jueves, octubre 03, 2013

Tradición y queso helado


Segundo día, supuestamente participando como expositor y eventual presentador, en la FIL de Arequipa.
En la mañana de hoy me dirijo a la plaza central de la ciudad, tenía que hacer algunas gestiones y compras importantes. Entro a un minimarket y me abastezco de tabaco, vino, cerveza en lata. En mi mochila, la última novela de Marito. Si estoy en Arequipa, pues hay que terminar de leer a uno de sus más ilustres ciudadanos. Ocupo una banca de la plaza y termino El héroe discreto. Me invade un pensamiento: pienso en la jubilación. Y pienso también en la carencia de testículos de muchos críticos literarios que no se atreven a decir lo que verdaderamente piensan de esta pésima novela de Vargas Llosa. Muchos lo saben, me dan la razón en silencio, y para hacerla linda se abocan a reseñas y artículos bajo el cobijo del ánimo descriptivo.
Analizo al vuelo la tradición literaria y cultural de Arequipa.
Obvio, no vivo en Arequipa. No tengo la más mínima idea de cómo es su circuito literario, pero imagino que no debe ser muy distinto del de Lima. En todas partes hay editores estafadores, narradores y narradoras sin talento y con pocas lecturas dispuestos a destacar como sea, libreros y distribuidores mercachifles… Como también de los otros, con editores honestos, narradores y narradoras forjando una obra en silencio…
Aquí también se adolece de lo mismo que en otras ciudades del país. El crecimiento económico no ha ido de la mano con uno que sea cultural. En lo literario, tampoco pido que por generación aparezca un Vargas Llosa, un Reynoso (ambos emigraron), los Ruiz Rosas, et al. Eso sería imposible. Por otro lado, sabemos de la rica tradición literaria e intelectual que se respira por estos lares. Arequipa sí puede jactarse de una tradición letrada. Hago hincapié en la tradición, la tradición es lo que airea y solidifica la sensibilidad, lo que viaja en el ADN se hace presente en contadas obras de relieve.
Si vemos la producción de la narrativa peruana que se escribe hoy, llegamos a una conclusión dolorosa: hace falta un nuevo aire. El presente contexto no puede ser no menos que deprimente. Pero no todo está perdido, el nuevo aire viaja por nuestras provincias y podemos decir que en Arequipa están apareciendo narradores que debemos tomar en cuenta, como Orlando Mazeyra, Yuri Vásquez y Aldo Tejada.
Ocurre que se mira mucho a Lima. Tenemos pues que abrir los ojos y ver lo que se escribe en las ciudades alejadas del mentiroso centro cultural y literario limeño. Para ello se hace necesario tener circuitos literarios y culturales repotenciados. Arequipa está llamada a tener uno y ello se verá en la medida en que su público, en este caso el letrado, avale lo bueno que sus autores escriben. No hay otra, la única manera de quebrar el centralismo es con calidad. La calidad es lo que erosiona la demagogia y los saludos a la bandera. En este sentido, los gestores culturales están ante una gran tarea por hacer.
Acabo el cigarro.
Me dirijo a una señora que vende queso helado. Compro uno y lo termino, pido otro. Lo disfruto. Y eso que no soy nada dulzón. En Arequipa, pues.

1 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Esa interjección, “pésima novela” es expresiva de cierta indignación que sería elocuente de algunos cabos por atar (tarea no muy sencilla). No he leído la novela pero sí algunas primeras líneas del primer capítulo (que apareció no me acuerdo dónde) y no seguí hasta el final. Expuse mi criterio al respecto, de paso recordando -sin insinuaciones malsanas por supuesto- a Hemingway que se suicidó al constatar que había perdido el don de bien hacer literatura. Gustavo Faverón me censuró el comentario y no lo publicó. (Almuérzate un chupe de camarones y buen provecho)

9:17 a.m.  

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