martes, abril 01, 2014

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Martes de relativo sol, en el que me daría un paso por la librería Sur.
*
El taxi en el que iba lo conducía una mujer. No es la primera vez que una mujer me hace una carrera, pero a diferencia de las otras, ella escuchaba en la memoria de su USB una excelente selección de canciones de Elton John. Ella me hablaba del clima y le daba la razón en todo lo que decía. Felizmente el sol ya no es tan fuerte como en semanas pasadas y, sin duda, este verano quedará como el caluroso de los últimos quince años.
La mujer mantiene la calma, y yo también. En Libertadores más de un animal en el volante la ha querido cruzar y ella ha sabido no pisar el palito. No tiene sentido ponerse a discutir con infelices que se pintan de pendejos, así como hay infelices y falsos valientes en Internet, también los hay al volante, ambos tipos de especímenes se valen de la fugacidad del instante. No nos llamaron la atención esos cruces, pero sí ese policía que paró el tránsito para dar pase a un camión de construcción, ese policía de panza de botijo, cuya sola presencia sirve de acicate a todo aquel que piense delinquir.
*
En Sur me puse a ver algunos títulos, más de uno de mi interés, pero no me iba a quedar mucho tiempo. La librería era el punto de encuentro con Alberto.
Alberto es un seguidor del blog, me lee desde Iquitos. Días atrás me comunicó que estaría en Lima esta semana y me preguntó si podía hablar conmigo. 
Estamos ante un muchacho que acaba de terminar el colegio. Tiene inquietudes literarias y me pide que le dé consejos literarios, hasta me pregunta si realizo talleres literarios.
Calmo su entusiasmo.
No me interesa dirigir talleres literarios. No me gusta enseñar. El mejor taller literario para un aspirante a escritor es la vida misma, o sea, la escritura, la lectura y el sexo, sentencio.
*
Tenía que regresar a Selecta, pero antes debía dar cuenta de una Pilsen. Le pido a Alberto que me acompañe. Buscamos entonces un lugar donde beber y en el trayecto llegamos al Óvalo Gutiérrez.
De la nada, me detuve.
Tenía que alertar a este buen muchacho con pretensiones literarias.
“Escucha, Alberto. Toma nota. En Lima hay muy buenas librerías, pero justo en esta avenida, Espinar, queda la peor librería del Perú. La sola disposición de los libros mata tu alma, peor gusto que este no puede existir”.
Alberto asiente.
Nunca entrará a Época.

1 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

¿No que dejabas el blog para abocarte a escribir no sé qué pelotudez?

9:55 a.m.  

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