viernes, noviembre 02, 2012

Maldición eterna (a quien lea estas páginas)




La siguiente reseña salió publicada en el segundo número de la revista Buensalvaje. De esta publicación, haré un post en los próximos días. Hay más de un punto a comentar.

 




Perfiles. ¿En qué pensamos cuando pensamos en escritores malditos? Podemos echar manos a las anécdotas, a la tradición. Redescubrimos la definición que diera el poeta francés Paul Verlaine de sus compañeros de ruta y de él mismo en su libro sobre el asunto de 1884. Nos gusta pensar en el malditismo literario. Atrae, gusta, seduce. Sin embargo, en la literatura no tendría razón de ser –o solo sería cáscara, fatuidad, estolidez— si detrás de aquel no hubiera una obra a seguir, una propuesta que se haya abierto paso en los bosques del tiempo y el olvido.

Latinoamérica ha sido tierra nutricia en plumas signadas por sofocantes y constantes crisis existenciales. Tenemos muchos nombres que a la fecha nos siguen hablando por medio de lo que escribieron, sí, pero también por lo que vivieron, al punto de que la tragedia, en ciertos casos, opaca lo que lograron en su literatura.

Sabedora de ello, la reconocida cronista argentina Leila Guerriero nos presenta una selección de diecisiete perfiles de aquellos grandes autores latinoamericanos señalados por el hálito aciago; es decir: los rescata para el gran público, con el único objetivo de acercarnos a sus sensibilidades y tratar de entender por qué hicieron lo que hicieron y por qué les pasó lo que les pasó. Los malditos es, por donde se le mire, un trabajo monumental, de los llamados a quedar y que confirma, una vez más, el buen momento que atraviesa la literatura de no ficción en castellano.

Un perfil es una invitación a la especulación. Debido a su carácter plástico, es el puente que mejor une lo imaginado de lo supuestamente real. Es por eso que Guerriero, en lugar de invitar a cronistas de oficio (a excepción, casualmente, de los peruanos Marco Avilés y Daniel Titinger), convocó escritores y escritoras, la mayoría reconocidos en el imaginario narrativo latinoamericano, como Alan Pauls, Juan Gabriel Vásquez, Alejandra Costamagna, Rafael Lemus, Gabriela Alemán, Edmundo Paz Soldán, Alberto Fuguet, Rafael Gumucio… Esta compilación no solo es un gran muestrario de grandes plumas y malhadadas personalidades del siglo XX, sino también un paneo de las actuales voces latinoamericanas, de esas que marcan la hora y que gozan de proyección.

En estas páginas nos enteramos y corroboramos datos que andaban sueltos, que más de una vez condimentaban tertulias y charlas de bar y cafetín. Nos adentramos en la médula de la locura de Martín Adán, Rodrigo Lira, Jorge Baron Biza, Alejandra Pizarnick, Pablo Palacio, Porfirio Barba Jacob, César Moro, Jorge Cuesta… Poetas y narradores, raros y geniales, cuya poética ha germinado la fidelidad de los lectores a lo largo de decenios, elevándolos a la categoría de culto. Estos lectores hinchas, cófrades y exigentes, encontrarán aquí un acercamiento sin resolución, puesto que en el no entender, en la carencia de la explicación total de sus sensibilidades, es donde yace la fuerza espiritual de los mismos, acaso tan parecidos a nosotros, pero que se nos diferencian en el hecho de que ellos sí pusieron sus vidas en el asador, dejaron la piel al servicio de un fin no necesariamente feliz.


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