lunes, febrero 17, 2014

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Suelo levantarme temprano todos los lunes, sin embargo, hoy fue la excepción. Sentía toda la pesadez del mundo en mi cuerpo. Literalmente, no quería levantarme ni despertarme, pero algunas llamadas hicieron que abandonara la cama con las pocas fuerzas que aún me quedaban.
Antes de ir a Selecta, debía ir al centro de Lima, al mismo centro del movimiento, dentro de las manzanas que conforman ese gigante triángulo de concreto capitaneado por la Av. Abancay. Caminar por allí no me significa ningún problema, el problema era pues el calor, calor que me calcinaba la piel en hora punta, sin contar el aire contaminado.
Caminaba despacio, como si nada me importara. En mi mente, un solo objetivo: un potente matapolillas, puesto que las polillas amenazan con traernos problemas en la librería. A pesar de ver muchos negocios, no encontraba el bendito matapolillas. Cuando preguntaba por una referencia, los comerciantes me mandaban a cuadras muy distintas, como si quisieran deshacerse de mí porque no les iba a comprar.
Decidí no preguntarle a nadie y encontrar alguna tienda o galería especializada en desinfectantes. Compré una botella de agua mineral sin gas, la cuarta del día, y prendí un pucho al amparo de la sombra que me salvaba del infierno.
Otro día vendré y compraré con calma y en otra hora el matapolillas, pensé. 
Entonces recibo la llamada de Richard, un pata que trabaja en periodismo económico en uno de los diarios del Grupo El Comercio. Me pregunta si ya leí la última novela de Zambra y le digo que no, y que, de paso, no estaba del todo seguro de que la novela hubiera llegado al Perú. Para que me escuche, debía levantar la voz, el bullicio de la calle se imponía.
“Hey, G, ¿por dónde andas?”
Le respondí que estaba por Cusco, Andahuaylas, en fin, por allí, quizá cerca del Barrio Chino.
“¿El Barrio Chino? Hey, G, justo acabo de terminar una comisión con unos empresarios cerveceros aquí en Capón. Vente que me han dejado unas cervezas heladas que son otra cosa. Habla, es mi hora de almuerzo y tengo una hora libre”.
No se diga más. A la mierda el matapolillas. A la mierda el calor.

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