miércoles, septiembre 04, 2019
Como ya lo he indicado en algunos posts,
esta temporada literaria peruana viene terminando con dignidad.
Es cierto que no nos hemos topado con
obras maestras, pero estas no tienen que existir para firmar un entusiasmo.
Sin embargo, así como hay libros a
considerar, están del mismo modo los que ofrecen poco, aquellos de los que
esperábamos más y que nos significaron una profunda decepción.
Imposible no tener en cuenta Cuadernos de Obrajillo (Peisa) de Luis Hernan
Castañeda, Paul Baudry y Félix Terrones.
El título promete. El cuaderno como espacio indeterminado y
metáfora total para la escritura de cualquier registro, es decir, la seguridad de
una libertad discursiva asociada, en este caso, a los periodos de mayor riqueza
expresiva de José María Arguedas y Julio Ramón Ribeyro.
Como idea, pues estupendo.
Imagino a Castañeda, Baudry y Terrones
rumbo al norte de Lima, dispuestos a recoger impresiones del lugar en el
estuvieron Arguedas y Ribeyro. Nos referimos a autores reconocidos por su
dominio de la prosa y por su conocimiento de la tradición literaria peruana. En
otras palabras, son voces dueñas de recursos, pero vemos que estos son
insuficientes porque lo que dinamita el proyecto es la actitud que lo construye,
el fogonazo pirotécnico que se justifica en la seguridad de la escritura.
Uno cree, y ahora sé que con ingenuidad,
que por tratarse de “cuadernos” se explotarían más las parcelas emocionales y
las dudas intelectivas, pero no, en CO
todo está en su lugar, y ya sabemos cómo se termina cuando no hay una actitud
de riesgo y no la hay por la falta de asombro.
Sin asombro no se llega a nada. No
importa si sabes o no. El asombro es la sal en este tipo de proyectos. CO es un libro olvidable.
miércoles, agosto 28, 2019
actitud
A estas alturas de la temporada
literaria peruana, no me equivoco si me adelanto a los balances anuales:
es un buen año literario. Hemos podido leer novelas y cuentarios prometedores. Lamentablemente, no puedo mostrar ese mismo entusiasmo por nuestra
producción poética, pero más allá de esta impresión, gratifica la aparición de nuevos poemarios, lo que me brinda una esperanza: aún estoy a tiempo de
toparme con poemarios que valgan la pena o, en todo caso, que sean la
constatación de un futuro seguimiento.
En cuanto a nuestra narrativa, ya he
mostrado mi entusiasmo por Cementerio de
barcos de Ulises Gutiérrez, Todo es demasiado de Christian Briceño, Nunca
seremos tan jóvenes como hoy de Carlos Arámbulo, Nadie nos extrañará de Luis Palomino, Adiós a la revolución de Francisco Ángeles, Jamás en la vida de Fernando Ampuero, Los ríos de Marte / Trampa
para incautos de Yeniva Fernández, La
perricholi de Alonso Cueto, Balada
para los arcángeles de Luis Fernando Cueto… Quizá me esté olvidando de
alguno, de ser así, lo consignaré después.
Hace una semana leí lo último de Richard
Parra, el cuentario Resina (Seix
Barral).
En alguna ocasión escribí algo más o
menos así: la situación de la narrativa peruana pasa por cómo sean los libros
de Parra.
No es exageración.
La furia de Parra no se la he visto a
ninguno de sus compañeros generacionales, que escriben como si una oscura presencia
los estuviera vigilando por detrás, ni hablar de conservadurismo (qué dirá mi esposo(a), qué pensará mi madre, ¿si salgo del closet y a nadie le importa?, ¿lo digo o no?).
Como fuere, de Resina hay cuentos que me gustan (los que recuerdo: “Resina”, “Chevy
del 64”, “Camposanto”, “Royal Burger” y “En el río Culebra”), otros no tanto.
Pero lo que me importa subrayar es el “cable a tierra” que ofrece el autor, que no
solo se conforma con la plástica perfección formal. Vemos pues una honestidad, ese
nivel de verdad, o verdad emocional,
que debe exhibir todo texto más allá del andamiaje de su ejecución. No me
refiero, cachorro, a la carga vital, sino a una actitud en la escritura. Lo sé: más de uno ya debe estar quemando cerebro y rascándose
los sobacos con este delicado asunto de la actitud.
Nunca hemos tenido tantos escritores, y la mayoría tan cobardes.
martes, agosto 20, 2019
magisterio mvll
Acabo de leer “El hombre de negro”, el
cuento que Mario Vargas Llosa ha publicado en Letras Libres.
Si aún no lo has leído, entra aquí.
Imposible no entusiasmarse con la
inquietud vital de este hombre de 83 años, que sigue produciendo, manteniendo
una calidad y mostrando en el discurso de la ficción una maestría de la que
cualquier interesado podría aprender sobre cómo contar una historia. Este tipo
de gestos, alejados del escueleo imbécil, me dicen más de la persona de lo que
se habla de ella. Hay pues una actitud de humildad a la hora de poner en
bandeja los elementos creativos con los que se trabaja. Lo suyo no tiene nada
que ver con el caletismo cojudo de aquellos que siendo jóvenes escriben con la
arrogancia de quien anhela imponer a lo bestia una referencialidad.
La revelación es la otra seña de este
cuento. No solo basta la maestría de la ejecución para ser parte de la
experiencia de literaria, sino también es necesaria las dosis de verdad que pueda transmitir el texto.
Vargas Llosa enseña.
cuando ni denunciar sirve
Algunos amigos piensan que en este país
todo lo que sucede es una exageración. Viéndolo con esforzada distancia, pues
no habría que estar en contra de aquello.
Pensemos en las mujeres peruanas y en
las leyes llamadas a protegerlas.
Cuando una mujer es violentada, se la
toma en cuenta si su denuncia está formalizada en los cauces legales. De lo contrario,
el testimonio puede ser interpretado como una muestra de oscuro despecho que
tiene el objetivo de destruir al hombre que, vaya uno a saber las
circunstancias, ya no está con ella.
Esta es una historia conocida, que la
vemos en todos los estratos sociales. Hemos visto sus variantes incluso en
nuestro circuito literario, en cómo guachimanes virtuales de la moral siguen
donjuaneando (con calateo en Skype de yapa) cuando hay pruebas de sobra de sus
acosos, del mismo modo denuncias legales en proceso. Con o sin denuncias
formales, los pipilépticos de la superioridad moral no bajan del estribo,
porque saben que tienen el apoyo de seguidores que valoran a la figura pública,
dejando de lado los principios con los que enjuagan su hocico. Por
eso este circuito literario apesta.
La doble moral en su expresión más
degenerada.
Regresemos al punto del post: ¿sorprende
acaso que se haya suspendido la orden de captura contra el prófugo Adriano
Pozo?
Uno no deja de creer en la esperanza, en
el hecho de que algún día este país pueda ser mejor, pero la criollada peruana
es tan fuerte que desafía el curso natural hasta de los procesos legales, como
el que vimos esta mañana: si le daba la gana, Pozo podía salir de su escondite
y caminar como si las huevas por las calles de la ciudad en donde se encontrara.
Ante lo ocurrido, no demoraron en
aparecer los reclamos en contra de la medida que beneficiaba a esta cucaracha.
La presión social hizo su trabajo y el Poder Judicial se vio obligado arreglar
la chanchada.
Arlette Contreras hizo lo que muchos
abanderados de la moral (de la cultura, la política, la sociedad et al) piden a
las mujeres agraviadas. Presentó su denuncia en el Poder Judicial. Su denuncia
estaba amparada en una prueba irrefutable: el video que muestra la manera en
que Pozo la masacró en un hostal.
Ni las pruebas sirven, como se ve.
Si eso le sucede a Contreras, que a la
fecha tiene un apoyo ciudadano importante, ¿se imaginan lo que pasará con una
mujer que carezca de ese respaldo?
La respuesta, ya la sabemos.
domingo, agosto 18, 2019
apuntes: mujeres
Sintonizo con la mayoría de los
artículos de Javier Marías, como el de hoy domingo, ¿Evitar a las mujeres a toda costa?, en donde el autor español critica los niveles de intolerancia a
los que están llegando los movimientos feministas como el Mee Too.
Sobre MT, tanto sobre su sucursal local
y las extranjeras, ya he dicho en más de una ocasión lo que pienso y, en gran
medida, apoyo sus acciones, no porque me considere feminista, sino por sentido
común y principio de justicia. MT cumple lo que la justicia formal no, pero sí
debería reforzar (en discurso sustentado en pruebas y respetando la voluntad de
la mujer agraviada de consignar su identidad) algunas denuncias antes de
exponerlas.
*
Resulta innegable el radicalismo en los
movimientos feministas, la presencia de una intolerancia cotidiana que los
puede convertir en lo que más critican, sin embargo, este radicalismo podría ser
la medida extrema para que a partir de esta se llegue a un punto medio de
entendimiento.
*
Con o sin radicalismo, hay tener kilos
comprimidos de aserrín en la cabeza para negar la realidad: el constante
maltrato a la mujer, práctica natural ya institucionalizada en el imaginario y
no solo latinoamericano. Al respecto, en el pasado Hay Festival de Arequipa
conversé con la escritora colombiana Silvana Paternostro, para quien esta
violencia del hombre a la mujer viene a cuenta de la independencia económica y
sexual de esta. La mujer, al menos en estas dos últimas décadas, y en mérito a
sus esfuerzos, ya no depende del hombre. Esta emancipación horada el orgullo
masculino y suscita una violencia no solo macabra, también “teatral”.
*
En nuestro país, y enfocándonos en el
circuito cultural, vemos la presencia de hordas de payasos que dicen estar a
favor de las mujeres, mas su histrionismo moral cae en las acequias del
cuestionamiento cuando el apoyo a la mujer es condicionado por una peligrosa postura
emocional: la cercanía o lejanía con el agresor. Entonces, todo, pero
absolutamente todo, se relativiza. El agresor deviene en víctima. La víctima (mujer)
es una exagerada, una despechada que no parará hasta destruir al hombre que le
arruinó la vida. Esta práctica inmoral se dio hace unos días cuando a un editor
local se le denunció por maltrato y abuso sexual (5 testimonios, de los cuales 3
están identificados). El espanto en primera fila: el apoyo al editor, luego el
apoyo a las víctimas por parte de quienes apoyaban al editor, es decir, el
tictac sabroso del oportunismo. Este espectáculo virtual nos brindó luces de la
ética y moral de nuestros llamados artistas e intelectuales. Claro, se podrá
decir que no había nada comprobado (nombre y apellido de la víctima) y por eso “me
la jugué por el editor”, para luego jugármela por la agraviada. “Oh, cuánto lo
siento, no sabía que era un mounstro, para lo que necesites, aquí estoy”. “Mi
apoyo, hermano, que se sepa la verdad”. “Te quiero, hermana”… Ante esto, ¿cómo
los movimientos feministas de aquí no se van a exacerbar? Hay, pues, razones de
sobra para entender los reclamos, aunque uno no sintonice con sus extremos.
jueves, agosto 15, 2019
5ta 24
De las temporadas de 24, soy fanático de la quinta. Y lo soy
más ahora que la he vuelto a ver (en dos tandas) después de algunos años. En
este sentido, me resulta imposible no condenar la mezquindad de los “seriólogos”
que no reconocen la dimensión humana que sostiene a la serie. Además, en la
complejidad estructural al servicio del divertimento, asistimos también al
despliegue de un principio de la tradición de la ficción: la configuración moral
del personaje. Jack Bauer, personaje redondo por donde se aborde, ya figura en
la geografía emocional de millones de espectadores. No pudo tener mayor suerte
Kiefer Sutherland, que hasta antes de interpretar al agente Bauer, era dueño de
una preocupante trayectoria histriónica marcada por la irregularidad.
La decisión de regresar a esta temporada
24 no fue gratuita, no nació del mero capricho. Todo tiene un porqué: estaba
terminando de leer la publicación de la primera novela de Iris Murdoch, Bajo la red (Impedimenta, 2019), y hacía los apuntes respectivos para una reseña a entregar en los próximos
días, cuando cometí el error de abrir un par de sobres que estaban en el
recibidor de mi casa. En ellos encontré algunas nuevas publicaciones locales y
me puse a revisarlas, en especial un par de poemarios y una novela histórica. Me
quedé cerca de cuarenta minutos en ese trance, que en su desarrollo se
convirtió en un impensado viaje a la zona oscura del desaliento.
No podía regresar a Murdoch de esta
manera, debía hacerlo con las suficientes luces, es decir, desahuevado. Murdoch merece
todas las atenciones y más cuando estaba por corroborar una sospecha razonable:
desde su primer libro de ficción apuntaba para ser una de las más grandes
autoras del siglo XX.
Busqué una película de mi colección. No
hallé una digna de la ocasión, pero el estuche de la quinta temporada de 24 sí.
La idea era ver los discos de manera salteada, repasando escenas de episodios
que recordara, pero a la tercera búsqueda opté por recorrer esa temporada desde
el principio. Valió la pena. Esta quinta temporada no es solo acción.
domingo, agosto 11, 2019
miguel gutiérrez x 2
Luego de ver pero sin mirar Following (1998), la primera película de
Christopher Nolan, releo algunos pasajes de la tercera edición edición de La generación del 50: Un mundo dividido
de Miguel Gutiérrez. La publicación viene a cuenta de Revuelta Editores. Como
lector me siento muy feliz por la circulación de un libro
tan polémico como este, que ha tenido un tránsito peculiar, ninguneado por el
oficialismo desde su aparición en 1988, pero que ha venido abriéndose paso
entre los lectores, y no necesariamente porque guste su contenido.
De la ensayística peruana, este es uno
de los contados títulos que suscita discusión.
En 2008 la publicación gozó de una
segunda aparición, el cual tuvo poco eco en prensa, destacando la reseña de
Iván Thays en El Dominical. No sorprende que Thays haya descalificado el libro
(gustar o no gustar es derecho de cada quien), tampoco sorprende que haya hecho
un juicio de valor sin haber leído el prólogo de esa segunda edición. De
haberlo leído, su reseña no tendría la fetidez del sentimiento menor, llámalo
también alma chiquita.
En este ensayo hay una actitud, una
personalidad y un carácter. Gutiérrez era un ferviente lector de ensayos, de la
escuela de Montaigne, de la que aprovechó el punto de vista impresionista,
manteniéndose lejos de la dependencia de la cita forzada y el tramposo pie de
página (algunos confunden ensayos con papers,
hay que leer, pues señores). Podemos o no estar de acuerdo con sus postulados,
pero vaya que Gutiérrez tenía huevos para decir lo que pensaba y más: no se
corría de las consecuencias que le traerían sus conceptos. En este libro,
Gutiérrez firma su referencialidad como gran ensayista y como intelectual
comprometido. En el prólogo de la segunda edición, que aparece también en esta
tercera, Gutiérrez critica la ideología que lo llevó a escribir el libro, pero
decidió mantener su esencia (incluso el nefasto desliz sobre Abimael Guzmán)
como muestra de testimonio de época. Es que eso es ser un intelectual: no
borrar el pasado, sino mantenerlo para criticarlo.
Pero Revuelta no solo publicó G50, hizo lo propio con Poderes
secretos. Desde su salida en 1995, se impuso como la novela más polémica
de Gutiérrez, transitando por las parcelas de la leyenda. Los saludos de la
crítica no sintonizaron con el impacto que debió tener en los lectores. El libro voló. Al
respecto, se barajaron muchas hipótesis, la más verosímil: ciertos personajes-mandamases
de la oficialidad peruana ordenaron comprar los ejemplares hasta agotar
edición. No es para menos, Gutiérrez no solo fue incómodo como intelectual, lo
fue también en la ficción. En Poderes
secretos cuestionó las columnas discursivas de la identidad cultural
peruana mediante una estructura digna del mejor policial enigma y un ánimo
narrativo que nos recuerda a lo más selecto de la tradición metaliteraria. Literatura
y vida. Discusión y reflexión. Eso y mucho más hacen de PS un pequeño clásico.
Y para evitar habladurías, las cosas claras:
ambos títulos son golazos de Revuelta. Los recomiendo. Pero como nunca faltan
los pequeños canallas malpensados, ociosos inmorales que ven en cada post
teledirigidos mensajes subliminales, debo decir que este servidor propició la
salida de estas publicaciones. Con Gutiérrez compartía una lejanía política y
una inmensa pasión por la lectura. Y claro, también una edificante y sólida amistad. No
estar contento con este par de librazos, imposible.
jueves, agosto 08, 2019
mejora
Me he puesto al día con algunas
publicaciones peruanas de este año. Espero no equivocarme, pero lo leído me
arroja una certeza que habría que celebrar: hay varios libros de ficción a
recomendar, algunos de ellos con justificado entusiasmo. Esta situación me
alegra, porque uno ya se aterra de estar bajando el dedo a ciertas
publicaciones que jamás debieron abandonar la dimensión del archivo en Word.
Llegué a esta convicción hoy en la tarde
mientras cruzaba una calle sanisidrina fumando maravilla verde, rumbo a inevitables
papeleos que vengo realizando, actividad que les detallaré en los próximos
días. La aparición de algunos cuentarios y novelas nos hacen pensar en un
genuino buen momento de la narrativa peruana o, siendo menos entusiastas para
así pintarnos de objetivos, en un instante expectante y atendible de la misma.
Lástima que no pueda extender este entusiasmo a las parcelas de la poesía, en
la que el relacionismo y el espíritu grupal la vienen asesinando a vista y
paciencia de los lectores. Los actuales poetas peruanos son los sicarios de su
tradición. Están tremendamente ahuevados, distraídos y desenfocados de lo que
en realidad importa, pero eso sí, los vemos muy activos en redes, en causas frívolas,
imbéciles e inmorales.
Pero bueno, de poesía no iba el post,
sino de algunos libros de ficción que sería bueno que busquen y corroboren, no
mi entusiasmo pero sí la certeza de que se ha mejorado y eso es suficiente a
estas alturas de la segunda década del nuevo siglo, y más cuando muchos
pensaban que el aburguesamiento y la intoxicación ególatra había aniquilado a
nuestros narradores. Abordaré cada libro en los próximos días, bueno, esa es la
idea, aquí los títulos, para que los busquen: Todo es demasiado de Christian Briceño (ya comentado en el blog), Adiós a la revolución de Francisco
Ángeles, Cementerio de barcos de
Ulises Gutiérrez, Nunca seremos tan jóvenes como hoy de Carlos Arámbulo, Resina de Richard
Parra, Los ríos de Marte de Yeniva Fernández, Algunos cuerpos celestes de
Augusto Effio y Tiene que haber otro
final de Susanne Noltenius.
miércoles, agosto 07, 2019
¿exitosa fil?
Me encontraba releyendo la segunda
edición de Testimonio de un fracaso:
Huando (IEP) de Charlotte Burenius, el cual recomiendo a todos los
interesados en saber la historia no contada, el detrás de escena, de la Reforma
Agraria de Velasco, cuando un amigo me manda por wsp un enlace en donde se
informa del éxito comercial de la última FIL de Lima. Ver aquí.
Ya sea por interés, o por trabajo,
estuve casi todos los días feriales y pude hablar con muchos expositores que se
lamentaban de las pocas ventas en comparación a años anteriores. Tampoco es que
hayan perdido en inversión, pero más de uno tenía la expectativa de que les
iría muy bien. También se informa de que asistió más gente, lo cual es la mentira
mayor. Un ejemplo de varios: en las presentaciones del año pasado, incluso en
las que empezaban en horarios no muy atractivos, uno tenía que hacer cola para entrar
a las salas, desde la más minúscula a la más grande. En esta ocasión podías
ingresar a ellas en cualquier momento, sin tener que esperar a que un asistente
salga para ocupar su lugar. Hubo, sí, una desbordante asistencia en los tres
primeros días, en los que estuvo Mario Vargas Llosa. Se fue Vargas Llosa y
también la algarabía de la FIL.
Razones a la vista: feriado largo,
Panamericanos y varios eventos en la ciudad que no solían darse durante las
fechas de la FIL. La CPL debió subrayar su verdadero éxito histórico
(se les escapó la tortuga, una vez más): el compromiso político del gobierno en
pos de la Ley del Libro.
lunes, agosto 05, 2019
antifil
Ayer domingo, en la Antifil, presenté el
cuentario Todo no es demasiado
(Emecé) de Christian Briceño y la novela Esta
casa vacía (Peisa) de Marco García Falcón. Como bien saben, son libros muy
saludados por la crítica, ambos de autores que respeto y califico de serios. Si
aún no los has leído, hazlo, y si ya conoces los textos, recomiéndalos. La
primera presentación comenzó a las 5 de la tarde y la segunda una hora y media
después. Era el último día de la anti y el primero al que iba.
Desde hace un tiempo vengo escuchando
algunos comentarios sobre cómo se estaba conduciendo la Antifil, las opiniones
más duras indicaban que era un remedo de la FIL, evento cultural que la
justifica incluso en el nombre.
Al respecto, tendríamos que pensar en la
anti no solo desde el punto de vista bibliográfico, sino como una alternativa
cultural en la que se dan cita variadas expresiones artísticas que no serían
aceptadas por el llamado oficialismo cultural. Son estas las que sustentan la
fuerza de la Antifil y su derivado natural: el creciente interés de los
asistentes que se identifican con lo que propone el proyecto. Si a este
interés le sumas buena vibra e irreverentes ganas de hacer cosas y pasarla bien
mientras las haces, como que se va por buen camino hacia la morfología de una
identidad.
Los errores e involuntarios remedos de
la Antifil se pueden enmendar y ajustar en el camino (recién van por la tercera
edición); ahora, lo que sí recomendaría es dinamitar el sesgo ideológico y esa
silenciosa filiación chavista que, aparte de dejarlos mal parados ante el
sentido común, no permite que artistas y autores venezolanos participen en la
feria.
En lo personal, la pasé bien, además vi
gente de la que no sabía en años y probé el anticafé, que me dicen fue el
suceso de los días feriales. No lo niego, fui feliz.
domingo, agosto 04, 2019
la mirada de dc
Uno de los libros que pensaba encontrar
en estos días de feria no estaba en la categoría “de culto”, o como quieran
llamarlo los amantes del caletismo, sino uno que ya tenía y que deseaba
regalar. Sin embargo, por más que lo intenté (incluso armé un pequeño ejército
para tal función), no hallé La vida
después de Dios de Douglas Coupland.
Así es, del autor de la conocida novela Generación X.
La obra de Coupland viene envejeciendo a
cuenta del óxido de su novela más famosa y de las que dialogaban con los
tópicos desarrollados en ella (a saber, Planeta
Champú). Sin embargo, LVD luce
una cualidad que deberíamos conocer de este autor: la libertad de palabra (no
confundir con efectismo y afines). En principio se trataría de un libro de
cuentos, algunos más arriesgados podrían calificarlo de compendio de
microrrelatos. Más allá de definiciones genéricas, aquí hay una belleza
epifánica que sumerge al lector en la fugaz reflexión de la cotidianidad,
Coupland se entrega a la libertad discursiva que asocio más a las licencias de
la anotación y el espíritu del diario, pero aquel que se alimenta de la rápida
impresión del detalle (pensemos en Renacida,
el primer tomo de los diarios de Susan Sontag). Esta especulación la puedo
reforzar con la tradición del retazo, es decir, aquella obra que el autor
confecciona sin proponérselo, ya sea como ejercicio de prosa o solo por mera
urgencia de escribir. Los textos de LVD
rehúyen de la relojería cuentística, pero a la vez proyectan una tentativa de perfección
formal. Es precisamente en ese límite donde Coupland revela una mirada que
disecciona el suceso y el asombro.
No es un libro difícil de hallar, a lo
mejor no he tenido la paciencia para dar con él. Pero no importa, el dato ya está,
que es lo que importa a fin de cuentas.
sábado, agosto 03, 2019
doble moral
Un par de testimonios de agresión sexual
agitan el circuito literario limeño. Lo agitan porque el protagonista es Juan
Pablo Mejía de Paracaídas Editores. Cualquier lector informado sabe de la
contribución bibliográfica de esta editorial a la poesía peruana del nuevo
siglo. Esto, creo, está fuera de discusión.
Lo que sí sorprende es la súbita muestra
de apoyo a Mejía por parte de una corte que condena el maltrato a la mujer
siempre y cuando el acusado no sea de los suyos. En lo personal, pensé que ya
estaban reprimiéndose estas prácticas. Más cantado no puede estar: la asquerosa
fuerza de la doble moral. Gracias, señores.
Esperaba, sí, un descargo más
contundente de Mejía ante una acusación tan delicada. Al respecto, podrá decirse
que es víctima de una patraña, incluso cuestionar el espacio en donde se
realiza la denuncia, pero lo que "pocos" no quieren percatarse es que una
denuncia anónima es a lo que muchas mujeres se ven obligadas con tal
de obtener lo que consideran justo: la condena social. Cuando un autor/editor/gestor
relativamente conocido es acusado de estos hechos aparece el fétido discurso de
la formalización de la queja para dar peso a las palabras de la denunciante. Un
modo tan primitivo de pensamiento no solo revela cojudez de quienes lo exponen,
también desconexión con lo que le sucede a la mujer en este país. Para que una
mujer agraviada tenga justicia pasan años y no siempre la condena es la
adecuada. Y esto es para todas, veamos pues los ejemplos de Arlette Contreras y
Lorena Álvarez, tampoco olvidemos lo que sucede con Melissa Peschiera. Ni el
poder mediático y las pruebas mostradas son garantía de vigilancia durante el
proceso formal de denuncia, igual son humilladas por ser mujeres.
Mee Too Perú es una página que deberá mejorar su método de exposición de casos (hay cuatro que están fuera de lugar)
si pretende ser considerado un espacio ajeno a la ventilación de sentimientos
menores, pero su existencia es necesaria porque cumple lo que los canales
formales no: justicia social para la mujer agraviada.
Ojalá aprendamos algunas cosas del caso
Mejía y de otros que hemos visto: pensar en principios antes que en la persona.
domingo, julio 28, 2019
"mton"
Una novela interesante en lo que va del
año es Mañana tendremos otros nombres
(Premio Alfaguara, 2019) del narrador argentino Patricio Pron.
De Pron sabemos lo que debemos saber,
creo que resulta gratuito ofrecer un paneo bibliográfico para el lector
relativamente informado. Pron es ya una referencia obligada en el imaginario
narrativo hispanoamericano y no por haber ganado uno de los galardones más
codiciados, sino por la construcción de una obra que exhibe algunos títulos a
considerar en el radar, a saber, la que antecede a la presente publicación, Lo que está y no se usa nos fulminará
(2018).
Pron relata las consecuencias de la
separación de una pareja. No es el primero, ni será el último, que aborde el tópico
amoroso en conflicto. El autor no apela a la configuración específica de los
personajes, al menos no nominalmente. Esa es la razón por la que esta “historia”
nos presenta a Él y Ella, los ejes metafóricos que le permiten universalizar sus
vicisitudes emocionales, que devienen en una radiografía contemporánea del
desamor. Para tal fin, no cae en el recuento de experiencias de sus
protagonistas (algo que vemos a raudales en otras novelas contemporáneas, sin
importar latitud), sino que escoge la mejor de las estrategias: la especulación
sobre lo que pasó y pudo pasar.
Esta no certeza de los hechos se
convierte desde sus páginas iniciales en un rico crisol de interpretaciones. Se
colige entonces que para estos fines haya sido necesario un registro idóneo,
como aquel que se nutre del ensayo (no olvidemos que Pron es también un
apreciadísimo ensayista), lo que entendemos del mismo en toda la magnitud de su
proyección: la no verdad. Es por eso que en Mton
sus personajes piensan para curarse y también para herirse. No se tienen
consideración/piedad y están dispuestos a hurgar hasta las últimas consecuencias
en la incomodidad de la inseguridad emocional (el orgullo dinamitado).
Algunos dicen que la novela tiene más
páginas de las necesarias. Es pues una opinión atendible, felizmente no
determinante. Con páginas menos o más, Mton
se impone (y no solo en la experiencia literaria) como un mural visceral de la
situación amorosa actual. Chécala.
jueves, julio 25, 2019
pluralidad
Pico y placa, la provisional medida de
restricción vehicular, que creí que no me iba a afectar, terminó siendo toda
una pesadilla. Me tocó vivir la ordenanza en la noche de ayer, justo cuando me
dirigía a la FIL. Lo que supone un viaje de veinte minutos de mi casa a recinto
ferial, terminó siendo uno de casi una hora. A duras penas llegué a la charla
sobre los cincuenta años de la novela El
viejo saurio se retira (Debolsillo) de Miguel Gutiérrez, en la que
participaron también Dimitri Gutiérrez y Ricardo González Vigil.
Hablé de la novela, pero resultó
imposible no ofrecer una pequeña semblanza de la vida y obra de Gutiérrez. Una
visión personal del amigo y maestro, a quien extrañamos y por quien aún falta
hacer una tarea crucial: recomendar sus libros a los nuevos lectores.
De lo que dije, hay algo que sí me
gustaría subrayar, cosa que así comenzamos a dinamitar ciertas versiones
mentirosas y sucias, como aquella que indicaba que Miguel era un sectario y que
asumía la apreciación literaria desde su visión de militante de izquierda. No
sé de dónde nació esa leyenda, seguramente de algún enemigo ocioso, que Miguel
los tuvo hasta para regalar.
Aparte de gran escritor, Miguel
Gutiérrez fue también un voraz lector, una bestia de la lectura, maestro que
aplicaba el rigor generoso, ese que contagia pasión por lo leído y por lo que
no pero que goza de la entusiasta recomendación. En este sentido, no se privaba
del placer de la lectura, le importaba muy poco la preferencia ideológica del
autor de turno, no venía con esa cojudez que sí he escuchado innumerables veces
en académicos y autores de izquierda: “¿es de derecha, no?”
La última vez que hablé con él, diez
antes de morir, me preguntó si Luis Hernán Castañeda estaba escribiendo algo
nuevo y me dijo que estaba leyendo Los
niños muertos de Richard Parra. Estéticas distintas, no me sorprende. A Miguel
le gustaba la pluralidad y nunca se mostró desinteresado de lo que estaban
escribiendo los autores más jóvenes.
sábado, julio 20, 2019
casi un papelón
“Exitosa” la inauguración de la FIL.
A más de uno agradó que se haya abordado
con firmeza el tema de la Ley del Libro. Nos queda claro que su posible logro
se debe más a los esfuerzos privados que a los de los llamados naturales a
luchar por ella. No sorprende, sabemos de sobra que este es un país poblado de
gente tibia e indecisa, valiente en el relacionismo pero cobarde en llevar a
cabo aquella cualidad llamada vocación de servició. Pienso en la entidad
estatal que representa este horror: el Ministerio de Cultura, que seguramente
reclamará un pedacito de la torta del reconocimiento, cuando lo cierto es que
durante este tiempo el Ministerio de Economía y Finanzas se ha paseado con sus
representantes ante su discurso endeble, el cual no incidía en lo que debían
hacer: mostrar un fuerte discurso político sobre la importancia de la lectura.
La presión mediática de las últimas
semanas ha sido medular para comprometer al presidente Vizcarra con la Ley del
Libro. Al respecto, no podemos negar el protagonismo de la CPL, que pudo
redondear una noche histórica a no ser por la torpeza de no incluir a ninguna
mujer en la mesa oficial de presentación de la FIL. Se pueden decir muchas
cosas a favor y en contra, de si las cuotas se justifican o no, pero tratándose
de un evento cultural relacionado a la lectura y la educación, el sentido común
exigía la presencia de Maria Emma Mannarelli, directora de la Biblioteca Nacional,
y Flor Pablo Medina, ministra de Educación.
Ante la presión, la CPL entró en razón y
evitó el papelón. Emitió un comunicado oficial en el que pedía disculpas del
caso. En esta ocasión, la reacción fue inmediata.
viernes, julio 19, 2019
interés por la novela histórica
Llego de la inauguración de la FIL, algo
cansado por la impensada caminata que hice con un catedrático y crítico sanmarquino.
El tiempo invertido valió la pena. Hablamos de muchas cosas, desde la
desconexión de la academia y la intelectualidad con el sentir de la población hasta
los últimos libros que estamos leyendo. Precisamente en este segundo punto
disertamos de algunas novelas de corte histórico, sobre las olas temáticas que
vienen “marcando” cierto interés editorial en base a él.
Imposible no pensar en El espía del Inca (Lluvia) de Rafael
Dumett, La Perricholi (PRH) de Alonso Cueto y en estas últimas semanas Los Túpac Amaru 1572 – 1827 (Sinco) de
Omar Aramayo. Si mal no recuerdo, lo nuevo de Raúl Tola sigue este corte.
Hay pues interés en el sendero
histórico, el cual no solo se suscribe a las editoriales grandes, lo vemos
también en los sellos independientes y proyectos estatales.
Mi amigo tiene su favorita, la de
Dumett. De esa novela hice un artículo en Caretas y creo que es lo mejor que le
pudo pasar, generar discusión literaria y no valorarla únicamente mediante
discursos sociológicos, antropológicos y, cómo no, históricos. La de Cueto me
gusta. Considero que fue muy inteligente al insuflar peso lírico a la prosa, el
cual permite al lector navegar a placer. Quizá no haya tanta truculencia
argumentativa (marca de la poética del autor), pero sí una atmósfera que coloca
al lector en la época representada.
No puedo compartir el mismo entusiasmo
por el proyecto de Aramayo, el cual ha sido beneficiado por el programa de
Estímulos Económicos del Ministerio de Cultura. Seguramente el jurado
calificador quedó extasiado con las dimensiones históricas, las cuales son complejas
y atractivas, hay que decir. Pero hay un bache presente en estas páginas, la
ausencia del ánimo que debe lucir toda novela más allá de su logro o fracaso:
persuasión. Por “momentos”, tenemos la impresión de estar ante una suerte de tratado
con pretensiones poéticas, un ánimo que impone y no seduce.
Impresiones de lado, con las que el
lector puede o no sintonizar, me agrada que lo histórico venga suscitando
interés en los autores peruanos. Como bien señaló Dumett en una entrevista, más
o menos así: resultaba inquietante que no haya novelas históricas peruanas
teniendo precisamente una historia inquietante que pueda contribuir a la
ficción de la misma.
miércoles, julio 17, 2019
recomendaciones
Faltan pocos días para la Feria
Internacional del Libro de Lima, sin duda, el evento cultural más importante
del año en Perú. Lo que sobrará en la FIL serán las novedades, cada cual con su
cuota histriónica dependiendo del gusto o huachafada de los autores. Tengo el
presentimiento que cosas muy curiosas ocurrirán en los días feriales.
Pero de esto no va el post, sino de un
par de preguntas que aprovecho responder por aquí y no por mensajes en las
redes, menos en mi cada vez más saturado mail. Las preguntas: ¿qué nuevo libro
leer? y ¿qué libro recomendar? Aunque parezcan, no son preguntas que guarden
relación.
En la primera, hasta el momento, no
tengo dudas en esta recomendación: La
comedia literaria (PUCP), las memorias de Julio Ortega. Sugiero que la
busquen. Por más que la editorial pertenezca al fondo de una de las
universidades más prestigiosas del país, esta no es ajena al mal de todas las
editoriales universitarias del medio: la pésima distribución. Es cierto que por
estos días la publicación ya está en las principales librerías limeñas, pero es
casi un hecho que habrá demora en las respectivas reposiciones. Por eso, en el
stand de la PUCP de la FIL la podrán encontrar sin problema alguno. Pasión,
amistad, ajustes de cuenta, lecturas, autores favoritos y chisme del bueno, están
más que garantizados en el que para mí es el libro peruano que me gusta más en
lo que va del año.
En cuanto a la segunda, la respuesta
resulta más personal y por tanto caprichosa. En las ferias voy a la caza de
algunos clásicos en ediciones preferentemente anotadas y con diseños atractivos
(tapa dura, buena traducción, etc.). Pienso en El Conde de Montecristo de Dumas, que releí en el verano pasado tras
cinco años de la última relectura. Quizá sea exagerado lo que vaya a decir,
pero este nuevo acercamiento me dio la seguridad de avalar la sospecha íntima.
No soy el único convencido de que es la mayor Novela de la Historia. (Imagino a
los haters y lectores sin voz
enarcando cejas en estos instantes, calma bestias.) Creo que si alguien
pretende quedarse enganchado a la experiencia de la lectura (o proyectarlo en
otra persona), ser parte de la misma por medio del goce argumental y
estilístico, este libro puede significar un antes
y un después, y en ello la edad no
juega un rol, tal y como lo testimonió Miguel Gutiérrez en ese título cada vez
más imprescindible: Celebración de la
novela.
sábado, julio 13, 2019
mafia abierta
Días agitados para el mundo editorial y
librero, razón a la vista: la próxima Feria Internacional del Libro de Lima,
que en esta edición tendrá a Mario Vargas Llosa como eje central. Es decir, veremos
charlas, conferencias, besamanos y demás actividades sobre la vida y obra de
nuestro Nobel.
En este sentido, resulta imposible no
pensar en lo que VLl significa para uno. Me gustan muchas novelas suyas, pero
ninguna como Conversación en La Catedral,
que en mi opinión es una de las cumbres de la novelística mundial del siglo XX.
Pero lo que más tengo presente en estos momentos es su dimensión de trabajo. No
olvidemos que la escribió a los 33 años, ya casado y con responsabilidad
familiar, situación que a más de uno desanimaría en cualquier proyecto narrativo
de envergadura. VLl lo hizo y esa es precisamente una virtud a destacar.
Ese debe ser el VLl que nos debe
interesar, bueno, el que me interesa. No el autor engreído que estamos viendo
desde hace un tiempo, con actitudes y, en especial, las de sus allegados, que
transportan la sospecha a la certeza: la existencia de una argolla con la que
no puedes disentir, a menos que tengas huevos o seas un kamikaze. La actitud
intolerante, tanto suya como la de sus escuderos, flaco favor le hace a su
trayectoria, signada precisamente por la discusión ante la opinión contraria.
Anoche un joven lector, protagonista de
su propia y salvaje experiencia literatosa, me preguntó si en la figura de VLl
hay una mafia literaria. Saludé su ingenuidad, que como tal no es menos. No
tuvo sentido explicar lo obvio.
martes, julio 09, 2019
dossier i. m.
De las muchas cosas que agradezco a la
Literatura, una de ellas es haber conocido en su momento la propuesta literaria
de Iris Murdoch. Cuando la leí, sus novelas no eran fáciles de conseguir, es
por ello que cada vez que adquiría alguna de ellas, no solo sentía alegría por
la compra, también me alucinaba un vencedor épico. Los lectores de a pie saben
muy bien a qué me refiero. Existe un sentimiento de plenitud cuando das con un
libro del escritor al que has comenzado a seguir con admiración y lo único que
quieres es devorar lo que este ha escrito, pero no hablamos de una actitud
ligada al apuro, sino más bien a una que se disfraza de lentitud. No sorprende:
quieres leer todo del autor pero a la vez deseas no acabar su obra.
Eso es lo que me pasa con Murdoch. En mi
época de librero la recomendaba mucho, además, hice una reseña sobre su novela Henry y Cato para Buensalvaje. Toda promoción
resulta insuficiente. Creo que si más escritores locales leyeran a Murdoch aprenderían,
aparte de narrar, a no tener miedo a exponer las pulsiones internas a la hora
de construir personajes (Murdoch es la hacedora mayor de los cuestionamientos
que destruyen identidades). No puedo decir lo mismo de los lectores, a los que
nunca hay que mirar por debajo de “escritores” que leen poco o casi nada. Los
lectores ubican a Murdoch y están más allá del bien y del mal, hay que decirlo.
Este entusiasmo por la irlandesa no es
gratuito (y no habría problemas si fuera así), se debe principalmente al
dossier sobre su vida y obra que acabo de leer en El Cultural. En el dossier
podrán encontrar colaboraciones de Ignacio Echevarría, Alvaro Pombo, Gonzalo
Torné y Andreu Jaume. Si existiera la admiración oscura, esta sería la línea
anímica que conduce cada uno de estos artículos, que tienen el propósito de
visibilizar la obra de esta tremenda escritora de la que en este 2019 se
cumplen 100 años de su nacimiento.
Chequen aquí y vayan tras los libros de
Iris Murdoch.
lunes, julio 08, 2019
lo que viene
Pasada la tensión y la ilusión, al menos
quien escribe solo tiene palabras de agradecimiento para la selección peruana
de fútbol, me puse a ordenar algunos libros que tenía sobre el escritorio.
Presté atención a las publicaciones peruanas de este año, separando las leídas,
las avanzadas y aquellas que me faltan leer. Un amigo, periodista cultural, me
preguntó si ya tengo una idea de lo más destacado del año. No me sorprende su
pregunta, me la suelen hacer semanas previas a la FIL, evento en el que se
presentan los libros más llamativos (al menos, eso es lo que indica la teoría).
En cuento, hasta el momento, sigue
capitaneando Todo es demasiado
(Emecé) de Christian Briceño, también me gusta mucho Jamás en la vida (Planeta) de Fernando Ampuero (sugiero que
nuestros jóvenes-viejos narradores lean este título que tranquilamente puede
ser un manual de cómo escribir un cuento sin caer en las trampas del
aburrimiento, como si este fuera mérito literario).
(Por cierto, presentaré lo de Briceño en
la Antifil el domingo 4 de agosto, a las 5 de la tarde; del mismo modo, en el
mismo lugar pero una hora después, la novela Esta casa vacía (Peisa / Premio Nacional de Literatura 2018 y
muchos reconocimientos más) de Marco García Falcón. Será un domingo especial,
por lo que veo. No siempre tienes la oportunidad de comentar buenos libros y eso
es algo que agradezco muchísimo, ya sea a la vida, el azar, lo que fuere.)
Pienso en las novelas peruanas de estos
meses (satisfecho con La Perricholi
(Literatura Random House) de Alonso Cueto, que espero reseñar en los próximos
días) y guardo expectativa en dos que leeré en las siguientes semanas. Tengo
mucha esperanza en ellas, porque conozco a los autores y los valoro
narrativamente más allá de distancias y acercamientos: Cementerio de barcos (Planeta) de Ulises Gutiérrez y Adiós a la revolución (Alfaguara) de
Francisco Ángeles. A la fecha, dos narradores importantes (esto me alegra
porque en calidad de editor propicié sus primeros libros), de esos a los que
tienes que leer. Sé que lo dicho jode a los haters
del segundo, pero esa es la verdad, Ángeles es un autor al que se debe seguir sin importar las simpatías personales (esto es literatura, no es un tono).
Ya les contaré.
