jueves, febrero 13, 2014

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Toda generación tiene su narrador secreto. Muchas veces permanecer en el secretismo no es una opción, es el destino, destino que los lectores no tienen que abrigar como tal, sino rescatar al autor secreto y hacerlo más visible en el circuito y de esta manera valorar lo que importa: sus libros.
Este es el caso de Daniel Soria, autor de un cuentario hoy inubicable, Tres heridas nocturnas (1999).  En los anales literarios podemos encontrar la siguiente información: Soria, en un arrebato de furia, quemó “todos” los ejemplares de su libro en la Costa Verde, bebiendo ron y escuchando en un tocacassete a Grateful Dead. Por suerte, sobrevivieron algunos libritos, que llegaron a las manos de determinados lectores que supieron recomendarlo. En cuanto a mí, me lo recomendó Milagros a fines del 2005. Y para más señas, por esas semanas me hablaron del mismo libro contadas puntas que también puedo catalogar de excelentes/buenos lectores.
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Me gustó Tres heridas nocturnas.
Razón más que suficiente para jugármela por Soria al incluirlo en una antología de nuevos narradores peruanos, antología que se suponía debía dar cuenta de autores aparecidos a partir del 2000. Por un año del límite no voy a perderme de un buen narrador, me dije. Hice trampa, pues; es que siempre he sido un tramposo, pero como atravieso una etapa de cura del alma, de a pocos iré revelando las trampas cometidas en mis antologías, al punto que adelanto que yo no tuve nada que ver en ellas, solo las firmé.
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He aprovechado estos días sabáticos para reordenar mi biblioteca, separando los libros que se quedarán para siempre conmigo y los que no. Cuando llegué a la supuesta sección en donde descansa la memoria de la narrativa peruana última, encontré la novela Monólogo en blancohumo (2011), la primera novela de Soria.
Recordé la tarde en que me entregó el manuscrito de la novela, en un pequeño pero acogedor café de Lince, a mediados del 2008. Esa vez hablamos en detalle del entierro griego de su cuentario y de otros temas relacionados al ambiente literario de los noventa, puesto que en esos meses tenía la inquietud de escribir una novela sobre esos años signados por el hartazgo, la posería y el vitalismo oscuro. Y recordé también que al llegar a casa leí el manuscrito en cuestión, el cual me gustó aún más que su libro de cuentos. Pero a la vez sentí desazón porque no tenía idea de alguna editorial que lo pudiera publicar. Estaba ante un caso injusto: un buen narrador sin editorial. Ahora, tengamos en cuenta que hubo un tiempo en que todas las editoriales independientes cobraban a los autores, es decir, se editaba al que tenía pasta en la billetera. Felizmente, los tiempos están cambiando, hoy en día más de una editorial independiente ya es capaz de poner de la suya.
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Pasan algunos años y Soria se decide, no lo pensó dos veces: él mismo fundó su editorial Delfín Arisco y publicó su Monólogo en blancohumo.
¿Cómo no alegrarse cuando una buena novela sale a la luz?
Esto es lo que deberían hacer los autores que creen en sí mismos, creencia en el talento avalada por la opinión responsable de los que tienen el privilegio de leerte: fundar una editorial si es que ninguna te convence. Saca lo tuyo y tú mismo juega tu partido, es la apuesta.
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En la novela tenemos dos historias en paralelo y en contextos diferentes, la de David y Carmela.
David es un muchacho ochentero con afinidad para la literatura, la música y el pensamiento. Por su formación, no tardamos en deducir que estamos ante un pata en constante cuestionamiento de sí mismo, siendo su cuestionamiento mayor su pasado, el explicarse de quién es para saber quién es. Vive los años del desastre, o sea, los ochenta. Por su parte, Carmela es una educadora a la que en apariencia le va bien, en realidad le va bien gracias a su esfuerzo, mas no en el amor. Ella vive lo que tiene que vivir en los años sesenta, los años de los descubrimientos y de la emancipación hormonal y personal. A ellos se le suma un tercer personaje,  Lima, una Lima gris y asfixiante.
En principio podríamos estar ante una novela que explora los senderos del hartazgo existencial, ambos personajes brindan más de un detalle depresivo. Pero no, lo que leemos es una historia sobre el reencuentro del pasado al futuro y del presente al pasado. Podemos tener nociones de lo que finalmente pueden ser David y Carmela, pero Soria se vale de recursos que nos alejan de ese misterio, misterio que en realidad no nos interesa conocer, puesto que esa intriga cae en un agradecido segundo plano que nos permite disfrutar de una prosa que sabe bien a qué obedece, prosa que sabe bien cuál es su destino.

2 Comentarios:

Anonymous Carlos Sánchez dijo...

hola Gab, buen dato, gran post

7:47 p.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Yo tengo "tres heridas nocturnas", firmada por el mismo autor, resultó una grata lectura. No he tenido oportunidad de leer la novela de DS, pero este fds la buscaré. Siemrpe he tenido esa inquietud, a mi me parece una buena solución, la de crear una editorial conforme a ley y juntar un grupo de colaboradores idóneos para llevarla a buen puerto. ojalá pueda concretar la idea algún día... saludos

9:09 a.m.  

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