lunes, septiembre 25, 2017

reeditar

De los libros que tendrían que reeditarse, si en caso me hicieran una pregunta al respecto, no lo pensaría mucho, aunque su vuelta signifique llevar a cabo una promoción inicial de su autor, del que pienso no es muy ubicado por los nuevos lectores. Al menos, esta es la impresión que tengo ahora que el imaginario literario está pautado por la fiebre de la novedad editorial, el nacimiento del clásico de estación.
¿Se acuerdan de las ediciones de Alfaguara, aquellas plomas y moradas de cubierta pastosa? El lector con biblioteca, sin duda las recordará. En tal sentido, no son pocas las joyas ocultas que allí podemos encontrar, como un título que un par de veces he mencionado en este blog, me refiero pues a Parejas, transeúntes (1986) del alemán Botho Strauss.
El fragmento y la epifanía del fragmento. Libro sin hilo temático definido, en el que estilo y mirada convergen para captar el detalle, el recuerdo y motivar la crítica. Todo es válido para Strauss: el calmado carácter polémico en estas páginas, al que asistimos por medio de un discurso engañoso, por momentos muy reflexivo (grata experiencia), preparando así su actitud contestataria, acomodando al lector para el golpe; y cuando no sentimos el final de su puesta en escena, regresamos al inicio y mitad de los fragmentos, a la caza de la revelación perdida.
Quizá estemos ante un dietario del hartazgo, pese a que su estructura no nos lleva a pensar en un diario. Sin embargo, esta impresión descansa en la libertad que tuvo Strauss para escribir este proyecto y, ante todo, en la libertad del lector para leerlo y volver a él cuantas veces le apetezca sin la guía imperativa del orden. He allí su esencia de libro inacabable, más allá de sus divisiones en Parejas, Tráfico, Escrito, Tiniebla, Los individuos y El loco por el presente, que asumimos como una cuestión de trámite editorial, con o sin ellas, el curso de la escritura no se condiciona. 
Se deduce entonces que Strauss no calla nada, sus señalamientos a la frivolidad del hombre contemporáneo, su revisión de la historia alemana, su postura ante la fuerza de la escritura (no dejarse contaminar por las tendencias), su ironía ante los círculos literarios y culturales, entre otras características, convierten a esta publicación en un documento subversivo y en testimonio para intelectuales y creadores: hoy en día, decir lo que se piensa es un privilegio.

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