sábado, agosto 13, 2016

"interrupciones"

Me acerqué con mucha expectativa a Interrupciones (Hueders, 2016), del poeta y editor chileno Matías Rivas. Pues bien, estas expectativas quedaron más que justificadas, al punto que por más de un tramo deseé que sus páginas fueran interminables. Y ojalá, eso es lo que espero de nuestros distribuidores, este libro no demore toda una vida en exhibirse en nuestras contadas librerías librescas.
Sigo…
No era para menos, en estos textos, a los que Rivas llama ensayos (Nota del autor), proyectan una cualidad que cada vez vemos poco en los artículos de opinión cultural en los diarios. No solo hablamos de gusto y exigencia literarios por parte del autor que nos cita, sino ante todo de un carácter que le permite escribir desde el respeto y el conocimiento de causa de todos los temas y circunstancias que rodean el acto de la lectura. A partir del ocio tan asociado al acto de la lectura, podemos entender el título de la presente publicación.
La lectura como evasión.
La lectura como un alejamiento de la rutina.
La lectura como única manera de entender la vida.
Sus secciones: Variaciones y Digresiones; Apuntes sobre literatura chilena; y Lecturas parciales.
En cada uno de estos tres apartados, Rivas deja constancia de una voracidad por la letra impresa, que como tal, no es ajena a su espíritu crítico, pautado por un tono íntimo, el mismo que lo lleva a transgredir con el fin de enriquecer los cotos de un registro como el ensayo. En este caso, entendamos transgresión como una oxigenación que quiebra el discurso señorial del ensayo, estrategia que le brinda al autor los suficientes senderos para que no solo nos hable de los libros que lo han configurado como lector, sino de esos otros aspectos que acompañan a la experiencia lectora, es decir, Rivas nos habla también de su vida, de su trayectoria literaria y de Santiago como espacio de encuentros y desencuentros emocionales y librescos. Esa suerte de mestizaje discursivo es lo que eleva a la publicación, la que lo que extrae de su inevitable condición ensayística, encausándola por los pasadizos del diario, pero no del diario del escritor, sino del lector. Es por ello que los textos reunidos en esta publicación, tranquilamente no pueden depender de su segmentación temática, puesto que esta no ejerce ningún divorcio con la luz de la mirada de su hacedor, mirada presente en cada de estas páginas.
Claro, hablamos de amor por la lectura, mas no de un amor que alecciona, sino de uno que cuestiona todo tipo de tópico a partir de ella. Por ello, la obvia presencia de libros y autores no es solo lo que caracteriza a Interrupciones, sino también la recurrencia sobre la política, la historia y la filosofía. O sea, nos enfrentamos a un libro que bien podríamos calificar como un peligroso y estimulante abanico temático. Valiéndose de esta fundición de saberes, Rivas consigue lo que pocos ensayistas actuales: proyectar en los lectores un crisol de intereses, canalizado en nuevos puntos de vista sobre los temas ya recorridos por el lector entrenado y el lector con formación, que a fin de cuentas son prácticamente lo mismo para Rivas. A saber, y pensando en el lector local, traigo a colación el ensayo “Luis Loayza y el Perú exquisito”, un texto que comienza con dardos de Rivas a la actitud y postura de sus compatriotas para con la cultura peruana, para luego, y con una prosa pausada, enfocarse en las revelaciones que le suscitan los libros del Salinger peruano. Este es solo uno de los muchos ejemplos que podría citar sobre la actitud de este poeta y editor, que antes de quedar bien con los relacionados y poderosos del circuito cultural, prefiere quedar estar bien consigo mismo, en franco testimonio de entereza intelectual y actitud moral. No nos equivocamos en destacar esta actitud, porque en esta ética vemos también una crítica abierta al intelectual latinoamericano promedio actual, que para parecer más interesante mina su discurso, por ejemplo, con referencias pop con las que pretende cubrir su tara mayor: su inclinación por el servilismo y el lustrabotismo con el poder cultural y político de turno, ergo, haciendo alarde de una nulidad crítica o, lo que es peor, una crítica estratégica.
Pues bien, si hasta aquí te sientes satisfecho con las sensaciones que despierta este libro marcado por el espíritu del diario, te sugiero un respiro más, porque a sus cualidades señaladas, sumemos la más reveladora: la experiencia de la lectura para ser compartida, compartir libros y autores no para alardear superioridad, ni mucho menos sabiduría plástica, que no son más que las marcas de la ignorancia disfrazada y la inseguridad vergonzante. 
Rivas comparte lecturas y opiniones, y lo hace con rigor generoso.

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