lunes, octubre 08, 2012

Eielson, la sencillez del grande




Siento un apego muy especial por la entrevistas de largo aliento. Y cada día estoy seguro que estas deben ser consideradas como un género literario. Podríamos reforzar esta idea con las entrevistas de The Paris Review, históricas y legendarias, por decir lo menos.

Hace media hora terminé de leer El diálogo infinito (Sibilina, 2011), un extraordinario libro de entrevistas en donde Martha L. Canfield aborda al gran Jorge Eduardo Eielson. Eielson, bien sabemos, es a la fecha no solo uno de los poetas peruanos más estudiados, sino que su influencia se deja ver también en los nuevos poetas, y no solo en los de estas dachas. Ni hablemos de sus otras facetas, en narrativa, por ejemplo, nos entregó una novela que es una maravilla, en todo el sentido de la palabra: El cuerpo de Giulia-no.

La publicación consta de tres entrevistas, realizadas en 1990, 1995 y 2006 respectivamente. En cada una de ellas tenemos a un Eielson en estado de gracia, en los que nos relata sus inicios, peculiares anotemos, como artista, sus intereses y sobre su constante voluntad de cambio. Queda claro que reducirlo solo como poeta sería un error, y como bien escuché alguna vez, haríamos bien en referirnos a él como un artista integral.

Eielson habla de todo. Canfield, aparte de ser una de las conocedoras más solventes de su obra, fue una de sus amigas más cercanas. Esta confianza permite que el autor sea generoso en sus respuestas, explique puntos que, a lo mejor ante otra persona, hayan quedado en la nebulosa.  Me llama la atención cuando el autor habla de creación, puesto que le es indesligable verlo como un todo, en donde no existe un punto central de concentración, sino que la concibe como una fuerza centrípeta, en donde juegan sus roles  la lectura, la naturaleza, los mitos y la cultura precolombina. A más de uno le sorprendería su soltura para con el proceso creativo, en ningún momento dice que haya atravesado momentos de crisis, algún tipo de bloqueo, dando a entender que jamás ha dejado de ser una máquina de crear. Me pongo a pensar en las respuestas de Eielson, que sin proponérselo, son una cachetada a esas asociaciones de tragedia y desdicha que dizque adornan el imaginario de la mayoría de artistas. En este sentido, el budismo zen ha devenido en un factor determinante, sea en su poética y su vida. Y mediante este es que forjó una actitud de calmada espera, que le permitió experimentar sin ningún tipo de apremio, de allí que en las parcelas literarias, veamos, se dio licencias de ser plástico en poesía y no lineal en narrativa.

La entrevista de 2006 resulta más que reveladora. Canfield sabe que su amigo está sufriendo –no hacía mucho había fallecido su pareja Michelle Mulas- e hilvana sus preguntas con la suficiente fineza que llevan a Eielson a revelar aspectos que en distintas circunstancias no las hubiera dicho; además, se muestra lleno de esperanza en pos de un espíritu de tolerancia entre Oriente y Occidente.

Estas respuestas de Eielson son una prueba fehaciente de su sencillez, la sencillez del grande, de su inteligencia espontánea. Son también aleccionadoras, nos guían a lo que en realidad nos debería importar.

1 Comentarios:

Blogger saynomoreglass dijo...

Hola, conseguiste el libro en Lima?? Yo lo busqué hace mucho pero nunca lo encontré, gracias por la info, abrazo

11:18 a.m.  

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