domingo, noviembre 06, 2016

enigmática y recargada

Si sabes buscar, en calma y sin caer presa de la vesania que generan los inevitables anuncios de las novedades, puedes encontrar varias sorpresas en las parrillas de Neftlix. Pienso en una de las series que tendría que ser vista por todo aquel que se considere un entrenado consumidor de historias. Obviamente, en esta galaxia todos somos adictos consumidores de historias, pero ese detalle no nos libra de las divisiones, más aún en estos tiempos en los que el formato audiovisual nos impone reglas que, sin pensarlo mucho, nos ajusta, a saber, a su tiempo de duración.
Las películas, de hora y media hasta donde lleguen. Y las series, entre 45 minutos y, rozando como mucho, la hora de duración. Lo dicho puede parecer un razonamiento por demás elemental, pero a las pruebas nos remitimos para consignar este dato general sobre las producciones audiovisuales que venimos consumiendo a niveles de excluyente adicción. Es por ello que nos gratifica salirnos de las normas, y mejor aún con una serie que desafía todas las convenciones del divertimento cronometrado, privilegiando el nervio de la historia, pero a la vieja usanza, sin apelar a efectismos visuales, únicamente dependiente de la capacidad histriónica de sus actores y de la fuerza que estos transmiten en la configuración moral de sus personajes.
Así es: la serie Hinterland.
Pero antes de adentrarnos en los méritos de la serie, debemos consignar algunos detalles que nos den luces sobre la misma. El primero de ellos, nos referimos a una producción que nos brinda dos versiones idiomáticas, tanto en galés y en inglés. Para sus productores, el consumo local es tan importante como la internacionalización de su producto, es decir, esta dualidad idiomática nos entrega una imagen del trabajo de sus directores (Marc Evans, Gareth Bryn, Rhys Powys, Ed Thomas y Julian Jones) y autores, porque cada episodio, cada escena, cada giro verbal y silencio han tenido que filmarse dos veces. Y por la información que hemos podido cruzar, en ninguna de estas dos versiones idiomáticas se resiente la serie. Por otro lado, en sus dos temporadas, la primera del 2013 y la segunda del 2015, los productores no se han visto tentados por el facilismo mercantil, respetando, a la fecha como una marca ética, la duración de cada uno de los episodios (nueve entre las dos temporadas) a su inquebrantable hora y media.
Entonces, sugerimos al posible interesado no pensar mucho al respecto, puesto que la duración de cada episodio bien puede ser asumido como una inversión de tiempo. Si lo vemos en frío, hablamos de episodios que cargan los minutos de cualquier película que podamos ver en parrillas virtuales, DVD o en estrenos de cualquier multisala. Por ello, hay que ir preparado hacia la galaxia Hinterland y esa preparación no se ajusta a las poserías, solo a la voluntad, acompañado por un termo de café, sacrificando el celular, apagándolo o poniéndolo en vibrador y, muy en especial, con la mente lo más abierta posible. Este sacrificio vale la pena, puesto que la serie es un triunfo de la narración en sus leyes clásicas, tributaria de la tradición de las novelas policiales enigma, que se justifican entre la difícil relación entre los enigmas que nos presentan y su estrecha relación con sus protagonistas.
Diera la impresión que en la zona costera galesa de Aberystwyth no pudiera ocurrir absolutamente nada. Zona de la que somos testigos de la otra protagonista de la serie, su paisaje libre de la jungla de cemento, lugar poblado por ganaderos, leñadores, espacio en el que para ir de un pueblo a otro hay que pisar a fondo el acelerador. Pero esta suerte de paz provinciana se deshace a cuenta de los crímenes que allí suceden, cada crimen más cruento y misterioso que el anterior, crímenes que tendrán que ser descifrados y solucionados por Tom Mathias (Richard Harrington), el Detective Inspector Jefe; secundado por Mared Rhys (Mali Harries), la Inspectora Detective; ambos ayudados por un par de jóvenes que hacen el trabajo de hormiga acopiando y filtrando información: Sian Owens (Hannah Daniel), la Sargento Detective, y el Detective Lloyd Ellis (Alex Harries). Sumemos también al Jefe Superintendente Brian Prosser (Aneirin Hughes), el único que tiene el suficiente poder de encarrillar y hasta desautorizar las investigaciones que realiza Mathias.
La trayectoria profesional de Mathias es, por decir lo menos, impresionante. No pocos detectives e inspectores lo consideran como uno de los mejores detectives policiales de Londres. Por ello, la pregunta: ¿qué hace un hombre como él en un lugar al que muchos agentes del orden son enviados cuando cometen faltas graves? Mathias no ha cometido ninguna falta grave, más bien él se encuentra en Aberystwyth por propia voluntad.
Veamos: antes de empezar su día laboral en el departamento policial, Mathias sale a correr, como si estuviera huyendo de alguien, pero de lo único que huye es de sí mismo, de lo que ha dejado y perdido en Londres. Nuestro protagonista cree que estando lejos de la urbe encontrará al menos un sentido para su vida de hombre roto y quebrado emocionalmente. Sin embargo, esa rotura interior es lo que refuerza su carácter, que vemos, hasta en sus gestos y tonos de voz, cuando examina los cadáveres, centrándose en los detalles que estos muestran, desestimando no pocas veces lo que le sugieren los oficiales de uniforme. En Mathias percibimos una cualidad que más de un vez le trae problemas: sospecha de todas las personadas relacionadas a los cadáveres encontrados. Esta actitud lo enfrenta contra su compañera Rhys, que vendría a ser la metáfora del método formal de la criminalística, pero esa formalidad de Rhys es solo una careta que no la ayuda en nada cuando tiene que regresar a casa para enfrentarse a su enemigo mayor: una hija que no la respeta ni la quiere.
En las dos temporadas de Hinterland, Mathias y su equipo no solo cierran los casos, sino que sus vidas quedan más expuestas de lo que piensan, no se salvan ni los jóvenes detectives Owen ni Ellis. Comprometerse en la búsqueda de la justicia y la verdad los taladra. Cumplen a cabalidad sus funciones, pero ese cumplimiento es insuficiente, puesto que la labor de los cuatro es monitoreada por el Jefe Superintendente Prosser, a quien le bastaría una orden para recomenzar o sencillamente blanquear los casos.
A medida que transcurren los episodios, la figura de Prosser se vuelve más que determinante, y este poder para entrometerse no es gratuito, puesto que desde el primer episodio de la serie, Devil´s Bridge, somos partícipes de una sensación extraña, no porque Mathias no haya solucionado el caso del cruel asesinato de una anciana, sino que poco o nada su equipo y él pueden hacer contra las consecuencias que la anciana ha dejado en vida, consecuencias de las que Prosser conoce al detalle, consecuencias que aparecen fugazmente en casi todos los episodios de las dos temporadas. Presenciamos pues un misterio mayor, uno ligado a la degradación moral guardada en el silencio cómplice de los habitantes de Aberystwyth. No es gratuita la escena final del último episodio de la segunda temporada, The Sound of Souls. Mathias no solo pierde su vivienda, sino también el objeto que lo ligaba a su pasado de hombre de familia en Londres, pero esa pérdida material y emocional es también la advertencia que le deja una de las tantas consecuencias de la anciana asesinada del primer episodio.
Más allá del registro genérico al que pertenece Hinterland, serie maestra sin exagerar, nos enfrentamos a una serie fuerte en su ley, una ley que en el facilismo actual podría pasar como anticuada en cuanto a forma, pero no hay nada que descubrir, solo redescubrir las epifanías que solo nos entregan las historias muy bien contadas de acuerdo a su tradición, es decir, contadas al británico modo.

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