domingo, septiembre 15, 2013

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Bajaba canciones al USB. Tengo una buena selección de temas que hacen mi vida un poco más llevadera. Hace un par de días me di cuenta de que en mi lista no tenía nada de los Talking Heads. Entonces, con la idea de bajar cosas de los TH, a lo sumo cinco temas que nunca debo dejar de escuchar, y aprovechando la tarde del sábado, involuntariamente fui bajando canciones de otras bandas y cantautores. Creí que la gracia duraría a lo sumo veinte minutos, pero ya iba por la hora y media. Además hacía mucho calor, un fastidioso calor que solo puede sentirse en Lima y en mi cajetilla sobrevivía el último Pall Mall rojo.
Por un momento barajé la idea de cerrar Selecta e ir un toque al Don Lucho, que abría sus puertas luego de un par de semanas de clausura por cuenta de la SUNAT. Un par de Cusqueñas heladas en horas en las que hay poca gente en el bar, en donde, como en todo bar, siempre cabe la posibilidad de que puedas encontrarte con alguien con quien conversar cosas al vuelo, resultaba pues la mejor de las opciones.
Decido cerrar la librería pero antes reviso mi correo electrónico. Tal y como sucede los fines de semana, mi bandeja luce un agradable vacío, de lo que veo solo ubico tres remitentes recurrentes. Contesto esos tres mails y los restantes los veré en los próximos días. Pero reviso algunos más, y entre ellos hay uno en que me preguntan en dónde se puede conseguir las novelas Llámame Brooklyn de Lago y Stoner de Williams.
Lo pienso bien antes de responder.
Tengo una respuesta para la segunda inquietud, puesto que esa obra maestra ya ha pasado por algunas librerías, pero no es para traumarse, ni caer presa de la ansiedad, porque se trata de un título ubicable, aunque yo lo tuve que comprar en Metales pesados de Santiago, el año pasado. Sin embargo, con Llámame Brooklyn siento que me rompen la médula espinal. Y pienso que fue un error haber escrito una vez más sobre esa novela, que por donde se la mire es notable, y su calidad no es precisamente lo que me rompe la médula, sino el contexto en que la leí. Entonces guardo en Borrador la respuesta. No puedo responder con la guardia baja, debo sentirme más eufórico, más irracional.
Cierro Selecta y me voy al Don Lucho. Más que una Cusqueña helada es lo que necesito para responder ese mail.

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