viernes, diciembre 09, 2016

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Un día productivo, más allá de algunos impases mañaneros, que superé bien en pos de lo que tenía que hacer a la una de la tarde. Mientras me dirigía a Wong, el ubicado entre República de Panamá con Benavides, conversaba con el taxista sobre algunos amigos del barrio. Últimamente, los taxistas que me hacen las carreras, suelen ser de mi barrio, a quienes conozco por primera vez pese a vivir toda una vida en La Victoria, pero bueno, tampoco es que haya hecho mucha vida social, prácticamente ninguna, pero de cuando en cuando me topo con algunas puntas de esos años de socialización adolescente. Por ello, cada vez que abordo un taxi en Apolo, pregunto al chofer si es del barrio, y confirmo su veracidad con un par de preguntas adicionales, como quien refuerza el dato y así me libro de inevitables cantamañanas al volante. El taxista de la tarde sí era del barrio, además, conocía a casi todos los taxistas que viven en Apolo. Le pregunté entonces por las últimas novedades del barrio, del movimiento de la nueva gente que lo empieza a poblar, por los nuevos vecinos que sin ser dueños de nada se alucinan propietarios, bueno, eso es lo que ocurrió hace varios años, y contra esta clase de amenazas, los vecinos reaccionan. Claro, se puede decir que en todo barrio hay lacras, pero ya depende de cada quien si las extirpas o no.
Le pedí al chofer que siga la ruta de Guardia Civil, pero no, su programa de cel le indicaba que tenía que ir por La Vía Expresa, y cometí el error de confiar en la tecnología, porque la Vía Expresa estaba no menos que intransitable, y lo estará aún más en los próximos días. Me conecté a Internet y le mandé a ND un mensaje de texto, diciéndole que iba a demorar ya que me encontraba en un no inevitable tráfico. Mientras tanto seguí en la lectura de Las chicas, aunque en esas circunstancias se me antojaba una lectura más densa, que me obligue a concentrarme y aislarme de la bulla animal de los autos. En otras circunstancias, le hubiese llamado la atención al taxista, pero esta vez no lo hice, y no porque sea del barrio, sino porque no quería calentarme más de lo que ya estaba. También aproveché en responder algunos mensajes de wsp, como los de “Niño aguaruna”, Erika, Alina, Marlom y Paul Auster. 
Paul Auster me preguntó si ya había leído el manuscrito que me pasó de su última novela. Le dije que todavía no, que estaba leyendo los inéditos de dos patas y una flaca, los tres con mucha proyección. Paul se molestó, pero entendía y entiende que soy un hombre muy ocupado. 

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