lunes, diciembre 03, 2012

Saber venderse




He pasado todo el domingo leyendo La mano desasida de Martín Adán. Si el tiempo y el ánimo me lo permiten, trataré de explicar en los próximos días la razón de esta lectura febril. Conocía el poemario, pero luego de esta jornada me siento una especie de especialista involuntario de la poética de uno de nuestros más grandes poetas, desplazado a las justas por Vallejo.

A la una de la tarde, me desentendí de Adán. Me conecté a Facebook y me enteré de algunas cosas, la más saltante: La nominación de los Premios Luces 2012, del diario El Comercio.

Como es obvio, me fijo en las secciones Mejor Libro de Ficción y Mejor Libro de Poesía.

En la maravillosa farsa Jusep Torres Campalans de Max Aub, hay una sentencia que bien podría ayudarnos a entender este tipo de nominaciones: “Vender es venderse”. Escogencias como estas no me sorprenden, hasta podría decir que me divierten, son una buena antesala, una chacota previa a las celebraciones de fin de año. Imagino pues a los narradores y poetas que no figuran entre los seleccionados, seguramente ya empezaron a ensayar poses de indiferencia, miradas frías que contienen frases apocalípticas reservadas solo para el bar y para la comprensión de los amigos y los papis.

Meses atrás conversaba con mi gran amiga Erika. Entre lo que hablamos, ella dijo algo descriptivo: “Los libros no se mueven solos, los autores tienen que ser agentes de sí mismos”. Y le doy toda la razón. Al menos a mí, me resulta demasiado remanido hablar de justicia literaria. Si un buen libro es pasado por alto por los medios, es exclusiva responsabilidad de su hacedor. Sabemos de sobra que la gran mayoría de periodistas culturales no leen los libros que reciben. Y los libros que deciden comentar, apenas han sido revisados, basta ver sus estafetas para comprobarlo. Y en este sentido los califico de “genios”, genios de la mentira, genios de la criollada, hay que ser único para sentenciar en 80 palabras publicaciones de 200, 300, 150, 70 páginas. Prefiero pensar que no los leen, porque de lo contrario pensaría que estamos ante subnormales que no entienden lo que leen. Esta sabida realidad motiva al autor mosca, vivo y estratégico, en algunos casos con sumo talento, a tejer su red de influencia. Hay quienes la hacen linda y los hay quienes la cagan de arranque. A veces, cuando soy invadido por extraños sueños de solidaridad, me veo tentado en realizar un llamado moral a estos autores, un llamado a la conciencia, al desprendimiento; barajo opciones, ¿qué podrían aportar?, me pregunto una y otra vez, y he llegado al semiconvencimiento de que lo ideal sería que ofrezcan seminarios gratuitos, en la Casa de la Literatura a lo mejor, a esos autores ganosos de luces. En estos seminarios gratuitos, los que la hacen linda brindarían maratónicas sesiones de promoción a aquellos que ni siquiera saben cómo hacer que sus libros lleguen a las manos indicadas, a aquellos que quieren una entrevista y que no saben cómo conseguirla, a aquellos que asumiendo una pose contestataria, quieren ser vistos como tales por el oficialismo literario de estafeta. De esta manera, pienso, las cosas estarían mejor. No pocos dejarían de sentirse integrantes de los asentamientos humanos de la literatura peruana, valorarían aún más su identidad de chupatintas y chancateclas, fortalecerían su ego y lo más importante: el corazón se les llenaría de amor.

Cada vez que aparece esta nominación de Luces, me veo interpelado por no pocos lectores. Algunos creen que lo he leído todo, pues no, me falta mucho, pero involuntariamente leo casi todo. En tal sentido, y en aras de asegurarme un mes tranquilo, y como tengo una enorme flojera para reactivar mi cuenta en El Comercio, me prestaré a la frivolidad y daré aquí mi preferencia por los títulos que considero deben romperla tanto en Poesía y Ficción.

En Poesía aparecen: Sobre mi almohada una cabeza de Micaela Chirif, Apolo Cupisniqui de Mario Montalbetti, Los hombres rana de Rafael Espinoza, Fantasmas esenciales de Víctor Ruiz Velazco y Vacaciones de invierno de Ana Carolina Quiñones.

Antes, un par. Primero: la nominación del poemario de Montalbetti nos lleva a revisar el buen trabajo que en las parcelas poéticas viene realizando Paracaídas Editores, cuyo catálogo, aparte de haber crecido, se ha fortalecido con poemarios como Lumbra de Benggi Bedoya, Breve historia de la lírica inglesa de Christian Briceño y Los discutibles cuadernos de Carlos Quenaya. El referido título no es lo mejor de Montalbetti, pero sabemos que todo lo que publique pasa axiomáticamente a figurar entre lo mejor del año. Y lo segundo: aún no leo lo último de Espinoza. 

En Ficción el asunto se complica. La gente de Luces eligió los siguientes títulos: Un asunto sentimental de Jorge Eduardo Benavides, La ciudad más triste de Jerónimo Pimentel, Bioy de Diego Trelles, (Ella) de Jennifer Thorndike y El síndrome de Berlín de Danny Salvatierra. De estas publicaciones, aún no pasa por mis armas la novela de Benavides. Las demás ya las he leído. Y al respecto no tengo duda alguna, pero antes, una aclaración necesaria, cosa que así evitamos malos entendidos y habladurías relacionadas al favoritismo: como ya lo he dicho más de una vez, este blogger lee libros, no personas. La amistad y la enemistad me llegan al escroto cuando de literatura se trata. Al punto, y lo pongo de ejemplo por primera y última vez, que en Disidentes 2 decidí contar con un autor, que después de haber aceptado estar en el proyecto, se le dio por insultarme a través del comentario anónimo, pero el muy animal dejaba rastro de la procedencia de su valentía virtual. ¿Por qué tanto odio a mi persona si jamás, y eso que hice un gran ejercicio de memoria, había hecho mención de ese infeliz en este blog, ni siquiera en el mundo real?, me preguntaba.  Entonces, como ya estaba descubierto, pensé en denunciarlo o pararlo de cabeza en un tacho de basura, y opté por lo segundo; pero nunca barajé la idea de sacarlo de la antología. Es que los sentimientos menores, y cojudeces parecidas, en cuestiones literarias, no van conmigo.

Pues bien, dicho esto: La ciudad más triste y (Ella) son las novelas más importantes del 2012. De ley ambas van a figurar en otras listas, no son propiedad exclusiva, mucho menos descubrimiento, de Luces. Pimentel es mi amigo. Thorndike es mi amiga y esposa de un amigo mío. Además: yo fui uno de los presentadores de (Ella), en el marco de la última FIL… El primero es también un poeta reconocido, el mayor de los que han aparecido desde el 2000, y con esta su novela debut se ubica como uno de los narradores más sólidos de la nueva hornada de plumas peruanas. La segunda es justa merecedora de todos los elogios que viene recibiendo. Y es mi deseo que su nominación sirva para ver más allá, porque Thorndike es parte de una promoción de escritoras de gran fuerza, como Karina Pacheco, Alina Gadea, Julie de Trazegnies, Yeniva Fernández y Evelyn García. Ya es hora de seguirlas, no como una novedad, sino como una realidad.

En fin. Me espera una semana de lecturas, trabajos y música. Pero no me voy sin antes no repetir el mensaje del post, dirigido a los autores que quieren aparecer en los medios, sin importar si lo que cargan tenga o no valor literario alguno. Total, la fama fugaz no tiene nada de malo, más bien es algo lícito. Pero no te confundas, fama no es igual a reconocimiento, cosa totalmente distinta, que escapa a nuestro pueril entendimiento de tiempo real. Si quieres aparecer en la nominación de Luces 2013 y así disfrutar de los últimos días del año, esto es lo que tienes que hacer: saber venderte.

5 Comentarios:

Anonymous Susana de Vivanco dijo...

Me gusta. Estilo directo, franco, sin concesiones, ágil, informado, etc. No me gusta lo de venderse, pero mi reino por ese mundo, ¿no? Qué occidentales que somos. Qué necesidad de reconocimiento, qué país y círculos de moda que siempre reconoce más o menos a los mismos. ¿Qué es lo importante? Repito: ¿qué es lo importante? Es que no podemos dejar de reconocer que lo importante somos nosotros´, valgan verdades. Todos queremos figurar, que nos quieran, que nos aprecien, pero el costo es grande al dejar de lado algo que importa más que nosotros mismos, aunque nos incluya. Lo que decimos, cómo lo decimos, cómo eso aporta al mundo (frase grandilocuente; quitarle ese tonito por favor). Ya, sí, sabemos que eso debería ser lo que verdaderamente importa, pero cómo son nuestras noches cuando nos chotearon, cuando nos criticaron, cuando no nos consideraron. Vemos el tiempo pasar y nos viene una prisa de fama insoportable. En fin, entre un café y otro, este comentario impulsivo y leve.

11:24 a.m.  
Anonymous Ramon dijo...

Hola Gabriel, buen articulo, pero ¿que opinas de la novela "Bioy" de Diego Trelles?

12:12 a.m.  
Blogger Gabriel Ruiz Ortega dijo...

Creo que hubo mucha expectativa con la referida novela. En mi opinión es mala, fallida; tiene un excelente "argumento", pero las caídas vienen por el lado que no se debe fallar, peor en un escritor con oficio como Trelles: el desarrollo, pésimo por decir lo menos.
Además, se le hizo mucho daño al autor comparando 'Bioy' con 'La ciudad y los perros'.
Saludos
G

8:18 a.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Es increíble que en varias selecciones sobre los fundadores de la poesía moderna latinoamericana se encuentre Borges y no Martin Adán teniendo este último una poesía mas transgresora y vibrante(Borges es magnífico como cuentista pero como poeta ni frio ni caliente aunque lo leo dado que es el mismo que escribió Ficciones)

También es increíble como un poeta que aparte de su obra maestra "travesía de extramares" fue autor de otros magníficos poemarios como "la rosa de la espinela" "escrito a ciegas" "mano desasida" "piedra absoluta" "diario de poeta" y pase tan inadvertido para algunos críticos hispanos (ni recordar a los anglosajones).

Martin Adán merece un estudio más profundo como lo tienen otros poetas (Lorca o neruda).
No sé lo que dirás pero Martin adán es uno de los pocos poetas latinoamericanos que pueden (y lo merece) figurar junto con los clásicos de nuestra lengua y no desentonar en absoluto dada su maestría técnica y su profundidad en cuanto metafísica.

7:54 p.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Hay escritores que saben venderse y hay los que no se venden. Y hay los que se venden pero nadie los compra, y también hay los que compran muy fácilmente aquello que no tiene valor.

7:46 p.m.  

Publicar un comentario

Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]

Vínculos a esta publicación:

Crear un vínculo

<< Página Principal