jueves, agosto 01, 2013

FIL - 2 / Fiebre de canonización


Camino por los vericuetos de la feria. Me topo con un narrador de no más de 45 años. Sus ojos, brillosos y acuosos. No sé el motivo de su emoción y lo único que deseo es que no se ponga a llorar delante de mí. Yo ando muy acelerado, llevo más de cuarenta minutos caminando y mi organismo me exige tabaco. 
Este patita no es de fumar pero aún así me acompaña a fumar al parque de la feria. Si va a llorar delante de mí, que lo haga fuera de la vista del mundo literario, pienso. Caminamos y le pregunto por su ansiedad. Le sugiero que respire y respira, respira hondo. 
Antes de llegar al parque, me dice, en voz entrecortada, que atraviesa el mejor momento de su carrera literaria, que ha valido la pena, el sacrificio, la renuncia a los placeres carnales del mundo en pos del ejercicio de la escritura. 
“Ahora podré volver a la tierra de mis padres siendo alguien, alguien que ha triunfado en el muy tramposo mundo de la literatura”, dice. 
El narrador me mira, ahora sin atisbo de llanto en su rostro. 
“G, cuando me lo dijeron, no lo creí. Pero es cierto. It´s True. Estoy en la antología del cuento peruano de Ricardo González Vigil”. 
¿Cómo?, me pregunto. 
“G, esto es lo más grande que me ha podido pasar. Tengo nueve libros publicados y seguía en las mismas. Y esta noche seré ca-no-ni-za-do.” 
Boto humo como una locomotora. No sé qué decirle pero algo se me ocurrirá. 
Efectivamente, algo se me ocurre. 
“Bueno, toma esta “canonización” como un aliciente para tu trayectoria literaria”, le digo. 
“No, G, no. Olvídate de eso. Ahora voy a dedicarme a buscar una mujer y formar una familia.” 
¿Cómo?, me pregunto. Deseo que me trague la tierra. 
“La presentación es en un toque. Vamos, te van a dar un ticket, sin ese ticket no podrás comprar la antología del tío Vigil. 30 mangos es el precio solo por la presentación.” 
Si hay una publicación que voy a leer de todas maneras, esa es la de González Vigil. Para mi buena suerte, conozco la mayoría de los relatos incluidos en el libro. Pero necesito saber de qué va el prólogo, cuáles han sido los criterios empleados. Es que, joda a quien le joda, González Vigil es el Crítico Literario del Perú. No, hijo, no es Oviedo, menos aún Julio “Mi amigo, tu amigo, nuestro amigo” Ortega. 
En lugar de entrar a la presentación, me voy a buscar novelas de ciencia ficción. Días antes un pata me detalló en dónde podía encontrarlas. Pero tengo que calcular el tiempo, sí. Debo llegar en el momento indicado de la repartición de tickets… La sala César Vallejo… Pienso en esa sala, en lo difícil que es llenarla, y no tienes que ser Suárez Vertiz ni Miyashiro para lograrlo. 
Y como es de esperarse, la presentación del Cuento Peruano 2001 – 2010 es un auténtico éxito. 
Ocupo un lugar estratégico. De pie nomás. Miro a los empleados de Petroperú, quién de ellos es el encargado de repartir los benditos tickets. Miro la hora. 
Entonces. 
Una voz moderada anuncia el fin de la presentación. 
Hasta allí estamos bien. 
Sin embargo, esta voz moderada dice que se repartirán 200 tickets, con los que se podrán comprar los dos tomos de la antología a 30 soles… Pero esta noche solo se venderán 80 ejemplares, es todo lo que hay. Y los que no consigan su antología, la podrán adquirir pasado mañana, o sea, el jueves 1 de agosto. Entonces, ten cuidado, no pierdas tu ticket. 
Mi lectura de la antología canónica tendrá que esperar. Prefiero esperar algunos días y no morir ante esa avalancha humana que se acerca decididamente a la persona, una mujer de atuendo blanco, que reparte los tickets. Avalancha humana capitaneada por ese narrador de nueve libros publicados y que seguía en las mismas, en las mismas hasta esa noche. 
Puedo escuchar el respiro cansino y pesado de la ansiedad. Escritores/escritoras/lectores/paracaidistas tras el ticket, pero el ticket no es suficiente, coges la posta y en tiempo record debes llegar al stand de Petroperú, al otro lado de la feria. Más de 200 metros. 
Corren. Corren. Y la mujer de atuendo blanco que repartía los tickets jamás imaginó que terminaría en el suelo. 
Y siguen corriendo. Siguieron corriendo. 
No todos consiguieron la antología canónica, pero al menos el ejercicio/mini maratón les sirvió para bajar un poco de peso en este desalmado invierno.

1 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Tu tono en esta entrega me hace recordar al actor Roy Scheider interpretando a Bob Fosse en All that jazz (El show debe continuar).

1:18 p.m.  

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