miércoles, junio 22, 2016

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Cerca del mediodía abro los ojos y sigo en la lectura de un novelón: La quinta esquina de Izraíl Métter, que me la recomendó “Luciano Lamberti”. Me sumerjo en la lectura y las ganas de levantarme de mi cama son totalmente nulas, sumemos también el poder del frío. Pero igual me levanto y voy a la cocina por un café. Mientras pongo agua a hervir, reviso algunos Inbox de Face. Uno de ellos es del “Niño aguaruna”, que está asado, iracundo, y no sé por qué. Los improperios van dirigidos al universo entero, ninguno a mí, porque sabe que me basta con una ligera zarandeada para ponerlo en vereda. En la refrigeradora, un generoso pedazo de torta que me envío mi cuñada Vanessa. Entonces, ese será mi desayuno, uno frugal, antes de meterme al sobre y seguir leyendo a Métter. Pero no puedo disfrutar de mi café, el cel no deja de vibrar: cuando al “Niño aguaruna” se le pierde la correa, no hay nadie que lo detenga, aprovecha como muchos la valentía virtual, le mando un mensaje de voz y le digo que salga un rato de la chamba, para que respire y se calme. Felizmente, se desconecta y me concentro en mi café y pedazo de torta.
Al rato vuelvo al sobre y sigo en la lectura de La quinta esquina. Siempre he creído que hay dos tipos de novelas, al menos en esa vertiente que llamamos “fragilidad narrativa”, es decir, las novelas con las que vuelas, que dependen mucho de la sensación del lector antes que en su raciocinio, quizá deberíamos llamarlas “novelas sentimentales”. Pues bien, esa fragilidad también se hace presente en el ritmo de la narración, que por más que vueles durante su lectura, no quiere decir que pases de largo de lo que te cuentan sin procesar lo que lees. Esa es la diferencia de estas novelas que vuelan con las llamadas novelas light, la transmisión, conexión con el lector.
Sigo leyendo la novela. 
No hago caso al berrinche del “Niño aguaruna”, que vuelve a la carga, luego escucharé las quejas existenciales de mi hijo literario. Más importante es esta novela, como tiene que ser, y claro, también la música que estuve escuchando el domingo pasado en la noche.

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