viernes, abril 18, 2014

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En realidad no sorprende el silencio de no pocos escritores peruanos en relación a este artículo de Ignacio Echevarría. Es preferible no decir nada a ser delatados en la abierta vergüenza de la incoherencia.
Como bien se viene diciendo, lo que importa hoy por hoy es parecer y no ser escritor.
Lo que me apena de la I Bienal Vargas Llosa -exitosa en todo el sentido de la palabra- es que muchos escritores locales han hipotecado su opinión sobre la obra de nuestro novelista mayor, cuyos últimos títulos han sido no menos que lamentables y celebrados por su conocida soldadesca, integrada por narradores y críticos, narradores que la elevan más de la cuenta y críticos que la avalan con el silencio estratégico. Les importa más salir en las fotos para el Face y así acrecentar una trivial nombradía virtual. Un poco de verdad no creo que le mueva el piso a Vargas Llosa, acostumbrado también a recibir críticas negativas. Por ello, sigo sin entender el miedo a decir lo que verdaderamente piensan de sus últimas novelas. En fin, cada quien forja su camino como bien le convenga, no importa si la empresa dinamite la honestidad de su discurso.
*
De lo que se deduce del texto de Echevarría, un par de puntos llaman mi atención: 1) La evidente intención política de la Bienal y su respectivo premio, que provienen del lado derecho y en franca competencia con el Rómulo Gallegos. En lo personal, no me hago problemas por preferencias políticas, por el contrario, busco la fuerza y el alcance de la literatura como tal, en la que se muestre la riqueza de las expresiones narrativas no dependientes de los mandatos de las grandes editoriales y que no estén limitadas por cotos ideológicos. Por ejemplo, como para tener una idea del cariz político del evento que nos concierne: una ligera mirada a las plumas participantes nos indica que la gran mayoría de estas fueron de primer nivel, pero me seguiré preguntando por la ausencia de uno de nuestros escritores mayores, que publica en una editorial importante y al que no se le invitó. ¿Acaso pesó el factor político para no convocar a Miguel Gutiérrez? Gutiérrez debe ser uno de los escritores que más lee en este país y a quien por cosas ajenas a la razón vemos poco en conferencias y presentaciones, pero cuando lo hace somos testigos de su vasto conocimiento literario, y no solo peruano. Y 2) El premio mismo. Los 100 mil dólares. No hay que ser un superdotado cerebral para no darse cuenta de que se debió premiar una novela que rozara con la maestría. Tanto Las reputaciones de Juan Gabriel Vásquez y Prohibido entrar sin pantalones de Juan Bonilla estaban lejos de esa maestría, eran buenas novelas pero a miles de kilómetros de distancia de la novela de Rafael Chirbes, En la orilla. En su artículo, Echevarría sugiere que el valenciano no acudió a la Bienal debido a su abierta convicción comunista, lo cual contradice la información oficial: que no vino por encontrarse mal de salud. De ser cierto, pues habría que quitarse el sombrero ante Chirbes, que prefirió mantenerse íntegro en sus convicciones y no hipotecarlas como sí lo han hecho otros por tan poco, como innecesarias devoluciones de favores (¿un cintillo de Vargas Llosa?).
En su momento, Vargas Llosa ganó el primer Rómulo Gallegos con una excepcional novela: La casa verde. Ahora, en esta primera edición del Premio de Novela VLL, tenemos sospechas razonables de que el jurado –de lujo (entre ellos, uno que sigo: Christopher Domínguez Michael)-, fue preso de un sucio juego ideológico. O sea, ¿cómo premiar a un escritor de izquierdas, y encima ausente? Apostaron y jugaron al descarte. Por otro lado, también nos queda la sensación de que no se premió a Bonilla bajo el filtro literario, tampoco ideológico, sencillamente pesó una inesperada improvisación porque se tenía preparado el terreno para que lo ganara Chirbes. Si Chirbes no podía/no quiso venir, igual se le debía premiar, aunque sea vía Skype, y si no aceptaba, pues cosa del tío, su problema. Se cerraba sesión virtual pero con la convicción de haber premiado una muy buena novela.
*
En fin, cosas que suceden.
Pidan perdón por sus pecados mientras almuerzan un rico pescadito.

2 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Qué va a ser una obra maestra En la orilla de Chirbes, menudo tostón. Hay mucho casino, mucha partida de cartas; se sueltan ideas todo el tiempo, más o menos sobre la crisis, pero sin ninguna hondura. Es una novela de Coño-cómo-está-el-mundo sin mayores afanes ni iluminaciones.
Para llegar a un pasaje afortunado, hay que transitar el desvarío de muchas voces previas, ahora primera persona, ahora segunda, ahora tercera; ahora cursivas; ahora diálogos. Un lío. Mucho lo que hay que sufrir para llegar a algunas frescas frases acertadas. Torturante. Por no hablar de la importancia que se dan los españoles con su crisis: ha tenido que llegar una crisis para que este hombre se dé cuenta de lo mal montado que está el mundo. Un visionario, vaya. Pero muy tostón. Si esto es una obra maestra, debe ser verdad que la novela ha muerto.

2:55 p.m.  
Blogger Gabriel Ruiz Ortega dijo...

bien con el comentario, que espero sea con conocimiento de causa.
saludos
G

8:18 a.m.  

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