miércoles, julio 31, 2013


Lo de siempre



En la revista Asia Sur aparece una suerte de especial sobre escritores peruanos menores de cuarenta años.
Ya lo había visto, pero lo había dejado pasar, no porque no me importara, sino porque no tenía el tiempo necesario para reflexionar sobre ello.
¿Hay algo malo que me fastidie del especial de César Ochoa? En realidad, nada. Nada si lo veo desde la distancia. No tendría que ponerme de mal humor. Con casi todos los narradores de la nota me llevo extraordinariamente bien, bien en lo que suele ser la hipocresía diplomática, tan necesaria en un circuito literario como este, excesivamente marcado por el egocentrismo. Además, en ninguna parte se dice, felizmente, que los diez autores convocados sean los más representativos de la ex nueva camada de narradores peruanos.
Pero viendo el asunto de cerca, y no tan cerca, llega/aturde que aparezcan los nombres de siempre. Impera una vez más la Otra Literatura. Esa Otra Literatura de la que llevo hablando más de mil veces en este blog. La literatura de las relaciones, del reprochable amiguismo.
Aunque claro, si fuera la calidad literaria el hilo conductor de la escogencia de Ochoa, así estén los mismos de toda la vida, este post no tendría la más mínima razón de ser.
No se elige a los de siempre porque “esto es lo que hay”. Ocurre que no se sabe o no se quiere buscar. Y los que con frecuencia aparecen escriben bien, no digo lo contrario, pero hay otros autores con propuestas mucho más sólidas. Estos zafarranchos suelen hacerse de la siguiente manera: incluyes a los que sí o sí deben estar y a partir de allí empieza el juego del a quién pongo, el vesánico googleo de nombres.
Quien diga que la narrativa peruana reciente atraviesa su mejor momento, o en todo caso uno expectante, miente. Y especiales como este cumplen con reforzar aún más esta cuasi certeza. Menos aún pido que se llame a un grupo de críticos literarios de oficio, porque, intuyendo cómo piensan, indefectiblemente nadie leería ese especial.
Es solo cuestión de criterio, solo eso, y un poco de honestidad y así reforzar lo que una revista como Asia Sur quiere proyectar.
“A ver, G, ¿a quiénes hubieras llamado tú? Ojo: tienen que ser autores fotografiables. No olvides que va para Asia Sur”, me preguntará algún ocasional del blog.
Abro mi cuaderno Loro y apunto nombres (sin orden de preferencia):
-        Jeremías Gamboa
-        Carlos Yushimito
-        Jerónimo Pimentel
-        Luis Hernán Castañeda
-        Claudia Ulloa Donoso
-        Julie de Trazegnies
-        Jennifer Thorndike
-        Juan Manuel Robles
-        Pedro Llosa
-        Francisco Ángeles.

En esta lista al vuelo es patente una solapada argolla, argolla a fin de cuentas. Pero ante todo se impone calidad literaria. 

martes, julio 30, 2013

LG 5




Termino de leer el quinto número de la revista cultural Lima Gris. Sin duda, esta entrega es la que marcar un antes y un después en el proyecto capitaneado por el periodista Edwin Cavello Limas. LG 5 se lee con mucho placer y desde el saque recomiendo su lectura.
Esta revista viene circulando desde hace un buen tiempo. Las ediciones anteriores eran de por sí interesantes, pero a estas les faltaba “algo”, una suerte de peso en la administración de los contenidos. A lo mejor, sabedor de esta situación, ECL entró en cura de silencio para replantear sus criterios. En fin, con o sin cura de silencio, los buenos resultados ahora saltan a la vista.
De lo que llamó mi atención: la muy buena entrevista de Orlando Mazeyra al argentino Martín Kohan. El acercamiento de Alexis Iparraguirre a la obra del mexicano Yuri Herrera. El reportaje de ECL sobre el continuo atentado que viene realizándose, durante años, contra nuestro patrimonio cultural en Lambayeque; consignemos también la entrevista de Luis Chávez al ministro de cultura Luis Peirano, de igual manera la de Helen Hesse a Freddy Ortiz de Uchpa. Imposible obviar la conversa entre el fotógrafo Herman Schwarz y César Alberto Sánchez, en la que el reconocido fotógrafo se baja muchos mitos y leyendas, que a más de uno le dolerá para bien y está muy bien que duela (en lo personal me cuesta entender cómo es que gente de prensa que teniendo cámaras tan caras hagan fotografías tan horrorosas). Mención especial a José Rosas Ribeyro, que nos brinda una suculenta radiografía del músico Sixto Rodríguez, a razón de Searching for Sugar Man, imprescindible documental que recién he podido ver en la mañana de hoy.
Como involuntario lector de LG, siempre he reconocido el nivel que le prodigaba el poeta/narrador/activista/comandante Rodolfo Ybarra. Puedo haber estado o no de acuerdo con él, pero siempre he reconocido su valentía para decir las cosas, su consecuencia. Esta vez Ybarra tuvo entre manos un personaje, por decir lo mínimo, fantástico: el poeta/librero Ángel Izquierdo Duclós. Tarde o temprano Angelito figurará entre los mejores perfiles que se puedan escribir sobre los hombres y mujeres dedicados a la cultura en Perú. Intuía que en algún momento Ybarra haría uno de esos perfiles. En realidad, ni bien abrí la revista, lo primero que hice fue irme a esas páginas sobre AID. Pero el texto se cae a  pedazos desde las líneas iniciales. “¿Qué mierda estás haciendo, Comandante?”, me preguntaba. El asunto lo tengo muy claro: el personaje del texto tuvo que ser Angelito, no la prosa de Ybarra.
De un tiempo a esta parte, están apareciendo muchas revistas culturales. Cada una de ellas tiene su política de comportamiento. Y dentro de esta política, Lima Gris es quizá la que más cosas pone en juego. No sé si ECL pretenda ser el nuevo Jann Wenner del periodismo. Pero si el afán de denuncia es la política de su revista, no tengo más que felicitarlo y también a todas las personas que hicieron posible esta quinta entrega, que con los naturales altibajos, les salió redonda.

domingo, julio 28, 2013


sábado, julio 27, 2013


viernes, julio 26, 2013

Tragedia y verdad


Publicado en La otra esquina de Colombia


Lo mejor sería empezar con una definición de El desierto y su semilla (451, 2007), la ya mítica ¿novela? del narrador argentino Jorge Baron Biza (1942 – 2001): una patada en la boca del estómago y otra, de punta, en medio de las cejas. La lees y es bien difícil que sigas siendo la misma persona, te preguntas en más de una ocasión si en realidad cabe tanta tragedia en una sola vida.
Se supone que El desierto y su semilla es una obra de ficción; lo es, tanto en teoría y  hechura, pero tampoco habría que caer en las meras taxonomías, porque el telón de fondo queda supeditado a la negrura personal de su autor (hay que hermanarlo con Horacio Quiroga). Hasta podría interpretarse como un testamento de alguien que ya no pudo más con el peso de haber quedado signado por la desfiguración de su madre por cuenta de Raúl, su esposo y padre de Jorge, que en una entrevista con sus abogados, en la que verían los pasos a seguir en el proceso de divorcio, no dudo en arrojarle ácido. Suceso real que motiva el inicio de la ¿novela?, con una descripción aplastante del trayecto al hospital que Jorge realiza con su agraviada madre.
Sería una ¿novela? más si solo tratará de los muchos intentos que se hicieron en pos de la reconstrucción del rostro de Clotilde, de las esperanzas que le vaticinaban los médicos, sin lograr, en absoluto, resultado alguno. La esperanza entonces deviene en una decepción que degrada a su protagonista narrador, y de esta manera la ¿novela? deja de ser un mero ajuste de cuentas con el pasado para convertirse en un duro intento por descender a los vericuetos del alma humana, a lo escondido y sucio, a los cuestionamientos sobre si valía la pena o no una empresa que desde el principio se pintaba de imposible. Por otro lado, se nos relata, abordando la figura del progenitor, la historia no oficial de los acontecimientos políticos e históricos de la Argentina del siglo XX. Este contrapunto es todo un cartucho de dinamita encendido, bien llevado por una mano diestra que sabe administrar la información, no por nada Baron Biza fue un destacado periodista, sabía, por lo tanto, cómo contar y en qué momento subir la tensión. Y lo que es curioso, en sus páginas son patentes los halos de humor y parodia, sea a través del lenguaje, los diálogos y determinadas descripciones, que en manos menos duchas habrían frivolizado el curso de este supuesto discurso ficticio. 
Baron Biza se suicidó cuando su libro empezaba a recibir buenas críticas y la atención de los lectores. El desierto y su sumilla tuvo un largo camino para su reconocimiento, no fue nada fácil, no pocos leían la ¿novela? como si fuera un testimonio, una crónica, y esto al autor no le gustaba nada, porque siempre hizo todo lo posible por ser un escritor de ficción, pero vemos que las intenciones de los hacedores no siempre van acorde con la obra como tal, siendo este uno de los casos en donde el texto es muy superior a su génesis. Leerlo como novela, da igual. Leerlo como hecho real, también. Reseñarla como novela, respetando el juego de disfraces de la ficción, no tiene sentido alguno, sobre todo cuando se trata de una de las más grandes obras de la narrativa contemporánea en castellano. Aquí, el género literario es lo que menos debe importar. 

jueves, julio 25, 2013


miércoles, julio 24, 2013

Defendiendo lo indefendible


Leía un librazo, Retromanía de Simon Reynolds.
Pero interrumpí la lectura puesto que llegó a mis manos el número 21 de la revista Velaverde.
En esta edición, el descargo de Renato Sandoval a mi artículo publicado la semana pasada en el semanario, en donde dejé por sentado mi punto de vista personal de lo que fue el pasado Festival Internacional de Poesía.
Pero antes de refutar ciertos puntos del artífice del FIP, debo decir que en el ambiente literario peruano hace falta discrepancia, erradicar ese maldito temor de quedar mal por decir lo que se piensa. En este sentido, mi opinión es única, tanto en público como en privado. Digo lo que quiero/pienso y escucho lo que no quiero escuchar. Prefiero ser cabeza de ratón que cola de león.
Ahora, no me interesa que el presente descargo al descargo se publique en Velaverde. Con este blog es más que suficiente.
Por un asunto de tiempo, no puedo consignar palabra por palabra lo que dice Sandoval. Pero en el corte que aplico, respeto su idea central.

Sandoval dice:

1.
“El principal objetivo del festival es llevar la poesía a la gente, al público, no a los poetas. No es una vitrina de poetas para que estos se paseen y todo el mundo los alabe, sino para que la gente que no ha tenido acceso a la poesía por una serie de razones, pero que tiene interés en ella, pueda tener esa posibilidad… El festival de poesía no es para los poetas”.
Líneas anteriores a esta frase, el gestor del FIP habla de los objetivos de un festival de poesía, como la representatividad de los distintos sectores que hacen poesía en Perú. Hasta allí, estamos bien. Pero añade: “Eso no necesariamente tiene que ver con la calidad literaria o artística de cada quien”. Pues bien, sorprende que Sandoval diga esto después del festival. Si fuera malpensado diría que está llevando adelante una patraña, una treta, algo que me resisto a pensar de alguien tan decente como él, pero también sé que las personas decentes, en contadas ocasiones, no son libres de vivezas, en este caso para justificar lo injustificable, porque si el festival anterior fue un éxito se debió a la calidad de poetas locales e internacionales invitados. A menos que Sandoval sufra de amnesia, o lo que es peor, una amnesia selectiva, que no le permita ver lo que realmente ocurrió en la inauguración en el Parque de la Exposición: un fracaso total en cuanto a asistencia de público (al respecto, en mi artículo sale una foto en cuya leyenda se consigna un lleno total en la inauguración y ese dato no estuvo jamás en lo que mandé a VV). Si la calidad literaria no fue lo que interesó, allí están las consecuencias. Y en lo personal, esperaba que Sandoval nos explicara la razón de la ausencia de Bei Dao, anunciado con bombos y platillos.

2.
“Lo segundo, es el actual nivel de la poesía peruana, que no necesariamente es tan buena como se cree. Cuando se habla de la selección no es porque yo escoja, sino porque eso es lo que hay. Se reclamaba que se repita gente del año pasado: definitivamente, la idea era no repetir, en principio para evitar argollas, pero también para explorar un poco qué tenemos.”
Si esto lo dijera una persona que no sea Sandoval, pensaría que estoy ante todo un irresponsable, un pésimo lector, un ducho en la lectura de personas, un solapado argollero. Pero no, lamentablemente lo dice el mismo Renato Sandoval.
Es cierto que la poesía peruana contemporánea no atraviesa su mejor momento. Ha quedado en evidencia, una vez más, la enorme distancia cualitativa entre el equipo A y el equipo B de nuestro circuito poético. Con tantos años de trayectoria, Sandoval sabe que el mejor parche a las habladurías es precisamente la apuesta por la calidad. Solo bastaba con armar bien a los poetas que fueron invitados (tampoco pido que se volviera a invitar a todos), como pedirles que no lean los mismos textos. Y claro, el artífice y su equipo debieron “trabajar” más en la escogencia, hurgar, buscar, leer, preguntar. Y entre los nuevos invitados locales, sí hubo muy buenos aciertos, como el haber convocado a José Pancorvo, Óscar Limache y Víctor Coral.

3.
“Básicamente solo habla de los poetas peruanos. (G R O) no sabe absolutamente nada de los extranjeros que vinieron. Algunos son de primerísima línea… Hasta cierto punto ha sido mejor, entre comillas, que el del año pasado”
En realidad, esto es un golpe en el alma. Si algo creía que sabía de poesía no peruana, se lo debía en cierta medida a las traducciones de poetas extranjeros que hacía el autor de Nostos. A buena hora me desengañé, pero no me traumo, me gusta leer y aprender.
 En mi artículo señalo la importancia de haber tenido entre nosotros a Juan Carlos Mestre, Diana Bellesi, Piedad Bonet y otros. Sin embargo, esta nómina (cantidad) languidece a la del año pasado. Sin exagerar, en la primera edición del FIP tuvimos cerca de quince poetas extranjeros de primer nivel. A más de uno no los conocíamos (no los habíamos leído) y gracias al poder de la poesía, ese poder que te permite detectar y valorar si hay o no una voz a tomar en cuenta; ese poder, que en mi punto de vista, solo se dio a cuenta gotas en este segundo festival.
Sandoval nunca lo va a decir, pero lo diré yo: este FIP fue víctima de una absoluta mezquindad por parte de los medios llamados a contribuir en la promoción, estos no se portaron como se esperaba, a las justas ridículas notas de un cuarto de página, media página, que no eran más que risibles saludos a la bandera. Si a esto sumamos la ingenuidad del artífice al declarar, por ejemplo, que recibía amenazas de muerte por cuenta de poetas peruanos que no habían sido invitados, como que muy poco se podía esperar de este sarao literario. Las contadas plataformas de difusión que tuvo Sandoval las desaprovechó en idioteces como esta, o sea, ¿vas a ser tan ingenuo como para darle crédito a la amenaza de un poeta no invitado, cuando es harto sabido que las cóleras las amainan ya sea en el Pisseli o en el Don Lucho?

4.
“Hubo intervenciones en el Metropolitano, el ciclopaseo poético por la Av. Arequipa. Pensar solo en recitales y talleres es una visión absolutamente limitada y convencional. También hubo videos que implicaban reconocer esa tradición de poetas muertos.”
Líneas antes Sandoval dice que está la revista Fornix y que en esta misma publicación saldrá un especial sobre Brasil. Bien ahí.
Pero lo que me extraña es que presente las intervenciones como si fueran una novedad, algo nunca antes visto, y por lo que se vio en los días del FIP, lo mejor hubiera sido quedarse callado. De lo que fuimos testigos no es más que fruto de una vida asumida desde la ventana, desde la pantalla de una PC. Si Sandoval pretende que se hagan intervenciones, de esas que sí llamen al peatón de turno, debería salir un poco y conocer un poco las aceras. Entre nosotros sí hay, y no desde hace poco, colectivos artísticos expertos en esta especie de actos/intervenciones.
Líneas después Sandoval dice que un festival no es solo lecturas, es también toda una propuesta comunicacional. Pues bien, esta propuesta comunicacional solo quedó en teoría. Y el artífice lo sabe bien, porque hubiese sido ideal, en lo que sería un acto de sana autocrítica, que refiera también al por qué de los vacíos en casi todos los puntos de lecturas o a la endeble logística que quedó en evidencia en el cambio de última hora de una lectura programada en el Hotel Bolívar. Entonces, viendo lo que pasó, y no solo él, me fastidia que diga que los talleres, las conferencias y los talleres obedezcan a una visión limitada y convencional. O sea, especulo, al “hombre orquesta” le parece muy bonito que muchos poetas vengan desde tan lejos para leer solo dos minutos. ¿Te llamo, vienes, lees y chau? A mí, y no creo que solo a mí, me hubiese gustado presenciar una charla de Diana Bellesi, saber de los motores de su poética, no verla ante un auditorio casi vacío. Las charlas, talleres y conferencias no son el problema, pedir por su realización no es una visión limitada. Lo limitado es no tener ni la más mínima idea de cómo dinamizarlos.
Lo que sí lamento es no haber escrito sobre el excelente documental sobre César Calvo y el interesante homenaje a Antonio Cisneros. Ya habrá oportunidad.

No me interesa entrar en un cruce de opiniones con Renato Sandoval. Con este post pongo punto final a lo que tengo que decir sobre el FIP. Sé que el fracaso del segundo FIP debe alegrar a más de uno, de esos que no faltan, que también quieren hacer un festival de esta magnitud y que por una serie de razones no pueden. En este sentido, yo tengo el asunto muy claro: pese a los reparos señalados, el FIP debe seguir siendo capitaneado por Sandoval. Y no porque no haya otro, sino porque él es el más idóneo. 

domingo, julio 21, 2013

"Un hombre que duerme" - Perec/Vigo


sábado, julio 20, 2013

La voz afónica de los ochenta


Publicado en Buensalvaje 6.



Quizá la narrativa de la década del ochenta sea una de las más descuidadas de la historia de la literatura peruana. Uno revisa los diarios y revistas de esos años y de inmediato llega a la conclusión de que la atención estaba puesta en la producción poética, al punto que pudiera pensarse en la poesía como el único canal de transmisión, entre sus sujetos artísticos, de sensaciones y emociones ante la avalancha de desconcierto y desarraigo que fueron la marca de agua de aquel contexto incierto y violento. Había necesidad de gritar, sin duda, y la poesía y las canciones subte servían para amainar toda la furia contenida de esa generación que vivía bajo el sonido de las explosiones de cochebombas y el fuego cruzado. 
De los poetas peruanos que se dieron a conocer en los ochenta se viene escribiendo mucho, hasta más de la cuenta. Sobre la narrativa de aquella década existen muy pocos documentos que nos permitan acceder a un mosaico de lo que se hizo. De ese minúsculo universo, tenemos al menos dos antologías muy importantes: En el camino de Guillermo Niño de Guzmán y El cuento peruano 1980 – 1989 de Ricardo González Vigil. En este sentido, el ensayo Subjetividades amenazadas de Carlos Yushimito es, bajo todo punto de vista, una invitación a conocer y redescubrir la narrativa de esa generación perdida. 
Una invitación como esta no pudo ser más ideal. A lo mejor ayude en su difusión el justo y súbito prestigio de Yushimito, un “Granta Boy”, a quien, aparte de reconocerle su toque mágico para la prosa --cuyo estilo nos recuerda a un Juan Carlos Onetti, pero con afecto--, le conocemos sesudos ensayos y artículos publicados principalmente en la bitácora El hablador
El presente trabajo muy bien podría marcar un antes y un después en los discursos críticos sobre los años de la violencia política y su representación en la literatura. Es hora pues de los acercamientos desideologizados y de la valoración de la literatura por la literatura, sin denostar, obviamente, el respiro político e ideológico que bien pudieron inspirar a sus autores, puesto que todo discurso de ficción, todo discurso poético, encierra una postura o una visión política de la vida… pero esta nunca debe ser determinante al momento de la valoración literaria. Por ello, y pese a su brevedad, lo que se lee aquí exuda frescura argumentativa y una mirada complaciente para con los relatos de los autores en los que cimenta su trabajo. Lo que hace Yushimito es llevar a buen puerto lo que Octavio Paz llamaba “Rigor generoso”, el cual se justifica en los textos literarios que nos gustan, enseñan y quedan en nosotros como una fuerza radiactiva.  
No es casual que el autor subtitule su ensayo como “Una relectura de la crisis social”. Es decir, nos entrega en bandeja otra característica de la narrativa ochentera, ahora pautada por los tópicos de la evasión y el exilio interiores, que generó una exploración intimista en la voz de yo, por la que se accedió a un fresco distinto de la convulsionada realidad social fragmentada por el horror. Yushimito encausa y refuerza su exposición en tres relatos, muy bien elegidos por cierto: “La venganza de Gerd” de Alonso Cueto, “Caballos de medianoche” de Guillermo Niño de Guzmán y “El secreto de Marion” de Jorge Valenzuela. 
Pues bien, echemos una mirada a los autores elegidos. Esta escogencia muy bien pudo ser guiada por una estrategia comercial, o lo que es peor, seguir los cauces de las afinidades políticas, pero no. No fue así. Yushimito apuesta, como tiene que ser, por un criterio eminentemente literario y ello se corrobora con Cueto y Valenzuela. Esta honestidad intelectual le ayuda a recrearnos toda una época gracias a su narrativa que se hizo fuerte en la mirada del individuo, una narrativa sobreviviente que merece una lectura más atenta, a la que debemos dejar de observar como si fuera un hiato, un descuido, una tarea para hacer después.

viernes, julio 19, 2013

Lang/Godard


jueves, julio 18, 2013


miércoles, julio 17, 2013


martes, julio 16, 2013

Poesía en peligro


El siguiente texto salió publicado en el número 20 de la revista Velaverde.


Es para celebrar, sin duda. Gracias a los buenos oficios de Renato Sandoval, hemos sido testigos de la segunda edición del Festival Internacional de Poesía, FIP, llamado a ubicarse a la altura de la tradición poética peruana. Durante el siglo pasado, como bien sabemos, nuestra poesía literalmente la rompió en castellano. El hecho de que se haga un festival en estas tierras nos pone en la obligación moral de ofrecer lo mejor de nuestro repertorio actual: si fuéramos un país que no destacara por una férrea tradición poética, como Ecuador, Bolivia, Paraguay, Venezuela (¿algún Vallejo?, ¿algún Eguren?, ¿algún Westphalen?, podríamos optar, con toda la justificación del mundo, por la inclusión y no por la calidad.
Digo esto porque una de las impresiones que me dejó la primera edición del FIP fue que hubo una muy buena escogencia de poetas, locales e internacionales. Por esa razón la primera edición resultó, a todas luces, un éxito. Pudimos ver locales llenos, como sucedió en el ya mítico recital de Hora Zero en el bar Queirolo del Centro de Lima. Y ni hablar de la inauguración, en la cual presenciamos la grandeza de Ledo Ivo y Antonio Cisneros.


Buenas intenciones


Entonces, se deduce que este segundo festival tenía que igualar o superar al predecesor. Lamentablemente, desde un punto de vista literario, resultó para el olvido. Son varios factores los que jugaron en contra, como la nómina de poetas extranjeros, que mostró nombres muy apreciables como Juan Carlos Mestre, Bei Dao (que nunca vino y no se le extrañó), Diana Bellessi, León Félix Batista, Piedad Bonett, entre otros, pero que languidece en comparación a la nómina del año pasado. En este sentido, Sandoval y su equipo –que, dicho sea, son muy buenos lectores de poesía- debieron reforzar la nómina local. Se dice que se prefirió contar con poetas no incluidos el año pasado, a lo mejor para evitar resentimientos y las tan recurrentes maledicencias sobre favoritismos y argollas… Pero esa inclusión terminó jugando una mala pasada al espíritu del festival, porque se debió convocar a los poetas -no a todos, obviamente- que estuvieron el año pasado. La calidad es el parche a las críticas y habladurías. Pero la apuesta por la inclusión fue lo peor que pudo hacerse: hablamos de poesía, no de un tono en el que pretendemos quedar bien con todos.

Los convocados son


Ni bien vi la lista de autores peruanos convocados, sentí que me estaban haciendo una broma de mal gusto. Me pregunto: ¿a quién en su sano juicio se le ocurre convocar a poetas cuya producción no llama la atención de casi  o, en su defecto, que es sobrevalorada, sabiendo que hay otras voces poéticas que son superiores a las de Doris Moromisato, Paolo de Lima, César Toro Montalvo, Raúl Heraud, Alejandro Susti, Nora Alarcón, Luis La Hoz, Reynaldo Naranjo, Eduardo Lores y Edgar Saavedra? Pienso en las propuestas de Rodolfo Ybarra, Christian Briceño, Benggi Bedoya, Laura Rosales, Virginia Benavides y Jorge Giraldo. A excepción de Ybarra, los demás son poetas relativamente nuevos, exhiben una voz propia y debieron tener la oportunidad de darse a conocer. Refuerzo esta opinión luego de escuchar a la ganadora del concurso de versos convocado por la cuenta de Facebook del FIP. En lugar de la ganadora, se pudo contar con otro poeta. Es razonable, entonces, la sospecha de que jugaron factores extraliterarios en la convocatoria de poetas locales. Al parecer, Sandoval y su equipo leyeron personas, no poemas, mucho menos poemarios.

El bello público

En lo personal, quedé satisfecho con la presentación del charanguista Jaime Guardia, a quien aplaudimos tanto que más de un asistente, en lugar de callarnos, celebraba nuestras bienintencionadas payasadas. Por otra parte, creo que es tiempo de cambiar la dinámica de un festival como el que se pretende seguir haciendo. Sería bueno organizar talleres, charlas, conferencias: bien sabemos que la poesía es silencio, pero cuando los poetas hablan y piensan, más de uno puede salir fortalecido e incluso desengañado. Otra impresión que me deja esta fiesta de las letras es que a los limeños les falta, aún, cierta clase de educación: es imposible vivir una fiesta poética sin una motivación extra, más aún cuando en días previos se ha estado releyendo a los padres beats.
Lima puede jactarse de tener un público que sí busca poesía o, mejor dicho, ambiente con aroma a poesía. Es precisamente ese público el que puso la buena onda y mostró fidelidad, sobre todo en la clausura, y se hizo presente no por los poetas extranjeros, menos por los nacionales, sino por ese factor hechizante que genera el azar de la conversa, de la amistad.

El apoyo moral no basta

Se nos viene bombardeando con la figura del progreso. Sin embargo, el desarrollo no es nada si no va de la mano con una apuesta por la cultura. Durante la clausura quedó en evidencia el temor de no volver a tener otra edición del FIP. El “hombre orquesta” Sandoval coqueteaba con esta posibilidad nefasta. Es indiscutible que ha habido apoyo privado y estatal, pero todo indica que ha sido insuficiente. Que Sandoval señale en su discurso de clausura que su amistad con Pedro Pablo Alayza, el hombre de cultura de la Municipalidad de Lima, no va a quebrarse si el próximo año no hay FIP, me pareció patético. Lo dicho por él también se vio reforzado por la intervención del vate dominicano L. Félix Batista antes de su lectura: “Peruanos, no dejen morir este festival”.
Si nos referimos a las artes en la que descansa nuestra tradición cultural, no tardamos en llegar a la conclusión de que la música, el teatro, las artes plásticas y las recientes artes visuales no pueden compararse con lo que la literatura –y, en especial, la poesía- ha hecho por el país. Lo mejor de Perú en materia cultural es, justamente, su poesía.
Estamos a nada de perder la continuidad del FIP. Pero muy poco se puede hacer sin el apoyo del Estado o la voluntad política: un evento como este merece, sí o sí, todas las facilidades. Si esta fiesta de las letras no continúa, sabremos que seguimos siendo un país atrasado, y que no hemos hecho otra cosa que vivir en una aberrante mentira de progreso.

sábado, julio 13, 2013


jueves, julio 11, 2013


viernes, julio 05, 2013

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jueves, julio 04, 2013

Poesía para el invierno / Lustra







“No, no es que haya abandonado el blog.”

Más o menos, esto fue lo que le contesté a un lector de lfdls.

Ocurre, si es que a alguien le pueda importar si posteo o no con regularidad, lo siguiente: me encuentro preparando algunos textos que me están absorbiendo más de lo que pensaba, pero no me quejo, me gusta de lo que estoy escribiendo. Al respecto, adelanto que un par de los mismos serán verdaderos cartuchos de dinamita encendidos.

Para aplacar el frío de este tramposo invierno, me encuentro con la POESÍA (en mayúscula), de esa capaz de calentarte el alma y mejorarte como ser humano, a menos durante las noches, que ahora viene por medio de la serie Río Babel del sello Lustra Editores de Víctor Ruiz Velazco (vrv en adelante).

Gracias a los buenos oficios de vrv podemos acceder a las tres últimas entregas de la serie, que si uno las mira de lejos, podría pensar que no estamos en Perú, sino en otro país en donde se valora la poesía perdurable en la práctica, o sea, editándola. Poesía perdurable que forma tradición personal, capaz de afianzar convicciones y sensibilidades.

Qué lujo, la verdad: El yelmo verde y otros poemas de W. B. Yeats; Poesía escogida de Robert Browning y Lustra de Ezra Pound.

Sin exagerar, aunque parezca, con esta serie vrv se posiciona como uno de los principales editores de poesía en castellano, o en su defecto, ese es su destino. Son pocos los que han podido armar un catálogo como el que ha hecho este aún joven editor, catálogo que podría parecer irregular, que en cierto sentido lo es, puesto que para que Lustra sea lo que es hoy en día, ha tenido que pagar muy cara sus derrotas, tal el caso de la colección Piedra Sangre y una seguidilla de apuestas por jóvenes y trajinadas voces que a las justas rozaban la medianía.

Lustra se ha definido como un sello para los grandes poetas, para los inimputables de la Tradición. Es decir, se reserva el derecho de admisión. Claro, a lo mejor algún mezquino dirá que editar a los referentes muertitos es llevársela fácil, que lo difícil es editar a los nuevos, porque descubrir es lo que debe hacer un editor/lector. No pues, vrv ha demostrado que es un editor/lector, no un editor/impresor/oportunista. Ver su catálogo me es más que suficiente para dar crédito de su gran acervo de lecturas, su buen juicio a la hora de elegir a los genuinos inimputables. Pero ese mismo catálogo es también la radiografía de su talón de Aquiles: su involuntario amiguismo.

El vrv amigo involuntario no es el que nos tiene que interesar. Nos tiene que interesar el editor/lector, el que lo va a sobrevivir. Editor/lector que aún tiene no poco que ofrecer para el beneplácito de los que fagocitamos poesía.

Hace quince días me preguntaron por los cinco mejores poemarios que había leído en estos dos últimos años. Respondí al vuelo, sin pensar ni recordar, como tiene que ser, porque así las respuestas te salen de la verdad emocional. En la respuesta me di cuenta, minutos después, de que tres eran de Lustra. Aquí van: Tromba de agosto de Pimentel, Movimiento perpetuo de Óscar Hahn y la reedición de Contra Natura de Rodolfo Hinostroza.

Pues bien, no he estado bajo los parámetros de algún efecto psicotrópico, pero mientras leía a Yeats, Pound y Browning, cerraba de tanto los ejemplares y miraba sus portadas, apreciaba el buen gusto del diseño y la diagramación; repasaba los iluminadores textos introductorios, la calidad del material. Aguanta, aguanta, me decía, no estoy ante un libro de Visor, Hiperión, Cátedra. No. Estoy leyendo un libro de Lustra.
 

martes, julio 02, 2013

"La ciudad y los perros" (F. Lombardi, 1985)