jueves, mayo 15, 2014

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Gracias a un artículo de Jerónimo Pimentel en Buensalvaje me enteré de una novela casi redonda, de esas que deben recomendarse siempre. Demoré más de la cuenta en leerla, y la leí hace ya muchos meses, y ahora que una amiga me pregunta por ella, creo que es momento de decir algunas cosas de la publicación, que siempre serán insuficientes.
HHhH es, por donde la mires, una novela brutal.
Hubo un tiempo en que me gustaban mucho las novelas de política de ficción y espionaje. Y pese a la justificada poca apreciación literaria que se tiene de este tipo de libros, esto no me impidió encontrar auténticas obras maestras.
Entonces, la lectura de la HHhH me significó en parte una vuelta a la experiencia lectora de esas novelas, pero a diferencia de su funcional fin de entretenimiento, encontré ahora una apreciable buena dosis de entretenimiento escanciado con un discurso político-histórico-ético cuestionador que no atentaba contra el curso de la narración.
No solo estamos ante el intento de asesinato del carnicero Reinhard Heydrich, el jefe de la Gestapo durante la Segunda Guerra Mundial, por cuenta de un par de miembros de la Resistencia, Jozef Gabcik y Jan Kubis, que aterrizan en Praga en paracaídas, sino ante una pequeña galería de personajes atractivos, protagonistas de la historia del siglo XX. Nos adentramos pues en su médula y hacemos nuestra las intenciones que los motivaron a actuar y el por qué eran como eran. En este punto, la novela cumple y supera los requisitos de las novelas de espionaje y política ficción, y llega a ese estado de gracia narrativa debido al dominio del hacedor de este tipo de registros.
Pero la novela se eleva cuando el narrador de la historia reflexiona sobre la validez ética y literaria de lo que vendría a ser una novela histórica (al respecto, tengo ciertos reparos en cuanto a la calificación de novela histórica para con esta novela), puesto que en más de un párrafo este se pregunta si debe seguir o no en la empresa, y en ese cuestionamiento la narración muta en una arremetida contra la fabulación de los hechos atroces en la historia de la humanidad. Por ello, según el narrador, habría que pensar más de la cuenta al momento de relatar lo que hicieron, en este caso, los nazis, en franca intención de preservar la memoria, que esta no se altere por las libertades que genera la ficción. Nos enfrentamos así a un cuestionamiento de los discursos de ficción que abordan las secuelas de las guerras, y en esta línea el narrador no se guarda nada sobre Las Benévolas, novela de Jonathan Littell galardonada con el Goncourt en el 2006, a la que critica por precisamente tomarse libertades y ligerezas en cuanto a este tópico.
Podríamos estar de acuerdo o no con esta segunda opción narrativa en HHhH, pero más allá del concepto que sobre el mismo podamos tener como lectores, no cabe duda de que estamos ante un genuino estímulo sensitivo e intelectual, que es lo nos deja esta lectura, como para levantarse y aplaudir.
Con este libro el francés Laurent Binet fue galardonado con el Goncourt de Primera Novela. Pues bien, Binet tiene por delante una disyuntiva difícil, o bien seguir publicando y aprovechando los ecos del éxito de su libro, o tomarse un tiempo más que prudencial para volver a publicar otro. HHhH es una valla muy alta para cualquier narrador en ciernes.

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