jueves, septiembre 19, 2013

El Cyborg


Voy camino a la librería. Hace un poco de frío. Llevo conmigo, al igual que todos los días, un termo con café. Es que sin café no funciono, soy absolutamente nada.
Al llegar al cruce de Quilca con Camaná, se me antoja un café en el Don Lucho. Podría ser en el Queirolo, claro, mas prefiero ocupar una mesa de cara a la calle.
Pido un café.
Abro el libro que estoy leyendo, uno de entrevistas a uno de los escritores que más estoy leyendo y releyendo últimamente. A lo mucho podría avanzar diez páginas, pienso, y en esas me pongo, mientras espero sin esperar el café.
Me sirven el café, caliente y humeante, y recuerdo la escena entre Steve Coogan y Alfred Molina en Coffee and Cigarettes de Jarmusch. Sigo leyendo y me gusta lo que leo, me gusta el discurso, pero me arrepiento de no haber apagado el cel. Algo me decía que lo hiciera y esto es lo que me ocurre cuando no le hago caso a esa voz, mi voz de alerta.
Contesto la llamada.
Es mi pata El Cyborg.
Me pregunta si ya abrí la librería. Le digo que todavía puesto que estoy tomando un café en el Don Lucho. La abriré en no más de veinte minutos, a las once. Percibo la voz del Cyborg algo pastosa, el tono contenido y a la vez anhelante. Quiere decirme algo pero no se atreve. Y pienso que lo mejor sería preguntarle de una vez qué es lo que desea. No hay vuelta atrás, su llamada quebró el ritmo de mi lectura y no quiero que se me enfríe el café. Pero El Cyborg, como si me leyera el pensamiento, se adelanta y me pregunta si le puedo hacer un descuento en la poesía completa de Sylvia Plath que vio ayer.
Le digo que no hay problema. El Cyborg me da las gracias con el aliento de los que se han salvado de un ahogamiento en el mar.
Se supone que tengo que seguir en lo que estaba haciendo: leyendo y tomando café. Pero no. Personas como El Cyborg me reconcilian con la vida, me hacen creer en que nada está perdido. La falta de oportunidades no es excusa para no educarte, no leer, para no formarte por tu cuenta. Este pata tiene el alma sensible del artista y lee todo lo que puede. Es poeta y conocedor de música electrónica. Prácticamente le dedica más del 80 % de su sueldo a la compra de libros y música, un sueldo que seguramente otros lo dilapidarían en cualquier cosa menos en poemarios, novelas y discos, más aún cuando ese sueldo proviene de caminar todos los días por Wilson y Petit Thouars, volanteando y promocionando un puto instituto de gastronomía.
Para que veas. Aprende, bestia.

1 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

¿es factible autoeducarse leyendo cuanto libro se pueda? ¿será suficiente con solo eso? Esas siempre han sido las preguntas que no he podido contestar, pues al parecer aquí es necesario un doctorado para ser reconocido. aunque esa no es mi lucha, ni mucho menos mi anhelo. Igual me gustó esta entrada.

10:08 a.m.  

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