sábado, mayo 31, 2014

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Hace un tiempo Yesenia me dijo que el mundo es una tacita de té. 
Le doy toda la razón.
Noches atrás, mientras conversaba con un cliente sobre narrativa rusa de entre siglos, conversa que experimentaba saltos temporales y temáticos hasta Historias del arcoíris de Vollmann, para luego volver a los rusos, este cliente rompió el curso de la conversa para decirme que leía este blog y que en algún momento quise contar con él para la antología Disidentes 2.
No hice mucho esfuerzo para dar con su nombre.
Se trataba de Roberto Zeballos, que en el 2007 ganó el BCR de Novela con Tigre Hircana. Tigre Hircana es una buena novela, a lo mejor la más redonda de entre todas las novelas ganadoras de este concurso. Caso curioso el de Zeballos, que en vez de sacar provecho del reconocimiento literario, algo de lo que sí se encargaron Alonso Cueto y Abelardo Oquendo con positivas reseñas del libro en cuestión, decidió recluirse, renunciar a todo y encontrar cobijo y tranquilidad en esta ciudad arequipeña de intenso y radiante sol durante el día.
Por supuesto, estamos a un nuevo Salinger nacional, siendo el primero Luis Loayza.
Especulo lo siguiente: si la narrativa peruana última atraviesa una crisis, parte de esa crisis obedece a la carencia de Salingers (voy a desarrollar más esta idea en los próximos días).
Llevo meses, quizá años, con la idea de que es mejor desaparecer que exhibirse. El exhibicionismo tiene un límite y está en uno en no pasarse del límite, al final terminas siendo esclavo de una imagen pública que, si bien es cierto hace bien al ego, no repercute en la obra, que es lo que al final vale la pena, lo que tendría que importar a cualquiera que se haga llamar escritor.

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