viernes, abril 11, 2014

37

Releía algunos relatos de La niña del pelo ralo de Foster Wallace. 
También terminaba la reseña de la muy buena novela de David Roas, La estrategia del Koala
Escuchaba a Pixies en Spotify. 
Aprovechaba las benditas horas muertas en la librería. De tanto en tanto me servía café y prendía un pucho. No hay combinación más perfecta que el tabaco con el café. 
Cuando estoy en estas horas muertas, deseo no ser interrumpido por nadie, pero ayer en la tarde este deseo se vio interrumpido, y para bien, debido a la visita de Nicole, a quien le tenía que dar mi opinión de su cuaderno de poemas. 
Nicole tiene 18 años y anhela leer la mejor poesía que se haya escrito. 
Entonces, le hablo de sus poemas, le digo lo que me parece bien, de lo que me parece mal, pero ante todo, y en lo mucho o poco que sé, le sugiero la poesía que tiene que leer. Nicole me escucha con atención, pero a diferencia de otras ocasiones, en sus ojos se refleja una inquietud, una inquietud que guarda una pregunta que no se atreve a decirme. 
Como fiel lectora de este blog, me pregunta por qué pocas veces escribo de política. Su pregunta me hace pensar en los últimos mails que estoy recibiendo, en ellos se me hace la misma pregunta y no siento otra cosa que no sea perplejidad. Me dicen que muchos escritores peruanos hablan de política, que alzan su voz contra lo que consideran fallas del sistema. Sé entonces a quiénes se refieren. 
Nicole y los demás se refieren a los rabiosos, a esos que alzan la voz. 
Para mi felicidad, conozco bien a los rabiosos, de ambas riberas, a los de las izquierdas y a los de la derecha. Todos me parecen patéticos, risibles en su incoherencia e inmorales en su discurso. 
No hablar de política es también una actitud política, reflexiono mientras cierro la ventana del texto que trabajo. 
No hablar de política es también una manera de protestar, reflexiono mientras cierro mi sesión en Spotify. 
No hablar de política es también no ser parte de ese circo que protesta contra los grandes atropellos que se cometen en el país y que cierra el hocico ante los pequeños, pequeños males en apariencia pero inmensos en interés, puesto que de esos pequeños males se alimenta su intercambio de favores, cuya sola práctica es una patada en la entrepierna a su protesta contra los grandes atropellos que se cometen en el país, sentencio para mí mientras prendo otro pucho. 
Los escritores más políticos que conozco y admiro son aquellos que en apariencia menos escriben de política. Escriben de política sin caer en la dizque claridad conceptual, dizque claridad conceptual que emplean los rabiosos y las rabiosas. 
Hasta para escribir de política hay que saber hacerlo. ¿Un par de títulos que recuerde? Fácil: Perder teorías de Vila-Matas y Continuación de ideas diversas de Aira.

1 Comentarios:

Blogger Sico Pérez dijo...

No hablar de política es la actitud más sensata, teniendo en cuenta que la sensatez a veces apesta. No hablar de política es la actitud más moral, ética y consecuente de alguien con verdadera conciencia política.

10:12 p.m.  

Publicar un comentario

Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]

Vínculos a esta publicación:

Crear un vínculo

<< Página Principal