lunes, diciembre 31, 2012

Libros 2012, una breve mirada



La producción literaria peruana del 2012 terminó anclada en la irregularidad de años anteriores. Digamos que el primer semestre nos deparó publicaciones de mucho (demasiado) interés. Muy en lo personal, pensé que se mantendría ese ritmo en el siguiente semestre, pero no fue así. La literatura, a fin de cuentas, es como el fútbol, impredecible, no vale vaticinar, al final terminas estrellándote.

Novela

De las novelas que leí, me gustaron La ciudad más triste de Jerónimo Pimentel, (Ella) de Jennifer Thorndike, Obsesión de Alina Gadea, Cabeza y orquídeas de Karina Pacheco, El bibliotecario de las catacumbas de Carlos Calderón Fajardo, Ese camino existe de Luis Fernando Cueto, Resplandor de noviembre de Abelardo Sánchez Léon, El nido de la tempestad de Yuri Vásquez, Babilonia en América de Aldo díaz y Seis metros de soga de Pedro Novoa. Algunos de los títulos consignados vienen recibiendo todos los reconocimientos que merecen, pero otros son injustamente marginados, lo cual refuerza aún más mi certeza de que en Perú no es suficiente con escribir un buen libro y  que bajo esta línea muchas plumas de interés seguirán perdiéndose.

Cuento

En líneas generales no hubo un cuentario descollante. Son pocos los que hoy apuestan seriamente por un género que encierra la esencia de lo que es la excelencia narrativa, como bien apunta Harold Bloom. Y en esta apuesta caen todos, incluso las voces mayores, y no por inclinaciones y convicciones literarias, sino por estrategia comercial. Es preferible ser un mal novelista, pero conocido, que un buen cuentista, pero solo leído por los amigos. Sin embargo, recomiendo la lectura de los siguientes títulos, que tienen la virtud de reflejar sólidas propuestas de sus jóvenes hacedores: La muerte se sueña sola de Paul Asto, Un perro yonqui de Armando Alzamora y en especial El libro de los pájaros negros de Jorge Casilla.

Poesía

En poesía seguimos igual que desde mediados de los ochenta. Cuesta abajo. Más de un poeta, sea joven o ya trajinado, debería dinamitar su ego y aceptar su inminente realidad: su no condición de poeta. Para mi mala suerte, me ha tocado leer muchos poemarios que no han soportado el más bienintencionado acercamiento. No obstante, hemos tenido poemarios de mucho valor, que se encuentran a años luz de ser los menos malos, si al año hubieran al menos quince o veinte títulos de su misma factura, estaríamos empezando a recuperar las luces de décadas anteriores.

Cuadernos de quimioterapia de Victoria Guerrero es el poemario del 2012. Guerrero es hoy por hoy nuestra voz poética más sólida, su propuesta no ha experimentado otra cosa que no sea el afianzamiento desde que se diera a conocer a mediados de los noventa. Otros títulos que llamaron mi atención y que obviamente recomiendo: El Nudo de Teresa Cabrera, Los hombres rana de Rafael Espinoza, Barlovento de Víctor Ruiz, Breve historia de la lírica inglesa de Christian Briceño, Lumbra de Benggi Bedoya y Los discutibles cuadernos de Carlos Quenaya. Pues bien, una ligera mirada a estos poemarios, a excepción de los de Cabrera y Espinoza, nos impide pasar por alto el excelente trabajo que viene realizando Paracaídas Editores. Esto era lo que nos estaba faltando, verdaderos editores de poesía, lectores, pues. Tampoco puedo dejar de consignar la labor de Víctor Ruiz en la dirección de Lustra, literalmente este año la rompió con pulcras y bellas ediciones de clásicos como T. S. Eliot, Perse, Vallejo y Rilke. Pero no solo eso, nos entregó también una maravilla, título capital de la poesía peruana contemporánea: la reedición de Tromba de agosto de Jorge Pimentel. Hay que tener valentía para editar a Pimentel… Y siguiendo en las reediciones, hace algunos días salió uno de los poemarios más queridos e inubicables de nuestra tradición literaria, La tortuga ecuestre de César Moro, por cuenta de Revuelta Editores. Moro se ha convertido en el poeta peruano más leído y estudiado de los últimos años.

Lo mejor

Quizá mi escogencia a lo que considero lo mejor del año pueda parecer no menos que caprichosa. Más aún tratándose de textos de no ficción. El primero, Viaje de ida de Fernando Ampuero. Aquí Ampuero habla, principalmente, de sus escritores y libros favoritos, y consigue lo que tanto se busca y no se logra: proyectar el gusto y compromiso del lector, es decir: buscar esos libros y leerlos. Lo mejor de Ampuero, sin duda.

Y el segundo,  que considero la publicación del año, que dicho sea no es fruto de nuestra industria editorial, sino del buen ojo de la gente de Ediciones Universidad Diego Portales de Chile, La caza sutil y otros textos de Julio Ramón Ribeyro. Esta edición estuvo a cargo del periodista y narrador Diego Zúñiga, quien no solo rescata el homónimo libro primigenio, publicado hace ya buen tiempo por Milla Batres, sino que agrega una docena de ensayos y artículos que andaban desperdigados, consiguiendo así, un nuevo libro que nos pone de manifiesto el gran nivel intelectual y literario de quien aún después de muerto sigue siendo nuestro cuentista más grande.

1 Comentarios:

Anonymous Giancarlo dijo...

Feliz año, Gabriel, que todo siga mejorando.

1:17 p.m.  

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