lunes, mayo 18, 2009

La goleada: Argentina 0 - Colombia 5



Uno de los encuentros que permanecerá en la retina de los amantes del deporte rey, es, no hay duda que valga, el jugado el domingo 5 de setiembre de 1993 en el estadio de River Plate de Buenos Aires, entre las selecciones nacionales de Argentina y Colombia, en el marco de la última fecha de las eliminatorias mundialistas para USA 94. Hasta la Eliminatoria 93 los partidos se jugaban en dos grupos, A y B. Chile no participó a razón de la sanción por el escándalo, dirigencial y deportivo, de la eliminatoria anterior. El grupo B clasificaba a dos selecciones a USA 94, mientras que el A solo a una, dejando a la segunda en puntaje con la chance de disputar un repechaje con el ganador de la llave eliminatoria de Oceanía. El grupo A, el que nos interesa, estuvo conformado por Argentina, Colombia, Paraguay y Perú.
En teoría los argentinos, dirigidos por Alfio Basile, eran los favoritos a clasificar directamente. Sin embargo, el juego que venía demostrando la selección dirigida por Francisco Maturana había alcanzado un gran nivel, al punto que hasta hoy es catalogaba como la mejor selección de toda la historia pelotera de Colombia. De esta destacaban Freddy Rincón, Carlos “El Pibe” Valderrama, Faustino Asprilla, Leonel Álvarez, Óscar Córdova y Adolfo “El tren” Valencia. Un equipazo que privilegiaba el fútbol espectáculo, el toque seguro de balón y la contundencia en la definición. No fue nada extraño, entonces, que sus partidos hayan sido relativos paseos, las selecciones del grupo A cobraron como hijos, pero ninguna de estas como la oncena argentina.
Pese a haber demostrado un juego irregular en los partidos previos, los albicelestes se mostraban confiados, a su favor tenían el peso de la historia: dos campeonatos mundiales (1978 y 1986) y un subcampeonato mundial (1990), además eran los recientes ganadores de la Copa América de 1992. Varios de sus jugadores referenciales estaban en la plenitud de su rendimiento, tales como Gabriel Batistuta, Diego Simeone, Fernando Redondo y Leonardo Rodríguez; sumándose a ellos la experiencia de Óscar Ruggieri, Sergio Goycochea, Ramón Medina Bello y Jorge Borelli.
El estadio de River Plate, con más de setenta mil almas, rabiaba de ánimo, las gradas amenazaban desmoronarse por los constantes saltos de las barras... La hinchada argentina no solo esperaba clasificar esa tarde, sino también golear a los colombianos, quienes con un empate ya estaban en el mundial, mientras que los locales tenían que ganar sí o sí.
Los pupilos de Basile empezaron las acciones con pie derecho, los ataques eran incesantes, pero la avalancha duró hasta los veinte minutos. Los colombianos, casi como jugando, comenzaron a triangular, sin desesperarse, en toques suaves con guachitas incluidas, hasta que en el minuto 41 Rincón anotó el primer tanto de lo que sería la catástrofe argentina.
El segundo tiempo fue un abuso, un canto genuino a las tres G del fútbol: ganar, gustar y golear. A los 49´ el gran “Discoteca” Asprilla se hizo presente en el marcador. El entrenador argentino ordenó un “todos arriba”, lo que no dejó en el campo huecos, sino huecazos que fueron muy bien aprovechados nuevamente por Rincón a los 62´ y dos minutos más tarde por “Discoteca”.
El mundo entero no creía lo que miraba en las pantallas de tv, pero esta idea fue paulatinamente cediendo ante la esencia de la belleza del fútbol, de la poesía de los pases, de la ecuanimidad de los que se saben grandes, de los que juegan bajo el principio de no ensuciar el partido con marcas a presión. Es por eso que cada toque colocho era acompañado por una casi interminable sinfonía de “oles”, los hinchas en el estadio no celebraban por joder a los suyos, sino que dinamitaron el ego en pos del hechizo, sin importar si este era propio o ajeno… A los 84 ´ “El tren” Valencia colocaba su sello.
Justo en este instante, Basile esconde la panza y le pregunta a su asistente lo siguiente: “¿Cómo va el partido?”
A miles de kilómetros de Buenos Aires, y a la misma hora, jugaban la selección paraguaya y la peor selección de la eliminatoria: la peruana. El estadio José Díaz de Lima exhibía sus tribunas casi vacías, la hinchada peruana le había dado la espalda a la oncena local que hasta el momento no había conseguido ni siquiera un solo punto. Cosa contraria pasaba con los paraguayos, que estaban aferrados a un milagro, el cual, al menos, podía darles los pasajes para disputar los partidos del repechaje. Los capitaneados por el arquerazo José Luis Chilavert tenían que ganar su partido y esperar que los colombianos ganen por tres goles de diferencia a los argentinos. Sin embargo, justo ese día, a los dirigidos por el serbio Vladimir Popovic se les ocurrió terminar su asquerosa campaña con una victoria. El capitán rojiblanco, el hoy nefasto (y conchudazo) entrenador nacional “Chemo” Del Solar y en ese entonces eterno suplente de F. Redondo en el Tenerife de España, arengó a sus compañeros a “dejar la piel en la cancha”, cosa que hicieron, puesto que estaban logrando un empate, de 2 a 2, ante los guaraníes, quienes alertados por su banca de suplentes luego del tercer gol colombiano, se fueron con todo tras el tanto que elimine a los argentinos. Empero, como nunca antes, el orgullo de no perder salió a flote, los sobrevalorados de siempre defendían con uñas y dientes su empate, su puntito, su consuelo... Los “Vamos, mierdas” de Chilavert retumbaban en el desnudo coloso deportivo, la conocida garra guaraní se hacía presente en cada lateral, centro, corner, corrida, off side… Mientras tanto, en los asientos preferenciales del estadio de River Plate, José Grondona, mandamás de la Asociación de Fútbol de Argentina (AFA), empezó a jugar su partido dirigencial… Y en el campo de fútbol, ante las sonrisas de oreja a oreja, jugando camotito, de Rincón, Asprilla y Valencia, los goleados Batistuta, Simeone, Goycochea y Redondo, hinchaban por los Del Solar, Muchotrigos, Mirandas, Palacios, Charunes y demás, quienes lograron defender el empate que fue agradecido por todo el pueblo argentino… Este blogger nunca olvidará el llanto de los paraguayos Cabañas, Mendoza y Chilavert, desconsolados y maldiciendo su mala suerte ya que el llegar a los partidos de repechaje dependió únicamente de ellos…
Argentina y Colombia protagonizaron un partido que difícilmente se olvidará. Tristeza y felicidad. Garra y buen juego. Lamentablemente quién iba a pensar que los héroes de esa histórica goleada iban a ser los responsables de la mayor decepción futbolística del mundial USA 94. Pero bueno, esa es otra historia.

10 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Estimado Gabriel: Ha fallecido alguien que " dificilmente se olvidara" como Mario Benedetti y nos vienes con esta salida futbolera.Gracias.

5:46 p. m.  
Blogger Gabriel Ruiz Ortega dijo...

Lamento la muerte de Mario Benedetti, gran escritor para muchos. Y con el perdón de sus seguidores, y advirtiendo que tomen mi opinión como una más, pues nunca me gustó (y eso que he leído no pocas cosas suyas). Entonces para qué hacer un post hipócrita, falseado, en el que diga cosas que no pienso y siento sobre su obra (lfdls es un blog tremendamente personal, posteo lo que me vacila)
Lo que sí haré, de todas maneras, es releerlo. A lo mejor el regreso a sus páginas me demuestre que estaba muy equivocado, ojalá sea así.
Gabriel.

6:05 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Mario Benedetti no necesita de tu relectura para perdurar deberias hacerlo con maestros del idiotismo como Javier marias y la retahila de bloofs que te vacilan. Y eso de que tu blog es personal, es simple:comprate un diario y se acabo. Chao.

6:56 p. m.  
Blogger Gabriel Ruiz Ortega dijo...

A ver, a ver. Benedetti combatía la intolerancia, algo que deberías hacer tú (aparte, claro está, de mejorar tu comprensión de lectura porque no entendiste mi comentario arriba).
No he dicho que el uruguayo sea malo o sobrevalorado, solo consigné que su obra no me estimula como a otros sí, lo cual es válido.
Y sobre "los maestros del idiotismo" que me vacilan, pues resbalas feo con lo de Marías, que siendo un autor interesante, nunca he dicho que me estimule.
Maestros: Roth, Faulkner, Vargas Llosa, Pérez Reverte, King, Valle Inclán y muchos más...
G.

7:16 p. m.  
Blogger supersalvajuan dijo...

Maturana, lástima que no funcionara en el Atletico de Madrid.

12:47 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Era una gran selección la de Colombia en esos días. Pero tal vez le faltaba la velocidad, la fuerza, el espíritu práctico que tanto se venera en Europa, ¿no? Por eso es que desde 1974, año en que Holanda revolucionó el fútbol para siempre, los equipos que tienen un juego muy vistoso, pero que juegan lento y casi siempre triangulando pases, no llegan muy lejos en los mundiales. Creo que le pasó a Perú en el 78, a Brasil en el 82, a Nigeria contra Dinamarca en el 98, etc. Colombia corrió una suerte similar. Si hubieran empezado con el pie derecho, se iban de largo a las semifinales, porque clase y talento les sobraba -además de elegancia. Pero se toparon con unas hormiguitas hacendosas, veloces, jodidas como ladillas, que tenían un genio armador como Hagi, un delantero con clase como Raducioiu, oportunistas como Petrescu o Dumitrescu, y que aquella tarde jugaron como lo manda la inteligencia. Para que no quedaran dudas, este mismo equipo Rumano eliminó a Argentina días más tarde y ocupó un lugar de honor en una semifinal que nadie hubiera imaginado. Colombia hizo lo suyo, fue una gran selección, sin duda; pero la historia la tenía que escribir Rumanía. Aquel año se consagró el fútbol pragmático, horrible, amarrete, conservador y tacaño del peor entrenador del mundo: Parreira; y la final fue verdaderamente horrorosa. Todos los que amamos el fútbol, nos olvidamos de ese Brasil, de esa Italia. Recordamos con cariño a Rumanía y a Bulgaria, a Hagi y Stoichkov, que salvaron de la ruina ese mundial anodino. Colombia, aquel día triste, perdió ante el mejor... es la mala suerte.

9:44 a. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Hola Gabriel. Interesante tu recuerdo sobre ese partidazo. Pero hay algunos errores.
La Copa América no fue en 1992 sino en 1993, en Ecuador.
Y tu recuerdo se volvió ficción cuando metiste eso de los OLES. Eso hacen los brasileros, los colombianos y los peruanos con su propio equipo. Pero los argentinos jamás. Recuerdo que Marcelo Araujo ni siquiera cantaba los goles. Solo alcanzaba a decir: COLOMBIA 3 A 0, COLOMBIA 4 A 0, COLOMBIA 5 A 0. Y EL ESTADIO ERA SILENCIO TOTAL. NADA DE OLES. ESO DEJASELO A LOS BRASILEROS QUE LE HACEN OLES Y LE DICEN BURRO A SU ENTRENADOR.
UN SALUDO.

10:45 a. m.  
Blogger Gabriel Ruiz Ortega dijo...

Si pudiera haría el cambio de un solo dato. No lo hago porque cada vez que posteo con un video tengo problemas en blogger a la hora de editar, todo el post desaparece y la verdad que es una perdida de tiempo rehacer el post. Sin embargo, 2 cosas:
1. Cierto, un error de mi parte. La última Copa América previa a ese partido fue en Ecuador, en 1993.
2. Sobre los "Oles", el hecho que esa expresión no sea propia de los argentinos, no quiere decir que no la usen de cuando en cuando. El video dura 9:58, en 8:12 podrás escuchar los "oles" y los comentarios de los relatores de Torneos y Competencias.
Saludos
G.

2:33 p. m.  
Anonymous rrv dijo...

el relato me parece bueno, aunque hay algunas errores pequeños, estos quitarian algo de la magia del texto. Por ejemplo en ese grupo Colombia empato los 2 partidos con Paraguay (incluso en Barranquilla) asi que no lo paso por encima. Y al amigo anonimo tambien se le ha olvidado que Rumania fue eliminada (cosa que lamente) en cuartos de final por penales ante Suecia. Un amigo que estaba por Buenos Aires ese dia, me dijo que la gente en el Monumental hacia barra por el Peru.

6:33 p. m.  
Blogger Gabriel Ruiz Ortega dijo...

Cierto, Paraguay empató con Colombia sus dos encuentros. Los guaraníes merecieron mayor suerte.
G.

11:01 p. m.  

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