domingo, marzo 30, 2014

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En la noche del pasado jueves me disponía a ver una adaptación cinematográfica de una de las novelas menos conocidas de Philip K. Dick. Me había preparado un termo de café, también agua mineral sin gas, cigarros y, en especial, la tranquilidad del silencio porque desconecté el teléfono y celular.
No sabía si vería la película en la portátil o en el dvd player. A veces, estas pequeñas indecisiones tienen el poder de abrirte nuevos caminos inmediatos, destino inmediato compuesto por horas en las que haces cosas que no pensabas hacer.
Me decidí por ver la adaptación en la portátil. Mientras la lectora leía los datos del disco, recibo un mensaje de Inbox de Erika, que me preguntaba si había leído algo de Juan Bonilla. Le digo que sí, y que tenía planeado leer su biografía de Terence Moix, El tiempo es un sueño pop. Le pregunté a Erika por qué me preguntaba por Bonilla y ella me dijo que se encontraba en el Teatro Nacional, en donde acababan de anunciar a Bonilla como en el ganador del Premio Mario Vargas Llosa. Erika, como toda reportera cultural responsable, había estado cubriendo toda la Bienal y quería armar parte de su nota final con algunas impresiones de este servidor. Ella me decía que el asunto tenía para un par de horas más y que si me animaba podía llegar ya que vivo a cinco minutos del teatro.
Le dije lo que siempre le digo: que no me gustan los saraos literarios, peor si estos tienen el tufillo del oficialismo cultural. Además, quería cuidar mi alma del mal gusto, mal gusto perpetrado por los escribas que han ido a la Bienal sobre Marito con el único objetivo de hacerse un selfie con él. No, así no juega este servidor, que prefiere seguir releyendo las mejores novelas de nuestra estatua que pontifica y sonríe.
Se supone que debía cerrar todas las ventanas virtuales y de esta manera concentrarme en la película, pero no. Apagué la portátil y busqué en mi biblioteca el ejemplar de ese excelente libro de cuentos de Bonilla, la edición peruana de Tanta gente sola, publicada en el 2011 por Revuelta Editores.
Pienso en dos cosas: La primera: con una buena gestión y teniendo las cosas claras se puede editar en Perú a muy buenos narradores extranjeros. La segunda: necesitamos más editores que lean, un editor que lee no solo intenta publicar buenos libros, también está en capacidad de armar un catálogo que con el tiempo podría erigirse como lo más destacado de la narrativa contemporánea, en este caso, la escrita en castellano. El haber editado este cuentario de Bonilla no es más que un irrefutable ejemplo de lo que acabo de decir.
Entonces me puse a repicar el libro. En especial releí en integridad un par de cuentazos: “El lector de Perec” y “Un gran día para tus biógrafos”.
*
Perec.
Cada día me convenzo más de lo siguiente: si haces de Perec tu maestro, sin duda llegarás a buenos puertos, ya sea como lector o escritor.

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