lunes, marzo 01, 2010

Un esclarecedor panorama poético

En la última edición de Babelia encuentro un generoso artículo del poeta y narrador español José Manuel Caballero Bonald sobre CUERPO PLURAL. ANTOLOGÍA DE LA POESÍA HISPANOAMERICANA CONTEMPORÁNEA (Pre – Textos), de Gustavo Guerrero.
Bien se dice que el elaborar antologías puede llegar a ser una de las labores más peligrosas en el espectro literario, muy en especial cuando hablamos de poesía, en donde podemos encontrar las más encarnecidas batallitas de egos en pos de la consagración en vida.
He tenido la suerte de leer a muchos de los poetas incluidos, creo que se trata de una antología fuerte, pese a la irregularidad de algunas propuestas consignadas. Más no puedo decir, solo estoy especulando porque la antología, como tal, aún no la leo.
El compilador Guerrero guió su escogencia de los poetas entre los nacidos entre 1959 y 1979.
A lo mejor seré exagerado, pero algo me dice que esta antología, a la que Caballero Bonald se refiere como “un útil punto de partida analítico y una muy valiosa propuesta de demarcación histórica de la poesía hispanoamericana”, es honesta en su intención, cosa que me deja tranquilo ya que en los días pasados he estado recibiendo mails que me pedían promocionar antologías premunidas de interés barato y sentimientos menores, tales como MIS VEINTE AMIGAS y LOS NACIDOS EN 1979. En fin.


Gustavo Guerrero ha culminado con esta antología una excelente gestión crítica. Yo, al menos, no conozco ninguna otra que abarque un horizonte tan vasto como el del último quehacer poético hispanoamericano con tan manifiesta solvencia. En el ensayo que precede a la selección el antólogo deja bien claro cuáles han sido sus objetivos y en qué se han fundado sus métodos indagatorios. Resulta evidente que proceder a inventariar la poesía escrita más recientemente en el ámbito americano de la lengua española es tarea que requiere una previa familiaridad con todas y cada una de esas literaturas y un considerable esfuerzo consultivo y selectivo. El antólogo ha respondido con notable precisión a esos requerimientos.
Los poetas hispanoamericanos reunidos en esta antología disponen, o tendrían teóricamente que disponer, de los mismos sedimentos estéticos que los españoles de su misma edad, esto es, que los nacidos entre 1959 y 1979. Pero no ocurre exactamente así: se trata sin duda de un cuerpo plural, aunque no en sentido estricto. Hay algo, en efecto, que asocia ocasionalmente a esos poetas, si bien hay algo que los disocia de acuerdo con los propios contagios ambientales de cada geografía. Y hasta con las tácitas normativas de cada mestizaje en particular, aplicando taxativamente este apelativo al enriquecimiento cultural proveniente de una consabida fusión de culturas. Y parece innecesario añadir que esa fusión no siempre obedece a los mismos factores en cada uno de los países integrados en el mundo hispánico.
Gustavo Guerrero analiza con manifiesto rigor la trayectoria última de la poesía hispanoamericana. El hecho de que los poetas aparezcan ordenados de acuerdo con el año y no con el lugar de nacimiento, otorga al conjunto una lectura peculiar. Todos esos poetas se han ido dando a conocer en las dos últimas décadas del siglo XX o, más propiamente, en la zona fronteriza que va del siglo XX al XXI. Son exactamente 58 poetas pertenecientes a los 19 países americanos de habla española, incluyendo además en esta ocasión -aunque se trate de un mero ejemplo testimonial- al Estado norteamericano de Nuevo México. El hecho de que cada una de esas comunidades esté representada en la presente antología induce a pensar que su editor se ha cuidado de ofrecer un panorama cuya equidad también consistía en no desatender a ninguno de los países en liza. Ahora bien, ¿justificaba esa actitud la inclusión de poetas a lo mejor prescindibles? No estoy muy seguro. En cualquier caso, hay naciones -Paraguay, Ecuador, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Panamá, Nicaragua, Uruguay- representadas por un único poeta, lo cual puede resultar desequilibrado, amén de significativo, si se compara con otros países -Perú, Venezuela, México, Argentina, Chile- de los que se han seleccionado entre seis y ocho poetas. Ya se sabe que toda antología es una conjetura.
Los propósitos de Gustavo Guerrero quedan sobradamente explicitados en su lúcido ensayo preliminar. Antes que nada, el autor propone un planteamiento sistemático de las trayectorias que regulan la poesía hispanoamericana de los últimos veinte o treinta años, a partir de la gradual dispersión de los paradigmas poéticos derivados del modernismo y las vanguardias. Se trata sin duda de un inteligente punto de partida que, como su autor señala, no se atiene sólo a un criterio geográfico, sino sobre todo a lo que podría ser el "fin de un sistema poético" localizado en el tránsito del siglo XX al XXI. La evolución de los aparejos sociales y éticos que gravitan sobre esa poesía resulta siempre particularmente sutil. Incluso podría tildarse de temeraria cualquier pretensión de uniformar la pluralidad de modelos que movilizan a poetas nacidos en los distintos países de Latinoamérica, casi todos ellos -por cierto- muy defectuosamente comunicados entre sí. Los códigos de una tradición que la lengua trata de estabilizar se ramifican aquí en función de las propias experiencias históricas vinculadas a cada geografía. Cabría añadir, en términos didácticos, que las nuevas situaciones -sociales, culturales, políticas- demandan siempre nuevos modales estéticos, nuevas formulaciones expresivas.
Todo eso queda patentizado en este Cuerpo plural, cuya lectura depara alguna sorpresa y, por supuesto, no pocos esclarecimientos. Se corrobora, como primera medida, que el tramo final del siglo XX marca también una frontera crítica donde los poetas hispanoamericanos dados entonces a conocer avisan de una serie de cambios en la conducta poética general. En cierto modo podría hablarse de un trámite reflexivo en el que también tendrían cabida ciertos poetas españoles adscritos a esas últimas generaciones. Desde luego que no se trata de ninguna sensibilidad homogénea, pero sí de un registro poético común gestado en ese "periodo inestable de rupturas y transiciones que sigue a la caída del paradigma moderno". La mayoría de esos poetas -algunos de ellos de veras relevantes- trabajan, por así decirlo, en una muy parecida encrucijada cultural y sondean en la materia lingüística en busca de nuevas posibilidades expresivas. Aquí y allá se perfilan rastros de maestros comunes, pero la asimilación -o el rechazo- no es desde luego uniforme. Cada poeta pertenece a lo que podría llamarse una versión última de la tradición de su país respectivo; una versión que a veces tiene más de ruptura que de acomodo. Tal vez las normas poéticas a que se atienen coincidan en lo sustancial, pero difieren en las variantes lingüísticas -y hasta retóricas- propias de cada país. Como en una casa cuya unidad viene definida por la diversificación de las habitaciones, los poetas aquí seleccionados ejemplifican de hecho un nuevo marco de propuestas a las solicitaciones de la historia inmediata. Son los últimos heraldos de una renovadora programación simbolista de la poesía y los que más notoriamente descreen de dogmas, obediencias filiales y círculos cerrados.
En la bibliografía poética latinoamericana, la antología de Gustavo Guerrero tiene mucho de canon ya ineludible. En cuanto confrontación de lecturas y fuente de conocimientos y debates, Cuerpo plural viene a representar un útil punto de partida analítico y una muy valiosa propuesta de demarcación histórica de la poesía hispanoamericana.

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