sábado, julio 20, 2013

La voz afónica de los ochenta


Publicado en Buensalvaje 6.



Quizá la narrativa de la década del ochenta sea una de las más descuidadas de la historia de la literatura peruana. Uno revisa los diarios y revistas de esos años y de inmediato llega a la conclusión de que la atención estaba puesta en la producción poética, al punto que pudiera pensarse en la poesía como el único canal de transmisión, entre sus sujetos artísticos, de sensaciones y emociones ante la avalancha de desconcierto y desarraigo que fueron la marca de agua de aquel contexto incierto y violento. Había necesidad de gritar, sin duda, y la poesía y las canciones subte servían para amainar toda la furia contenida de esa generación que vivía bajo el sonido de las explosiones de cochebombas y el fuego cruzado. 
De los poetas peruanos que se dieron a conocer en los ochenta se viene escribiendo mucho, hasta más de la cuenta. Sobre la narrativa de aquella década existen muy pocos documentos que nos permitan acceder a un mosaico de lo que se hizo. De ese minúsculo universo, tenemos al menos dos antologías muy importantes: En el camino de Guillermo Niño de Guzmán y El cuento peruano 1980 – 1989 de Ricardo González Vigil. En este sentido, el ensayo Subjetividades amenazadas de Carlos Yushimito es, bajo todo punto de vista, una invitación a conocer y redescubrir la narrativa de esa generación perdida. 
Una invitación como esta no pudo ser más ideal. A lo mejor ayude en su difusión el justo y súbito prestigio de Yushimito, un “Granta Boy”, a quien, aparte de reconocerle su toque mágico para la prosa --cuyo estilo nos recuerda a un Juan Carlos Onetti, pero con afecto--, le conocemos sesudos ensayos y artículos publicados principalmente en la bitácora El hablador
El presente trabajo muy bien podría marcar un antes y un después en los discursos críticos sobre los años de la violencia política y su representación en la literatura. Es hora pues de los acercamientos desideologizados y de la valoración de la literatura por la literatura, sin denostar, obviamente, el respiro político e ideológico que bien pudieron inspirar a sus autores, puesto que todo discurso de ficción, todo discurso poético, encierra una postura o una visión política de la vida… pero esta nunca debe ser determinante al momento de la valoración literaria. Por ello, y pese a su brevedad, lo que se lee aquí exuda frescura argumentativa y una mirada complaciente para con los relatos de los autores en los que cimenta su trabajo. Lo que hace Yushimito es llevar a buen puerto lo que Octavio Paz llamaba “Rigor generoso”, el cual se justifica en los textos literarios que nos gustan, enseñan y quedan en nosotros como una fuerza radiactiva.  
No es casual que el autor subtitule su ensayo como “Una relectura de la crisis social”. Es decir, nos entrega en bandeja otra característica de la narrativa ochentera, ahora pautada por los tópicos de la evasión y el exilio interiores, que generó una exploración intimista en la voz de yo, por la que se accedió a un fresco distinto de la convulsionada realidad social fragmentada por el horror. Yushimito encausa y refuerza su exposición en tres relatos, muy bien elegidos por cierto: “La venganza de Gerd” de Alonso Cueto, “Caballos de medianoche” de Guillermo Niño de Guzmán y “El secreto de Marion” de Jorge Valenzuela. 
Pues bien, echemos una mirada a los autores elegidos. Esta escogencia muy bien pudo ser guiada por una estrategia comercial, o lo que es peor, seguir los cauces de las afinidades políticas, pero no. No fue así. Yushimito apuesta, como tiene que ser, por un criterio eminentemente literario y ello se corrobora con Cueto y Valenzuela. Esta honestidad intelectual le ayuda a recrearnos toda una época gracias a su narrativa que se hizo fuerte en la mirada del individuo, una narrativa sobreviviente que merece una lectura más atenta, a la que debemos dejar de observar como si fuera un hiato, un descuido, una tarea para hacer después.

1 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

La 18º Feria Internacional del Perú está patas arriba. Asistí el viernes, sábado y domingo. Es decir me cobraron S/.12.00 y nunca me dieron el programa para poder enterarme de las actividades y presentaciones de libros. La respuesta era la misma: "Nos han fallado los impresores y aún no nos lo traen". Es decir, regalé ese dinero porque tenía que deambular dentro de una caótica feria, para ver a qué actividad asistía. Además, en la charla sobre la música puertorriqueña (sábado 20 julio) nunca llegaron los cables, y Luis Rodríguez se batía para que los asistentes no se fueran. Ni qué decir de los baños, una mierda absoluta. Al parecer carecen del aspirador quirúrgico, porque emanan una fetidez de campeonato.

Gracias por compartir mi indignación.

12:25 p.m.  

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