viernes, mayo 23, 2014

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Supero el dolor de cabeza. Me sirvo un vaso agua y entro a la ducha. Debo sacarme la resaca como sea. En menos de cuarenta minutos debo abrir la librería. Alisto mis cosas, pero antes de salir llaman a la puerta, es un mensajero que me entrega la última novela de Ampuero, Loreto.
Firmo el cargo y me despido de mis padres y de mi abuela hasta más tarde.
En el taxi empiezo a leer la novela.
Y también pienso en lo desconectado que he estado en los últimos días, no he seguido de cerca las noticias, no tengo idea alguna de lo que acaece en la política nacional. Solo me interesó el partido del último miércoles. En la librería tengo varios diarios que he comprado y que no he podido leer.
Al llegar los voy a leer, me digo, mientras Ampuero dibuja las curvitas de Laurita.
Y eso es lo que hago, me pongo al día con las ediciones de Perú 21, La República y El Trome.
*
Sabemos de sobra que Aldo Mariátegui, de Perú 21, es un personaje incómodo para no pocos escritores e intelectuales peruanos. Más de una vez he sido testigo del linchamiento virtual que estos han hecho de él. Ya sea para bien o para mal, lo que este columnista escribe no pasa desapercibido y las réplicas a lo que escribe aparecen casi al instante.
Pues bien, parece que últimamente Mariátegui tiene una fijación especial con la FILBO.
Sea cual sea el motivo de esta fijación, considero que hay algunos puntos que bien haríamos en tomar en cuenta.
Pero antes, es menester decir que la FILBO fue todo un éxito. Obvio, algún mezquino dirá que ese éxito se debe al presupuesto que dio el Ministerio de Economía, pero una cosa es ganar un partido presupuestado y otra muy distinta es romperla en dicho partido.
Ahora, volvamos a algunas inquietudes de Mariátegui. Inquietudes que me han llamado la atención debido al silencio ominoso de muy buena parte de los escritores invitados a esta feria. ¿A qué se debe ese silencio? ¿Por qué no rodean a la piñata? Preguntas válidas, sin duda, pero preguntas sin respuestas porque el columnista toca carne, presiona en la llaga.
En una entrevista dije que muchos escritores de izquierda, caracterizados por el airado verbo contra la Marca Perú, fueron a Bogotá como mansas palomas a prestarse al juego de lo que más criticaban. Creo que no es el momento de detallar este rasgo de incoherencia de una facción de los escritores simpatizantes de la izquierda, detallarlas sería como agarrar a patadas a un discapacitado. Es que han perdido peso moral en el discurso.
A razón de una entrevista a la ministra Diana Álvarez-Calderón en La República, Mariátegui esgrime una inquietud válida. Pide que se nos diga quiénes fueron los encargados de seleccionar a los escritores que viajaron a Colombia. La ministra dice que lo hizo una comisión de jóvenes. Respuesta vaga y poca seria, como limpiándose las manos.
Vayamos por partes: esta delegación de escritores es la más fuerte y coherente de la historia literaria peruana. No tengo duda al respecto.
Pero sí tengo dudas sobre los criterios que emplearon en la selección. No es moco de pavo, ni mucho menos para tirarle tierra a la cuestión. Así suene a lugar común, pero estamos hablando de transparencia. El ministerio no es una entidad privada como para que uno se quede callado y no diga nada al respecto. Cualquier ciudadano tiene el pleno derecho de saber quiénes integraron esa comisión de jóvenes, desde el gerente de un banco, desde la señora que vende caramelos en las calles, hasta un blogger como yo.
Esta comisión de jóvenes se encaminó por pareceres, impresiones, apelando a la enciclopedia Google, entregados al más vacuo inmediatismo. Dicen que se privilegió a los que publicaron en los últimos tres años, pero esa línea se cae por sí sola cuando vemos nombres que no publican nada en más de cinco. Se dice que se apostó por los escritores de provincias, cuando vemos que los que fueron han sido legitimados en el circuito capitalino… Se dicen y especulan muchas cosas y no tenemos la más mínima certeza de nada.
Cuando uno ve el nombre de Pedro Villa como el encargado de la Dirección del Libro y la Lectura, uno siente que se le traga la tierra. Villa parece un buen tipo, de muy buena onda. Algunas veces he hablado con él, cuando me pedían que presentara los libros de Borrador, y nunca dejó de parecerme una persona que carecía de una sólida formación de lector. Villa no es el único integrante de esta comisión, no hay que responsabilizarlo de las criolladas y los amiguismos que beneficiaron a escritores de indudable obra menor.
Lo lógico, y tómenlo a manera de sugerencia, es que publiquen un comunicado, en el que se nos diga quiénes fueron esos jóvenes dizque letrados que integraron la comisión. De esta manera llegaremos a la transparencia, y de esta manera sabremos también quién fue el irresponsable que convocó a ese escritor que, pasado de tragos en una noche, orinó en las pobres plantitas bogotanas del hotel en donde se hospedó la delegación peruana, gracia que le valió una mentada de madre de un valeroso soldado colocho de 17 años, que le apuntó con una ametralladora diciéndole “Mierda tú, no orines en esa bella plantita de mi país o te mato”.

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