martes, julio 16, 2013

Poesía en peligro


El siguiente texto salió publicado en el número 20 de la revista Velaverde.


Es para celebrar, sin duda. Gracias a los buenos oficios de Renato Sandoval, hemos sido testigos de la segunda edición del Festival Internacional de Poesía, FIP, llamado a ubicarse a la altura de la tradición poética peruana. Durante el siglo pasado, como bien sabemos, nuestra poesía literalmente la rompió en castellano. El hecho de que se haga un festival en estas tierras nos pone en la obligación moral de ofrecer lo mejor de nuestro repertorio actual: si fuéramos un país que no destacara por una férrea tradición poética, como Ecuador, Bolivia, Paraguay, Venezuela (¿algún Vallejo?, ¿algún Eguren?, ¿algún Westphalen?, podríamos optar, con toda la justificación del mundo, por la inclusión y no por la calidad.
Digo esto porque una de las impresiones que me dejó la primera edición del FIP fue que hubo una muy buena escogencia de poetas, locales e internacionales. Por esa razón la primera edición resultó, a todas luces, un éxito. Pudimos ver locales llenos, como sucedió en el ya mítico recital de Hora Zero en el bar Queirolo del Centro de Lima. Y ni hablar de la inauguración, en la cual presenciamos la grandeza de Ledo Ivo y Antonio Cisneros.


Buenas intenciones


Entonces, se deduce que este segundo festival tenía que igualar o superar al predecesor. Lamentablemente, desde un punto de vista literario, resultó para el olvido. Son varios factores los que jugaron en contra, como la nómina de poetas extranjeros, que mostró nombres muy apreciables como Juan Carlos Mestre, Bei Dao (que nunca vino y no se le extrañó), Diana Bellessi, León Félix Batista, Piedad Bonett, entre otros, pero que languidece en comparación a la nómina del año pasado. En este sentido, Sandoval y su equipo –que, dicho sea, son muy buenos lectores de poesía- debieron reforzar la nómina local. Se dice que se prefirió contar con poetas no incluidos el año pasado, a lo mejor para evitar resentimientos y las tan recurrentes maledicencias sobre favoritismos y argollas… Pero esa inclusión terminó jugando una mala pasada al espíritu del festival, porque se debió convocar a los poetas -no a todos, obviamente- que estuvieron el año pasado. La calidad es el parche a las críticas y habladurías. Pero la apuesta por la inclusión fue lo peor que pudo hacerse: hablamos de poesía, no de un tono en el que pretendemos quedar bien con todos.

Los convocados son


Ni bien vi la lista de autores peruanos convocados, sentí que me estaban haciendo una broma de mal gusto. Me pregunto: ¿a quién en su sano juicio se le ocurre convocar a poetas cuya producción no llama la atención de casi  o, en su defecto, que es sobrevalorada, sabiendo que hay otras voces poéticas que son superiores a las de Doris Moromisato, Paolo de Lima, César Toro Montalvo, Raúl Heraud, Alejandro Susti, Nora Alarcón, Luis La Hoz, Reynaldo Naranjo, Eduardo Lores y Edgar Saavedra? Pienso en las propuestas de Rodolfo Ybarra, Christian Briceño, Benggi Bedoya, Laura Rosales, Virginia Benavides y Jorge Giraldo. A excepción de Ybarra, los demás son poetas relativamente nuevos, exhiben una voz propia y debieron tener la oportunidad de darse a conocer. Refuerzo esta opinión luego de escuchar a la ganadora del concurso de versos convocado por la cuenta de Facebook del FIP. En lugar de la ganadora, se pudo contar con otro poeta. Es razonable, entonces, la sospecha de que jugaron factores extraliterarios en la convocatoria de poetas locales. Al parecer, Sandoval y su equipo leyeron personas, no poemas, mucho menos poemarios.

El bello público

En lo personal, quedé satisfecho con la presentación del charanguista Jaime Guardia, a quien aplaudimos tanto que más de un asistente, en lugar de callarnos, celebraba nuestras bienintencionadas payasadas. Por otra parte, creo que es tiempo de cambiar la dinámica de un festival como el que se pretende seguir haciendo. Sería bueno organizar talleres, charlas, conferencias: bien sabemos que la poesía es silencio, pero cuando los poetas hablan y piensan, más de uno puede salir fortalecido e incluso desengañado. Otra impresión que me deja esta fiesta de las letras es que a los limeños les falta, aún, cierta clase de educación: es imposible vivir una fiesta poética sin una motivación extra, más aún cuando en días previos se ha estado releyendo a los padres beats.
Lima puede jactarse de tener un público que sí busca poesía o, mejor dicho, ambiente con aroma a poesía. Es precisamente ese público el que puso la buena onda y mostró fidelidad, sobre todo en la clausura, y se hizo presente no por los poetas extranjeros, menos por los nacionales, sino por ese factor hechizante que genera el azar de la conversa, de la amistad.

El apoyo moral no basta

Se nos viene bombardeando con la figura del progreso. Sin embargo, el desarrollo no es nada si no va de la mano con una apuesta por la cultura. Durante la clausura quedó en evidencia el temor de no volver a tener otra edición del FIP. El “hombre orquesta” Sandoval coqueteaba con esta posibilidad nefasta. Es indiscutible que ha habido apoyo privado y estatal, pero todo indica que ha sido insuficiente. Que Sandoval señale en su discurso de clausura que su amistad con Pedro Pablo Alayza, el hombre de cultura de la Municipalidad de Lima, no va a quebrarse si el próximo año no hay FIP, me pareció patético. Lo dicho por él también se vio reforzado por la intervención del vate dominicano L. Félix Batista antes de su lectura: “Peruanos, no dejen morir este festival”.
Si nos referimos a las artes en la que descansa nuestra tradición cultural, no tardamos en llegar a la conclusión de que la música, el teatro, las artes plásticas y las recientes artes visuales no pueden compararse con lo que la literatura –y, en especial, la poesía- ha hecho por el país. Lo mejor de Perú en materia cultural es, justamente, su poesía.
Estamos a nada de perder la continuidad del FIP. Pero muy poco se puede hacer sin el apoyo del Estado o la voluntad política: un evento como este merece, sí o sí, todas las facilidades. Si esta fiesta de las letras no continúa, sabremos que seguimos siendo un país atrasado, y que no hemos hecho otra cosa que vivir en una aberrante mentira de progreso.

8 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Te faltó nombrar a Marcela Robles y a Giovana Pollarolo en tu lista negra.

3:13 p.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

¿Algún Vallejo? No, de ninguna manera. ¿Algún Eguren? Mmmm, por su singularidad, okey. ¿Algún Westphalen? Claro que sí e incluso superiores; en Venezuela tienes a Ramos Sucre, netamente superior, y pares o superiores como Rafael Cadenas, Eugenio Montejo y no hablemos más.

3:19 p.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Súmale a Luis Alberto Medina también; Edgar Saavedra, Susti, Carlos Estela o Raul Heraud no me parecen tan malos.

5:32 p.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

siempre dando mal aspecto, vas a chupar veneno y a lanzar bates con los vates....

6:20 p.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Anonimo 3:19 pm el blogger, hasta donde se entiende, se refiere a que la tradición poética peruana en conjunto es una de las más altas, sino la más, de la lengua del siglo pasado; y también creo, exento de absurdos chauvinismos, que fue muy rica en poesía. Solo referir que si ahora me pides una lista de los 10 poetas peruanos del siglo pasado probablemente excluya a Westphalen aun cuando lo considero de primerísimo nivel, lo que demuestra el nivel alto de la poesía peruana. acaso eso ocurre en venezuela? mmm de los tres poetas que refieres conozco a Ramos Sucre por el maestro Américo Ferrari y es sin duda un gran poeta y también conozco a Rafael cadenas pero a mi gusto me parece menor que Westphalen. Yo lo situaría basándome, en mi perspectiva de calidad, junto al excelente Luis Hernández. Por cierto, asi como muchos recuerdan en estos días al gran poeta Cisneros tambien recuerden a ese otro gran poeta olvidado Edgar Guzmán Jorquera

1:35 a.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Anónimo 1.35 a. m. Yo no diría que la tradición poética peruana es una de las más altas sino que es la más alta, como previenes, y para ello nos basta a los peruanos con César Vallejo como lícito as en la manga para ganar cualquier partida. Yo me refería a la afirmación puntual “si fuéramos un país que no destacara por una férrea tradición poética, como Ecuador, Bolivia, Paraguay, Venezuela (¿algún Vallejo?, ¿algún Eguren?, ¿algún Westphalen?, podríamos optar, con toda la justificación del mundo, por la inclusión y no por la calidad”, y más puntualmente al no cerrado paréntesis. A propósito, lo de singularidad de Eguren también debe aplicarse a Ramos Sucre. Y que conste que en lo que escribes queda implícito que Westphalen es superior a Luis Hernández lo cual para no pocos, creo, podría ser discutible. No hay problema en que Cadenas te parezca menor que Westphalen, tenemos aún en nuestro país libertad de opinión. Léete, si no lo conoces, “El silencio de las constelaciones ocultas”, antología bilingüe de Lêdo Ivo que puedes descargar gratis de la editorial Monte Ávila (te digo esto para mencionarte una editorial muy importante de Venezuela). Cordial saludo.

11:29 a.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

¿Qué opina de este 8vo Festival Mundial de Poesía en Venezuela?
Los festivales de poesía son muy importantes. Aproximan la poesía al público y a los poetas entre sí. Los poetas se conocen e intercambian ideas. Es una manera de saber cuáles son los nuevos rumbos poéticos.
(Pregunta y respuesta de una entrevista de la Editora Monte Ávila a Lêdo Ivo).

10:35 a.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Me parece cojudísimo que a su edad el crítico Paul Guillén ande emborrachándose con ron de pésima calidad y haciendo espectáculos públicos; tal parece que su calidad de vida no ha cambiado con su estadía en las templadas y acogedoras arenas de El Paso, a 45°a la sombra.

En cuanto a tu conocimiento de poesía, veo que se ha afinado, pero comparar a Ramos Sucre, un decimonónico excepcional en pleno siglo XX, con Eguren, un neosimbolista del futuro, es cruel con nuestro vate.

salud y saludos!!!!!!

4:25 p.m.  

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