jueves, octubre 10, 2013

Munro

Escribo la reseña de la novela El fantasma nostálgico de Carlos Calderón Fajardo y termino un ensayo-perfil sobre uno de los más grandes narradores norteamericanos de los últimos veinte años, quizá el más relevante. Entre ventana y ventana, me turno, a los costados de la Leona loca hojas amarillas con anotaciones, aunque estas no necesariamente tengan que ver con los tópicos que ahora escribo.
Si todo sale como espero, terminaré los textos en el curso de la mañana.
Pero una estupenda noticia hace que deje de lado por un momento la reseña y el ensayo-perfil. No es para menos. El Nobel de Literatura 2013 va para la narradora canadiense Alice Munro.
Me alegra, y mucho, además, este día voy a respirar justicia literaria, no hay nada más edificante que entrar a Facebook y ver que cientos de escritores y aspirantes a serlo, y miles de lectores, celebren a una narradora de primera línea. Porque eso es lo que es Alice Munro: una narradora de otro lote.
Durante buen tiempo la tuve en mi lista de autores por leer. Ya sea por dejadez y distracción, la aplazaba, hasta que una mañana de invierno del 2011, en una clase con Alonso Cueto en una casa miraflorina de estilo tudor, el Maestro (porque Cueto es el Maestro), habló de Munro en un envidiable estado de paroxismo, la verdad literaria en patente festiva rebeldía en cada músculo de su rostro.
Terminó la clase y me acerqué a él.
“Alonso, préstame tu libro de Munro”.
“Ya. Pero ¿me lo vas a devolver?”
“Depende. Te lo devuelvo si me lo recuerdas. En cuestión de libros soy muy olvidadizo”.
“Me lo devuelves”.
“Ok”.
No solo me gustó Las lunas de Jupíter, su lectura hizo que volviera después de algunos años al cuento contemporáneo. Por alguna razón, mi radio de lecturas hasta ese momento se suscribía solo a novelas, pero Munro me llevo a la médula de la tradición del relato breve occidental, esa tradición capaz de disfrazar novelas cortas como cuentos, esa tradición que sigue taladrando en las poéticas de los no pocos narradores actuales, es tan fuerte que más de uno se alimenta de ella sin necesariamente conocerla directamente. 
Le devolví el libro a Cueto y en las semanas siguientes empecé a leer todo lo que encontrara de la autora en nuestras “maravillosas” librerías limeñas. Muchos cuentarios, una sola novela, en cada uno de ellos una prosa de peso que ahora todos van a interesarse en leer y apreciar. No hay excusa para no hacerlo. Sin duda, El Premio Nobel de Literatura es el que gana reconociendo a Munro.

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