martes, mayo 03, 2016

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En la mañana me dirigí al Virrey de Lima. Había quedado en conversar con Carola. Cuando llego, Dio y Dajo me dicen que acababa de salir con José Luis, pero que regresarían en una hora. Me quedé un toque hablando con ellos, inevitable no hablar del partido de ayer entre celestes y cremas. Un partido que debieron ganar los celestes, pero ese gol de Flores, no solo es de otro partido, sino también de otro jugador, suficiente para ganar un torneo local como el Apertura.
Salí un rato, caminé hacia el Puente Trujillo, en el Rímac, en donde visité a los libreros de Quilca ubicados en el Parque de la Integración. No estaban todos, pero me quedé un toque conversando, con los que se encontraban, de los planes culturales que se tendrían que hacer en los siguientes días.
Regresé a la librería y me puse a conversar con Carola, que estaba reorganizando toda la librería. Y la ayudé un poco acomodando algunos libros en los anaqueles. De paso, aproveché en recoger el libro de Celacanto que me faltaba, el poemario de Julia Wong.
Estuve media hora más y me despedí.
Hacía calor, pero no me gustó del todo, pese a que soy fanático del sol de otoño.
En el cruce de Carabaya e Ica, me encuentro con “El caminante”, que cargaba una olla gigante.
No le quise preguntar qué había en esa olla, aunque me lo imaginaba. Ese es “El caminante”, académico, lector, librero y narrador. No le quise quitar más tiempo, pero le pregunté qué es lo que hicieron “Los Zepitas Boys” el viernes, porque pensé que los iba a ver en San Borja.
Quedé sorprendido por lo que me contó. ¿Puede haber tanta coherencia e incoherencia en los “ZB”?
El pasado viernes los “ZB” se reunieron, como siempre, recorrieron las calles del centro a la búsqueda de joyitas librescas en los huecos en donde nadie más, y solo ellos, ingresan. Tuvieron suerte en su cacería de libros, y para celebrar la jornada, se fueron a dar cuenta de un potente choripán que venden en Metro de Alfonso Ugarte. Más de un vez he comido ese choripán y puedo dar fe de su espectacularidad. Compraron cervezas en lata y cada uno repitió el gusto con el choripán. Me los imaginaba al “Niño aguaruna”, “El Caminante”, “Mr. Chela”, “Cachetada nocturna”, “Paganini” y “Mr. Paramonga”, discutiendo de literatura, de sus proyectos narrativos, lo cual está bien, porque son muy buenos lectores, y bastante airados en sus opiniones literarios, a saber, “Chalina suicida” tiembla con el también llamado “Bolaño de Ñaña”, según se mire; y bajo la admiración que les despierta Miguel Gutiérrez, al que consideran el modelo a escritor a seguir, cartografían la narrativa peruana. Los “ZB”, no se vienen con huevadas. Para ellos, Gutiérrez es el “Taita” de la narrativa peruana, así “Reseña Delivery” Aquino diga lo contrario sin haberlo leído. Los “ZB” han leído, releído, estudiado, como pocos, a Gutiérrez, y cada vez que pueden, asisten a cada una de sus charlas, que son contadas. 
“El caminante” me seguía contando de lo buenazo que estaba el choripán, pero no tardé en decirle que mientras ellos estaba deglutiendo choripanes en Alfonso Ugarte, yo me encontraba en una charla de Gutiérrez en San Borja, en la que Dio lo entrevistó. Una charla-entrevista pública que salió de la putamadre. Gutiérrez risueño mezclando pasión libresca con sabrosas anécdotas de su vida en Piura, y rescatando nombres, al menos para mí, que no he leído nada de Pepe Durand.

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