lunes, mayo 19, 2014

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Ayer fue un domingo de inusitado sol.
Me levanté temprano y me puse a releer más de cincuenta páginas de aquel monumento llamado Una vida crítica de Héctor Soto.
Desayuné bistek encebollado y harto café. A eso de las diez, me vino el sueño y me levanté a las dos de la tarde.
Tomé un duchazo y me alisté para salir a abastecerme de películas en Polvos Azules.
Mientras iba en el taxi pensaba en las películas latinoamericanas que he visto en los dos últimos años, como también en la injusticia con algunas que no gozan del saludo que merecen, de la misma manera en esa injusticia para con ciertas películas edulcoradas que terminan imponiéndose en el gusto popular y de las que pocos “especialistas” se atreven a decir lo que piensan, tal y como podemos ver en ese canto al lugar común de la chilena No.
Días atrás, mi amiga Erika me preguntó por las últimas películas peruanas.
Le dije que no le podía responder a cabalidad. O sea, de lejos me quedaba con El evangelio de la carne.
Pero como Erika me conoce y sabe  en qué punto puedo ofrecer algunas opiniones cítricas, afinó su pregunta hacia las películas peruanas que han gozado de una desmedida atención de la prensa.
Poco o nada podía decir, porque ya sé lo de Asu Mare y A los 40.
Cuando le dije que Sigo siendo no me gustó para nada, Erika estuvo a nada de quebrar una férrea amistad de años.
La entendí en el acto.
Erika es de las personas que se toman las cosas en serio, sea en lo ideológico, en sus lecturas y, en especial, en el cine. Así es como debe asumir uno sus discursos, con pasión, determinación y furia ventral.
Le expliqué entonces por qué no me gustó Sigo siendo.
Después de algunas horas, nos despedimos. Me dijo que me llamaría y que me escribiría al Inbox del Face, puesto que debía hacerme algunas consultas, consultas que en ese momento no recordaba.
Pasaron más de cuatro días y no recibí su llamada. Revisé mi Inbox y me entero de que me eliminó de sus contactos de Facebook.
No me puse triste, ni me vino la depre, aunque sí me fastidió un poco.
Pues bien, me gusta la tranquilidad de los domingos. El no tráfico. El mismo hecho de caminar por las calles sin preocuparme por absolutamente nada.
Llegué a Polvos Azules.
Claro, las calles están vacías porque media ciudad de Lima está allí, consumiendo ropa, calzado, teléfonos móviles, computadoras, portátiles, películas.
Esquivo a los consumidores dominicales. Aunque me tienta ir a los restaurantes ubicados en la azotea. Todavía recuerdo el chupe de camarones del que di cuenta, cuando después de comprar más de cincuenta películas con Karina, hace cuatro años.
Pero no. Mi idea es volver a casa y almorzar, aunque algo tarde, en compañía de mi abuela.
Llego a Mondo Trasho y Voyeur.
Y vaya sorpresa, me encuentro con Erika, que al igual que yo, también está buscando películas. La saludo y antes de preguntarle por su aniquilamiento virtual de mi persona, me dice hacía no más de una semana dejó su cuenta de Face abierta en un café-internet, hecho que aprovechó un desquiciado que intentó eliminar a todos sus contactos, eliminándome solo a mí. Ella sacó de su bolso su móvil y me hizo nuevamente la invitación virtual.
Entonces nos pusimos a revisar los catálogos mientras comentábamos las películas vistas últimamente y de las que no faltaban ver. Como estaba con el tiempo encima, porque quería regresar a mi casa donde mi abuela, me disponía a despedirme, pero recibo la llamada de mi padre que me dice que mi hermano y su esposa acababan de sacar a pasear a mi madre y abuela.
No me hice problemas. Seguimos revisando e intercambiando catálogos.
Las horas pasaron.
Ella compró cerca de treinta películas.
Y yo alrededor de veinte.
Salimos de Polvos Azules.
Caminamos por 28 de Julio hasta la Arequipa. Nos cruzábamos con muchísima gente, como si la ciudad recién empezara su vida dominical llegada la noche. Pero a comparación de otras ocasiones, ahora los rostros de las personas reflejaban felicidad y paz interior. Nos preguntamos por la razón de esa felicidad y paz interior, pero no demoramos en deducir que obedecían a la goleada de Alianza Lima.
Es que cuando Alianza gana, el pueblo peruano es feliz.

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