sábado, febrero 18, 2017


dialogar para entender

Un video del colectivo Conmishijosnotemetas ha encendido, y viene encendiendo, más de un comentario en nuestra fauna letrada e intelectual.
En principio, es posible detectar una actitud recuurente del pensador peruano: sentirse intelectualmente superior a los grupos religiosos que conforman el mencionado colectivo. Para tal fin, el discurso utilizado viene pautado por la soberbia y la intolerancia. Por más que se tenga razón en cuanto a este colectivo, al que, valgan verdades, ha visto destruido cada uno de sus argumentos, ejemplo de ello lo tenemos en el video que circula desde hace unas horas, video en el que un patita confirma la sospecha que se tiene sobre la comunidad cristiana peruana: su nula capacidad argumentativa, aunque habría que reconocer su contribución que ha traído su campaña, como el verbo “homosexualizar”.
Esta nula capacidad para la argumentación es pues una radiografía vergonzante para una comunidad, como la evangélica, que ha ido creciendo exponencialmente en las últimas décadas, comunidad a la que no le ha interesado en lo más mínimo construir un discurso sólido por el cual transmitir sus principios. Si esta comunidad cree que el discurso es juzgar, pues seguirán siendo vistos como conservadores ultramontanos.
Sin embargo, las actitudes de los que defienden el programa del nuevo currículo escolar distan de lo que podríamos esperar de los intelectuales, o de los que creen serlo, puesto que cometen los mismos yerros que critican cuando defienden otras causas. Como ya señalamos, este discurso intolerante viene escanciado con altanería y pedantería, la de aquel que se sabe más porque se asume como avanzado, privilegiado, en una sociedad conformada por acémilas.
Lo que vemos en este fuego cruzado de estupideces y patanerías intelectuales es el reflejo de lo que tanto adolece la sociedad peruana: capacidad para dialogar, escuchar e intentar entender. Se pueden brindar muchos significados de la palabra cultura, pero ante todo, la cultura es diálogo. Por medio del diálogo entendemos al otro y en el intercambio de conceptos podemos llegar a las soluciones que más convengan a las partes en conflicto. Los llamados a dialogar no están honrando este principio básico de la cultura. No piensan en la facción contraria, solamente la juzgan en su desinformación, haciendo alarde de sus recursos cognitivos, taladrando al “enemigo”, sin darse cuenta que esta facción contraria es la que se atreve a hablar, llevados por sus creencias, gozando de la anuencia de millones de peruanos no necesariamente evangélicos. Por ello, no nos debe sorprender lo que ocurrirá el próximo 4 de marzo: una población de millones en las calles, que hará palidecer a las marchas en las que participan nuestros pensadores, intelectuales y activistas pop.
Hizo falta convocar mesas de diálogo desde hace mucho tiempo. Saavedra fue un excelente ministro. Como persona informada sé de los profundos cambios que llevó a cabo en los circuitos de su cartera ministerial, pero cometió el error de no consultar sobre los cambios que pensaba hacer en el currículo escolar. No quiso ni le interesó dialogar con los educadores que pensaban en contra de sus postulados pedagógicos. Este diálogo debió darse hace tres años, con el suficiente tiempo para analizar, cruzar información y discutir. Eso se debió hacer. Pero como no ocurrió, ahora somos testigos de lo que vemos a diario: un festín de intolerancia.

viernes, febrero 17, 2017

622

Me levanto temprano. El jugo de naranja y el café para empezar la mañana. Pasos previos para el duchazo.
Una vez listo, abro un archivo en Word para la reseña de la buena novela Geografía de las nubles de Luis López Aliaga. Aunque antes de teclear, decido releer algunas páginas de esta novela que, para su mala suerte, ha sido muy mal promocionada por estos lares, puesto que es mucho más de lo que consigna de Chocano. Pero bueno, también sé que no puedo esperar mucho de nuestro maravilloso periodismo cultural
Acabada la relectura, recuerdo el periplo de anoche, cuando me dirigía al Centro, viéndome obligado a bajar del taxi porque el tráfico estaba más insoportable que de costumbre, a causa del cierre de calles y avenidas. La razón, simple: La marcha contra la corrupción.
Es lo mejor que se puede hacer. Bajarse del taxi y caminar. Llamé a Charlotte para decirle que llegaría algo tarde. Y creo que llegué más tarde de lo pensado, porque caminé despacio, cuidándome de no sudar, con mayor razón cuando has olvidado tu mochila en casa, en donde aparte de libros, llevas también los bloqueadores. Así de fregado me encuentro, hasta de noche debo usar bloqueador.
Cuando llegué al Palacio de Justicia, un penoso sentimiento se apoderó de mí. La realidad era la que valía, lo demás es genuina demagogia: la marcha fue un fracaso.
Poca gente. Poco ánimo. Mucha politización. Y hasta donde sé, luchar contra la corrupción va más allá de preferencias ideológicas y políticas. Una marcha como esta, tan necesaria en estos tiempos de destapes, tiene que ser capitaneada por personas y colectivos libres de señalamientos. Desde la promoción de la misma, varios hablaron de ella, arrogándose una autoridad que solo confiere el oportunismo rancio, tal y como lo hizo la simpática e inteligente Verónika Mendoza. Con su injerencia, una necesaria marcha como esta se maculó, impresión también compartida por muchos simpatizantes de izquierda. Mendoza, antes de liderar causas justas, tendría que aclarar lo de las agendas de su ex amiga íntima Nadine Heredia, también mejorar su discurso político, que obedezca más a principios, no a temores de “sacadas en cara”, porque temor es lo que signa su tibio discurso, que la lleva a mostrarse laxa y servil y distraída, a saber: la situación de los presos políticos en Venezuela. 
El día se pinta en su cauce habitual, pero la presencia de una cucaracha virtual quiebra el orden de mi Facebook. La cucaracha virtual hace lo suyo: me menta la madre, y se da tiempo para insultar a otros autores en sus propias cuentas, todo en menos de cinco minutos, al punto que uno de ellos lo manda a la genitalia de su madre. No puedo hacer captura de su insulto, pero otra punta ya lo ha hecho y lo testimonia en los comentarios. Entonces le mando un Inbox a “Cachetada nocturna”, y le digo para hoy en la noche. “Cachetada” acepta el reto. Pero cambia de parecer cuando le sugiero que vaya solo y que solo me eximiré de sacarle la mierda si se porta con una donación pecuniaria con el albergue de niños de Piura. Entonces “Cachetada” desaparece de la fas virtual, anula su cuenta de Facebook. Me quedo unos segundos más, a ver si regresa al paraíso artificial, pero “Cachetada” ha desaparecido. Bueno, aunque sea que se porte con la donación. Tiene que hacer algo, porque podrá salvarse de mí, pero no de la furia de Niunamenos, menos de Conmishijosnotemetas. 

jueves, febrero 16, 2017

apoyo a cardenal

Luego de un día consagrado a la música y la lectura, decido dar un par de vueltas por las esquinas. Pero antes hay que nutrirse de información, es menester averiguar qué es lo que viene pasando en el mundo. Hay que abandonar la burbuja de cuando en cuando.
En este acopio de info me entero de la putada que le están haciendo al poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal. Porque eso es: una putada proveniente de las mismas entrañas de un gobierno de izquierda, dirigido por Daniel Ortega, un ex luchador social convertido en un dictador zurdo a la usanza del estilo Siglo XXI.
Pero lo que me sorprende, aunque en realidad no debería sorprender, es el apoyo que viene recibiendo el poeta de 92 años, apoyo no suscrito a principios ideológicos ni políticos, sino dependiente de una esencial solidaridad. A las cosas hay que llamarlas por su nombre: el abuso es abuso, sin importar de dónde provenga este, así de la rancia derecha o de la izquierda periclitada.
Así como hay políticos peruanos de izquierda que cuidan mucho sus palabras para condenar lo condenable, también están los escritores que cuidan sus palabras para condenar o elevar una queja, más aún cuando el destinatario de la crítica es una figura de la izquierda latinoamericana, tal el caso de Ortega, que en algún baúl debe tener guardado los principios sociales por los que dice luchó toda su vida. 
Lo que esperaba, sí, era el apoyo masivo de nuestros escritores locales, teniendo en cuenta su preferencia por los ideales de izquierda, pero luego me di cuenta de que muchos de estos especímenes tienen direccionado su pensamiento crítico, o mejor dicho, la indignación del mismo. Como señalé, esperaba, a causa de las horas del fallo judicial que perjudica a Cardenal, ser testigo de manifiestos y adhesiones, pero no. Cardenal es poeta. Ortega un dictador de izquierda, es decir con poder, y ya sabemos contra qué no luchan nuestros escritores, muchos de ellos autodenominados reservas morales.

miércoles, febrero 15, 2017

Entrevista a Mónica Ojeda

Cuéntanos primero sobre el proceso de escritura de Nefando. Te lo digo porque es posible detectar una madurez, entre el equilibrio de la construcción y la temática de la novela. Esta es la primera impresión que me deja la lectura.

La verdad es que soy una escritora caótica, así que te mentiría si te dijera que tenía un esquema o una ruta definitiva cuando empecé a escribir la novela. Mi proceso de escritura es abrazar el caos que hay en mi mente (que es muy grande y siempre gana todas las batallas), y darle su espacio para luego trabajar con él. Es decir, el orden vino después de que le permití al caos desatarse y ensuciarlo todo. Por eso, escribí Nefando con apenas unas cuantas intuiciones: sabía que quería escribir sobre experiencias físicas y psíquicas difíciles de palabrar, sobre la infancia y lo expuestos que estamos a la violencia en esa época, sobre la Deep Web… Había, incluso, pensado ya algunos personajes, pero no tenía idea de qué forma iba a tomar todo al final. Fui haciendo el camino sobre la marcha, así que fue 50% planificación y 50% improvisación. Me gusta escribir de ese modo. Me gusta que la escritura sea un proceso de descubrimiento y de asombro.



Seguir en SB.

621

El lunes, en la tarde noche, mientras caminaba por el Malecón Harris, vi lo que más de una amistad me decía de los crepúsculos, en especial para los que viven cerca del mar: la poética maravilla de los tubos de nube, que generan un impacto entre lo lúdico y lo tenebroso. Bastaba ver cómo quedaba la isla San Lorenzo, a la que inmortalicé en mi Instagram. Claro, más de uno podría decir que este impacto visual es cosa de todos los veranos, pero no. El cambio climático viene generando esta clase de espectáculos que bien haríamos en aprovechar.
Luego de la contemplación del crepúsculo y alucinar que la isla cercenada podría motivar más de un relato de terror, me encaminé al Juanito, pero no por unas chelas, sino por algo simple, nutritivo de acuerdo a las exigencias del capricho: una Coca Cola y un pan con jamón del país. Sin embargo, mientras caminaba no podía ser ajeno a la indignación que me producía el Cristo del Pacífico, el regalo de Odebrecht al Perú durante el segundo gobierno de Alan García. Verlo iluminado, como si fuera una presencia benigna, no era más que una burla, una burla al trabajo honesto de millones de peruanos. No resulta gratuita la ola de indignación que viene motivando más de una protesta.
Si yo fuera el alcalde de Chorrillos, lo sacaría del espacio que ocupa en el Morro Solar, sin importar si me compete hacerlo o no. Si no tengo la suficiente moral para llevar a cabo ese acto, por lo menos me animaría el aplauso social de cara a las próximas elecciones municipales. Un acto como ese generaría más de un adhesión ciudadana. Hay que pensar, pues.

lunes, febrero 13, 2017

sobre premios y actitudes

Un reportaje en Babelia sobre los premios literarios, más una entrevista a Juan Marsé sobre su experiencia como jurado del Premio Planeta, llaman mi atención. Obviamente, llama más mi atención lo de Marsé que el reportaje como tal. Primero, porque lo dice una de las plumas más importantes del planeta, una pluma en actividad, ajena a los cambalaches del negocio cultural. Y segundo, porque Marsé dice lo que muchos piensan de los premios literarios, en sus palabras se sintetiza el pensamiento de los indignados de la literatura, tanto de los que quieren y no pueden, como de aquellos que sin poserías sintonizan con el autor de La muchacha de las bragas de oro.
Pueden leer la entrevista aquí.
Muchas veces es necesaria una voz autorizada que nos corroboré lo sospechado, aunque en esa corroboración, a causa de la franqueza, salgan maltratados autores de los que uno ha aprendido, tal el caso de Carlos Pujol, buen narrador y fino traductor (al respecto, sugiero su traducción de El primo Pons de Balzac, en Pre-Textos).
Marsé desmenuza los tejes y manejes del Premio Planeta, pero también, y en aras de una mayor transparencia, hubiese sido ideal contar con otra versión que desmenuzara los tejes y manejes existentes en el Premio Alfaguara. Suponemos que para los de Babelia primaron los abusivos aires de frivolidad que han venido configurando al premio mejor dotado de la narrativa en castellano.
Como sea, Marsé señala lo que importa: “La literatura no tiene nada que ver con las ventas”.
Ojalá esta sentencia lleve a reflexión y autoanálisis a más de un narrador local, derretido en ansias por ganar un premio importante, como si en Perú existieran premios importantes. A excepción del Caretas, todos los demás premios literarios siguen en deuda, porque los mismos, la mayoría de las veces, no se sustentan en lo tácito: la calidad literaria. Y extendiendo la idea, que la sentencia de Marsé sirva también como dosis de desahuevina a nuestros esforzados plumíferos, que en lugar de forjar una poética sólida sustentada en una cadena de lectores, viven, sueñan y anhelan ser fichados por la filial de una transnacional, a las que les interesa la calidad literaria, sin duda, pero más las ventas. Sus editores no son ajenos a su enfrentamiento quincenal: subir a las oficinas contables y presentar con pruebas cuánto se está vendiendo del libro por el que se apostó. Así escribas como Naipaul y no vendes, no sirves, a menos que ocurra un milagro. 
Así es la figura: si tu sueño, querido escritor, es publicar en una editorial grande, preocúpate primero en tu poética y en forjar legitimidad en un pequeño círculo de lectores, eso para empezar. Y después, mucho después, y de acuerdo a tu carácter y personalidad, o bien esperas a que te llamen (es lo mejor) o te transformas en un esforzado practicante de la omnipresencia en cuanto sarao literario exista, así te inviten o no, el tarjeteo y la zamponería van de la mano. Pero tampoco dejes de tener en cuenta que puedes desarrollar una trayectoria legítima, y formar prestigio en esa legitimidad, publicando en el circuito independiente. 

domingo, febrero 12, 2017


620

Regreso de Librería Sur. En el camino, se me antoja un jugo de granadilla con mandarina. Entonces, me dirijo a una juguería de San Borja, que conozco bien pero del que no sé su nombre. Al llegar me ubico en mi banca esquinada de siempre y mientras espero el jugo, me alisto para la relectura de algunas páginas de Coronada de moscas de Margo Glantz. Me resulta imposible no molestarme, puesto que en los últimos años Glantz ha estado de visita en Lima, y en ninguna de esas ocasiones he podido verla, y si he sabido de su presencia, lo supe por gracia del azar, sea porque un lector me lo comentaba, o porque se me ocurría ver algunos cronogramas culturales.
Me viene a la memoria su participación en una pasada edición de la FIL. Como es habitual por estos lares, la organización no tuvo la más mínima idea de la magnitud de la escritora invitada. En esa FIL no la pude ver, y solo eso buscaba, verla y darle las gracias mentalmente.
Terminado mi jugo, pago el importe respectivo y subo a un taxi con dirección a casa. Estaba a tiempo para ver el clásico, que Alianza Lima ganó con dos golazos. 
No lo pienso mucho: cuando Alianza gana, el Perú es. Así de simple.

619

Domingo agradable, y con buen sol. Me levanté precisamente temprano para disfrutar del sol dominical, que siempre he asumido distinto a los de los otros días de la semana. Me sirvo un jugo de naranja y me pongo a hacer pesas bajo la atenta mirada de Onur. El silencio es casi poético, solo se escuchan a los pajaritos que habitan los árboles detrás de mi casa.  
Sudo rápido y dejo que mi cuerpo se enfríe un poco. Ingreso a la ducha y la claridad mental se apodera de mí. Entonces, la inmediatez de mi memoria me presenta los lugares recorridos en la noche y la madrugada. Como estuve en varios lugares, algo sazonado sensorialmente, me resulta imposible ubicar por nombre los lugares recorridos, pero también sé que es una pérdida de tiempo recordar nominalmente los espacios en los que acaeció la experiencia. Solo sé que estuve en un bar con un grupo de amigos y amigas, y que desde otra mesa, un patita con pinta de degenerado me llamaba homúnculo. Bueno, este patita era presa de las chelas y de una furia inusitada. Como me encontraba bien acompañado, lo dejé hablar, además, no entendía por qué me decía homúnculo con la talla (y otras cosas más) que me manejo. Hasta los insultos los espero con estilo e ironía. Además, este patita con pinta de pervertido amenazaba con agredirme. Entonces, como el interesado era él, este debía acercarse, pasar la frontera de la amenaza verbal y convertirla en acción. Pero nada, todo lo llevaba a cabo desde la comodidad de su mesa, hasta que se quedó dormido y tuvo que ser cargado por “Frejolada” y “Mr. Chela”.
Seguí en mi grupo, y lo que hablábamos no era más que un viaje dentro de un túnel del tiempo que nos llevaba a los años noventeros, entonces “Frejolada” se acerca a mi mesa, y tan propio de él, me entrega, temblando, un papel bulky doblado. Cuando le quise preguntar de qué iba ese papel bulky, “Frejolada” había desaparecido. Bueno, ese es su talento mayor en la vida: hacerse el huevón y desaparecer.
Desdoblo la hoja y leo lo siguiente: “cuando “Cachetada” se despierte de la borrachera publicará una carta contra ti”.
Entonces, espero la publicación del manifiesto cachetadista, que será muy divertido responder, más aún tratándose de la sarta de mentiras y bajezas de un delincuente. El cachetadismo conoce de todo, menos de razones y actitudes decentes. Me lo imagino a estas horas del día, rascándose la cabeza, mandando mensajes de Inbox y obligando a su ejército que mantiene con chelas y pasta, a que ponga Likes y que comenten su carta abierta, en claro objetivo de limpiar su nombre, nombre que él mismo se ha encargado de ensuciar, seguramente sin querer queriendo, pero solo al Chavo se le disculpa, no a "Cachetada", que en estas horas del día se enfrenta a su reto mayor: bañarse.
Le pongo la correa a Onur y salimos a comprar los diarios. En lugar de pasear al falso pekinés, él me pasea, me lleva por las zonas de sombra, pero yo quiero ir por las soleadas y así quitarme un poco la palidez. Pero Onur se impone, puesto que sabe que genera sensación en los vecinos cada vez que sale a la calle.

sábado, febrero 11, 2017

618

Sumergido en las páginas del tomo IX, Prosa varia: Siglo XX, de Antología general de la traducción en el Perú, monumental trabajo de edición de Ricardo Silva-Santisteban, en donde encuentro traducciones de Luis Loayza, Juan José del Solar, Jorge Puccinelli, Ciro Alegría, Mirko Lauer, Raúl Deustua, César Moro, Emilio Adolpho Westphalen, Javier Sologuren, Carlos Calderón Fajardo, Carlos Eduardo Zavaleta, RSS, Ventura García Calderón, Jorge Eduardo Eielson, Francisco Miró Quesada, Guillermo Dañino, Augusto Salazar Bondy, Rosemary Rizo-Patrón y más. La publicación, dividida en Ensayos, Crítica literaria, Plástica y Filosofía, nos revela que hubo un tiempo en que las cosas se hacían, pese a las carencias dignas de un contexto como el peruano, no solo con verdadero esmero intelectual, sino también con mucha sensibilidad.  
Reservo para los próximos días los tomos dedicados a la poesía y teatro, en especial los de poesía, que de tan solo verlos ya me advierten de su experiencia. Mientras tanto, pico las traducciones que conforman PV, que llevo a la par de algunas respuestas al vuelo que realizo en uno de mis posts de Facebook. Respondo lo necesario, sin necesidad de desplegar mucho discurso, con mayor razón cuando las opiniones contrarias al eje del post exhiben una cualidad de espanto: la poca comprensión de lectura de más de un literato local. Bueno, sé que soy generoso llamando literato a quien no lee. Pero ese es nuestro campeonato, en donde impera la criollada, la viveza y la bajeza, muchas veces manifestadas en una sola expresión. Y si se lee, se lee la novedad editorial, dependiendo de la recomendación de estafeta.
Me sirvo un café y busco en Spotify el Animals de Pink Floyd. 
La luz naranja del crepúsculo se impone en mi habitación y el inicio de Dogs se confabula con los párrafos de Ecuación del objeto encontrado de Breton, en traducción de Westphalen.

617

En mi mochila viajera, que llevé a una reunión a sugerencia de Julio, que me dijo que llevara una mochila grande, porque me dijo que saldría más ganadazo que Toledo en el Melody, cargaba más de treinta kilos en libros, libros que exhibían una peculiaridad: cada libro era un titulazo.
No era para menos, y en vista de ello, pasé parte de la tarde escogiendo qué mochila llevar. Entonces escogí a La Guerrera, que vaya que tuvo más de un momento de gloria, en especial en esos viajes intergalácticos y ayahuasqueros en Cusco, en el 2010. Con La Guerrera caminé cientos de kilómetros, subí montañas, descubrí ruinas arqueológicas aún no explotadas por el negocio del turismo, etc. Tenía otras mochilas grandes, pero estas no habían pasado de la frontera de la experiencia viajera, nunca fueron confrontadas con las exigencias del peso.
La llevé a la reunión y confirmé lo que vaticinó Julio. Pero más satisfecho quedé porque conocí a un editor legendario, quizá el Editor en este país que le da la espalda a la lectura. Como suele ocurrir en las reuniones pautadas por la temática literaria, no sentimos el curso del tiempo, al punto que habían pasado más de seis horas desde que llegamos.
Nos despedimos del Editor.
Julio y yo caminamos hasta la Javier Prado. Como no había fumado en varias horas, me puse al día con los puchos. La Guerrera resistía y los ligeros sonidos de sus desgarramientos los sentía en los hombros. Eran los mismos ligeros sonidos de nuestros viajes pasados, pero confiaba en su resistencia.
Me despedí de Julio en el cruce de Javier Prado con Aviación. 
Tomé un taxi a casa. En el trayecto, revisé en el mi celular mi correo electrónico. De los que varios que esperaban respuesta en la bandeja, encontré la moderación de un comentario a uno de los posts del blog. Me bastó leerlo para saber que ese comentario me lo mandaba mi amigo Miguel Gutiérrez, que ponía en vereda a un mutante que se burló de él en su velorio. Lo aprobé y compartí el enlace en mi muro de Face. La enseñanza es implícita: tarde o temprano, si te portas como basura, la pagas como tal.

viernes, febrero 10, 2017


616

Cuando salgo a correr, de noche, me voy a La Videna. A diferencia de otras ocasiones, ahora estuve corriendo con poca gente. En los audífonos suenan algunos temas de Depeche Mode y pienso también en la brutal novela Nefando, de la narradora ecuatoriana Mónica Ojeda, a quien le haré una entrevista. 
Sigo en lo mío, pero percibo en los transeúntes y en los autos que desfilan, una especie de alegría en su proyección etérea.
El motivo de esa alegría: la U viene perdiendo su partido ante el Capiatá de Paraguay. Un partido que para un equipo de jerarquía le significaría un mero trámite, puesto que los cremas ganaron por dos goles de diferencia en su partido de visita la semana pasada. Pero no, esta derrota de la U es un golpe duro a la amarga alegría crema que profesan sus hinchas.
A diferencia de otros blanquiazules, no me alegro de esta derrota. Pero ello no impide que me burle de las estupideces del fanatismo. En cuestión de estupideces cremas, aún recuerdo -durante mis años adolescentes, entre 1992 y 1994- la existencia de Y dale U de Radio Ovación. Como su nombre lo indica, se trataba de un programa que daba cuenta del día a día del club crema, que en esas épocas tenía sus instalaciones en el barrio Odriozola de Breña. Los encargados de dirigir el programa: Karla Balarín y Leo Rojas (no confundir con el ex jugador). Gracias a este par de mentes privilegiadas pude entender la esencia del sentimiento crema, su sello de agua: la amargura de su alegría 
No recuerdo programa alguno en que se haya hablado de las virtudes del equipo del que eran hinchas. Más bien, su conducción estaba pautada por el antialiancismo. Y en este aliancismo fui testigo de estupideces monumentales. Podría citar y reírme. Pero me quedo con esta: declarar que Jorge Amado Núnez había demostrado ser mucho más jugador que César Cueto en su mejor momento.

jueves, febrero 09, 2017

sobre tetazos y marchas

Cosa extraña desayunar rico y leyendo a la vez las noticias locales, tanto en periódicos como en webs.
Aunque suene a lugar común: este país es único.
Sigo leyendo las noticias, pero no falta nada para que mi día se desborde en las oscuras aguas de la indignación, indignación que debo controlar para no macular la jornada. Sin embargo, no puedo contenerla por culpa del buen Juan Diego, buen narrador sin libro, talentoso diagramador y alma de los sabatinos tonos olivenses.
Juan Diego, o más conocido como “Ron Damón”, me manda sus mensajes del día.
Un par preguntas de este amigo: ¿qué opinas de un tetazo en Lima, como el que se ha hecho en Buenos Aires?, ¿qué opinas de la marcha contra la corrupción convocada por Verónika Mendoza?
Me sirvo otra taza de café y fijo el aire del ventilador hacia mí. Prendo un pucho.
Cómo no estar de acuerdo: un tetazo en Lima tendría más resonancia que el realizado en Buenos Aires, que más de un primerizo celebra como si fuera un acto de avanzada. Cualquiera puede hacer un tetazo en pleno Obelisco. En cambio, un tetazo en esta ciudad caliente, húmeda y de cielo gris, sí sería un hecho histórico, una fuerte y achorada llamada de atención a una sociedad que sigue maltratando a sus mujeres desde todas sus instancias. Claro, para ello necesitamos de genuinas mujeres líderes, con discurso, consecuencia y buena voluntad. Lo digo en relación a la payasada de Niunamenos, colectivo que hizo alarde del activismo Mainstream, cuyas líderes terminaron peleándose por su representación legal, líderes que acusaban a los abusivos de mujeres de acuerdo a su cercanía, exhibiendo una tibieza argumentativa digna de un sargento de comisaría que a diario recibe las visitas de mujeres golpeadas, violadas y destruidas psicológicamente, mujeres a las que hace sentar, a las que florea, mientras que en su mente se manifiesta el fuego de su pensamiento: “semejante huevona”. Luchar por la igualdad en Perú es cosa seria. Un tetazo, o variante parecida, expondrá a sus manifestantes a ser echadas en menos de tres minutos a punta de palazos por las fuerzas del orden. Por lo tanto, estas luchas deben ser dirigidas por mujeres íntegras, que no le entren en vainas y que gocen de la legitimidad de la consecuencia de su discurso.
En cuanto a la guapísima Verónika Mendoza. Cada día tengo el panorama más claro sobre su postura, pero esta claridad viene acompañada de una inevitable desazón: ¿cómo una mujer tan inteligente como ella puede estar rodeada de gente tan imbécil? Suena a conchudez su marcha contra la corrupción cuando lo primero que debe hacer es aclarar su participación en las agendas de Nadine Heredia. No se puede liderar una marcha contra la corrupción si medio país piensa que su promotora ha fungido como la chiguaguín de la ex primera dama. No pues, la lucha contra la corrupción no puede erigirse como el tópico moral de la izquierda, menos cuando se sabe que el candidato que esta apoyó era el candidato de Odebrecht. Sea quien sea la persona que promueva esta marcha, esta debe ser el reflejo de la incuestionabilidad. 
Ahora, para encausar el día hacia estancias saludables, escucharé un álbum de la putamadre, ideal para estos días de sol de febrero: Dear Catastrophe Waitress de Belle and Sebastian.

miércoles, febrero 08, 2017

615

El calor cede al calor de la tarde. El aire fresco, el natural, no el  artificial del ventilador, se impone en cada rincón de la casa. Entonces es hora de escuchar al maestro Nick Cave, su álbum que me gusta más, The Boatman´s Call. Joyita musical cuya fuerza radica en las letras y melodías, que te ofrecen la sensación de que nada está pasando cuando en realidad está ocurriendo todo.
Me sirvo un vaso con agua y barajo, como quien huevea, si salgo o no a abastecerme de películas. Pero ello depende de mi proveedora Holy, a quien le he mandado una lista de películas. De acuerdo a su respuesta, decidiré si salgo o no. Pero salir será un hecho, puesto que Lourdes me ha recomendado Aliados. Pese a que no es una película que llame mi atención, los detalles que ella me contó sobre la misma me animan son más que suficientes. Mientras espero la respuesta de mi proveedora, reviso mi correo electrónico. Respondo algunos correos y aprovechó en mandar algunos textos que he estado reescribiendo.
Vuelvo a revisar mi Inbox y Holy no responde. De la nada, como un pensamiento que aterriza al ver que no hay otros que pueblan mi cabeza, pienso en las dañinas que son ciertas películas. Imposible no tener en cuenta a Genius de Michael Grandage, que se estrenó en salas locales como El editor de libros. La vi porque varias puntas la recomendaban en las redes sociales. El ánimo parecía unánime respecto a su calidad, más aún cuando esta trataba de la relación entre el editor Mak Perkins y el novelista total Thomas Wolfe.
La leyenda literaria cuenta que entre Perkins y Wolfe existía una relación tensa. El primero, la mesura y compromiso; el segundo, la ampulosidad discursiva del genio. Perkins combatió contra esa ampulosidad de su autor e hizo de él lo que sabemos que es. Sin embargo, la puesta en escena de esta tensión no es que más que un cordel con cientos de ganchos de cursilería y lugares comunes. Se entiende que fui a verla con mucha expectativa. No esperaba una obra maestra, pero sí un mayor trabajo en las actuaciones y que los personajes no dependieran del nombre y prestigio de sus intérpretes.
Ahora, esta película se ha convertido en una plaga que enferma en nuestro Macondo literario. No hay día en que no encuentre un editor con aires a lo Perkins, peinándose como Colin Firth, usando sombrero y vistiéndose con formalidad, desafiando al calor. Tenemos pues a nuestros Perkins locales, que anhelan parecerse a él, con la diferencia que el verdadero era culto, leído y responsable. No me hago mucho problema, los editores peruanos son una especie que puedo manejar. Pero debo contener mi ira cuando me topo con los Wolfes locales, aquellos que no quieren que les toquen ni una sola coma, incapaces de aceptar la sugerencia que salvaría del naufragio lo que escriben. 
¿A qué se debe esta aparición de Perkins y Wolfes Made in Peru? Pues a Genius, la película que ha conseguido manifestar el mal gusto disimulado de más de un desubicado. Pero de todo se aprende, puesto que para la próxima no haré caso a los entusiastas de la impresión primeriza, por algo Genius gustó a toda la literatura peruana actual.