hay alguno a quien deberíamos prestar más atención?
- Tengo mucho interés en la obra de Manuel Fernández, su poemario Octubre es uno de los mejores de los últimos años. Romy Sordómez tiene otro, Présago, un libro al que hay que volver. Sé que ambos están a punto de publicar de nuevo y eso es una gran noticia para quienes creemos que mucho de lo bueno que ocurra en la poesía peruana próxima tiene que ver con ellos. Puedo decir lo mismo de Paul Guillén, cuya Historia Secreta revela a un poeta complejo, que explora registros, que interviene el lenguaje. Varios de sus últimos poemas, que son parte de un libro que tiene el título tentativo de El Espectador Invisible, hacen que uno espere con ganas la publicación. Bruno Pólack, en Las Ruedas del Beso de Reinaldo Arenas, tiene varios versos que cualquiera de nosotros hubiera querido escribir. Miguel Ángel Sanz Chung muestra su talento en “Poema para ser escrito en el espejo” (http://urbanotopia.blogspot.com/2007/07/miguel-sanz.html), un hit. No es mi intención hacer una antología de la poesía reciente, pero creo que el lector avisado de poesía debe seguir con atención a estos escritores.