domingo, julio 29, 2012

Melville en Lima




Al parecer Jerónimo Pimentel no se conforma con ser la voz poética más cuajada de su generación. Prácticamente la ha hecho linda con los recomendables Marineros y boxeadores, Frágiles trofeos y La muerte de un burgués. Su ingreso oficial a los terrenos de la ficción narrativa viene de la mano de la novela breve La ciudad más triste (Alfaguara, 2012). Seguramente a más de uno le habrá sorprendido esta última entrega. Pero a mí no. El autor ya había demostrado sus buenos oficios narrativos en 2009, con La forma de los hombres que vendrán (Underwood), firmando como Matías P. Delgado.

En lo personal me deja tranquilo que Alfaguara-Perú siga apostando por escritores jóvenes. Hacerlo siempre será un riesgo y es más que plausible que se siga en esa política. Lo ideal sería que él éxito literario y la respuesta del lector vayan de  la mano. Sin embargo, el favor del que compra no es más que una ciencia oculta. Pues bien, este libro será un éxito literario, mas no sé si comercial. Editorialmente lo hermano con el excelente cuentario Punto de fuga de Jeremías Gamboa.

Podría pensarse que estamos ante una novela de poeta. Pimentel no es el primero en cruzar el puente. Ya hemos visto publicaciones narrativas, soberanamente irregulares, de poetas en estos últimos años… Ahora, pongamos punto final, desde el comienzo, al caso Pimentel: La ciudad más triste no es una novela de poeta. La ciudad más triste es la novela de un escritor de primera línea.

Hay que tener un gran acervo de lecturas para llevar a buen puerto una empresa como esta, que tiene a Melville como eje central. Y también una vocación de historiador, de cazador de datos, porque el otro gran eje es, nada más y nada menos, que Lima la gris (la de 1843 – 44).

Veamos:

Melville y Lima. Ergo: Moby Dick.

Pimentel y lecturas. Ergo: Lector que escribe.

¿De acuerdo? Al menos yo sí.

Nunca se sabrá si Melville se inspiró en esta ciudad para escribir su monumental Moby Dick. Y sugiero abrigar esa leyenda y de paso repotenciarla. Ni de lejos, ni de cerca, La ciudad… es un proyecto fácil. Moby Dick es la biblia de la narrativa contemporánea. Hay que desahuevarse con ese libro y más aún si se quiere escribir partiendo de su aura. Esa es la razón por la que Pimentel se acercó con sencillez y humildad a la aplastante imagen de Melville. Y lo hizo con inteligencia, haciendo uso de un registro epistolar que le permite especular y llegar a ser el mismo H.M., o sea, logra configurar uno verosímil. Lo sentimos cerca, somos su lector Nathaniel y viajamos canábicamente a la desolada desazón que le genera el puerto de El Callao, a su interacción distante con los  mercaderes, ladrones y putas de la Lima de entonces, y cómo no, también pasamos la noche al lado de los intestinos de la ballena varada, siendo este uno de los pasajes memorables de la novela. No obstante, más de una epístola carece del calor humano que este género requiere. La epístola tiene que ser tan íntima como el diario. En este sentido la prosa de Pimentel resulta, por momentos, demasiado fría y cautelosa.

Con La ciudad más triste Jerónimo Pimentel se erige como la pluma más firme de la narrativa peruana de hoy. Ya capitanea a ritmo de entrenamiento. A lo mejor, sí, a lo mejor, en el gran futuro, se recuerde este 2012 como el año en que Melville estuvo en Lima.

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