viernes, febrero 22, 2013

Colombiano de culto




Sabía algo del narrador colombiano Rafael Chaparro Madiedo (1963 – 1995). Sabía que murió joven, víctima de lupus, y que a la fecha es un autor de culto, pero tan de culto que más de un dizque ecléctico de la lectura habla de su obra sin haberla leído. Digamos, pues, que sin proponérselo, este autor ya alcanzó la posteridad.

Llevaba años buscando su emblemática novela Opio en las nubes. Y esta llegó de la mano de un viajero de a pie, de un pata que ha recorrido toda Latinoamérica tirando dedo, y estoy seguro de que el mismo Chaparro lo eligió desde el más allá para entregármela.

Pues bien, la espera valió la pena. Claro que sí.

Ahora, no hay mejor estación para leerla que en verano. No sé qué sensación tendría si la hubiera leído en primavera o invierno. Como me dice la experiencia, son los libros los que llegan a ti. La novela en cuestión me trasladó a esos lejanísimos meses de verano en los que me veía felizmente forzado a no hacer nada, meses de verano en que esperaba la llegada de la noche para recién empezar el día, el día dedicado a las cervezas, cigarros, marihuana, mujeres, cervezas, tragos cortos, las lecturas y, obviamente, a la mejor etapa del rock.

En Opio en la nubes hay harto rock, y del bueno, pero entre líneas se percibe la sensualidad y el sabor de la salsa, sensualidad y sabor regentada por sus más de diez personajes-protagonistas a los que solo les importa dejar la piel al final de la jornada, personajes de carne y hueso, aunque no necesariamente humanos, que se desplazan en una ciudad innominada, Bogotá a lo mejor, pero una Bogotá con mar, cuya brisa enciende en ellos los arranques más desaforados.

Protagonistas, sí. Una novela coral, también. Una novela sin un tronco argumental, tanto mejor. Una novela de estructura desordenada, a propósito. Su pensando desorden no es gratuito, en absoluto. Si no fuera así, su hacedor no hubiera tenido la libertad creativa de inyectar el gran flujo poético que exhibe su prosa, flujo que se refocila en la variedad de voces que testimonian los avatares, amores, desilusiones de estas sensibilidades de marcado respiro disidente; disidencia contra la nada, una patada artera, y merecida, a un contexto abúlico y apabullante que amenaza arrebatarles lo mejor que tienen: la juventud. Juventud que desfila, animados por las drogas de todos los planetas, en bares y cafés de nominación psicodélica: Bar La Gallina Punk, Bar Kafka, Bar Anaconda, Bar Los Moluscos, Bar La sucia mañana del lunes, Bar Triste México, Bar La Cosa Divina, Café Del Capitán Nirvana, Opium Streap Tease…

Microcosmos en conflicto. Aquí nadie es feliz. Tampoco infeliz. Pero esa nada emocional no les impide eclosionar y vaya que les gusta... No le temen a nada, viven porque sí y en este río de vitalismo aprendes, aprendes en especial de mujeres como Amarilla y Marciana, que irrumpen con sus extensos y líricos monólogos ante la mirada atónita y postura lánguida de sus amantes y amigos que las aman y desean, impartiendo un magisterio perdurable de amor, ternura y sexo. Chaparro conoció bien a las mujeres, pero también a los hombres, su Gary Gilmour, que por momentos parece la parodia de una parodia de James Dean, pero Gilmour no solo es parodia, es de esos tipos capaces de matarse por la revolución, sin importar cuán disparatada sea esta, hace las cosas por el mero hecho de hacerlo, como si su vida estuviera regida por la consigna del no aburrimiento, consigna que también hacen suya Max, Daisy y La Babosa, hasta Lerner, el gato tímido. Tan loco era Chaparro que hasta los animales y las plantas hablan en esta novela.

Hoy en día más de uno se sube al bus Chaparro Madiedo, como sea quieren cogerse del estribo. No es para menos. Opio en las nubes la vio putas durante años. No fue muy bien saludada. Y eso que fue publicada en 1992, a buena distancia de aquellos lustros (de la primera mitad del siglo pasado) en donde había poca tolerancia para la experimentación, poca apertura mental para las nuevas formas y escasa sensibilidad para detectar lo original. A paso de tortuga la novela fue abriéndose paso, empezó a generarse hinchas, cófrades, que la querían para sí y nadie más, algo parecido a la devoción que despiertan algunas bandas en el siempre indefinido rock alternativo, y como estas, ya ha sido captada/rescatada, pero para bien, por Troppo Editores de España, que al menos en teoría le asegura una justa difusión. Ese es el destino de los grandes libros, no ser tan caletas. Aunque la edición que cayó en mis manos pertenece a Babilonia de Colombia, un tanto rústica, sencilla, pero con un apreciable buen gusto en su diseño.

5 Comentarios:

Blogger Sico Pérez dijo...

http://wwwlasnotasdepichawski.blogspot.com/2012/12/el-amor-es-un-disparo-directo-al-corazon.html ,,,,Qué bacano que haya llegado a tus manos la música de Chaparro. Sigo tu Blog hace mucho rato, muy buenos datos he expropiado y ahora uno te escribo como hincha, al parecer, crece la difusión de este imperdible!!!

6:41 p.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

disparo al corazón www.luzdelimbo.blogspot.com

11:48 a.m.  
Blogger Gabriel Ruiz Ortega dijo...

Ni tanto, ah.
La edición de 'La tortuga ecuestre' de Moro viene con la anuencia de A. Coyné, quien conoció como nadie a Moro, tanto en lo personal y, en especial, obra. Además, la inclusión de los dos poemas que consigna Oquendo, están explicados en el pie de página del segundo.
Leyendo bien, el texto de Oquendo es favorable. Y respeto también la opinión de Coral al respecto. Lo mismo podría decir de la excelente nota de Jerónimo Pimentel en la última edición de Cosas.
Buen fin de semana. Saludos.
G

3:00 p.m.  
Blogger Víctor Coral dijo...

Hola, Gabriel. Leyendo bien, como dices, solo lamento que sea una edición más, distinta, del poemario de Moro, pero la edición es irreprochable. Creo que eso lo lee entre líneas cualquiera con dos dedos de frente en mi post.

Lamentablemente sobran los intrigantes en nuestro medio,

Saludos y adelante.

5:46 p.m.  
Blogger Gabriel Ruiz Ortega dijo...

Hola Víctor

Más allá de las opiniones que se pueda tener de un libro, está el mismo como tal. Y en el caso de esta reedición se respetó la voluntad de Moro, avalado por Coyné. Si Oquendo y tú hubiesen preferido otro criterio, resulta válido, porque eso es lo que se necesita, discusión sobre lo que nos interesa: la poética de Moro. En mucho tiempo no teníamos una reedición de un poemario crucial para la poesía peruana. Además, los verdaderos libros, los que quedan, generan opiniones encontradas, he allí su grandeza.
Saludos
Gabriel

6:05 p.m.  

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