domingo, agosto 04, 2013

Bellatin dispara


Creo que es la primera vez que leo una entrevista como esta a Mario Bellatin, entrevista de Cordano Chang y publicada en el sexto número de Buensalvaje.
¿O es que tanto le he perdido la ruta al escritor mexicano que lo declara me sabe a novedad? Lo último que le leí fue El libro uruguayo de los muertos, pero de este título hay un arco que me remonta a Salón de belleza, con uno que otro título colado de contrabando.
Bellatin no tiene lectores, sino hinchas, condicionales, su poética se perece a una fuerza sobrecogedora. Como bien anota Chang en la introducción de su entrevista, Bellatin debe ser uno de los escritores latinoamericanos actuales que más estudios suscite, su poética estimula más de un discurso crítico, y no solo literario.
Es una de sus respuestas la que llama mi atención:
“¿Y realmente piensas que los escritores tienen una deuda pendiente con la sociedad?
Viendo los casos patéticos de muchos de los grandes poetas del Perú, me parece que es al revés. Es una sociedad que debería estar avergonzada de haber perseguido con una cámara en el manicomio a un semidesnudo Martín Adán mientras el poeta gritaba «¡Por favor, no!», a un Emilio Adolfo Westphalen muriendo en una cama gracias a la caridad –no puedo olvidar las últimas fotos en los diarios tomadas a ese príncipe de la sobriedad y el anonimato que era Westphalen, en pijama y con un rollo de papel higiénico en primer plano–. O la miseria de Juan Gonzalo Rose. Las kermeses profondos organizadas para pagar las quimioterapias de mi querida maestra y primera interlocutora válida, la poeta Carmen Luz Bejarano. No quiero continuar porque la lista es interminable, y un misterio que hasta ahora no termino de entender es la razón por la que en el Perú los artistas aceptan como lo más normal del mundo su condición de parias sin derechos. Y ni siquiera es porque están ensimismados en sus trabajos, ensimismamiento que quizá podría hacer para ellos de los hechos cotidianos sucesos irrelevantes. No, esos mismos artistas sí salen a las calles. Toman las plazas. Participan en marchas, siempre y cuando sean de carácter político. Jamás los he visto luchar mínimamente por sus derechos más elementales, que podría ser, al menos, el de gozar de una muerte digna.”
Lo que dice Bellatin se puede reforzar con lo que hemos visto en las últimas semanas, en cuanto al “gremio” de escritores peruanos. La mayoría salió a tomar las calles porque un carácter político los impulsó. No digo que no esté bien protestar/gritar contra lo que se considera un abuso, una pésima práctica de gobierno. En lo personal, me abrumó ver a muchos escribas de izquierda protestando contra la cabeza de gobierno, precisamente contra ese líder que, en su momento, apoyaron, defendieron y sobaron, pasando por alto las sospechas razonables que existían sobre él en cuanto a violación de los derechos humanos. 
No quiero perderme analizando esta incoherencia de nuestra comunidad letrada, aunque sería interesante hacerlo alguna vez. Pero en lo que sí quiero enfocarme es en la poca disposición que tenemos los escribas peruanos para luchar por los derechos elementales de nuestras plumas mayores, algunas de ellas están sobreviviendo de milagro, sin ningún tipo de atención del estado ni de la entidad privada, abandonados a su suerte. No es ilógico, ni tonto, pensar en una posible solución, más aún si no dejamos de tener en cuenta en que la literatura es quizá el mayor bastión de la cultura y pensamiento en Perú. Claro, en esta empresa no habrá cámara, ni canal de televisión que registe el hecho, pero sí un sano y edificante espíritu de dignidad, que tanta falta nos hace.

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