sábado, agosto 06, 2011

El gran hermano


Ollanta Humala llegó a la presidencia con muchos votos condicionados. Los que no tuvimos otra opción que votar por él, estamos llamados a ejercer una vigilancia permanente. No hay que bajar la guardia distrayéndonos en tonterías.
Existen sospechas razonables para pensar que algo se viene cocinando sobre la situación de su hermano Antauro (imagen). Este tipo, a secas, no debe ser beneficiado. Debe cumplir su condena.
Al respecto, estoy totalmente de acuerdo con Patricia del Río. Vía Perú 21.

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Hemos estado entretenidos los primeros días de este gobierno discutiendo sobre los absurdos gritos desaforados de Martha Chávez, los vistosos trajecitos de Nadine y la paranoia por el supuesto regreso a la Constitución del 79, mientras el temible Antauro Humala viene anunciando a los cuatro vientos que ahorita sale de la cárcel y que merece la libertad porque él es un precursor del regreso a la Carta Magna del 79.

Los argumentos son más o menos conocidos, y para nadie es un secreto que el más radical de los hermanitos del presidente siempre se ha creído un héroe incomprendido que se alzó en una rebelión para librar al pueblo peruano del “gobierno corrupto” de Toledo. En estos últimos años nos hemos cansado de escuchar sus bravuconadas y, la verdad, ya nadie se lo toma muy en serio. Sin embargo, esta vez, las declaraciones achoradas de Antauro vienen acompañadas de sospechosas decisiones en el Poder Judicial, convenientes apoyos en el Congreso y tibias declaraciones del Ejecutivo que, vamos a decirlo con todas sus letras, si correspondieran a la posible libertad de Alberto Fujimori, ya habrían desatado una ola de repudios y críticas.

¿Qué está pasando? ¿Puede Antauro Humala beneficiarse durante el gobierno de su hermano con una injusta libertad? Recordemos que Antauro fue condenado, en el 2009, a 25 años de prisión por haber dirigido una rebelión en Andahuaylas que buscaba derrocar el gobierno de Alejandro Toledo. En la asonada participaron más de 150 reservistas que asaltaron la comisaría y tomaron de rehenes a 17 policías. Producto de este enfrentamiento, murieron dos reservistas y cuatro policías. La justicia encontró a Antauro Humala responsable de varios delitos, entre ellos rebelión, homicidio calificado, secuestro y tenencia ilegal de armas.

El fallo se consideró justo, dada la gravedad de los hechos. No solo hubo muertes sino el firme propósito de derrocar a un gobierno democrático haciendo uso de la violencia. Sin embargo, la Sala Penal Permanente de la Corte Suprema, que preside Javier Villa Stein, no comparte esta percepción de los hechos y el 23 de julio, justo cinco días antes de que asumiera el cargo el presidente Ollanta Humala, los vocales le cambiaron la tipificación del delito de homicidio calificado a homicidio simple y le rebajaron la pena. Tres de los cinco jueces que conforman la sala han pedido que se le imponga a Antauro 19 años de prisión, y los dos restantes, encabezados por Javier Villa Stein, han solicitado 17 años. Además, han pedido que se le elimine el delito de secuestro porque este está comprendido en el de rebelión. Según el abogado penalista Julio Rodríguez, de prosperar la iniciativa de Villa Stein (lo que se sabrá el 26 de agosto con el voto dirimente del vocal Santa María), Antauro Humala recuperaría los beneficios penitenciarios que perdió al ser condenado por secuestro, y, dado que ya lleva seis años preso, podría quedar en libertad mucho antes de lo planeado.

¿Suena enredado, no? Pues, ahí está la trampa. Tanto la vicepresidenta Marisol Espinoza como el ministro de Justicia, Francisco Eguiguren, han dicho que el tema de la posible libertad de Antauro Humala no está en agenda, y que van a dejar en manos del Poder Judicial las decisiones pertinentes. En ningún momento, ni uno de los garantes demócratas que acompañan a Ollanta Humala ha saltado hasta el techo, por lo que, a todas luces, es un procedimiento judicial que huele demasiado mal. Para concretar las sospechas, el locuaz Villa Stein ha salido a decir, con total desparpajo, que no podemos soslayar el hecho de que este es un tema de gobernabilidad y que se trata del hermano del presidente.

Lo vergonzoso es que nadie, repito, nadie, mucho menos el presidente Ollanta Humala, que juró que su hermano no tendría ningún beneficio durante su gobierno, ha exigido que la justicia cumpla con su deber y lo trate como a un ciudadano más. Al contrario, todos silban mirando a otra parte, lanzándose la pelota con cara de yo no fui; mientras Antauro se soba las manos, muriéndose de risa, anunciándonos que la mesa está servida.

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