lunes, marzo 12, 2012

En la yugular 4



Luis Hernán Castañeda es uno de los principales escritores peruanos de su generación. En su haber, 5 entregas, siendo su primera novela, Casa de Islandia, lo más perdurable de su producción. Su última publicación, la también novela  La noche americana (Peisa, 2011), pretende ser lo más logrado después de su invencible primer título.
Dos amigos peruanos residentes en Estados Unidos se reencuentran luego de una década. Cada quien, a su manera, ha sabido mantener la esencia de sus ambiciones literarias de sus años universitarios en Lima. Sin embargo, lo que se nos ofrece como un reencuentro amistoso trueca en un enfrentamiento silente en este par de sensibilidades un tanto hipócritas. Ambos están convencidos de que el éxito literario les pertenece, quieren ser escritores reconocidos, mas no pasan de lo que se quiere ser y lo que se es. En síntesis: tanto Daniel Casaverde y Carlos son amables detectives salvajes.
Este par de “detectives salvajes” llevan adelante un plan: “dinamitar”, por decir lo menos, la universidad donde Carlos labora. Empero, este plan no es más que un pretexto que los rescate de la modorra de la comodidad económica y la abulia de las ilusiones perdidas. La fuerza de la novela yace en el cruce de discursos que sostienen la viabilidad del atentado llamado La noche americana. En discurso las cosas marchan muy bien, pero en su hechura es donde se resbala. Carlos, Daniel y los demás personajes que pululan, son en conjunto parodias de originalidad, no más que cinismo y fanfarronería intelectual. Los 2 protagonistas, en especial, persiguen el sentido que otorgue valor a la que quizá sea la única oportunidad de sentirse como lo que nunca serán: artistas integrales.
No dejaré de resaltar el fulgor de la prosa de Castañeda. Hasta el último día de su vida, este talentoso autor nos ofrecerá brillantes páginas. Castañeda no escribe, cincela (a la fecha, cualquier antología, sea de nueva narrativa peruana o latinoamericana, que se dé el lujo de no contar con él, caería en un irrebatible entredicho). Pero hace falta soltar demonios, conflictos, un poco de suciedad en la trama y más contradicción en los personajes. No es que nunca lo haya hecho. Claro que sí, allí están Casa de Islandia y El futuro de mi cuerpo.



Una pregunta: ¿A la fecha existe la novela insignia del tan codiciado (por lo pecuniario, obvio) Premio de Novela Corta Julio Ramón Ribeyro del BCR (por ejemplo, el de la Villarreal (pasemos por alto la extensión de los textos) tiene dos novelones: Retablo de Julián Pérez y Rosa Cuchillo de Óscar Colchado)? No sé si para bien o para mal, no. O en todo caso, se nos ha promocionado sebo de culebra (Benavides y Planas). Claro, la negativa de mi respuesta es inmediata y algo prejuiciosa, porque hay dos novelas premiadas que merecieron mejor suerte (no son obras maestras, pero sí inmensamente superiores a La paz de los vencidos y Alrededor de Alicia) y que debieron gozar de una mayor apuesta de los organizadores en cuanto a la difusión. Una de ellas, Tigre Hircana (2007) de Roberto Zeballos; y la otra, que comentaré, Sonata para Kamikazes (2010) de Giancarlo Poma Linares.
Siempre he creído en dos maneras de fracasar en narrativa: por defecto y por ambición. Esta primera novela de Poma se cae por ambición. No obstante, y aunque suene contradictorio, es muy recomendable; hasta podría servir de ejemplo ya que en nuestro pueblito literario no hace falta ser un muy buen narrador para generar una relativa atención. A Poma le faltó ganar batalla en el terreno de la “otra literatura”, esa de los cafecitos (no menos de 80 soles si aspiras a una estafeta), los contactos en prensa (patas que te aseguren entrevistas sin haber leído tu libro), las dizque amistades idóneas, el lustrabotismo estratégico… En fin…
Nos enfrentamos a cuatro frágiles sensibilidades. Óscar Beltrán, Juan Pablo Adriazola, Billy Alva y Alonso Mendizábal, La banda de los corazones solitarios, que aprovechan el cumpleaños de Billy para dar rienda suelta a sus respectivos recuentos personales. No por nada la novela transcurre a fines de año, un 18 de diciembre. Los amigos se juntan, fuman y planean la noche de juerga. Conversan de todo, pero un tema es el recurrente: el de la muerte. En este sentido cada quien hace gala de peculiares conceptos sobre la misma, la muerte se inserta en todo (he allí lo de sonata en el título, versiones distintas para un solo fin).
Muchachitos tanáticos. Niños viejos. Postulantes a desadaptados. Malditos de vereda. Matones de óvalo. Valientes a la distancia. Estas son las configuraciones morales de la interesante novela de Poma, que usa inteligentemente su conocimiento enciclopédico sobre literatura, música, cine y filosofía, que canaliza en su peculiar cuarteto. Ni hablemos del estilo, que linda con la influencia de la buena poesía. Hartas digresiones administradas en lo mejor de la novela: los diálogos. En forma y estructura Poma hace sus buenas huachitas, pero si a punta de huachitas quieres impactar al lector (dicho sea, un lector preparado), terminas aburriendo, nadie está dispuesto a aplaudir huachitas sin parar a lo largo y ancho de 211 páginas. El lector busca impacto, el que sea...
Sonata para Kamikazes pudo ser la mejor primera novela de la literatura peruana de los últimos años. Ese lugar sigue siendo para Casa de Islandia de Castañeda. Y también para La evasión de Christopher Van Ginhoven y La línea en medio del cielo de Francisco Ángeles.



Soy un consumidor de poesía, de la peruana en especial. Sin embargo, confieso que poco o nada sabía de la obra del vate arequipeño Edgar Guzmán (1935-2000). Por eso, Obra poética completa (Cascahuesos, 2010) llena un vacío, literario y ético, para todo aquel que se precie poeta o amante de la poesía.
Las más de 300 páginas nos adentran en una voz peculiar. Cronológicamente, Guzmán pertenece a la generación del 50. Y por lo leído, creo que nuestra crítica periodística y académica nos debe una explicación. Cuando terminé de leer el libro me quedé pensando en los circuitos ocultos que se tejen en la crítica literaria made in Perú (menos González Vigil, que sí se ha ocupado de Guzmán). Y con el perdón de los hinchas, pero si de algo estoy seguro es que estamos ante una propuesta coherente y deslumbrante, que deja por los suelos, y lo digo con todo respeto y franqueza, a las de Sologuren, Varela y Belli. Entonces, no sería nada raro proponer una mirada objetiva hacia lo que en décadas pasadas se ha escrito en el interior del país (¿qué nos asegura que no haya otros grandes narradores y poetas ninguneados por el ombliguismo limeño). Es decir: no se puede ser tan mezquino y bestia a la vez… Guzmán no es un buen poeta. Guzmán es Imponente y merece sí o sí figurar entre lo más destacado de la mejor generación literaria peruana del siglo pasado.
La publicación incluye los siguientes títulos: ‘Hilos’, ‘Poemas sueltos’, ‘Perfil de la materia’, ‘Rondando la casa de la Dickinson’ y ‘Trilogía del mar’. Y sirve de mucho el extenso prólogo de Raúl Bueno-Chávez, que nos intenta convencer, más allá de sus sesudas luces sobre el autor, de la importancia del mar como elemento simbólico de su poética, cuando lo cierto es que lo mejor de su proyecto se percibe durante su iniciática etapa de búsqueda temática, en la que encontramos a un Guzmán angustiado, una voz tenue que pisa firme pero con curiosidad, donde empezamos a percibir la disposición, en su poesía, de su conocimiento científico, filosófico, literario y político, sin caer en los parámetros de la época rubricada por la discusión entre poesía pura y poesía social. Obviamente, a los años ese tipo de cruces nos parecen bizantinos, pero es muy fácil hablar desde la comodidad de la lejanía.

7 Comentarios:

Anonymous Paco-juegos de futbol dijo...

Muy buen articulo, realmente muy bien redactado.

3:47 p.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Sobre Castañeda me parece que es un buen articulista ,pero en novela le falta nervio. Concuerdo contigo que la novela de Planas es pésima al igual que la de Benavides. En cuanto a las estafetas de ochenta soles y las entrevistas, deberías dar nombres de dichos reseñadores para estar alerta. ¿ Será acaso cierto tipo que Leonardo Aguirre denunció en una entrevista?. No decir nombres y sólo sugerir los lustrabotistas es un saludo a la bandera.
Edgardo Pallarderi.

10:01 a.m.  
Blogger Gabriel Ruiz Ortega dijo...

No hace falta decir los nombres, pienso. Este tipo de taras siempre se ha visto en el ambiente literario limeño, pero ahora, como nunca, se nos viene promocionando basura.
En cuanto a Castañeda, y a igual como lo digo en el post, es uno de los principales narradores de su generación.
Ss
G

9:26 p.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Recuerdo que la Feria del Libro de Guadalajara consideró a Planas como uno de los secretetos mejor guardados de la literatura peruana. Y acá se dice que su novela es pésima. Creo que ambas afirmaciones son exageradas: Planas no es el secreto mejor guardado de la literatura peruana ni su novela es tan mala como para calificarla de pésima.

9:49 a.m.  
Blogger Gabriel Ruiz Ortega dijo...

tengamos en cuenta que me refiero a 'Alrededor de ALicia', una de las primeras novelas premiadas del BCR.
Si en Guadalajara se consideró a Planas el secreto mejor guardado de la literatura peruana... es pues un indicativo de los conversados que hay en este tipo de ferias. Planas no es un mal escritor, pero hay que estar mal de la cabeza para considerarlo el secreto mejor guardado de la literatura peruana.
Ss
G

11:03 a.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Planas es un escritor aburrido que después de su novela Orquideas en el paraiso no ha escrito nada más interesante. Otra vez concuerdo contigo que aquel ex reseñador de El Sol de Marsano en tiempos de la dictadura, no es el secreto mejor guardado. Cambiaría toda la novelística de Planas por alguna obra de Rengifo.
Edgardo Pallarderi

11:00 a.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Creo que no es necesario intentar "bajarse" a Varela, Belli o Sologuren. Tienen un justo reconocimiento y respeto por parte de los criticos y poetas hispanoamericanos considerándolos como grandes poetas del español del siglo pasado. Si Edgar Guzmán está a la altura de ellos o tiene un nivel mayor el tiempo se encargara de darle el lugar que se merece como esperemos ocurra, permíteme la digresión, con el gran Martín Adán que poco a poco va haciéndose conocido en el extranjero. un poeta cuyas relecturas siempre aparecen cosas nuevas.


Te hago esta pregunta: ¿acaso exagero si lo considero cómo el mayor poeta barroco de Hispanoamérica? (por supuesto,sin negar la grandeza poética de otros poetas del barroco hispanoamericano como Lezama Lima)

un saludo

12:18 p.m.  

Publicar un comentario

Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]

Vínculos a esta publicación:

Crear un vínculo

<< Página Principal