miércoles, junio 04, 2014

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Esta semana se inaugura la primera edición del Festival de La Palabra. Y se inaugura con un fuerte temblor, que sin duda debió haber asustado a más de un invitado internacional. Pero no se asusten, señores, así es Lima, impredecible bajo su cielo gris e insoportable humedad que, nunca imaginé decirlo, vengo extrañando desde hace algunos días en la no menos picante Arequipa.
No hay que pensarlo mucho. El invitado estelar de este festival es el argentino Rodrigo Fresán, el Pop Star de la narrativa contemporánea en castellano.
En lo personal, saludo la iniciativa de los organizadores, por el buen ojo, por haber apuntado bien y con ambición al momento de invitar a un narrador como este. Pues bien, hasta este punto, acabo con las sobadas y paso a decir algunas cosas que espero sumen, ya sea por salud mental, literaria y emocional.
A los lectores e interesados en la literatura, que piensan ir a este festival, les recomiendo asistir a la presentación de la novela La parte inventada.
En primer lugar, se trata de una gran novela. Por ese lado, cuesta lo que vale. Literariamente, vuelas, ingresas a una galaxia distinta, a esa adictiva psicodelia narrativa que bien pudimos percibir en Historia argentina, La velocidad de las cosas, Jardines de Kensington y Mantra, psicodelia narrativa que ahora viene con rabia.
Cuando vayas a la presentación, presta atención a las palabras del autor, que seguramente irán emparentadas con el discurso de El Escritor, protagonista de la presente novela. Te enfrentarás, pues, a un discurso que pone las cosas en su sitio, un discurso asentado en la tradición del XIX, el siglo de la novela, que bajo el conocimiento de causa de esta, deviene en el punto de partida de aquello que conocemos como originalidad, genuina originalidad que no le debe nada a las modas del mercado editorial, que huye del facilismo de la escritura, que asume la literatura como un fin en sí misma, no como un medio para satisfacer las miserias del ego.
Además, algo me dice, y ojalá sea así, que luego de escuchar al argentino, te darán ganas de regresar a tu casa para ponerte a leer como un vesánico, porque eso es lo que necesita la literatura hoy en día, de escritores que lean con voracidad, que se sumerjan en la experiencia de la palabra.
Por ello, y por todo lo dicho, olvídate del selfie y demás idioteces.

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