jueves, julio 21, 2016

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Bastaron tres generosas gotas de lluvia que ingresaron por la ventana abierta, generosas gotas de lluvia que se estrellaron en mi cara para despertarme y no poder recuperar el sueño. No he dormido mucho, pero sí he dormido algo, y esas pocas horas de descanso han sido claves porque ayer, todo el día miércoles, no pude dormir bien, más bien la pasé dopado, medio duro, con la voz que la arrastraba cada vez que tenía que hablar.
Abro Spotify y busco algo de John Coltrane, no un álbum en especial, sino cualquier seguidilla de canciones que me permita pasar esta mañana de frío y de generosas gotas de lluvia que siguen ingresando por la ventana. Bueno, por una suerte de cábala, no suelo cerrar las ventanas de mi habitación, esa es a lo mejor una manera de mantenerme atento, lejos de la tentación caliente de seguir metido en la cama, entonces aprovecho el tiempo para leer, digamos la primera tanda de lecturas del día, y sigo con El fuego de las multitudes de Alexis Iparraguirre, con quien conversaré mañana en El Virrey de Lima. Esta lectura desplazó, por tácitos motivos, otra lectura que me gustaba, Interrupciones, del editor chileno Matías Rivas. Se trata pues de un libro que recopila los ensayos y artículos de Rivas sobre la experiencia de la lectura. En el primer texto, el chileno habla de la luminosidad de las lecturas formativas, de su poder que cimentaron nuestra pasión por la lectura, además, fiel a su estilo, lanza un justo zapatazo a los poseros de la lectura. En este aspecto, y mientras leía el libro en el taxi dirigiéndome a Sur, pensaba también en los poseros de la música, asociaba pues varios casos que conozco, si todos ellos son cortados por la misma impostura, pero una impostura sin estilo. Quizá pensé más de la cuenta en esta relación, mi mente se encontraba excesivamente sensible ante los embates de las pepas, situación que reforzaba aún más mi innata inclinación a la distracción, más aún cuando ya me encontraba en Sur. Por eso, seguro que sí, no me di cuenta que en pleno homenaje de Kloaka a Eduardo Chirinos, homenaje conformado por dos mesas, cada una con su respectivo moderador, no me percaté precisamente de los moderadores, entonces, dirigí la primera mesa, mandándome un discurso sobre Kloaka, discurso, y lo digo a manera de sugerencia, que debería ser usado por los académicos del grupo, por allí, pues, viene la gracia, pero bueno, ese no es el problema, el problema es que precisamente el moderador de la primera mesa era un gordito que durante todos estos años no ha hecho otra cosa que no sea hablar mal de mí, gordito al que blanqueé involuntariamente, porque como dije, no me había fijado en los moderadores; de haberlo sabido, le daba el pase como si nada, pero para que se calme y no piense mal, para que no piense que fue a propósito, le pido disculpas en este post numerado, ya que, como señaló Maradona, “la pelota no se mancha”, que también sirve para la literatura, y eso fue lo que pasó ayer, la literatura se impuso, puesto que el homenaje a Chirinos a cuenta de Kloaka salió de la putamadre. 
Ahora, a seguir con la lectura del libro de Iparraguirre.

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