sábado, enero 07, 2017

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Me despierto luego de una madrugada algo agitada. El sol inunda mi habitación y por la ventana la copa de un árbol frondoso. Estiro el brazo y cojo el control remoto y sintonizo CNN. Luego prendo y reviso el celular, veo mis cuentas de Instagram, Twitter y Facebook. En Facebook se manifiestan las reacciones a mi recuento, texto polémico por demás, y del que espero todas las pataletas posibles.
Busco mis dos pesas y comienzo con la sesión diaria. Mientras mi brazo levanta veinte kilos, pienso en lo que tengo que pensar, en lo que tengo que pensar mientras quemo cerebro, precisamente en las reacciones a mi recuento, como la de Sandoval, a quien le preguntaría si es cierto que pagó una miseria a sus colaboradores en los dos festivales de poesía que organizó (¿amor a la poesía? Já), ojalá responda, sería interesante leer lo que diga este Kamikaze, que no es un mal poeta, pero cuyo último libro sí dejó bastante que desear. Conmueve también la reacción de Sumalavia. Sigo pensando que es un buen tipo. No puedo ir en contra de la impresión común. Pero también sigo pensando que él sí necesita mostrarse como tal, proyectando una imagen de escritor puro e indignado, haciendo un llamado de tinte escueleador a los escritores que saludaron mi recuento (más o menos así: oh, mi pueblo literario, ¿dónde queda la solidaridad?, ¿cómo, pero cómo pueden saludar un recuento en donde se insulta a escritores?), ojalá viéramos más muestras suyas de indignación contra los editores estafadores y cabeceros, pero no lo hará, porque su editor es el más estafador y cabecero de estas hermosas tierras de ríos y montañas. Allí se queda callado, se pone sedita, aún más que Galarza. Su indignación y pureza las guarda para otros menesteres, más estratégicos. Admiro a Sumalavia, su esfuerzo por proyectarse puro es un chambón, una dimensión de trabajo que tiene un objetivo distractor, objetivo que nos distrae de lo que es: un escritor mediocre. 
Acabo la serie de pesas. Me preparo un café y el placentero duchazo. Ahora listo para lo que importa: el obituario de Piglia. Su muerte me deja muchas sensaciones. Mientras pienso en el obituario, recuerdo que Leila Guerriero hizo un perfil de él, publicado en Plano americano. Entonces busco el libro. Al cabo de veinte minutos lo encuentro. Antes de leer el perfil, me fijo en la dedicatoria que me hizo la autora: “Para Gabriel, el culpable de todo. Con cariño”. Ajá. Dedicatoria escueta, pero a la vista de los hechos actuales, profética.

5 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Lo reacción de Sandoval es alucinante. Alguien de quien creía que las batallas del ego ya se habían sosegado, sale con un texto de estudiante aprovechado y lloricón.

En algún momento dijiste que harías un repaso de la calidad de los textos del premio Copé (y demás).

En este recuento has señalado al poemario de Renato y a la novela de "Cachateda nocturna". Ojalá que ese proyecto no lo hayas descuidado.

Gran recuento!

7:11 p.m.  
Blogger Ernesto Del Prado dijo...

Esta bueno que los vuelvas a destrabar! Vale, mano arriba!

7:55 p.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

ya parece una mecha escolar. Gabriel, ya suelta a Sumalavia .. :D

12:00 p.m.  
Blogger Gabriel Ruiz Ortega dijo...

seguiré tu sugerencia: soltaré a "micro sensei"

1:14 p.m.  
Anonymous Richard dijo...

No se trata de "soltar", sino que el mismo Sumalavia deje de darselas de guru del micro relato, guru de la ficcion, guru de la literatura francesa, guru de cualquier tema que le dé réditos. Es mediocre como escritor y como intelectual. Alguien deberia haberselo dicho hace mucho.

5:12 p.m.  

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