domingo, abril 06, 2014

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La relectura.
Releer es lo que estoy haciendo últimamente. Pensándolo bien, es lo único que voy a hacer de ahora en adelante.
Es que la narrativa en castellano hoy en día no intoxica. Salvo excepciones, es para llorar cada vez que uno se da una vuelta por las webs de las editoriales. Por otra parte, me generan envidia aquellos lectores atentos a las novedades. Pero no se trata de una envidia por lo que leen, sino por esa carencia de sentido común, capacidad analítica y ligera dosis de buen gusto.
Tampoco es que nunca haya leído ese tipo de literatura. Pero cada vez que iba tras una novedad, me aseguraba por todos los puntos de elegir bien. Aunque si alguien tiene inclinaciones literarias, lean malas novelas, que ayudan mucho (esta sola idea daría para otro post).
No sé desde cuándo empecé a releer. En realidad, siempre he releído, mas no con la frecuencia de estos últimos meses. No importa saber desde cuándo, lo que vale es seguir en esa estela de relecturas que te dieron tanto y que siguen cambiando la visión que tienes del mundo.
Ayer sábado, en la tarde, terminé de releer una obra maestra. Petersburgo de Andréi Biely.
Qué tal novelón Petersburgo.
La primera vez, la leí en una antigua edición de Alfaguara, de esa colección de colores plomo y morado. Y la que he releído viene por cuenta de Akal, que recoge la versión original de la novela. Este nuevo golpe sigue intoxicando. No diré más, quiero mantener las ideas frescas para la reseña que escribiré de ella.

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