viernes, febrero 23, 2018

bartra

Tomas un capuchino y comes despacio una dona acaramelada mientras ves la caída de Rosa Bartra, la congresista fujimorista que impulsó lo que solo un fujimorista puede ser capaz: la ley de modalidades formativas laborales. Es decir, la ley contempla que los estudiantes de institutos realicen durante tres años prácticas profesionales sin recibir sueldo.
Así es, solo un fujimorista supera a otro fujimorista.
Bartra, qué duda cabe, es la clara muestra de que el fujimorismo sigue siendo la cantera de la que cada cierto tiempo brota un improvisado. La característica de esta escuela, que en especial se pone de manifiesto en los proyectos de ley, viene a cuenta de un pasivo despotismo, de una creencia ventral de saberse aprobado antes del debate. El exceso de confianza en uno mismo, el llenado de la hoja de vida sin pensar en el otro (esencia moral que supone debe identificar a todo servidor público elegido). Obviamente, el lector del blog podrá decir que ese es un ejercicio habitual en nuestros congresistas, pero lo que hace especial este ejercicio es que cuando es protagonizado por un fujimorista, su histrionismo tiene a la indignación como compañera de baile. Si gustas, llámalo conchudez. 
En lo personal, no hay mejor regalo de viernes que la pataleta de un naranja: la explicación/excusa pausada que deviene en epíteto, cuyo condimento depende de la tendencia política de quien realiza el señalamiento. En el caso de Bartra, quien también es la presidenta de la comisión Lava Jato del Congreso, la sinverguenzería no conoce de formas, menos en estas últimas horas, en las que el sentido común viene ejerciendo dominio: lo condenable que resulta su también llamada ley de esclavitud.

miércoles, febrero 21, 2018


impacto/incomodidad visual

Anoche, mientras terminaba una reseña, busqué en la parrilla de Neftlix una película que días atrás me recomendó un buen amigo, de esos que fagocitan cine como si la vida dependiera de ello. Esta recomendación, hay que decirlo, venía condimentada por su fascinación por Nicole Kidman, cosa que puedo entender. Hormonas de lado, consignemos que The Paperboy, de Lee Daniels, compitió en el Cannes del 2012, además, fue la película que Pedro Almodóvar desistió dirigir en inglés. Lo que sí me pareció interesante fue la presencia, aparte de la maravillosa australiana, de John Cusack y del cada vez más talentoso Mathew McConaughey. Con este trío de actores me bastó y sobró.
Pese a que la mayoría de comentarios señalen que la película está hecha para el lucimiento de la joven estrella Zac Efron, es el personaje interpretado por Kidman, Charlotte Bless, el que la sostiene. La razón es muy simple: aquí nos hallamos ante una historia que se justifica por su aliento erótico, tampoco dejemos de destacar la excelente fotografía que hace verosímil su contexto, el convulso 1969 para la sociedad norteamericana.
Acompañamos a los periodistas del Miami Times Ward Jansen (McConaughey) y Yardley Acheman (David Oyelowo), quienes pretenden desenmarañar el asesinato de Call, jefe policial blanco odiado por su racismo, como también indagar en la culpabilidad del cazador de cocodrilos Hillary Van Welter (Cusack).  Los hombres de prensa se movilizan hasta el lugar del crimen para recoger toda la información posible, pero en este punto, la historia no solo abandona la linealidad narrativa, sino que el objetivo de la trama se vuelve gaseoso gracias a la presencia de Bless, mujer madura y sensual que tiene la costumbre de escribir cartas de amor a presos condenados a muerte. Bless es el objeto del deseo del confundido Jack Jansen (Efron), hermano de Ward, quien le pide que lo guíe por ese pueblo del centro de Florida. Ward, se deduce, es el hermano exitoso, el periodista de prestigio, en cambio Jack el hermano menor sin rumbo en la vida y que trabaja para el periódico de su padre repartiendo las ediciones del día.
Ward y Yardley investigan, Bless coquetea con Jack, y Hillary anhela consumar su contenido deseo sexual con Bless (en la entrevista en la cárcel: la ansiosa violencia de Hillary ante la masturbación de Bless marca la pauta de la película, porque se revela la verdadera razón de Ward en ese pueblo rodeado de pantanos). Nos percatamos que poco importa si se llega o no a descubrir al asesino de Call. Se ponen de manifiesto otros aspectos, prestemos atención a los cortes de escena marcados por la sensación onírica, que terminan ubicando a la película de Daniels en una poética humedad sepia. Asistimos, en este sentido, a una pérdida de rumbo que se recompone gracias a la participación histriónica y narrativa de Ana (Macy Gray), empleada del hogar del patriarca Jansen.
Sin Bless, The paperboy es nada, solo tendría a Jack como eje temático. En este personaje de Kidman confluye la tensión de los personajes, como también las escenas perdurables, no por su logro estético, sino por su impacto/incomodidad visual, por ejemplo, cuando ella se sienta sobre Jack para orinar en su cuerpo atacado por malaguas, del mismo modo el rescate que hace de Ward luego de ser sodomizado por un par de negros. 
No siempre las películas quedan en la memoria por su detallada orfebrería. The paperboy es irregular, pero tiene actores que garantizan la magia en ciertos pasajes, su conexión con el espectador.

lunes, febrero 19, 2018

olvidado

Cerca de las tres de la madrugada, me di cuenta de que hubo una publicación olvidada en los recuentos literarios del año pasado. Al menos en el mío traté de pasar revista a los libros leídos, objetivo que puede lograrse siempre y cuando haya buena onda y voluntad, pero se me olvidaron algunos, entre estos uno que debió ser incluido: la tercera edición del poemario Idiota del apocalipsis de Guillermo Chirinos Cúneo, que vino por cuenta de la editorial Sub 25, del homónimo colectivo local.
Más esquivo no puede ser este poeta, hasta en los intentos por rescatar su único poemario publicado. Nos referimos a un poeta del que se habla más de su vida que de su poesía. Lo pude leer íntegro gracias a una ex enamorada, que en 2006 me regaló Los otros, conjunto que reunía cuatro poemarios inubicables, entre ellos el que motiva este post. Lo tenía en la hoja de ruta desde fines de los noventa, cuando leí un poema suyo en Piélago, sesentera revista sanmarquina de poesía, en un ejemplar amarillento y húmedo (páginas engrampadas), cortesía de Armando, librero y conocedor como pocos de la tradición poética peruana. 
Esta tercera edición mereció algunas notas en la prensa local, sin embargo, la muestra de la obra tiene que calzar con un trabajo de campo a la búsqueda de nuevos lectores; a saber, pienso en coloquios dedicados exclusivamente a disertar sobre esta propuesta signada por la locura y el alud sensorial. Chirinos Cúneo lleva mucho tiempo siendo rareza y lo peor que le puede le puede pasar a su legado poético es no hacer nada contra esa condición, que sirve para la anécdota de bar y el festejo al paso, pero no en la dimensión que importa: la discusión de su poesía.

domingo, febrero 18, 2018

desorganización

Luego de algunos días dedicados al más fructífero hueveo, aunque esto no es más que mero eufemismo, me informo de algunas noticias mientras comienzo la lectura de La llamada de la tribu de Vargas Llosa. Por más que uno trate de hablar de otros asuntos, como los libros leídos, las películas que vuelves a ver y las nuevas bandas que escuchas, hay que tocar otra vez ciertos temas.
Ante la absolución de Adrián Pozo, el infeliz agresor de Arlette Contreras, a quien arrastró y golpeo en un hostal de Ayacucho, regresan con mayor fuerza los debates sobre los abusos que sufren las mujeres peruanas. Leo los motivos de los jueces que vieron el caso y no sorprende la base “racional” que les sirve para justificar la limpieza legal del agresor.
Cuando sucedió esta vejación, no pocos colectivos feministas se unieron en pos de lo que terminó siendo una marcha histórica, en la que también participó la sociedad civil. Sin embargo, este movimiento espontáneo no pudo ser aprovechado como organización ciudadana. Su nula representación política en la vida social es prueba de ello, nulidad materializada gracias a los afanes políticos de ciertos colectivos feministas que quisieron apoderarse del sentido común de la defensa de la mujer. Por amigas que integraban estos colectivos pude enterarme de sus decepciones ante lo que presenciaban en las asambleas: la aparición del feminismo figuretista, que terminó convertido en un engendro que más de una bautizó como feminismo Mainstream. 
Hubo pues un aprovechamiento político del caso de Contreras. Su proceso debió ser seguido y se tuvo que realizar constantes llamados de alerta sobre las triquiñuelas legales que venía ejerciendo la familia de Pozo. Por eso la indignación colectiva que vemos en las redes, pero ahora esta se tiñe de penoso cariz: su desorganización. De haber habido un orden básico, no estaríamos siendo testigos del desamparo en el que se encuentra Contreras, que a estas alturas es la cruda metáfora de todas las mujeres agredidas, asesinadas y maltratadas de este país.

jueves, febrero 15, 2018

insólito

Tras algunas horas en la Hemeroteca, me decidía entre ir al cine o encontrarme con unos patas para fumar hierba. De paso, mi buen pequeño amigo, al ver mi post anterior, y poseso del afán de reivindicación, me sugería vivamente otra serie: The Sinner.
Esperando el ascensor, y mientras respondía algunos saludos por San Valentín, me encontré con Alejandro Neyra. En nuestro cruce de palabras (le detallé que ya estábamos en la fase final del libro), me dijo que en unos minutos se inauguraría la primera edición de Insólito, Festival de cine de terror y fantasía. Sabía del festival, pero creía que este se desarrollaría dentro de quince días.
No perdía nada con entrar al auditorio Mario Vargas Llosa y saber con exactitud qué presentaría el festival organizado por Claudio Cordero y Lina Durán.
Se pudo ver un cortometraje y un largo, ambos de los directores españoles Caye Casas y Albert Pintó. Tanto R.I.P y Matar a dios nos brindan una muy buena impresión del dúo, que sin muchos recursos y harta imaginación, garantizan al espectador no pocas dosis de humor corrosivo. Pero también esa experiencia chocante que solo puede ofrecer el guion pensado al detalle, sea por medio de sus giros verbales y la mágica precisión del gesto de asombro, a saber, en lo que le dice Carlos (Eduardo Antuña) a Ana (espectacular Itziar Castro) en el último cuarto de hora de MAD. Pero el mayor mérito de los españoles es hacer verosímil lo que en teoría sería imposible, a menos que se apele a la crudeza narrativa, pero esta no forma parte de la poética visual de Caye y Pintó. Como pocas veces ocurre con películas contemporáneas, el aplauso de los asistentes, que llenaron el auditorio, estuvo más que justificado.
La exhibición de este par de películas cumple con lo prometido por Cordero y Durán en la inauguración: el esfuerzo por hacer una buena selección. En lo personal no me sorprende lo dicho, puesto que no es la primera vez que soy testigo de una selección de películas realizada por los organizadores. Tengamos en cuenta lo que vienen haciendo en los ciclos de El último cineclub. 
Si tienes tiempo, date una vuelta por la BNP, Insólito va hasta este domingo 18. Más información, aquí.

miércoles, febrero 14, 2018


sub 21


Días atrás un amigo que no solo tiene la costumbre de devorar libros, sino también series, me recomendó ver El marginal, serie argentina que, aparte de romperla, tendrá muy pronto su versión gringa.
Le hice caso y vi la serie. No sé en qué radicaba el entusiasmo de mi pequeño amigo, porque me pareció un trabajo por demás irregular, con vacíos argumentales y apuros en los desenlaces, pero pasando de estos reparos, hay que reconocer que hallamos personajes bien configurados y una agilidad narrativa que agradezco. Ver la serie me ha servido en estos días en los que estamos terminando de editar el libro del año (ya lo verán), a manera de evasión tras febriles y felices horas de trabajo.
No voy a detallar de qué va la serie, solo algunos datos para el potencial interesado: se desarrolla en la cárcel San Onofre, adonde ha ido a parar Miguel Palacios, un ex policía que debe averiguar en calidad de encubierto el paradero de la hija adolescente de un importante juez argentino. Bajo el nombre de Pastor Peña, Palacios va cumpliendo sus objetivos, pero como suele ocurrir en estos proyectos de entretenimiento, las cosas no se cierran cuando parecen conseguirse. 
Entre los microcosmos en conflicto, me genera interés el grupo de jóvenes presos que se hace llamar la Sub 21. La Sub 21 de El marginal es su sal, el condimento de la misma. Tenemos al líder César, el enano Pedrito, Arnold y “El susto”. La Sub 21 se encuentra en permanente enfrentamiento con la banda del capo Borges, banda que goza de gollerías y que controla el presidio. Sin embargo, la Sub 21 no se deja amilanar. Estos chicos no buscan la atención de sus poderosos enemigos, menos lograr un espacio de poder, tampoco destacar como uno de los grupos más fuertes de la prisión. Lo que les basta y sobra es pasarla bien y que nadie los joda en sus días de encierro. Cuando el enfrentamiento con la banda de Borges es inevitable, la Sub 21 se cobija en su ley: el apoyo mutuo. Están muy lejos de ser un grupo de jóvenes huevones. Son maleantes y de armas tomar, y son coherentes con su principio esencial: no rogar importancia.

domingo, febrero 11, 2018

receta cubana

La presencia de venezolanas y venezolanos en Perú viene generando una suerte de tirria minúscula pero bullera, en la que el prejuicio se expone como realidad, cuando lo cierto es que detrás hay una paulatina campaña de desprestigio hacia los migrantes llaneros, que corre como un rumor bajo la responsabilidad de inevitables especieros de buitre.
Hace falta informarse, leer un poco y cruzar la información recogida para saber que estas prácticas no son nada nuevas y que provienen desde el estómago canceroso de la publicidad de gobiernos de izquierda en cuestionamiento. Recordemos la campaña de Fidel Castro con los cubanos que huían de la isla a la búsqueda de un futuro mejor. No olvidemos la etiqueta delincuencial sobre los cubanos que llegaron a Lima a inicios de los ochenta: todo cubano era no menos que ladrón, maleante, asesino, violador, estafador, es decir, escoria que no tenía espacio en el paraíso revolucionario.
La mayoría de venezolanas y venezolanos que conozco, y lo digo en base a mi experiencia, son personas que trabajan. Han tenido que venir a Perú (a este país todavía) porque sencillamente se están muriendo de hambre. Claro, ello no exime que dentro de esta población desesperada se cuele uno que otro delincuente, situación imposible de eludir. Por eso, cuando Nicolás Maduro comunica que Venezuela se está librando de su lacra social, demuestra que es más fiel a pútridos libretos que a los principios que pregona la izquierda. Vemos en acción a un gobierno que no duda en disponer de sucias cartas contra los suyos.
Tampoco sorprende el silencio de nuestros pensadores locales de izquierda. Ya juegan su rol. Trato de entenderlos y no pierdo valioso tiempo en el ejercicio, la obviedad se impone: están ahuevados, no saben qué decir ante lo que ven día y noche en las calles y los medios de comunicación. No condenan lo condenable. 
Hay, y no lo vamos a negar, un problema de convivencia con el otro que huye, pero este es mínimo y abordable, no es la ola de odio del peruano contra el venezolano que algunos payasos digitados desde Caracas nos quieren hacer creer. 

viernes, febrero 09, 2018


casi como la vida

Relacionarnos con los libros que sumaron en nuestra configuración moral y dimensión emocional nos garantizan múltiples percepciones para la vida. De esta experiencia podemos beneficiarnos hasta de sus ramas utilitarias, a saber, mejorar nuestras deficiencias en la comunicación con los demás.
Esta reflexión viene a cuenta de la lectura de Lo más parecido a la vida (Taurus, 2016), ensayo del escritor y crítico literario inglés James Wood. Señas esenciales: es colaborador recurrente de The New Yorker y catedrático en la Universidad de Harvard. Dos libros suyos traducidos al castellano: el más conocido, Los mecanismos de la ficción, texto imprescindible para todo escritor no necesariamente en ciernes, y el que nos cita.
Reza el subtítulo, Lecciones sobre nuestro amor a los libros. Wood no apela a las armas de la teoría, menos a la jerigonza académica, sino que hace uso de la fuente que sustenta su condición de lector: la experiencia vital. Los cuatro capítulos del libro (“¿Por qué?”, “Mirar en serio y caer en la cuenta”, “Usarlo todo” y “La falta de un hogar secular”) vienen pautados por la cualidad del asombro, la manifestación por el primer amor del acto de leer. Wood ha consagrado su existencia a este placer y no lo mancilla imponiendo gustos, ni criterios valorativos. Hasta libros de segundo orden como Novelas y novelistas. Guía del mundo de la ficción, de Martin Seymour-Smith, tienen atención en su órbita. La razón es una sola: Wood está a la caza emocional del poder de la lectura. Además, en más de un tramo nos hace pisar tierra, como en esta sentencia necesaria para estos tiempos de frivolidades mediáticas: “La literatura, como el arte, opone resistencia a la arrogancia del tiempo: nos convierte en insomnes vagando por los pasillos de la costumbre, propone rescatar la vida de las cosas, traerlas de la muerte”. Un maestro.

…  

Publicado en Caretas

jueves, febrero 08, 2018

hh 68

En mi extenso recuento, en la sección dedicada a las revistas, consigné la irregularidad de las publicaciones allí mencionadas, aquello no significaba que estuviéramos ante números débiles, pero sin duda esperábamos algo más de algunos textos. Ese fue el caso de la mítica Hueso Húmero 67, que se presentó atractiva pero que no terminó convenciendo. Esta impresión no impide calificarla como la mayor revista literaria y cultural del medio local, del mismo modo como una de las más importantes en el ámbito hispanoamericano. Tampoco podemos ser ajenos a las comparaciones con aquellas revistas literarias del circuito que tenían a HH como faro y que murieron en la ciénaga del entusiasmo, o cuando sus directores cumplieron sus objetivos personales mediante el tarjeteo de, precisamente, sus revistas. Realidad penosa, la misma que pudo evitarse si se aplicaba lo que no en estos predios: la perseverancia en pos del prestigio, que tiene mayor valor que el recuerdo/consuelo de lo que se hizo a medias.
Ahora tengo en mis manos el último número de HH, el 68. Aún no lo termino de leer, pero en lo recorrido hay más de un motivo para recomendar su lectura, como los poemas de John Ashberry, en traducción de Mónica Belevan, Mirko Lauer y Mario Montalbetti; poemas de Valeria Román y Sebastián Salazar Bondy y relatos de Oswaldo Chanove, esto en cuanto a la creación. Pero lo que ha captado mi atención son los textos de Peter Elmore y Julio Ortega. El primero con el ensayo “La migración del Inkarrí” y el segundo con un capítulo de, lo que suponemos, un libro inédito, La comedia literaria. Memorias de la literatura latinoamericana global, “Néstor Sánchez: un escritor desaparecido”. 
Hubo un tiempo en que coleccionaba todos los números de HH. En mi poder tengo cuarenta números, y varios de ellos los asumo como breviarios que releo y reviso. Mentiría si digo que la excelencia ha sido/es la pauta dominante en la revista, sin embargo, es justo señalar que hasta en la irregularidad asistimos a una exigencia que no podemos dejar de reconocer. En la perseverancia y el rigor se sustenta la resonancia que aún sigue despertando esta publicación dirigida por M. Lauer y Abelardo Oquendo.

miércoles, febrero 07, 2018


toma de posición

Cuando se suponía que regresaría a casa, tuve la oportunidad de ver el documental Rehenes (2017) de Federico Lemos.
Sobre este trabajo del director uruguayo he leído y escuchado los comentarios más encontrados. En lo personal, soy de la idea de que un documental de este tipo debe sustentarse en la pluralidad de puntos de vista, elementos más importantes que los resultados estéticos. Razones sobran: la que interesa, la verdad sobre lo que ocurrió en el rescate de los rehenes de la embajada de Japón en 1997.
El documental, a primera impresión, exhibe agilidad narrativa, pese a que tiene todas las características del reportaje televisivo. Tenemos los testimonios de Luis Giampietri, Francisco Tudela, el cardenal Juan Luis Cipriano, el militar José Williams Zapata, el entonces embajador japonés Morihisa Aokil, el ex emerretista Ernesto Cárdenas y familiares de los integrantes del MRTA.
El trabajo cumple su cometido: se impone como documento de memoria, pero resbala en lo que no en sus últimos quince minutos: Lemos toma posición e inclina la balanza discursiva hacia la versión de la abogada de una ONG de derechos humanos. Si Lemos pretendía distinguir su trabajo con una cuota de personalidad, bien lo hubiese hecho en un trabajo de ficción. No solo hace naufragar su proyecto hacia una visión que configura como víctimas a una sarta de asesinos, sino que la formal limpieza narrativa que venía construyendo también termina infectándose de esa apurada toma de posición.  
La pluralidad del discurso, casi siempre (lamentablemente), es utilitaria, busca el aplauso de la platea. En esta ocasión, el maquillaje no dura mucho y se corre por su burdo tratamiento final. Rehenes, en este sentido, peca en lo mismo (ahora en un trabajo de no ficción) que otras manifestaciones creativas sobre los años de la violencia política. Contra la seguidilla de sandeces de la abogada de los terroristas, hubiese sido ideal (y moral) el testimonio de algunos familiares de los militares del comando Chavín de Huantar. Eso, Lemos, es pluralidad. 

lunes, febrero 05, 2018

prioridades

Mientras termino un texto sobre una novela de una escritora peruana, me desconecto un toque, cosa que aprovecho para ir a La Rocca para comprar dos panes con chicharrón para llevar. Quizá en este café-restaurante se venda el mejor pan con chicharrón de la ciudad, aunque esa preferencia también puede proyectarse a El Chinito del Jr. Chancay del Centro Histórico o el puesto de, vaya novedad, unos chinos en el mercado del Callao.
Recién en el trayecto en taxi me pongo al día con algunas noticias del ámbito político nacional. Contra algunas sugerencias que he recibido de los lectores y amigos del blog, cuya simpatía yace en la simpatía por la izquierda, que me han recomendado no tocar temas políticos que ponen en entredicho la esencia de su ideología, he decidido seguir abordando el asunto cada vez que me interese.
A medida que me acerco a mi destino, me resulta imposible no pensar en la izquierda, en su evidente desconexión de la realidad y su lejano compromiso con la justicia social. Muestra de su desconexión es que ninguno de sus “aportes” está pensado en el bienestar colectivo, solo en la agenda política, en el sueño canábico de chapar la presidencia ante una vacancia. 
Si por mí fuera, PPK debería renunciar por traidor. Pero hay otros problemas que sí merecen mayor atención, como agilizar/activar la economía y sumar en lo que ya parece ser una justificada aspiración nacional: la pena de muerte para los pedófilos. No hablamos de posturas populistas, sino de criterio básico de bienestar y sentido común ante lo que es un abuso contra criaturas indefensas. Esas son las prioridades, esos tópicos darían vida a la agenda de nuestras fuerzas políticas si estas fueran normales. De ser así, la población, llegado el momento, sabrá recompensar.

domingo, febrero 04, 2018


sábado, febrero 03, 2018

gestos

Dejando de lado algunas actividades, me consagro al ocio huevero, al menos durante algunos minutos, como quien se alista para el concierto de las próximas horas.
Un asunto llama mi atención y cruzo toda la información posible mientras escucho el Meat Light de Frank Zappa. El tema: lo sucedido con el escritor Elvis Herrada, invitado al festival Salón del Libro de Luxemburgo.
En la red encontramos un video en donde podemos ver a Herrada vendiendo su libro en un medio de transporte público. También un post en donde el autor detalla la respuesta que recibió de la Dirección del Libro y la Lectura del Ministerio de Cultura.
El caso de Herrada encendió las redes, las muestras de apoyo al escritor no se hicieron esperar.
Al respecto, habría que poner algunas cosas en orden, porque en este caso hay tanto de pena como de sobredimensión.
Es cierto que este festival cultural viene realizándose por muchos años, pero no menos ciertos son sus criterios de invitación, que pueden sufrir serios cuestionamientos. En cuanto a los autores peruanos que han ido a este festival, solo vislumbro una sola excepción, a lo mucho un par. No más.
Lo he manifestado más de una vez, la DLL está muy lejos de cumplir con sus implícitas prioridades, quizá sea una de las oficinas más cuestionadas del Mincul. Y su reacción ante el pedido de ayuda de Herrada fue no menos que torpe.
Pero como toda oficina de una entidad estatal, esta debe cuidar sus gastos, no despilfarrar el poco/mucho dinero del que pueda disponer. Hasta este punto, el no apoyar a Herrada resultaba entendible a razón de los sinuosos criterios del festival internacional.
Ahora, Herrada hizo lo que cualquier mujer y hombre dedicado a la cultura tiene que hacer: acudir al Mincul. Se supone que quienes trabajan allí son servidores públicos, y esa cualidad de servicio debe proyectarse sin acepción de personas, con mayor razón si estamos en una rama tan sensible como la cultural. 
No hay dinero, lo entiendo. Pero con este escritor hizo falta voluntad de gestión, solo eso, un gesto que pueda ser valorado, una muestra de apoyo que no necesariamente iba a garantizar la ayuda económica que le permita viajar a Luxemburgo. El gesto es también política cultural.

lunes, enero 29, 2018

pobres diablos

En los días ausente del blog, que eché de menos, estaba pensando en compartir algunas impresiones al vuelo sobre las cinco películas de Clint Eastwood en el rol del policía Harry Callahan. La película más conocida del ciclo, la ya clásica Harry, el sucio. No sé cuántas veces las he visto, pero en cada nuevo acercamiento, el asombro no decae. Bueno, pensaba escribir de algunos mágicos detalles menores de estas películas, pero al parecer la furia me obliga a dar cuenta de otro asunto, que bien podríamos calificar de miserabilismo.
En menos de 48 horas, dos representantes de la izquierda peruana brindan motivos para pensar seriamente en la sospecha social razonable: la izquierda jamás será gobierno y que solo se desempeñará en lo que saben hacer como pocos: ser oposición.
La primera maravilla la vi ayer domingo, minutos antes del imprescindible Royal Rumble de la WWE. Por las redes comenzó a circular la intención del congresista Justiniano Apaza de presentar un proyecto de ley que restringa el ingreso de venezolanos al país. Como era de esperarse, las críticas no se hicieron esperar, al punto que tuvo que declarar que se trataba de una propuesta personal y no de los congresistas del Frente Amplio. Entre sus argumentos, lo que ya parece demagogia, más o menos así: los jóvenes venezolanos quitan el trabajo a los jóvenes peruanos. Y en las últimas horas, Goyo Santos, el mayor demagogo de la izquierda, que primero tendría que solucionar sus serios problemas legales antes de proferir cojudeces, como su defensa y admiración a la dictadura de Nicolás Maduro: “La dictadura es aquí, primero arregla tu casa y después resuelve problemas ajenos”. 
Aunque el verbo no delata su pobrediablismo, el silencio hace cómplices a todos los demás líderes de la zurda, pienso en Verónika Mendoza y Marisa Glave, que si aspiran a algún futuro político, deberían pensar en condenar la barbarie dictatorial de Maduro. En pocos años viviremos las elecciones presidenciales y por más que intenten convencernos de las ventajas de un gobierno de izquierda, el peruano de a pie se mostrará reacio ante el discurso: lo que ven a diario en las calles es motivo más que suficiente para saber que el socialismo del siglo XXI se ha convertido en toda una desgracia.

martes, enero 23, 2018