viernes, mayo 30, 2014

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A la persona que se la haya ocurrido hacer la Feria del Libro de Arequipa en los portales de la Plaza de Armas, pues, esa persona merece todo mi respeto y reconocimiento.
No hay nada mejor que trabajar frente a la catedral y disfrutando de la vista del Misti, aunque sin nieve, y de las montañas que rodean el volcán, en un día soleado que quema, pero que no humedece, mientras haces dinero haciendo lo que más te gusta. Converso con lectores, con nuevos clientes a los que les gusta el espacio de Selecta, y cómo no, también discutiendo, porque nunca falta algún perdido cuyo desmesurado entusiasmo con la literatura peruana última trate de sacarme de quicio, pero ni la pésima producción local hará que quiebre mi estado de gracia que le debo a este paisaje arequipeño. Y cómo pasarlo por alto, imposible, recuerdo el dibujo que Verónica me regaló hace unos meses, un dibujo que simboliza el gran cariño que ella aún tiene por mí.
Sonrío y no le digo nada al entusiasta amigo arequipeño.
Me quedo callado, esperando a que se retire y así atender a las uruguayas mochileras que me preguntan por Me acuerdo de Perec. Y cuando me preguntan por Perec, siento una más que excesiva y franca gratitud. Me acuerdo debe ser una de las obras maestras todavía silentes de la narrativa contemporánea, de esos libros que son falsos en su aparente brevedad pero que lo transmutan a uno, quizá para mal, o que sencillamente nos muestran la realidad desde el detalle más ínfimo.
Pero el amigo entusiasta no se va, me interrumpe mientras hablo de Perec con las uruguayas mochileras, entonces, en vez de lanzarlo de los portales, lo sumo a la conversación.
El entusiasta amigo arequipeño se luce con las uruguayas mochileras.
Las uruguayas mochileras festejan cada vez que el entusiasta amigo arequipeño les detalla cada lugar en donde pueden comer rico y barato.
Las uruguayas mochileras se van, no sin antes dejar sus señas.
El entusiasta amigo no lo piensa mucho y se lleva Me acuerdo.
Antes de retirarse, me pregunta si estaré la próxima semana en Lima para lo del Festival de la Palabra.
Si entrevisté a Fresán para Buensalvaje, lo lógico es que aproveches la oportunidad y lo conozcas personalmente, dice.
Prendo un pucho y le digo que no estaré en Lima hasta el 10 de junio. Y le digo también que no me muero por conocer personalmente a Fresán, me bastan sus libros y los intercambiamos emiliares. En realidad, no me muero por conocer a ningún escritor que admiro.
Ahora, el buen amigo irá a Lima la próxima para conocer a Fresán. Su sueño es tomarse un selfie con él.
Boto el pucho. Le pido que se siente.
“Estimado, tenemos que hablar, lo que te diré será por tu bien”.

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