lunes, marzo 31, 2014

32


Sin proponérmelo, me leí de un tirón Confesiones de un chef de Anthony Bourdain. Últimamente vengo leyendo cosas sin planificarlas, simplemente aparecen, de la nada, tal cual fruto del azar que uno termina agradeciendo, porque para ser sincero, disfruté mucho del libro del conocido chef y conductor de televisión.
Digamos que Bourdain lo cuenta todo. Y digamos también que me sumergí en estas páginas con mucho prejuicio, creyendo que a las justas mi tolerancia llegaría a los diez minutos, diez minutos que se alargaron durante un par de horas, horas en las que disfrutaba del respiro frontal de Bourdain, como también de ese estilo funcional, que como tal, no le hacía ascos a la ironía y la inteligencia perversa.
Mientras leía, saltaban las inevitables preguntas, por ahora una: ¿tendremos alguna vez un remoto acercamiento a la actual realidad de la gastronomía peruana, es decir, las confesiones de un chef made in Peru que nos retrate el Backstage de este fenómeno por el que más de uno infla el pecho? Resulta pues una pregunta retórica, porque, al igual que en la literatura, nadie está dispuesto a ir en contracorriente del ánimo festivo que impera en la industria de nuestra apetecible comida. Conozco a más de un chef que bien podría poner los puntos sobre las íes en el asunto, que si testimoniaran todo lo que saben, pero como tiene que hacerse, o sea, sin la desinhibición de la chela, tendríamos una sustanciosa radiografía de lo pestilente que es dicha industria. Pero no lo harán, no quieren enfrentarse al poder, a la telaraña de relaciones, y si lo hicieran, tendrían que aprender a escribir, a pulir la culturita, no por nada Bourdain exige leer a los aspirantes a chefs.
Por otra parte, esta lectura me ha hecho pensar seriamente en la posibilidad de escribir un pequeño librito sobre las “conspiraciones” del mundillo literario local, en tono de parodia pero con responsable seriedad…
Lo pienso bien. Sí.
¿Confesiones de un blogger? A ello me abocaré y por ese motivo clausuro temporalmente este blog.


domingo, marzo 30, 2014

31


En la noche del pasado jueves me disponía a ver una adaptación cinematográfica de una de las novelas menos conocidas de Philip K. Dick. Me había preparado un termo de café, también agua mineral sin gas, cigarros y, en especial, la tranquilidad del silencio porque desconecté el teléfono y celular.
No sabía si vería la película en la portátil o en el dvd player. A veces, estas pequeñas indecisiones tienen el poder de abrirte nuevos caminos inmediatos, destino inmediato compuesto por horas en las que haces cosas que no pensabas hacer.
Me decidí por ver la adaptación en la portátil. Mientras la lectora leía los datos del disco, recibo un mensaje de Inbox de Erika, que me preguntaba si había leído algo de Juan Bonilla. Le digo que sí, y que tenía planeado leer su biografía de Terence Moix, El tiempo es un sueño pop. Le pregunté a Erika por qué me preguntaba por Bonilla y ella me dijo que se encontraba en el Teatro Nacional, en donde acababan de anunciar a Bonilla como en el ganador del Premio Mario Vargas Llosa. Erika, como toda reportera cultural responsable, había estado cubriendo toda la Bienal y quería armar parte de su nota final con algunas impresiones de este servidor. Ella me decía que el asunto tenía para un par de horas más y que si me animaba podía llegar ya que vivo a cinco minutos del teatro.
Le dije lo que siempre le digo: que no me gustan los saraos literarios, peor si estos tienen el tufillo del oficialismo cultural. Además, quería cuidar mi alma del mal gusto, mal gusto perpetrado por los escribas que han ido a la Bienal sobre Marito con el único objetivo de hacerse un selfie con él. No, así no juega este servidor, que prefiere seguir releyendo las mejores novelas de nuestra estatua que pontifica y sonríe.
Se supone que debía cerrar todas las ventanas virtuales y de esta manera concentrarme en la película, pero no. Apagué la portátil y busqué en mi biblioteca el ejemplar de ese excelente libro de cuentos de Bonilla, la edición peruana de Tanta gente sola, publicada en el 2011 por Revuelta Editores.
Pienso en dos cosas: La primera: con una buena gestión y teniendo las cosas claras se puede editar en Perú a muy buenos narradores extranjeros. La segunda: necesitamos más editores que lean, un editor que lee no solo intenta publicar buenos libros, también está en capacidad de armar un catálogo que con el tiempo podría erigirse como lo más destacado de la narrativa contemporánea, en este caso, la escrita en castellano. El haber editado este cuentario de Bonilla no es más que un irrefutable ejemplo de lo que acabo de decir.
Entonces me puse a repicar el libro. En especial releí en integridad un par de cuentazos: “El lector de Perec” y “Un gran día para tus biógrafos”.
*
Perec.
Cada día me convenzo más de lo siguiente: si haces de Perec tu maestro, sin duda llegarás a buenos puertos, ya sea como lector o escritor.

viernes, marzo 28, 2014



jueves, marzo 27, 2014

30


Se supone que el calor ya debe estar de retirada. Pero no. Las mañanas de los últimos días del último mes del verano son cada vez más calurosas. Al menos, en los meses anteriores sabías que tus horas de supervivencia diaria partían del mediodía hasta las tres y media de la tarde, en donde te preguntabas por la razón de ser de esta canícula. Pasaban esas horas y podías hacer lo que te venga en gana. En lo personal, cerraba media hora la librería y me iba al Don Lucho por una Cusqueña fría y una butifarra, aprovechando que el bar se encontraba vacío, porque me gustan los bares vacíos, sin el bullicio de los monotemáticos.
Si al calor mañanero le sumas el tráfico del centro, tráfico de toda la vida que calculas, pero más pesado desde hace unos días debido a las manifestaciones del mineros que se concentran en la Plaza Dos de Mayo, de donde parten, congestionando las calles, como que el asunto da para pensarlo con cabeza fría. Últimamente he estado a punto de ser testigo de más de una reyerta campal, en especial entre los choferes de micros y custer, bestias sin familia a quienes no les importa la integridad de los pasajeros.
Entonces no me hago problemas, me bajo del taxi, prendo un pucho y decido caminar lentamente, como si nada más que yo me importara.


miércoles, marzo 26, 2014

29


Me instalo en la librería y me conecto a Internet. Busco en Google la web de la revista Buensalvaje, con el único objetivo de ver publicada la lista de escritores y de esta manera conocer los libros que estos eligieron para la encuesta sobre narrativa 1990 - 2010. Si gustan, entren aquí.
Un ligero paneo al asunto me lleva a hacerme algunas preguntas, de las que una resalta por peso y maldad: ¿hasta qué punto el tiempo es el verdadero juez?
A primera impresión, los doce títulos elegidos en novela y en cuento son, en su mayoría, intachables, que no admiten el más mínimo cuestionamiento. Quedan los que deben quedar, consagrándose una vez más La violencia del tiempo de Miguel Gutiérrez, que para mí se posiciona entre las cinco novelas mayores de la historia de la narrativa peruana.
*
Sé que es imposible, prácticamente una utopía, pedirle a los escritores, y no solo peruanos, dosis de sencillez y humildad. Todos escriben en pos del reconocimiento y algunos van más allá de lo normal con tal de conseguirlo, es decir, más allá del enfoque narrativo, desarrollando un plan estratégico de promoción, lo cual no está mal, más bien es lícito, dependiendo de su escala de valores morales y del amor propio que se tengan (es inevitable toparse con aquellos que no conciben la vida literaria y la vida terrestre sin el aplauso de la platea). Toda esa campaña, si valió la pena o no, se pone a prueba en este tipo de encuestas, que como bien señalé sea líneas atrás y en un post anterior. La presente encuesta bien puede jactarse de limpia y clara en cuanto a hechura (no voy a dinamitar mi saludable hígado con el inevitable amiguismo entre contados encuestados (si fueran futbolistas de pista, de hecho harían lindas triangulaciones, pero jamás en La esquina de los amargos, en donde juegan los que saben), como también con algunos nombres que tienen la bien ganada fama de leer a duras penas un libro por año, que debieron inhibirse de participar), así nos guste o no el resultado. Sin duda, este balance es una patada en la entrepierna a los campeones del autobombo y a los lobistas literarios. En realidad, tenía la certeza de que aparecerían entre los más votados, pero ni siquiera figuran entre los semifinalistas, a duras penas entre sus compadres. En literatura nada está dicho y, por el momento, el tiempo ha puesto las cosas en su lugar.
*
Veamos: en novela: La fiesta del Chivo, País de Jauja, La violencia del tiempo, Salón de belleza y Rosa Cuchillo. En lo personal, sacaría la de Bellatin y pondría en su lugar La iluminación de Katzuo Nakamatzu de Higa. Pero se trata de una opinión personal, que no altera la nómina en novela. Lo que sí lamento es la ausencia de una de las mejores novelas del decenio anterior: Sueños bárbaros de Rodrigo Núñez Carvallo, que recomiendo a los narradores (no a las narradoras, porque han demostrado un envidiable conocimiento de causa) aparecidos a partir del 2000, preocupados en la pirotecnia verbal, en el cómo relatar, dejando en el sótano aspectos axiales como la exploración erótica y sexual. Obviamente, esta novela no va de la arrechura, pero mucho le debe a ella. De igual modo lamento la no presencia de Generación Cochebomba, quizá la novela más exitosa de las voces peruanas de la última camada, que no pude elegir porque se pidieron cinco títulos por sección, confiado en que otros encuestados la consignarían. El autor, Martín Roldán Ruiz, es mi amigo, y para la próxima me la voy a jugar por mis patas que escriben muy buenas novelas, en un acto que inauguraré como Amiguismo literario objetivo. En cuento: Las islas, Punto de fuga, El inventario de las naves, Guerra a la luz de las velas y Un único desierto. De estos cuentarios elegí tres, pero también  pude elegir el otro par que no. Viendo los libros de relatos de todos los encuestados, reparé en que algunos escogieron compilaciones de relatos completos. Debí seguir esa saludable trampa y de esta manera manifestar mi admiración por Fantasmas del azar de Fernando Ampuero.

martes, marzo 25, 2014



lunes, marzo 24, 2014

28

Desde hace un tiempo se viene hablando de los raros de la narrativa contemporánea en castellano. Ahora, intentemos entender a qué nos referimos cuando catalogamos a un escritor de raro. Al respecto se pueden decir muchas cosas, podemos pasar horas de horas buscando definiciones, hurgando en la tradición, tensando el discurso pedante para pintarnos de inteligentes e interesantes. En lo personal, no me hago problemas. Llamamos raros a los escritores que hacen obra en la más absoluta libertad, a aquellos que conociendo la tradición idiomática a la que pertenecen, la trastocan en pos del reforzamiento de su poética. Pintarse de raro u original, en primera instancia, podría ser lo más fácil en el oficio literario, como si bastara un argumento sugerente, una escritura de corte experimental, al menos esta parece ser la idea. Por eso hoy en día nos topamos con muchos escritores que apelan a la supuesta originalidad, a los que no demoramos en calificar de estafadores y vendedores de sebo de culebra. 
Con el escritor argentino César Aira no dejo de tener problemas. Lo he leído como a pocos y pese a que no sintonice con su poética, puedo decir que es uno de los más originales y proyectivos en castellano, de los pocos que dejarán huella, una escuela. ¿Raro?... ¿Original?... Lo justo sería no perdernos en potenciales definiciones, puesto que Aira es quien más ha explorado en las fronteras de la escritura, y con este detalle basta y sobra. Cada novela suya es una puerta abierta a un universo distinto y entre ellas ocasionalmente encontramos lazos en común. Entonces, si nos preguntamos en qué radica su originalidad/rareza, no tendríamos que ir a sus libros, sino a su cabeza, a su mente. 
Si deseamos ingresar a su almacén de secretos, qué mejor que explorando las páginas de Continuación de ideas diversas (Ediciones UDP, 2014), en donde el autor cabalga en los caprichos de la memoria y de la reflexión, que bien dan forma a esa caja china de la que extrae todos los recursos que nutren sus ficciones/maldades. Aquí el escritor escribe de todo, de películas, sueños, libros, autores, héroes de historietas y de su familia, en la voz de la primera persona y en pasado. Accedemos pues a su mente y somos partícipes de su mirada, en una suerte de viaje calmado y psicodélico que nos permite tener nociones de los tópicos que lo alimentan como el estupendo y referencial creador que es y que también nos muestra su posición política ante la vida, porque Aira es un escritor político, mucho más político de lo que podamos pensar. 

… 

Publicado en Siglo XXI.


27

Literalmente, paso todo el domingo durmiendo. Me levanté a las nueve y respondí algunos mails y mensajes de Inbox de Face. Cerca del mediodía sintonizo Moviecity Classics y encuentro Twin Peaks: Fire Walk With Me de David Lynch. 
La fidelidad a Lynch se pone a prueba, porque el mero hecho de ver esta obra maestra iba a significar que deje de ir al bar Estadio en donde había quedado con unos patas para ver el clásico del fútbol español. Entonces pienso, me dejo guiar por la razón, a fin de cuentas, tengo la película y serie homónima en dvd, la puedo ver cuando me dé la gana, no necesariamente este domingo. No puedes faltar, estúpidamente tus patas te dicen que andas muy sobrado, pero no es que estés sobrado, es que ahora lo de antes, lo que era tu costumbre dominical, no tiene el mismo sentido. 
Sopesas los pro y contra y respiras hondo, porque aún tienes tiempo de salir y llegar a la hora. 
La cortina musical de la película, ves los nombres de los actores. Carajo, qué obra maestra, te dices entre dientes. 
No lo pensé mucho, me quedé en casa, a sabiendas que podía perderme un partidazo, por la sencilla razón de que la película de Lynch apareció bajo el azar, obediente a su toque mágico que tiene el suficiente poder de hacer nueva una película que ya conocías.

domingo, marzo 23, 2014



viernes, marzo 21, 2014

26

Acaba de salir el décimo número de la revista Buensalvaje. Por el momento, solo diré que se trata de una edición redonda, en la que destacan sus entrevistas: la de Dante Trujillo a Juan Bonilla, la de Carlos Tolentino a Julián Pérez Huarancca y la de Alexis Iparraguirre a Antonio Muñoz Molina. 
Para esta edición se tenía programada la publicación de una encuesta, a cargo de Alonso Rabí, que iba a dar cuenta de las mejores novelas y de los mejores cuentarios peruanos publicados entre 1990 y 2010.
En lo personal, no me interesa participar en encuestas, ni en nada que tenga que ver con el espíritu colectivo, pero ahora lo hice por la sencilla razón de que en la web de la revista se publicarían los nombres de los encuestados más los títulos que eligieron. Eso es lo que me gusta: el juego limpio y claro, lo que no se esconde, que no es otra cosa que el aval moral que debe acompañar todo proyecto bienintencionado. Se trata de un pequeño gran detalle que diferencia a esta encuesta de aquel zafarrancho sobre poesía peruana contemporánea cometido por José Guich, Luis Fernando Chueca, Carlos López Degregori y Alejandro Susti (nada personal, señores) en Espléndida Iracundia
He entrado más de una vez a la web de BS y aún no encuentro los títulos que eligieron los encuestados. Sé que se publicarán en los próximos días. Por el momento, dejo a continuación los títulos que consigné, los cuales volví a releer, ya sea en parte o íntegramente para estar seguro de mi decisión. Sé que en el camino quedaron novelas y cuentarios de incuestionable valor literario, pero ahora pidieron 5 títulos por cada sección. Así es el fútbol. 
Sin orden de jerarquía: 
Novelas: La fiesta del Chivo, de Marito; La violencia del tiempo, de Miguel Gutiérrez; Sueños bárbaros, de Rodrigo Núñez Carvallo; Rosa Cuchillo, de Óscar Colchado; y La línea en medio del cielo, de Francisco Ángeles. 
Cuentarios: El inventario de las naves, de A. Iparraguirre; París personal, de Marco García Falcón; Punto de fuga, de Jeremías Gamboa; Un único desierto, de Enrique Procjazka; y El pez que aprendió a caminar, de Claudia Ulloa Donoso. 
Eso es todo, por ahora. Usen bloqueador.


25

¿Te gustan Alice Munro, Lorrie Moore, Joan Didion, Zadie Smith, Toni Morrison y Joyce Carol Oates? Si es así, entonces la irlandesa Iris Murdoch te va a encantar: ella es su maestra. Si no, te sugiero que te des una oportunidad, léela y le agradecerás por tamaña oportunidad. 
Narradora de lectores incómodos y exigentes. Narradora para narradores. Narradora cuya poética se encamina en los más escondidos senderos de la dimensión humana. Lo que pocos se atrevían a contar, ella lo hacía como nadie. Murdoch te seduce, te divierte, te susurra en el oído y te hace partícipe de un espectáculo degradante del que no quieres ser parte. La lees y sientes un oscuro alivio porque sabes que no eres ni remotamente uno de sus personajes. 
En Henry y Cato, acaso su mejor novela, asistimos a una narración lineal, llámale pura, de aliento decimonónico pero sin la carga de las descripciones exhaustivas. A nuestra autora no le gusta detallar lugares, ni objetos, sino sensaciones que determinan el comportamiento de sus personajes, tal y como vemos en las primeras páginas con la desazón del sacerdote Cato Forbes en el puente ferroviario de Hungerford de Londres. ¿Qué es lo pasa? ¿Por qué camina de un extremo a otro del puente? ¿Acaso piensa suicidarse? Su extraño accionar nos lleva a barajar más de una especulación. En la misma línea narrativa, se nos presenta a Henry Marshalson, quien regresa  a su país para hacerse cargo de una herencia que no esperaba. Mientras intenta dormir en el avión, Henry se cuestiona por cada una de las decisiones que ha tomado en los últimos años. La peor de ellas: pensó que en Estados Unidos iba a encontrar un sentido para su vida. En él detectamos una violencia interna que canaliza, en especial, en su madre. Piensa en no frecuentar a nadie ni bien arribe, pero también sabe que no sirve de nada aislarse, por ello, considera que su viejo amigo Cato es la única persona que vale la pena buscar. 
Esta escritora, considerada en un su momento “La mujer más inteligente de Inglaterra”, despliega genialidad al momento de poner en el asador los complejos y taras de Cato y Henry. Ambos hacen gala de una alta cultura, de una sólida formación y de una mente privilegiada. Murdoch los desnuda en el punto más sensible y aparentemente impenetrable: su moral. Nos convertimos pues en espectadores de primera fila de su cirugía literaria, porque eso es lo que hace, sanarlos, pero los cura en el enfrentamiento con lo que menos están dispuestos a aceptar. Sin más, son arrojados a la hoguera. 
Esta obra maestra encapsula lo mejor de la autora, en ella sufrimos, disfrutamos y aprendemos con su mirada, voz y costura narrativa. Se dice que las grandes plumas ofrecen idóneas puertas de acceso. Pues bien, estamos ante la puerta idónea de una obra narrativa que a la fecha se yergue como una de las más contundentes desde la segunda mitad del siglo anterior, sin exagerar. 
Por lo dicho, esta reciente reedición de Henry y Cato por el gran sello Impedimenta, es un genuino motivo de celebración. Murdoch vuelve con el único objetivo de seducir a los lectores de las nuevas generaciones. Desde hacía buen tiempo me preguntaba por qué no la conocíamos más, por qué no la leíamos como la teníamos que leer, por qué no nos inspirábamos en su magisterio narrativo. Pues bien, se acabaron los lamentos. 

… 

Publicado en Buensalvaje 10


jueves, marzo 20, 2014

24


En estos días he estado leyendo un libro peculiar, que me ha gustado no precisamente por contundente, sino porque en determinados pasajes reforzó mi idea, esta: es mejor leer a los escritores que “escucharlos”.
Soy muy afín a aquellos libros en los que los escritores hablan de sí mismos, sobre su método de trabajo y de las ideas que sustentan sus poéticas. En esta vertiente de la tradición de los retazos, podemos encontrar genuinas obras maestras, como La novela de una novela de Mann, Tránsitos de Fuguet, Cartas a un joven novelista de Vargas Llosa, Dietario voluble de Vila-Matas, La invención de la soledad de Auster, Continuación de ideas diversas de Aira… Obviamente, cualquiera no puede escribir sobre su obra e ideas, o mejor dicho, cualquiera no puede publicar estas ideas, para hacerlo se tiene que ser un grande, una voz que genere reflexión y discusión entre los lectores.
*
Últimamente he vuelto a la poesía norteamericana (al respecto haré un post más detallado) y en la búsqueda bibliográfica encontré La poesía y los poetas de Howard Nemerov. Aquí Nemerov reúne a diecinueve poetas norteamericanos de inicios de la segunda mitad del siglo XX. Cada uno de ellos nos ofrece una radiografía detallada de la magia que los impulsa a escribir poesía. Confieso que no conocía a algunos, a otros los había leído en antologías y por la red, y a los que sí, a quienes les profeso una no menos que rendida admiración, tres: John Berryman, Robert Duncan y Gregory Corso. 
Sin duda, y quizá movido por el aún recordado fuego de los años juveniles, me interesé por el testimonio del beat Corso. Para ello, leí los testimonios de los poetas que no conocía, a manera de previa del fuego de Corso. Porque eso es lo que espero de un beat: fuego, ideas que aturdan, una postura nada quieta ante la vida, un cuestionamiento permanente de la realidad. Pero qué ocurre cuando a un poeta valorado como poeta y admirado como disidente del sistema le lees ideas no trabajadas, dignas del más inútil lugar común. Te preguntas si Corso fue solo voltaje verbal o un mero borrachín que más allá de la poesía y la rebeldía callejera era incapaz de pergeñar un discurso sólido que nos ofrezca luces de su capacidad de análisis. Por eso, a los poetas y narradores, en su gran mayoría, solo hay que exigirles poemarios, cuentarios y novelas, no interesa que sean malas, buenas o excelentes publicaciones. No hay que pedirles lo que no pueden dar.

miércoles, marzo 19, 2014



martes, marzo 18, 2014

23


El sábado pasado recibí la visita de Javier y Gustavo. Ambos son muy buenos lectores. Cada vez que vienen hablamos de todo, al punto que ya quedé con Javier en ir a la Final del Mundialito del Porvenir. No voy a una final del mundialito desde hace más de diez años y aún no se borra de mi mente aquella final que acabó en una batalla campal, de esas, de las verdaderas. En estas definiciones, los jugadores se portan como lo que son: bestias tras un balón.
Quizá sea esa algarabía y violencia lo que más me gusta del mundialito, en donde he visto a jugadores que juegan con los ojos cerrados y de memoria, también a ex jugadores profesionales que juegan ante todo por orgullo, por mantener en vilo el reconocimiento popular, por sentirse ubicados por el peatón de a pie y así olvidar el ninguneo de las grandes ligas. Tampoco la idea es presenciar un partido en pista, sino enfrentarte a ese ambiente de festiva tensión, en el que una mirada mal calculada bien puede despertar los más inesperados gestos de cortesía chavetera entre los espectadores; ahora, esta cortesía, y no solo chavetera, la vez también en las señoras que venden almuerzos al paso, en los heladores, en los vendedores de chica, maracuyá y gaseosa. Hay que tener cuidado, sí, cuidado, pero en especial con la cortesía alfa, la que para mí es la más peligrosa de todas las cortesías, puesto que esta sí genera reyertas sangrientas.
Conozco a más de un traumado de la cortesía alfa. Por ello, si te caes por la final del mundialito, tienes que saber mirar, mirar sin que noten tu obviedad. Es difícil, pero se puede, no te confíes porque nadie sabe lo que puede ocurrir cuando los ex futbolistas profesionales, los capitanes de la policía y uno que otro empresario de plásticos y textiles pueden llegar a hacer si te descubren comiéndote a sus mujeres con la mirada. Es que estas mujeres solo van a exhibirse, es que estas mujeres son la inspiración oculta del Mundialito del Porvenir.

domingo, marzo 16, 2014



22

Días atrás murió el poeta Leopoldo María Panero. 
No lo niego, la noticia llamó mi atención, porque durante un tiempo lo leía con avidez, en especial la producción de su etapa inicial, en la que sí podíamos rastrear una propuesta, detectar una mirada, encontrar a un poeta de verdad. Pero a medida que pasaban los años el poeta de verdad se me fue diluyendo, entonces regresaba esperanzado a sus poemarios iniciáticos, para no perderle la fe, para ver si aún sobrevivía ese voltaje lírico que de muy joven me afectó. 
Es por ello que uno guarda silencio, y este silencio no es gratuito. Tampoco se trata de un silencio de admiración, sino uno que huye de la posería de aquellos que escriben lamentando la muerte de Panero sin haberlo leído, guiados por esa leyenda de poeta maldito. Es que allí está el toque de la milanesa: quitemos la leyenda y leamos la obra y de esta manera veremos lo que verdaderamente queda de esta: muy poco.


sábado, marzo 15, 2014

21


Parado en la esquina, fumando un pucho, esperando un taxi o una custer, lo que se me diera por abordar. Tenía tiempo de sobra, quería caminar, pero había que evitar el sol, el sudor que a la fuerza te hace perder cinco kilos. Obvio, te gusta sudar, quemar todas las calorías posibles, pero no es el momento para “quemar”. No hay peor sensación que la de estar hecho una melcocha. Además, te sientes muy fresco, oliendo a jabón, y la posibilidad de parar un taxi se vuelve cada vez más factible, porque quieres seguir en esa frescura que te prepara para lo peor: el insoportable calor que va de mediodía a cuatro de la tarde.
¿No estaría mal caminar cinco cuadras?, te preguntas y sonríes porque la sombra se encuentra del lado de la recta que caminarás. Y te impulsas por esa recta, yendo despacio, atento al brote de la primera gota de sudor. Acabo el pucho y prendo otro y pienso en lo que algunos escritores me dicen de lo poco que escriben en verano, que a las justas pergeñan cuentos y que si escriben novelas, se lanzan con “novelas de verano”. Me pregunto entonces a qué mierda se refieren con “novelas de verano”.
Es cierto que es muy complicado escribir en calor, pero hay que organizarse, o bien hacerlo en las mañanas o en las noches. A mí me resulta imposible escribir en las noches, que dedico exclusivamente a leer, a ver películas y a los placeres.
Pienso otra vez en la supuesta imposibilidad de escribir en verano, pero afino el análisis al paso y llego a la conclusión de que muchos escritores que admiro son escritores de verano, o mejor dicho, escritores bajo el amparo del clima cálido, tropical, como Lezama Lima, Sarduy y Pedro Juan Gutiérrez, por citar algunos que recuerdo en estos momentos. Al respecto, tengo la costumbre de releer los cuentos de PJG y caigo en la cuenta en ese protagonista invisible presente en toda su poética, el calor, que funge de móvil y de estímulo para la fiesta sexual de la que dan cuenta sus personajes, en especial Pedro Juan, alter ego del autor.

viernes, marzo 14, 2014



jueves, marzo 13, 2014

20


Anoche empecé a leer una novela que promete: La estrategia del Koala del español David Roas.
Sin duda alguna, Roas es el capo mayor hoy en día de la literatura fantástica en castellano. Conozco a más de un estudioso de lo fantástico que ha enmarcado su imagen y que la tiene en el estudio, colgada en un estratégico punto visual. No es para menos, porque aparte de talentoso narrador, es también un excelente crítico. En este sentido, recomiendo su ensayo Tras los límites de lo real. Una definición de lo fantástico.
Como dije, leía la novela de Roas, pero una noticia cortó mi concentración. Noticia que debí pasar por alto y así no perder mi tiempo. Mi plan era avanzar lo de Roas para luego dar cuenta de Nymphomaniac de Lars Von Trier.
*
Pues bien, así fue la desconcentración: un pata me llamó, su voz sonaba emocionada, no entendía sus palabras, solo era evidente que estaba feliz.
“Me voy a Huancayo”, dijo.
“Qué bueno, ¿qué hay allí?”
“¿No lo sabes?”
“No”.
“G, viene Stephen King a la Feria del Libro de Huancayo”.
Terminé de hablar con él y me conecté al Facebook. Evidentemente, medio mundo hablaba de la llegada de King a la Feria del Libro de Huancayo. Ingresé a los enlaces de La República, Lima Gris y El Trome, en donde se detallaba de la presencia del escritor para fines de abril.
*
Aproveché y conversé por el chat de Face con algunas personas con las que no conversaba en buen tiempo. El tema inevitable: Stephen King en Huancayo.
Felizmente, no pasó mucho tiempo para que la verdad se imponga.
*
Gracias a un post en Lee por Gusto me entero del chanchullo mayúsculo que pretendía disfrazarse de esforzado evento cultural.
En realidad, no tendríamos que sorprendernos: así como hay mercachifles en el fútbol que prometen traer a Bielsa y terminan contratando a Bengoechea, de la misma manera tenemos mercachifles culturales que prometen lo que no pueden cumplir.
Felizmente, en este caso, dimos con mercachifles burdos, idiotas, primerizos, cuyo único objetivo era hacer una suculenta chanchita con el alquiler de stands para la feria. Qué buen anzuelo para los expositores de libros que anunciar la presencia de un escritor de talla mundial, se dijeron, pensaron, o lo que fuere.
*
A lo mejor me equivoque, quizá los organizadores de La Feria Internacional del centro El Tambo, Ivanna Ferszt y Henry Quintanilla, filtraron por culpa de la emoción nombres erróneos. Dijeron que vendría la nieta de Gorki, cuando debieron decir que se trataba de la nieta de la amiga de la sobrina del padrastro de la tía del abuelo de la trampa del primo de sexta generación del papá de la nieta de la mejor amiga de la sobrina de Gorki. No seamos malos con los organizadores, pues, seguramente se huevearon en buena fe, nunca quisieron invitar a Stephen King, sino más bien al narrador inédito Esteban Rey.

miércoles, marzo 12, 2014



martes, marzo 11, 2014

19


Anoche, después muchos años vi una película de culto, en este caso, una película de culto que esconde muy bien sus canas: The Outsiders (1983) de Francis Ford Coppola.
No es una obra maestra, pero más allá de ello, y ampliando la mirada sobre el trabajo de FFC, me pregunto: ¿no estaremos ante uno de los cinco mejores directores de cine de la historia?
En esta inquietud no juega la excelente biografía sobre FFC que devoro. Nada. Mucho menos mi entusiasmo cada vez más creciente por esa maravilla que todo amante de cine está en la obligación de ver: The Conversation (1974).
Y eso, eso, que no estamos hablando de Los padrinos…
¿Apocalypse Now?
No sigo.
*
Si hubiese visto The Outsiders a la misma edad de sus protagonistas, a lo mejor me evitaba más de un problema, pero no, la vi años después, cuando ya había reprimido toda la violencia adolescente que exhibía a la más mínima tontería y provocación.
Mientras la miraba, pensaba, pensaba y llegué a la conclusión de que el contexto no es determinante en el carácter de uno, no resulta decisivo. La decisión final sobre lo que haces o dejas de hacer la tiene uno mismo, si vas, te haces responsable, y si no, te evitas problemas que no te competían. Mi problema era que me quería hacer el malo cuando en el fondo era un buen muchacho.

"coffee and cigarettes"


lunes, marzo 10, 2014



domingo, marzo 09, 2014

18


De los narradores peruanos que aparecieron a inicios de siglo, pocos gozan merecidos reconocimientos literarios. Me refiero a los reconocimientos literarios avalados por el lector responsable, el que no se deja engañar por las campañas de promoción/autopromoción de aquellos que a lo bestia anhelan destacar.  Pues bien, uno de esos contados narradores es Carlos Yushimito.
Cuando leí un relato suyo en la revista Diégesis, hace ya muchos años, supe que me enfrentaba a un escrito serio, de oficio. Estaba ante una voz distinta, ante un orfebre de la palabra, ante un hacedor de imágenes, ante un albañil de atmósferas, ante un hechicero que se hace el sano. Además, durante un tiempo pensé que Yushimito era un buen poeta perdido en los registros de la narrativa.
De este tipo de autores siempre tenemos que esperar más. No es para menos, porque pertenece a ese selecto grupo de voces que genera expectativas. Pues bien, estas expectativas las corroboramos, en parte, en Los bosques tienen sus propias puertas (Peisa, 2013). Leemos el cuentario y entendemos por qué Yushimito es uno de los nuevos narradores hispanoamericanos de mayor fuste, y, en el plano local, entendemos por qué, junto a Marco García Falcón, es el mayor prosista de su generación.
*
Seis relatos, algunos de los cuales con el respiro de la novela corta: “Flechado por Tocantins” (excelente), “Los climas extraños” (regularón), “75, Calle Prince Edward” (bueno), “Rizoma” (el que me gusta más), “En que da cuenta Lázaro de su amistad con un ciego traficante de historias de los infortunios que con él pasó” (el más flojo de la colección) y “Los bosques tienen sus propias puertas” (también excelente).
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Leí el cuentario hace poco más de un mes y quedé en silencio. No quería ser presa de las trampas de la primera impresión, esas trampas que sobredimensionan nuestros conceptos, que nos llevan a la primicia que se olvida, trampas que todo crítico/comentarista/opinólogo literario debería evitar para luego no quedar como hipócrita ante los patas que estupefactos escuchan/leen esa nueva verdad de la lectura.
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Los buenos libros traen consigo preguntas e inquietudes, de las que tengo una en estos instantes: ¿hasta qué punto la coraza verbal garantiza la calidad literaria? Pienso en La evasión de Christopher Van Ginhoven, en Casa de Islandia de Luis Hernán Castañeda y en Las siete bestias de Crist Gutiérrez-Rodríguez. Novelas y cuentarios que exhiben una más que estimable coraza verbal. Pues veamos: si a estos títulos les extraemos esa coraza, o sea, si los desnudamos, nos queda el aliento del conflicto, el espíritu luciferino que nutre la poética, el rasgo que define el sendero hacia la verosimilitud del relato, el puente con la biografía literaria, el estilo, es decir, el nexo del lector con el texto.
Sin la señalada coraza verbal, los relatos de Los bosques tienen sus propias puertas quedan a la intemperie, se ahogan en la inverosimilitud, exhiben una ingenuidad adolescente, muestran poco nervio y una floja visión de la condición humana. Este reparo no desmerece en absoluto la publicación. Pero es necesario decir que ahora Yushimito privilegió por sobre todo las formas.
Queda en el tapete su gran destreza para las imágenes y metáforas, nos quiso demostrar por qué es un gran orfebre y vaya que lo consiguió. Aquí encontramos frases y párrafos que muy bien nos acompañarán durante mucho tiempo. Ahora, esta no es una característica permanente de su propuesta. Recordemos Las islas, a la fecha un cuentario de culto.

sábado, marzo 08, 2014



viernes, marzo 07, 2014

17


En este blog he escrito de Henry Miller más de una vez. Miller es para mí una droga, vengo releyéndolo desde hace tres años y hasta el momento no me siento para nada decepcionado. Siento su poética de la misma manera cuando lo empecé a leer a fines de los noventa.
Además, cada vez que vuelvo a su obra, no dejo de preguntarme lo siguiente: ¿por qué hay tantos escritores o lectores que lo ubican como un escritor desfasado que lo único que hizo fue escribir de sí mismo?
Me resulta imposible no pensar en una respuesta lógica sin recurrir a la furia emocional. No hay nada que me moleste más que la posería y la dizque opinión adelantada de los que suelen dictaminar por ignorancia.
Sorprende que devalúen al norteamericano escritores que practican el discurso del “yo”, ese discurso que más de un pájaro se refocila en su supuesta novedad; algunos, los temerarios del concepto, aseguran que este registro nace del auge de las redes sociales.
¿Han leído algo en sus vidas?
Se escribe mucho pero se lee poco.
Por eso nos descolocamos cuando se nos venden libros que se pintan de experimentales en estructura, de plásticos en lenguaje, canalizados en el discurso del “yo”. Hablan de la tradición del registro, de sus influencias y no mencionan Miller ni de refilón.
¿Y qué decir cuando lo catalogan de desfasado?
No quiero maltratar mi hígado, deseo más bien que mi ánimo vaya acorde con la claridad solar de la mañana, sin embargo, esto no me impide brindar un ligero pero bien intencionado consejo: si dices que Miller es desfasado, se debe a que te falta tirar más o no has disfrutado como se debe de los placeres del sexo.