Melville en Lima
Al parecer Jerónimo
Pimentel no se conforma con ser la voz poética más cuajada de su generación.
Prácticamente la ha hecho linda con los recomendables Marineros y boxeadores, Frágiles
trofeos y La muerte de un burgués.
Su ingreso oficial a los terrenos de la ficción narrativa viene de la mano de
la novela breve La ciudad más triste
(Alfaguara, 2012). Seguramente a más de uno le habrá sorprendido esta última
entrega. Pero a mí no. El autor ya había demostrado sus buenos oficios narrativos en
2009, con La forma de los hombres que
vendrán (Underwood), firmando como Matías P. Delgado.
En lo personal me deja
tranquilo que Alfaguara-Perú siga apostando por escritores jóvenes. Hacerlo
siempre será un riesgo y es más que plausible que se siga en esa política. Lo
ideal sería que él éxito literario y la respuesta del lector vayan de la mano. Sin embargo, el favor del que compra
no es más que una ciencia oculta. Pues bien, este libro será un
éxito literario, mas no sé si comercial. Editorialmente lo hermano con el excelente
cuentario Punto de fuga de Jeremías
Gamboa.
Podría pensarse que
estamos ante una novela de poeta. Pimentel no es el primero en cruzar el puente.
Ya hemos visto publicaciones narrativas, soberanamente irregulares, de poetas
en estos últimos años… Ahora, pongamos punto final, desde el comienzo, al caso
Pimentel: La ciudad más triste no es
una novela de poeta. La ciudad más triste
es la novela de un escritor de primera línea.
Hay que tener un gran
acervo de lecturas para llevar a buen puerto una empresa como esta, que tiene a
Melville como eje central. Y también una vocación de historiador, de cazador de
datos, porque el otro gran eje es, nada más y nada menos, que Lima la gris (la
de 1843 – 44).
Veamos:
Melville y Lima. Ergo: Moby Dick.
Pimentel y lecturas.
Ergo: Lector que escribe.
¿De acuerdo? Al menos
yo sí.
Nunca se sabrá si
Melville se inspiró en esta ciudad para escribir su monumental Moby Dick. Y sugiero abrigar esa leyenda
y de paso repotenciarla. Ni de lejos, ni de cerca, La ciudad… es un proyecto fácil. Moby Dick es la biblia de la narrativa contemporánea. Hay que
desahuevarse con ese libro y más aún si se quiere escribir partiendo de su
aura. Esa es la razón por la que Pimentel se acercó con sencillez y humildad a
la aplastante imagen de Melville. Y lo hizo con inteligencia, haciendo uso de
un registro epistolar que le permite especular y llegar a ser el mismo H.M., o
sea, logra configurar uno verosímil. Lo sentimos cerca, somos su lector Nathaniel y viajamos
canábicamente a la desolada desazón que le genera el puerto de El Callao, a su
interacción distante con los mercaderes,
ladrones y putas de la Lima de entonces, y cómo no, también pasamos la noche al
lado de los intestinos de la ballena varada, siendo este uno de los pasajes
memorables de la novela. No obstante, más de una epístola carece del calor
humano que este género requiere. La epístola tiene que ser tan íntima como el
diario. En este sentido la prosa de Pimentel resulta, por momentos, demasiado fría
y cautelosa.
Con La ciudad más triste Jerónimo Pimentel
se erige como la pluma más firme de la narrativa peruana de hoy. Ya capitanea a ritmo de entrenamiento. A lo mejor, sí, a lo mejor, en el gran futuro, se
recuerde este 2012 como el año en que Melville estuvo en Lima.


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