viernes, agosto 22, 2014

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Cuando muchos creíamos que ya nada nuevo quedaba por explorar en estructura narrativa, aparece la traducción al castellano de la novela La casa de hojas (Pálido Fuego-AlphaDecay, 2013), del narrador norteamericano Mark Z. Danielewski. No hay que pensarlo mucho: estamos ante un verdadero acontecimiento literario que nos hace creer en la vigencia del libro en formato físico, siendo un golpe letal contra aquellos ignorantes que, habiendo leído treinta libros en sus vidas, aseguraban la muerte de este a cuenta del libro digital.
Tenía entendido que se trataba de una novela difícil de traducir y es precisamente en ese detalle en que yacía su leyenda. Leyenda, cómo no, repotenciada en la red por sus fans gringos y no gringos, que llegaron al extremo de equiparar una posible traducción de la novela con una del Finnegans Wake de Joyce. O sea, una empresa imposible. Sabía también que la presente publicación venía precedida de los mejores elogios, es decir, me enfrentaría a un libro blindado por todos sus lados. El encargado de la traducción al castellano fue el narrador español Javier Calvo. No todos los traductores están en condiciones de traducir textos literarios que escapan a la linealidad clásica de la narración. Cualquiera no traduce el Ulises, menos el Tristram Shandy, peor aún A la busca del tiempo perdido. Para que esas empresas hayan llegado a buen puerto se hizo necesario contar con un traductor que conectara con el texto literario, es decir, que lo sienta y de esta manera proyectar en el lector la extraña y mágica sensación de la experiencia literaria. En este sentido, Calvo cumple con creces, logra esa conexión entre La casa de hojas con el lector.
Confieso que me acerqué a la novela con no pocos prejuicios. Me generó desconfianza su ya señalado blindaje y me adentré en sus páginas con el único objetivo de confrontar ese blindaje. Pero desde las primeras páginas me di cuenta de que no valía la pena hacerlo, sino que lo recomendable era dejarse llevar como una pluma al caprichoso vaivén del viento. Desde el saque Danielewski nos demuestra que es un narrador de oficio, con tradición y mirada procesada. Por ejemplo: La “Introducción” de Johnny Truant no es nada gratuita, ya que nos pone en el tapete lo que vendrá en las siguientes 700 páginas. El autor hace gala de una sugerencia gris que entre líneas nos anuncia un sendero en el que no solo hallaremos un drama psicológico con dosis de paranormalidad, sino también un mestizaje de registros narrativos, enriquecidos con la disposición espacial de no pocas páginas.
El mérito del autor no es otro que hacernos verosímil lo inverosímil. Veamos. El fotoperiodista Will Navidson compra una casa para salvar a su familia de una inminente disolución a causa de la obsesión de este por el trabajo. Pero esta casa de Ash Tree Lane en Virginia repotencia los temores de la familia Navidson, en especial en Will, quien para entender lo que ocurre en ella filma un documental que llamará El expediente Navidson. Este documental motiva a más de uno a interpretar la casa y así saber qué es lo que ha ocurrido con esta familia. Por ello, lo que se inicia como una curiosidad, torna en inquietud discursiva, en un viaje de locura y horror que abstrae a los que “piensan” e investigan el documental, sumiéndolos en una realidad no menos que onírica.
Nos encontramos ante una novela que recoge y reconfigura el legado de las vanguardias artísticas y literarias del siglo pasado. No hay nada nuevo que descubrir en cuanto a su influencia. El autor transita caminos ya recorridos y lo que ha hecho no es más que picar de ellos al amparo de una mirada potenciada con una actitud deliberadamente experimental. Por ello, sería un craso error caer en mezquindades intelectuales, como buscarle una línea genérica. En lo personal, no me pierdo en las definiciones. Cuando terminé de leer La casa de hojas, sentí que había sido parte de una extraña experiencia sensorial y supe también que había estado ante un artefacto literario que amedrenta. Ante esto, la verdadera experiencia lectora te lleva a tomar partido, o bien siendo parte de los aguafiestas sabelotodo o bien aunándome a los que han disfrutado y vivido la novela. Ocurre que los libros llamados a quedar marcan la diferencia y como tal generan opiniones encontradas y este de Danielwski no es ajeno a este destino.
 
 
Publicado en Revista Ache - Ecuador

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