martes, mayo 13, 2014

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Despierto después de algunos días en los que hice de todo, menos dormir. Un par de textos a entregar tuvieron a este blogger al borde del colapso. Felizmente, ya pasaron esos días y las cosas en apariencia vuelven a la normalidad, solo me faltan siete horas de sueño para estar completo. 
Hace unas horas Rocío me preguntó qué es lo que estaba leyendo. Caminaba por Camaná, me dirigía a Olva Courier a recoger una par de sobres con libros que me envían del interior. Daba cuenta de un helado Sublime, mis pasos se perdían por sí solos, al punto que cada tres pasos abría los ojos, como para no perder la noción del tiempo y el espacio. Entonces veo a Rocío, que a tres metros de mí cruzaba la pista. 
En vez de llamarla por su nombre, le dije “Hey, señorita”. 
Rocío escuchó, pero siguió de largo. 
Y decidí seguir de largo, rumbo a mi destino inmediato. 
Pero a los segundos ella me llama, me dice “Hey, caballero”. 
Rocío estaba con cierto retraso, tenía que llegar a San Isidro a las 3 y 30 y eran las 3 y 10. La acompañé a tomar el taxi. En los pocos minutos que hablamos, hablamos de casi todo. 
Antes de tomar su taxi, me pregunta por el libro que estoy leyendo. Pero no me le respondo, son varios los libros que estoy leyendo y en esos momentos no sabía qué libro mencionarle. 
Rocío es una amiga muy cercana, y pese a la distancia, sea por trabajo o los cursos de la vida, siempre seguirá siendo mi amiga. El breve encuentro me deparó tranquilidad porque la seguí sintiendo cercana, a diferencia de otras personas con las que te encuentras después de tiempo y de saque experimentas una distancia que no es más que un punto frío/final. 
De lo que vengo leyendo, hay dos títulos, publicados este año, de un solo autor. 
El autor: José Miguel Oviendo. 
Los títulos: Una locura razonable: memorias de un crítico literario (Aguilar) y Archivo personal (Lápix Editores). 
El primero lo vengo avanzando en las noches y hasta el momento me está dejando una buena impresión. El otro lo avanzo en Selecta, digamos que esta lectura se ajusta más al ritmo del trabajo, porque se trata de una selección de artículos sobre literatura, arte y cine. Los puedo picar en cualquier momento y solo me faltan dos artículos para terminarlo. 
*
También me entero de la publicación de la entrevista que me hiciera Manuel Coral Fernández. Esta entrevista la pueden leer, si gustan, en Lee por gusto. 
Confieso que la entrevista me agotó. Hablé de todo, hasta de la FILBO. 
Me dicen que más de una persona se ha sentido ofendida. Y eso que estamos hablando de una entrevista que se editó, porque en la versión original suelto algunas bombas, como aquella de la pérdida del manuscrito de Enrique Verástegui, El saber de las rosas
Y me pregunto: ¿en qué se puede sentir uno/una ofendido(a) si lo que hago es hablar específicamente de literatura? 
¿Acaso decir que un escritor tiene obra menor es hablar mal de la persona? 
¿Acaso señalar la incoherencia política e ideológica de algunos escritores es hablar pestes de ellos? 
Lo que pasa, ocurre, es que cualquier opinión contraria a la celebración de la mediocridad, a la festividad del autoreconocimiento, a la mentira que se nos vende sobre lo máximo que es la literatura peruana actual, es asumida como un enfrentamiento. 
Tranquilidad, señores, que nada en literatura está dicho hasta que te mueras, mientras tanto sigamos dejándonos llevar por el viento.

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